Sin miedo al éxito
Para el ojo no entrenado, las escenas resultan dignas de una transmisión olímpica. En la visita a un entrenamiento para la realización de esta nota, el fotógrafo, ubicado en un extremo del aparato, intenta captar con la cámara el constante desafío a la gravedad y a los límites del cuerpo humano al que se someten las gimnastas, que corren, se impulsan de golpe y giran a una velocidad que cuesta seguir con la vista. Solo que el público, en este caso, se reduce a las cuatro o cinco personas que las observan un miércoles al mediodía en el gimnasio Salvador Mauad de Canelones.
El asombro del ojo no entrenado no es casual. Luciana Rodríguez explica que muchas de las acrobacias y saltos (en gimnasia artística se llaman elementos) que las gimnastas están ejecutando nunca antes se vieron en Uruguay. “Cuando empecé, pocas gimnastas hacían dobles en el suelo. Si nadie lo hace, una piensa que es muy difícil. Pero hay elementos muy difíciles que se pueden entrenar”, resume.
Las atletas pasan del suelo a las barras asimétricas, no sin antes prenderse unos guantes de cuero y cubrirlos de magnesia, un polvo blanco que facilita el agarre y absorbe la transpiración. Toman la barra y se balancean primero de forma muy suave. De un segundo a otro empiezan los vuelos y giros. Pasan a la viga, donde saltan, hacen piruetas y aterrizan como si no necesitaran más que esos 10 centímetros de ancho.
Al verlas, cuesta creer todo lo que un cuerpo humano es capaz de hacer. También cuesta creer que este grupo de adolescentes de 14 y 15 años dominen acrobacias que muy pocas intentaban en el país antes, como si esa ambición se contagiara de una gimnasta a la otra. Ese nivel técnico es lo que explica, en parte, los logros alcanzados recientemente por las uruguayas.
Los componentes principales para puntuar en gimnasia artística son dos: la dificultad y la ejecución. “Uno mide qué tan difícil es la rutina que presenta la gimnasta, y lo otro es qué tan bien está hecho lo que presentó, independientemente del nivel de dificultad”, explica la jueza. “Ellas tienen una combinación muy buena de nota D (dificultad) y nota E (ejecución). Nunca habíamos tenido una gimnasta como Isabella, que hace tres diagonales con mortales dobles. O finalistas panamericanas como Camila, que hacen valores de enlace, es decir, combinan varios elementos difíciles uno tras otro”, agrega.
Las propias gimnastas ayudan a entender lo que hay detrás de las medallas que cuelgan de sus cuellos. Marindia Núñez (del Centro Gimnástico Uruguay) dice que su aparato favorito son las barras asimétricas. “Porque me gusta el peligro”, responde sin vueltas y entre risas, mientras que Renata Rodríguez prefiere la viga por la misma razón: “porque vas con miedo, no es seguro”.
Talento y proceso
El talento, claro está, es una condición necesaria para traer medallas al país. Es lo primero que, como jueza internacional, destaca Castellini: “Son una generación especial, de gimnastas muy talentosas, con una familia atrás y con clubes (CGA, CGU y Club Atlético Olimpia) que pelean para que tengan las condiciones para entrenar, para participar, y que tienen la visión de alcanzar cosas que, hasta este momento, en la gimnasia artística femenina de Uruguay no estaban en el horizonte”.
Pero el talento no es suficiente. Los resultados de esta nueva generación responden, además, a transformaciones que la disciplina viene atravesando desde hace varios años en Uruguay.
El punto de partida de esa línea de tiempo podría ser el 2015, cuando se inauguró el gimnasio Salvador Mauad, la sede oficial de la Federación Uruguaya de Gimnasia, y el único en el país con una pedana (piso especial) permanente de alta competencia.
