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    Vergüenza ajena

    Sr. Director:

    “Así estamos”. Los seguidores de este semanario tenemos diferentes formas de abrirlo. Hay quienes comienzan por el final y quienes leen la primera página al comienzo y hasta quienes emprenden por los chistes. Obviamente, no faltan los que comienzan la lectura con las “Frases de la Semana”, en tanto otros prefieren las “Cartas al Director”. Mi preferencia ha sido comenzar, en general, por las “Frases de la Semana”.

    Me costó realmente asumir las más destacadas frases y quiero compartirlas en estas líneas con el lector. Comenzamos con una del presidente Vázquez que se redacta así: “Lo que no se recaude se deberá recaudar en las demás franjas”, bla bla bla de más, bla bla bla de menos; continúa: “en el tema impositivo tienen que pagar más lo que tienen más y pagar menos los que tienen menos”.

    En tanto el Dr. Talvi resumidamente, como suele ser él, dice:

    “En cuanto empezó el enfriamiento, como si no hubiera mañana, se llegó al ‘boquete” fiscal que tenemos hoy. Se gastó cada peso que entró”.

    Alguien escribe: “Narcos amenazan a Bonomi con colgarlo del puente más alto, pero el gobierno advierte que su construcción por ahora está parada…” y yo sumo: No todos los atracos son los que suceden por las calles y además las construcciones están paradas. No tenemos carreteras, calles, nada que se haya actualizado al movimiento nacional actual de la producción ni del crecimiento automotor, menos que menos tendremos un puente tan alto.

    La ministra Carolina Cosse precisa, en otra frase (ante la noticia de que Ancap está debiendo U$S 385 millones —más todo lo que ya conocemos—: “Ancap está al día con la Dirección General Impositiva”. Albricias, menos mal, pienso al leer esta “importante” frase de la ministra, porque concomitantemente veo sutilmente la página 11 y leo: “Ancap evalúa cambios en el deficitario negocio del portland” y pienso: Alur, las extrañas pérdidas del ente; ¡y además derrocharon también con el portland! ya que la empresa ha perdido 200 millones de dólares. Se pusieron U$S 55 millones más y pasaron del fueloil a carbón de coque —¡como de película muda!— y con esta modificación, la petrolera se ahorraría U$S 1 millón (aclaración del ex licenciado Sendic, quien invertía soñando con exportar a Bolivia y a Venezuela). Fue así que continuando el monto de pérdidas, con ese sueño, se embarcaron en más inversiones y compraron un tercer horno para la planta de Paysandú que comenzaría a construirse y supuestamente triplicaría la producción. Pero ese horno nunca se instaló y permanece en contenedores pudriéndose, quizás, archivado para siempre. Ya algo aburrida de temas tan trillados y tan poco actuados por nadie, busqué las “Cartas al Director” para averiguar más noticias de interés. Las primeras, “El Ajuste Fiscal (I)” ; y “El Ajuste Fiscal (II)” no quise ni leerlas.

    A estas cartas —que me ahorro de transcribir— les sigue una titulada: “Propuesta para la crisis”, que prefiero tampoco reproducir ya que ideas para superar las crisis son las que nos sobran a los uruguayos que no estamos en el gobierno y que no integramos planes sociales ni estamos en el Parlamento ni en ninguna organización inventada por el gobierno. Nos dedicamos a trabajar independientes del esquema “nacional” y a asumir los impuestos que nos imponen para sostener tanta haraganería y tanto derroche.

    Si me detengo en una titulada “Marconi”, carta esta de la cual me queda una frase que reza: “Y viviremos mejor el día que algún boludo se haga responsable por los errores que no se resuelven, subiendo los impuestos y repartiéndolos en planes sociales que habilitan a estos anormales y este descontrol social. Porque la justicia social empieza por la justicia propiamente y por la educación, para que cualquiera pueda entenderlo, y antes, claro, empieza por ser capaz de ver los abismos que hay entre las ideas y la realidad”.

