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    Si vas para Chile…

    Sr. Director:

    Recuerda viajero cómo eran Santiago y Montevideo y cómo son ahora. En el año 1962 tuve oportunidad de concurrir a un Congreso estudiantil en Talca, a 220 km de Santiago. Era un joven universitario fascinado con la posibilidad de hacer aquella experiencia que reuniría un importante número de estudiantes de muchos países latinoamericanos. Se hizo en una espaciosa casa campestre cedida por el obispo Manuel Larraín.

    Estuvimos unos quince días conociendo la realidad y la vida de los chilenos. Era presidente de la República Don Jorge Alessandri. La Democracia Cristiana recorría el país, con mucha fuerza denunciando la pobreza impresionante que se vivía y anunciaba reformas revolucionarias.

    Los recuerdos que me quedaron fueron la pobreza por doquier, en el campo y la ciudad. Los abusos de la oligarquía y los robos de las empresas extranjeras succionadoras de la riqueza chilena. A Santiago la vimos como una aldea extendida, apenas con unas cuantas calles asfaltadas en el centro, una locomoción rala e incómoda. En el centro se apagaba la iluminación pública a partir de medianoche para economizar la escasa energía eléctrica de que se disponía. Tenía menos población que Montevideo. Gente durmiendo en la calle, niños acurrucados, los llamados “rotitos”, por todos lados, en torno a la estación del ferrocarril y en cualquier lugar del centro. El hambre se palpaba en aquellos cuerpos sucios, semidesnudos y temblando de frío.

    Nuestra Montevideo era una ciudad limpia, iluminada y bien señalizada, comparativamente. No había gente viviendo en la calle, tampoco niños. Ya habían sido retirados los tranvías y los trolebuses se desplazaban silenciosos y sin contaminar el aire.

    Volví en 1965 pero ahora para quedarme más de un año como estudiante universitario. Eduardo Frei Montalva había sido electo presidente de la República y proponía erradicar la pobreza de Chile y desarrollar la energía eléctrica necesaria para la vida y fomento de la industria. Nos sonreíamos por lo bajo sin dar crédito a lo que oíamos pero no queríamos desanimar a nuestros compañeros empeñados en su “revolución en libertad”.

    Seguí yendo a Chile, con mucha frecuencia, y especialmente a Santiago por distintos motivos. Vi un progreso permanente. También vi el sufrimiento durante los años de la cruel dictadura militar, mucho dolor, desapariciones de amigos queridos y de otros cuyo único camino fue expatriarse. Luego continué yendo durante los años de la democracia recuperada y siempre constaté nuevos progresos, especialmente en Santiago.

    Ahora estuve allá más de tres semanas y pude recorrer, ver, informarme y sobre todo experimentar la vida de la ciudad.

    Hoy, la Región de Santiago, dependiente de un intendente, tiene 7.003.122 habitantes y una extensión de 15.403 kilómetros cuadrados. Cuenta con 34.600 empleados municipales.

    Montevideo tiene 1.354.000 habitantes en 530 kilómetros cuadrados y cuenta con 10.078 funcionarios municipales.

    Por lo tanto, la Región Santiago (Intendencia) es 29 veces más grande que Montevideo en extensión y 5,17 veces más grande en población. Sin embargo, Santiago Región tiene solamente 3.43 veces más empleados que Montevideo. Mientras en Santiago con mucha mayor extensión se atienden más de 211 vecinos por funcionario público en Montevideo con menor extensión se atienden 134 vecinos por funcionario.

    La Región Santiago tiene 24 municipios (la Intendencia de Montevideo tiene 8 municipios), el central, la antigua ciudad, que también se llama Santiago tiene más de 1.500.000 de habitantes y 4.611 empleados municipales. Para aproximadamente la misma población Montevideo tiene 10.000, algo más del doble.

    Estos números que son fáciles de obtener en Chile por un estupendo servicio de Transparencia de la Gestión Pública nos hacen pensar.

    Ortega y Gasset en su visita a Buenos Aires a mediados del siglo pasado les dijo: ¡“Argentinos, a las cosas mismas”! en una histórica exhortación para que dejaran los discursos y pensamientos abstractos y vacíos y se dedicaran al estudio de la realidad concreta que tenían delante. Hoy tendríamos que recordar a los montevideanos una exhortación semejante. Dejar las instancias preelectorales en las Intendencias y municipios para hacer discursos de generalidades políticas en lugar de abordar los temas candentes de la basura, la seguridad, el tránsito, el cumplimiento de las normas municipales, el abuso del enchastre de las paredes, y los reclamos concretos e inmediatos de los vecinos.

    Hoy, Montevideo, a diferencia de Santiago, es una ciudad sucia, oscura, mal señalizada, con aspecto de abandonada y sin proyectos concretos de realización. Salvo el corredor Garzón, el Gral. Flores y el intercambiador de Belloni, en ejecución (¿?) desde hace más de cinco años. No se ofrecen proyectos concretos para destrancar el tránsito, limpiar la ciudad, recuperar los frentes enchastrados de propiedades privadas y edificios públicos. Recorriendo Montevideo parece una gran cárcel pues sus habitantes viven entre rejas.

    Hace más de 60 años no se realizan obras municipales de infraestructura significativas. Incluso se levantaron los retiros de muchas calles, donde se preveían ensanches, pues a consideración de los jerarcas municipales “Montevideo no crece” como dijo uno de los últimos intendentes. Entonces ¿por dónde circularán los más de 2.500 autos que se integran mensualmente, desde hace años, al registro capitalino?

    Las autoridades municipales han perdido el respeto de los ciudadanos, no logran hacer cumplir las normas mínimas de tránsito, como impedir el estacionamiento en los lugares prohibidos, entre otros muchos asuntos.

    Viendo vivir y dormir gente en la calle me digo qué poco solidarios somos los vecinos de Montevideo, no hacemos nada, para solucionar este serio problema. Pero menos solidarios y negligentes en el cumplimiento de sus tareas son los jerarcas y organismos encargados por la ley para esta finalidad. En efecto, a pedido del oficialismo el Parlamento votó una ley de faltas para facilitar a las Intendencias, la Policía y el Mides tomar a su cargo corregir este oprobio que desconoce el sufrimiento de vecinos en situaciones críticas de salud, perturbaciones psiquiátricas o carencia mínima de recursos como para enfrentar un mínimo de dignidad que exige su condición y derechos humanos. El total de estos indigentes no es grande, muy inferior al que enfrentó Santiago históricamente.

    Se advierte en la autojustificación de la inoperancia oficial un pensamiento liberal del más crudo cuño reaccionario: “Cada uno que viva como quiera”. Esperamos un sentimiento más social que realmente atienda las necesidades de todos los vecinos, especialmente los más postergados.

    Si vas para Chile, recuerda viajero lo que llevas en tu retina y recréate con lo que es capaz de hacer un pueblo hermano si se organiza para el bien común y no para el egoísmo individual o corporativo. No pensemos en idealismos de buenos y malos, pero sí comprobamos compromisos ciertos con el trabajo y sensibilidad por el bien común.

    No expreso esto como opiniones partidarias y mucho menos en tiempos electorales. Hago una reflexión en voz alta. Ejercicio de la libertad ciudadana. Entiendo que puede molestarles a algunos y favorecer a otros. Si en estos temas antes de hablar hiciéramos este cálculo la libertad de expresión quedaría anulada.

    Si la ideología mata la lectura de la realidad, ¡apaga y vamos!

    Lic. Jorge Scuro