Castellini, no obstante, identifica el 2017 como un punto de inflexión, cuando la Confederación Sudamericana de Gimnasia comenzó a organizar competencias internacionales para categorías infantiles y prejuveniles. Hasta entonces, los deportistas uruguayos llegaban a las categorías mayores con menos experiencia en competencias internacionales, mientras que hoy compiten a esos niveles desde la infancia o adolescencia temprana. Además, a partir de ese momento la gimnasia artística uruguaya empezó a trabajar por equipos según edades; más allá de los clubes de cada una, las mejores de cada categoría empezaron a reunirse para entrenar y competir juntas, lo que conformaría algo así como una “selección uruguaya”. Esto, según Castellini, fue moldeando la forma de trabajar a través de la que hoy se consiguen resultados históricos.
El 2017, casualmente, también fue el año en el que la Secretaría Nacional de Deportes (SND) creó el programa Entreno y Estudio, que ayuda a atletas federados a compatibilizar el deporte de alto rendimiento con su educación a través de la flexibilización de turnos y los planes de estudio personalizados.
La pandemia también tuvo mucho que ver, ya que fue un obstáculo que consiguió sus recompensas en el largo plazo. En lugar de trabajar sobre la repetición de series para competencias, las gimnastas aprovecharon ese tiempo para experimentar y entrenar nuevos elementos, con mayor nivel de dificultad. A esto se refiere Luciana Rodríguez: “El no haber tenido competencias durante todo un año nos sirvió cuando ellas eran chicas, porque nos dedicamos a entrenar y no a competir; ellas lograron tener un buen nivel de dificultad siendo chicas”.
El otro factor ha sido el trabajo de la federación para obtener fondos y oportunidades para que las atletas entrenen en otros países y mejorar las condiciones para entrenar en Uruguay, con mejores aparatos, infraestructura y apoyo institucional. En esa línea, Rodríguez cuenta que con las chicas que entrena viajan entre dos y tres veces al año a Argentina, Brasil o Estados Unidos. En 2024, además, cuatro de las cinco gimnastas de esta generación viajaron a China mediante un convenio de la SND. “Eso hace la diferencia porque entrenás con entrenadores más experimentados, gimnastas de su edad y con mayor nivel de dificultad”, apunta la entrenadora. Pero sirve, sobre todo, a la hora de acercarse —en todo sentido— a lo que se está haciendo en otras partes del mundo. “Nuestro margen era lo que se estaba haciendo acá, y acá es más difícil cuando querés hacer cosas de dificultad, está el miedo muy presente, la infraestructura no acompaña. Acá no somos muchos, la competencia tampoco es mucha; no hay muchas gimnastas en el mayor nivel, y esta es la forma de que vean que el sacrificio que ellas hacen también lo hacen otras en otros lugares”, añade.
A esta apertura hacia el mundo se le suma el impacto de las redes sociales e internet en general. Si hace 20 años las gimnastas uruguayas apenas podían ver lo que hacían sus referentes mundiales en transmisiones televisivas muy puntuales, hoy entrenan viendo videos de Simone Biles, Rebeca Andrade, Sunisa Lee o Flavia Saraiva, siguen sus rutinas, sus entrenamientos, están al tanto de sus puntajes en las competencias. “Ellas son muy críticas en lo que hacen; miran un video y dicen: ‘pero viste que ella se suelta acá, yo me suelto muy temprano’”. Para mí, eso es muy útil como forma de ver para dónde está yendo la gimnasia a nivel mundial. Ellas saben las notas que sacaron todas las gimnastas en todos los torneos, están muy metidas en eso”.
Lo que sigue
La gimnasia artística uruguaya atraviesa un “momento excelente”, dice Castellini. Durante años, la principal figura de este deporte fue Víctor Rostagno (27), referente de la rama masculina. Hoy la visibilidad también llega a la rama femenina a partir de los logros de cinco adolescentes. Llegar a ese punto no fue fácil, pero lo más desafiante, advierten Rodríguez y Castellini, será que esta generación no se convierta en una excepción. “Además de todas las medallas y resultados, que son espectaculares, para nosotros lo importante es mantener generaciones que sigan compitiendo por equipos, que Uruguay siga siendo representado a ese nivel”, dice Castellini.
Por un lado, el número de gimnastas en la disciplina viene en aumento, lo que demanda más torneos, oportunidades de formación y espacios que hoy siguen siendo insuficientes. “No es solo mantener el crecimiento de la gimnasia, sino adaptar nuestra realidad organizativa al boom que estamos teniendo de gimnastas”.
