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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“Nosotros no tenemos afecto alguno por la intolerancia dogmática e investigamos con mayor satisfacción aquello que una a las doctrinas más bien que aquello que las separa (...)”. E. Beaussire.
Varios políticos y religiosos han hablado en estos días sobre la educación en Uruguay, sobre la falta de conceptos religiosos dentro de la educación, la falta de apertura de la educación pública a la religión y hasta han hablado de lo positivo de la religión respecto de la moralidad. Los hechos son muchos que niegan cualquier liderazgo efectivo moral por parte de las religiones, pero entrar en detalles y hechos históricos y presentes alargaría en demasía esta columna. Pongamos las cosas claras: “La moral, hemos dicho antes de ahora, es la ciencia del bien y los medios de practicarlo, comprende el estudio del fin del hombre y las leyes de las conducta y de las acciones humanas”. Prudencio Vázquez y Vega, Dominio de la psicología y de la moral.
Antes de proseguir es importante recalcar que estas palabras no son en contra de una religión o de personas religiosas; simplemente tratan de comunicar la necesidad de la religión en la educación moral. El bien y la necesidad del bien es la habilidad de tener y profesar la empatía humana. La moralidad no puede ser indicada por la necesidad de un ser superior o dogma; la moralidad debe nacer de adentro del hombre, desde las herramientas que tiene el hombre para su evolución integral. Nace desde su espíritu para la búsqueda de la obtención de resultados superiores tanto en lo individual así como en lo social.
La aceptación de un guía superior, por fuera del hombre, no es más que la negación de la necesidad del hombre en dicha concepción moral. Además, lleva a la aceptación de una concepción moral guiada por unos pocos hombres por encima de una mayoría de hombres, llámese “una oligarquía de hombres morales”. Este tipo de pensamiento no lleva a otra cosa que no sea al dogmatismo, de uno u otro color. El dogmatismo, en cualquiera de sus facetas, no es otra cosa que la negación del libre pensamiento o, básicamente, la negación del pensamiento cualquiera que éste fuere.
Otros uruguayos han explicado con mayor virtud estas ideas; la historia suele traer soluciones a problemas cotidianos.
“Comparando los hombres de pensamiento libre con los hombres de creencias fijas, parece a los superficiales que los primeros habrán de tender a ser menos morales, no sólo por carecer de fórmulas sino por el hecho de que pasan crisis, de que su desarrollo mental no es seguro y sereno: dudan, vacilan, sufren. A veces toda su vida es una crisis.
Pero si se sabe observar se nota que esas crisis son racionales y afectivas, pero no morales. Que esas crisis, aunque parezcan comprometer los fundamentos racionales de la moral, no comprometen, en esa clase de hombres, la moralidad efectiva, la moralidad del acto. Más: que la incitan y que la mejoran.
Los hombres de creencias fijas, que no tienen crisis, en la acción tienen más bien tendencia a valer menos: es así de hecho —hecho de observación, aunque no todos sepan observarlo, porque se van por razonamientos, por teorías o por prédica.
Pero no sólo se observa eso, sino que tal vez se puede explicar: el mismo hecho de no tener crisis, de no experimentar dudas, dolor moral, acusa y prueba deficiencia de sensibilidad y ausencia de esfuerzo de auto-superación”. Carlos Vaz Ferreira, Moral Viva.
Uruguay ha tenido y tiene grandes pensadores. Apoyémonos en ellos y focalicemos nuestros futuros esfuerzos en problemas reales, problemas urgentes, dejemos tranquilos los problemas que han sido solucionados con amplia efectividad.
Gonzalo Croci Downes
CI 4.589.319-3
Berlín (Alemania)