• Cotizaciones
    jueves 03 de septiembre de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Día de la Gestión Cultural

    Sr. director:

    La convocatoria oficial del Ministerio de Educación y Cultura para el Día de la Gestión Cultural el próximo 4 de setiembre, estructurada en torno al legado de Gonzalo Carámbula, invita a una revisión crítica sobre los paradigmas que rigen actualmente esta disciplina. La gestión cultural se debe celebrar debatiendo ideas y modelos de trabajo, no exaltando personas; y mucho menos cuando estas se destacaron primordialmente como actores políticos y no como profesionales técnicos frente a los desafíos del sector. Que el Día de la Gestión Cultural sea un homenaje a Gonzalo Carámbula es un error para las referencias de nuestra profesión. Si fuera la sociología, tendría a Carlos Filgueira, la politología a Carlos Real de Azúa, la historia a José Pedro Barrán, la arquitectura a Julio Vilamajó, la medicina a Manuel Quintela, la filosofía a Vaz Ferreira y la educación ya cuenta con José Pedro Varela. todos académicos y en algunos de los casos gestores de servicios públicos de envergadura, no es el caso del homenajeado de este viernes, que fue un político.

    Gonzalo Carámbula (1952-2015) ocupó la Dirección de Cultura de la Intendencia de Montevideo entre 1995 y 2005. Si el propósito institucional de esta fecha es reivindicar la influencia de la dirigencia política en la cultura, resulta imperativo situar dicho legado junto al de otras figuras de igual o mayor peso. Es el caso de Tomás Lowy (1947-2020), quien inauguró la institucionalidad cultural en la Intendencia de Montevideo, al crearse el departamento en 1985, y luego dirigió la órbita nacional en el MEC (1995-2000), caracterizándose entre otras cosas por priorizar la idoneidad técnica de sus equipos por encima de las filiaciones partidarias. Lowy era colorado y la mayor parte de sus colaboradores fueron votantes, adherentes y militantes frenteamplistas.

    Pero persistiendo en el espacio de la política es aún más determinante el legado de modernización de Luis Mardones (1960). Fue el mejor intérprete de las inspiraciones progresivas para las políticas culturales. Su administración durante el primer gobierno del Frente Amplio materializó herramientas que hoy son pilares del sector: los Fondos Concursables, los Fondos de Incentivo Fiscal, el Instituto Nacional de Cine y el diseño institucional del Espacio de Arte Contemporáneo, inaugurado en 2010 cuando ya no era director. Se delineó un organigrama de la Dirección de Cultura a partir de institutos específicos para cada área —letras, artes visuales, museos, otros—, una estructura de la que hoy goza dicha dirección. Se crearon los fondos para infraestructuras culturales (teatros, salas de exposiciones, etcétera) con prioridad en el interior del país. Sostuvo duras batallas por el presupuesto. Se rodeó de gente joven a quienes delegó responsabilidades, como María Maru Eugenia Vidal, actual directora nacional de Cultura, Gabriel Calderón, Bruno Gadea, Malena Pérez, Mariana Wainstein, Leonardo Pintos y Tamara Cubas; en cierta medida fue el “promotor” de todas estas personas como gestores culturales de bienes y servicios de propiedad estatal. Mardones creó movidas como Boliches en Agosto y Noche de los Museos. Desde el principio tuvo una fuerte mirada al interior del país: lo visitó, lo escuchó y fue durante su período que se crearon los Centros MEC, aunque dependieron directamente del ministro, en ese entonces Jorge Brovetto. Por último —y debería ser lo primero—, Mardones fue quien estableció como definición de cultura “artes, patrimonio y tradiciones culturales”, dejando atrás las especulaciones ensayísticas que poco o nada tienen que ver con la administración de bienes públicos, tanto de propiedad estatal, como privada, con y sin fines de lucro.