    Le sigue —y valga la abundancia de noticias sobre Ancap, tan deficitario— otro título: “La nueva Ancap”. Con sorpresa leo lo que está escrito. “La cámara de televisión enfocaba la marcha de esa comitiva —el Directorio de Ancap— por un pasillo del Palacio, encabezado por la inefable senadora Lucía Topolansky. Esta señora me recuerda cada día más la imagen de aquellos viejos piratas que tenían una pata de palo; solo que a esta señora le falta el parche sobre uno de sus ojos y el loro parlanchín sobre uno de sus hombros”. Y sigue así el escritor: “Detrás de la senadora reconocí a la ministra de Industria, Ing. Cosse, y a la presidenta de Ancap, Sra. Jara” y —varios otros comentarios continuados— agrega: “Cuánta expectativa yo tenía, porque pronto conocería lo realizado por el nuevo Directorio de Ancap y los lineamientos de su política hacia el futuro —y nuevas palabras a continuación, detalla— y la cámara enfocó al senador opositor Sr. Álvaro Delgado quien supuse tendría muchas preguntas para la Sra. Jara porque conocía con profundidad los problemas de la empresa pública más grande y más deficitaria de nuestro país. Veo con sorpresa que no dice nada este Sr. Delgado aunque sepa estar al tanto a fondo de los problemas. Seguramente, no ha hecho nada por consumar las obligaciones que le corresponderían. Si cumpliera con sus responsabilidades del cargo que le ha regalado la ciudadanía en lugar de pasearse por los pasillos del Palacio con la directiva del ente, como oposición, tendría mucho para decir”.

    Y continúa el escritor de esta carta: “Me sentía muy orgulloso viendo la nueva imagen de Ancap, haciéndome olvidar los adustos rostros de los Sres. Sendic y Coya. Muchísimas gracias Tabaré”. Y luego agrega: “En cambio, la siempre fashion ministra Cosse quedó opacada y la cámara de televisión dejó de enfocarla. Pienso y deseo que no acompañe más a la Sra. Jara hasta tanto pueda transformar los duros rasgos de su rostro, que hoy asemejan a los de un travesti maquillado”. Nuevos comentarios más el periodista de la televisión ansioso seguramente de lograr una respuesta acorde a la situación de Ancap, pregunta a la Sra. presidenta: “Qué estaba haciendo el Directorio en esos días y la presidenta con una voz muy dulce le contestó que habían iniciado una fuerte política de contención del gasto, observando cada peso que gastaba Ancap. El periodista esperanzado volvió a preguntarle si con esas medidas finalmente se abaratarían los combustibles”. Y relata quien escribe esta carta: “La Sra. Jara nos dijo que era imposible hacerlo, pero que deberíamos seguir esperanzados que en un futuro indefinido alcanzaríamos esa meta”.

    Una frase aplicable al país entero. Gracias, Sra. Jara, por descubrir algo tan novedoso. En este país lo que necesitamos es coherencia entre lo que se dice y se hace y cero corrupción.

    Al caer mi lectura en la carta que le sigue, el título es: “Ingresos Parlamentarios”, resolví cerrar el semanario luego de sumar con dificultad para hacerlo de memoria, la cifra que incluía sueldo $ 204.613, Secretaría $ 126,305, diarios $ 22.930, celular $ 4.627. Total anual por legislador: $ 4.660.175. Sí, leyó bien: cuatro millones seiscientos sesenta mil ciento setenta y cinco y el informe de quien escribe estas cifras sigue…, pero yo no quiero continuar sumando.

    Tengo vergüenza ajena porque pienso cuánta gente trabajadora de verdad estará leyendo esto. Y en resumen digo que es muy difícil comprender lo que ha sucedido en Uruguay durante estos últimos años. Aquella gente que parecía haber pasado hambre en las cárceles, tatuceras, chacras, etc., tras el objetivo de derribar la democracia por las armas, cuando lega al gobierno se convierte en lo que podría llamarse “nuevos ricos sin cabeza”. Comienzan a dilapidar el capital nacional y quienes parecería no habrían llegado al liceo siquiera, hablan de millones de dólares —en gral. perdidos— como si mencionaran monedas. Nadie pone fin a esta situación caótica y si lo pretenden, lo hacen por la vía que cruzan los menos conocedores de las economías, es decir, impuestazos a mansalva para salvar capitales desaparecidos en injustas y atroces inversiones. Verdaderamente no parece razonable que quienes torturaron, secuestraron y mataron, además de haber cometido tantos delitos en sus etapas de delincuencia, se hayan dado el lujo de dilapidar el capital ajeno que hoy realmente el pueblo debe pagar con tanto esfuerzo. Estamos en uno de los países más caros del mundo, habiendo vivido una bonanza casi sin registros históricos durante el gobierno de Mujica.

    Es posible que la falla esté en quienes no estamos de acuerdo con estos manejos y somos débiles como sociedad, aun sabiendo que no existe una oposición que se ocupe realmente de pedir rendiciones de cuentas y sancionar lo que corresponda.

    María Celia Ferrés Sayago