Mejorar las condiciones sería una forma de contribuir, además, a mantener a las atletas en el deporte pasada la adolescencia, posiblemente el mayor de los desafíos para la rama femenina, con una deserción del 80% a partir de los 14 años. “Las gimnastas de 13 y 14 años pasan por fases dificilísimas a nivel físico y de motivación. Les cambian las prioridades, como a cualquier deportista. Mantenerlas es un desafío enorme”, dice la jueza internacional.
Ese abandono se refleja en la categoría mayor, que aún no ha logrado destacarse a en el ámbito deportivo. “Llegar a competir con gimnastas a esas edades ya es un logro en sí mismo, porque es recontra difícil y muchos países ni siquiera lo consiguen”.
A escala local, como respuesta a la deserción, la federación creó en 2010 la Liga Split, una serie de competencias por equipos e individuales orientadas a gimnastas adolescentes de clubes federados, que no compitan en el alto rendimiento. “Queremos ofrecerles una opción más lúdica, más participativa y que sea en equipo, para que no todo recaiga sobre el rendimiento individual y puedan mantenerse dentro de la gimnasia”, apunta Castellini.
Entrenadora Luciana Rodríguez.
Mauricio Rodríguez
Para la actual generación juvenil, en tanto, el próximo desafío será el pasaje a las categorías mayores cuando cumplan 16 años y compitan con gimnastas que hayan pasado por los Juegos Olímpicos (JJOO), mientras comienzan su propio camino hacia ese objetivo. “El proceso (hacia los JJOO) no es fácil y es largo”, explica la entrenadora Rodríguez. La clasificación depende de un recorrido que incluye los Panamericanos y Mundiales, por lo que el foco debe estar “en el paso a paso”, sostiene.
Competir internacionalmente con generaciones completas también es un desafío para el equipo técnico, que se enfrenta por primera vez a este escenario. “Somos nuevos y estamos buscando la mejor forma de hacerlo. También nosotros nos estamos estrenando en cómo acompañar ese proceso, cómo conseguir los recursos, planificar hacia adelante y qué esperar de ese pasaje, además de mantener la motivación de las gimnastas”, reconoce Castellini.
Pero más allá de los resultados, el gran objetivo que se plantean los equipos técnicos es que la gimnasia artística se practique con seguridad y de manera saludable, aún siendo de élite. “El desafío real para nosotros es mantener a las chicas en un nivel saludable, tanto física como mentalmente, para que hagan gimnasia todo el tiempo que quieran y alcancen lo que quieren alcanzar, de una forma en la que ellas se sientan satisfechas con el trabajo hecho”, concluye.
Un deporte atravesado por el género
La gimnasia artística es un deporte profundamente marcado por los estereotipos de género. En el mundo, las mujeres superan ampliamente a los varones; en Uruguay, hay más de mil gimnastas federadas y solo 50 varones. “Es una característica de la gimnasia artística a nivel mundial”, señala Castellini.
En ese contexto, es especialmente meritoria la trayectoria de Víctor Rostagno, que se convirtió en la cara visible de la gimnasia artística en la rama masculina en Uruguay.
Pero las diferencias parten del propio reglamento. En la rama femenina se puntúa la coreografía, la expresividad, además de haber exigencias de vestuario y maquillaje. “Ellos no tienen música, ni puntaje por representación artística. Eso representa cuál es el ideal de gimnasta que históricamente se ha construido para mujeres y para varones: un ideal asociado a la gracia, la flexibilidad y expresividad en la femenina, y uno asociado a la fuerza y el equilibrio en la masculina”.
Es un tema que comenzó a abordar la Federación Internacional de Gimnasia con competencias mixtas y formatos que combinan distintas disciplinas, como artística, aeróbica y acrobática. “Están buscando otras formas de competencia para incluir un poco más a la rama masculina. Eso está pasando a nivel mundial y Uruguay también tiene que adaptarse”.
Fotos: Mauricio Rodríguez
Producción: Guillermina Servian