    En contraste, la trascendencia otorgada al modelo de gestión de Gonzalo Carámbula en la intendencia requiere ser analizada frente a sus vulnerabilidades técnicas. Bajo aquella administración se impulsó y financió el estudio La cultura da trabajo, cuyo título se ha convertido en consigna. La obra fue liderada por el economista Luis Stolovich, instaló premisas metodológicamente cuestionables y en correspondencia resultados erróneos. Al adoptar una definición laxa de cultura, el documento concluyó que el sector representaba el 2,8% del PBI, cifra que se alcanzó contabilizando rubros ajenos a la cultura tanto en la valoración del sentido común como en la reflexión académica. Stolovich contabilizó en sus mediciones la publicidad, los libros de texto de educación formal y la venta de electrodomésticos (televisores, computadoras, reproductores de audio). Depurado de estos elementos, el peso del sector caía al 1,2% y si se hila más fino sigue bajando. Sin embargo, la toma de partido de inflar las estadísticas económicas de cultura se consolidó como una estrategia para legitimar la cultura frente a la clase política buscando la captación de financiamiento, de mayor presupuesto. A su vez, el trabajo no dice nada sobre patrimonio ni sobre tradiciones culturales, como las fiestas populares de gran vigencia y arraigo identitario.

    Por otro lado, el análisis histórico de la infraestructura cultural revela un sesgo regresivo en la asignación de recursos. El modelo impulsado por figuras ilustres de la política cultural tradicional (Justino Zabala Muniz, Enrique Iglesias, Belela Herrera, Carlos Cassina, Taco Larreta y Nelly Goitiño, entre otros) consistió en destinar infraestructuras de excelencia —como el Teatro Solís o el Sodre— a los sectores económicamente acomodados y con bagaje cultural. Esta lógica mantiene su vigencia contemporánea en proyectos de altísimo costo, como el Espacio Lorca en Pocitos: una inversión de 4 millones de dólares, sin contar el terreno, a la que se sumarán onerosos gastos de funcionamiento una vez inaugurado. En los sectores de la educación y la salud se observa una tendencia constante a instalar equipamientos de primer nivel ya sea de manera descentralizada (hospitales del Cerro y de la Costa) o las escuelas de tiempo completo de arquitectura de primer nivel, prácticamente todas en la periferia. La política cultural dirigida a los sectores más humildes se caracteriza por la precariedad material. Un claro ejemplo fue la inauguración del Teatro Florencio Sánchez del Cerro en 1996, un espacio dotado apenas con techo de chapa sin cielorraso y sillas de plástico blanco, o el teatro del barrio Peñarol con sus butacas de madera dura. Esta asimetría incluye la imposición de la participación de los vecinos, el supuesto empoderamiento de ellos transforma en la práctica los espacios culturales en terrenos de disputa política militante y desplaza la búsqueda de la excelencia artística y la captación de públicos entre otros objetivos prioritarios. Los “vecinos” mayoritariamente tienen muy poca experiencia de consumo y acumulación y es responsabilidad primordial enriquecerlos, como las escuelas públicas, que educan, y las instituciones de salud, que curan. Las experiencias en la participación llevan a casos de cuestionamientos de la gestión profesional, como padeció en la conducción el histórico director del teatro del Cerro Elder Silva (1955-2019). Para una muestra contemporánea de la prioridad de la participación de vecinos, del “empoderamiento”, ver en internet el trabajo de Lucía Carriquiry (tutelado por Begoña Ojeda y Alba Antúñez), actual directora del teatro del barrio Peñarol, Centro Artesano. Las primacías no son —reitero— la disposición de programación de artes escénicas de calidad y la captación de públicos, pilares de la gestión de una sala de espectáculos.

    A nivel académico, la gestión cultural en Uruguay también se explica por la permeabilidad exógena a la profesión, como es el ensayismo latinoamericano (representado por autores como Néstor García Canclini, Jesús Martín Barbero, Beatriz Sarlo, George Yúdice o Hugo Achugar). Estos enfoques, si bien válidos en la intelectualidad, resultan estériles para la administración concreta de servicios culturales, a diferencia de las visiones orientadas a la economía y gestión de recursos propuestas por especialistas como Lluís Bonet, Françoise Benhamou, Neil Kotler y Philip Kotler, Arturo Rodríguez Morató, Bruno Frey, Xavier Fina o Toni Puig, quien estuvo varias veces en Uruguay invitado por Luis Mardones y antes por la Fundación Friedrich Ebert para asesorar en la campaña electoral que llevó a Tabaré Vázquez a su primera presidencia. Este mundo globalizado permite el acceso al trato con estas personas ya sea cara a cara, remota o a partir de sus trabajos disponibles en la web.

