• Cotizaciones
    viernes 21 de agosto de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Peleas en el barro

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2081 - 23 al 29 de Julio de 2020

    El sábado 18 de julio, día señalado como pocos en esta margen del Plata, el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, hizo unas declaraciones en el programa televisivo de Sergio Puglia. La charla con Puglia, en la que también estaba el científico Rafael Radi, fue interesante y en ella se habló de ciencia, cultura y política. En cierto momento el ministro, que había hecho un prolijo recuento de las acciones de su cartera ante el cierre de teatros y salas de conciertos, dijo sentir “bronca” con las declaraciones del director del Teatro El Galpón, cuando este sale “a llamar a los artistas a no cobrar el subsidio (que ofrece su cartera), cuando él recibe 28 millones de pesos anuales de subsidios de parte del Estado”. La frase provocó desmentidos varios y retruques del propio Da Silveira.

    Confieso que el ministro de Educación y Cultura es prácticamente el único pollo que tengo en este gobierno. Leí atentamente su libro La segunda reforma, allá a mediados de los noventa, y encontré un intelectual informado que era capaz de escapar a los esquemas mentales que muchas veces convierten el debate ideológico en una pelea en el barro. En ese libro proponía cosas innovadoras, revisaba problemas históricos de nuestra educación y no tenía problemas en reconocer lo que estaba bien hecho, fuera del campo ideológico que fuera. Da Silveira me parece un ministro más consistente que su predecesora, quien entendía que su mayor virtud política era la fidelidad a quien la había colocado en el cargo.

    Sin embargo, empiezo a temer que el ministro, quizá por las lógicas que emanan del ejercicio del poder, quizá por el corsé que implica la pertenencia a un gobierno, quizá porque la duda es percibida por nuestra sociedad como una debilidad, esté empezando a comportarse como un político. Esto es, como alguien que prioriza todo lo anterior por sobre la honestidad intelectual y la transparencia. No sería el primero (me salta a la frente el caso de la exsenadora Constanza Moreira, quien hizo la transición de politóloga a política sin despeinarse) y no será el último, pero es una pena que alguien que se había destacado por un adecuado manejo de los tiempos y la mesura en sus declaraciones esté ingresando, quizá sin proponérselo, en el universo de codazos y chicanas de la realpolitik patria.

    Es verdad, el comunicado desmintiendo las declaraciones de Da Silveira que emitió la Federación Uruguaya de Teatros Independientes (FUTI) tiene un tono que no invita a nadie a reconocer nada. “Declaraciones fallidas”, “ignorancia”, “rechazamos sus dichos… porque rechazamos la mentira” y demás expresiones de barricada son tan ideológicas como la declaración de Da Silveira y resumen de manera bastante exacta el problema que enfrenta este país desde que fuera inventado por lord Ponsomby: es difícil llegar a acuerdos si crees que enfrente tenés al diablo y encima sos ateo. Una mirada que profundiza la distancia y privilegia, quién lo diría, la épica ideológica por sobre la pragmática de los acuerdos. Por si las dudas, aclaro que lo de lord Ponsomby es una boutade.

    Ahora, lo que también trae el comunicado de la FUTI es una descripción bastante exacta del error del ministro al considerar esa suma un “subsidio” y errarle también en quién la recibe. Ese total de 28 millones de pesos anuales mencionado por Da Silveira “son el resultado de la suma de diferentes fondos y es lo que reciben los 27 grupos y las 18 salas que integran nuestro colectivo independiente y que corresponden aproximadamente a un 35% de los costos de mantenimiento e infraestructura de los mismos”. Es decir, no es verdad que esa suma la reciba El Galpón, la recibe todo el sector representado por la FUTI y la SUA.

    Por otro lado, y como el mismo ministro reconoció, de ese total (que recibe el sector, no El Galpón) 14 millones corresponden a la IM y sobre ellos explica el comunicado de FUTI: “Los 14 millones de pesos de la Intendencia de Montevideo a los que hizo referencia el doctor Da Silveira, no son un subsidio. Dichos fondos corresponden al Plan de Fortalecimiento de las Artes, que es un convenio firmado entre la IM, la Federación y el Sindicato. Esos 14 millones se distribuyen entre 18 salas montevideanas e implican una serie de contraprestaciones de cada espacio teatral que han servido para impulsar la actividad y facilitar el acceso a las artes escénicas a un importante número de montevideanos”. Los otros 14 millones que aporta el MEC fueron votados por unanimidad en el Parlamento en el año 2016 y de ellos, más de dos millones ya fueron recortados en el decreto Nº 90/020 del 11 de marzo de este año. Es decir, no son 28 millones de pesos para todo el sector (no para El Galpón) sino 26.

    En su Twitter y reafirmándose en su declaración, el ministro publicó una captura de pantalla con parte del acuerdo entre la IM y la SUA. La captura solo recoge el artículo tercero, el que habla de las obligaciones económicas de la IM y se corta apenas comienza el cuarto, el que habla de las obligaciones de la SUA. En esa parte que el ministro no incluyó, se dice que es obligación del sindicato la convocatoria a obras y espectáculos ya estrenados. Que la SUA es responsable de que el dinero que la IM paga en primera instancia se utilice para ejecutar los espectáculos seleccionados en esa convocatoria y que si no presenta un informe detallado de cómo fue gastado ese dinero, no podrá cobrar el monto restante. Es decir, nada muy distinto de acciones como el programa Cultura en Casa del MEC, impulsadas por Da Silveira, y que el ministro defendiera, entusiasta, en el programa de Puglia.

    Según la RAE, en su principal acepción subsidio es una “prestación pública asistencial de carácter económico y de duración determinada”. Es claro entonces que lo que existe entre la SUA y la IM no es un subsidio sino un convenio en donde se pagan unos servicios. Eso lo debería saber el ministro, que leyó el artículo tercero y que seguramente leyó también el cuarto. Pero como este desmontaba su calificación de “subsidio”, decidió no incluirlo en su captura de pantalla. ¿A qué se debe esto? No lo sé, quizá al tono combativo del comunicado de FUTI, quizá porque reconocer errores en un país de infalibles como el nuestro sale políticamente carísimo. En todo caso, me da la impresión de que mi pollo decidió entrarle al barro de la realpolitik.

    Y ese es, creo, un problema más grave que el de una FUTI que manda un comunicado que suena por completo desinteresado de obtener algo al final. Supongo que la carta de la federación intenta que el ministro se desdiga y que quede clara la complicada situación del sector, pero esa intención queda desdibujada por el fragor del épico discurso sesentista del comunicado. Lo del ministro es algo peor, porque la idea central de la democracia representativa es que quienes nos gobiernan son aquellos que entre nosotros mejor nos representan. Si los ministros más calificados eligen meterse en la lucha en el barro y colocar la verdad detrás de la política, lo que se resiente es la propia idea de la representación. Si recurrimos al populismo para gestionar la cosa pública, que no nos asombre después la lluvia de Trumps.