    Esta primacía de lo político sobre lo profesional de la gestión cultural es precisamente la que legitima el panel convocado para la celebración oficial de este año. La presencia de referentes con responsabilidad estatal en políticas sociales, convivencia, violencia escolar y programas de integración barrial (Nicolás Lasa, Nilia Viscardi, Silvana Nieves) evidencia una lectura de la cultura concebida primordialmente como asistencia comunitaria, sin poner en el centro temas de gestión cultural, descentralización en el territorio, para públicos diversos y con ofertas de calidad, entre muchos más. Además de las personas nombradas, si participa una profesional de probada trayectoria escénica y de gestión en “la cancha” como Mariana Percovich, quien ya ha construido un legado propio y valioso dentro de la escena teatral, en particular por sus puestas en espacios no convencionales. Por otra parte, la academia aparece representada por Rosario Radakovich, cuyos estudios sobre consumo cultural se basan en encuestas nacionales. Como ha señalado el economista David Throsby y muchos metodólogos de encuestas, estas sufren de sesgos de deseabilidad (el público declara consumir más de lo que efectivamente consume). Además, resultan de nula o escasa utilidad práctica para los gestores sea de una sala de teatro, la producción de espectáculos o la administración de un museo, el manejo de una banda de rock y todos los bienes y servicios privados, con o sin fines de lucro, y los de titularidad estatal (estado central e intendencias), para los cuales habría que proporcionar información empírica. Basar la gestión cultural en encuestas aspiracionales es tan endeble como si se diseñase las políticas de salud pública y educación apoyándose en sondeos de opinión, sin contar con datos sobre lo que sucede en las distintas dimensiones de estos servicios. Los administradores de salud y educación tienen espacios de formación terciarios, sólidos (Udelar, ORT, UCU, Claeh) independientes de las prácticas políticas y no se confunden con ensayos, como por ejemplo Vigilar y castigar de Michel Foucault y todos los teóricos del disciplinamiento. Tampoco se extravían en la supuesta necesidad de participación de los humildes en, por ejemplo, las policlínicas barriales. La gestión cultural, las y los gestores precisan datos sobre públicos en salas de artes escénicas, usuarios de bibliotecas, participantes del Día del Patrimonio, concurrentes a los espectáculos carnavaleros, a fiestas tradicionales y mucho más, que no está disponible, ni existen intenciones de crearlos, relevarlos, tanto en la institucionalidad pública —MEC e intendencias— como en la academia, Udelar y Claeh. Tampoco organizaciones con recursos, como Sodre o Teatro Solís, tienen mediciones como el porcentaje de ocupación de las salas y asistencias según el género de espectáculos, presupuestos con discriminación de los costos y muchas más. Un ejemplo alternativo y práctico se puede ver en el caso de la ciudad de Barcelona al buscar en internet “Observatorio de datos culturales de Barcelona”, y hay más sitios con el tema que ofrecen información accesible.

    En definitiva, la agenda del 4 de setiembre es una instrumentalización de la profesión. El cometido esencial de la gestión cultural no es resolver transversalmente las urgencias sociológicas o de asistencia social del país, sino garantizar el acceso a bienes y servicios culturales —reitero— de la mayor calidad posible, satisfaciendo un espectro heterogéneo de propuestas y necesidades en un continuo que va entre problematizar la condición humana (Shakespeare, Dostoievski, Mike Leigh, Mario Handler) hasta meramente entretener (Disney, el candombe y su componente de sociabilidad y afirmación de la tradición afrouruguaya). Subordinar, como hace la convocatoria en cuestión, a las agendas de la corrección política desdibuja el verdadero valor de la profesión y vacía de sentido la celebración de su día, que está equivocado desde la evocación de un político y no en algo de la profesión independiente. Estas líneas obviamente forman parte de un relato alternativo al abrumadoramente dominante, financiado casi en su totalidad con dineros públicos, construido sobre premisas regresivas y la academia estéril, tanto ensayística como la información cuantitativa disponible.

    Posdata: el Día Nacional de la Gestión Cultural en Uruguay, 4 de setiembre, fue establecido por la Ley 20.199 promulgada el 21 de setiembre de 2023, para el que se eligió la fecha en recordación del nacimiento de Gonzalo Carámbula. Es decir, forma parte de la matrización del relato dominante.

    Manuel Esmoris