—El gobierno anunció una megainversión en energía solar y un parque de data centers, lo que contrasta con la realidad del sector industrial, que enfrenta el cierre de la planta de Fábricas Nacionales de Cerveza en Minas y el envío masivo al seguro de paro en frigoríficos. ¿Cómo analiza la situación?
—Lo que viene sucediendo este año no dista mucho de lo que venía pasando en los anteriores, lamentablemente, con algunos cierres importantes de empresas y un gran estancamiento. Venimos con varios sectores con mucha dificultad, como el frigorífico, u otros del núcleo duro industrial, como el autopartista. Por eso no se crece. El otro día estaba viendo una gráfica que analizaba la evolución de la industria y estamos en los mismos niveles de hace 15 años. Eso es lo que preocupa. Y lo que está atrás de todo esto, como venimos diciendo, es que la industria —en general— tiene una rentabilidad muy baja para el riesgo que asume. Tenemos problemas de competitividad, problemas de energía muy cara, conflictividad en la mano de obra. Eso repercute en que el empresario no tenga una decisión firme o esté muy convencido de hacer inversiones importantes, porque no es competitivo. Ese es el mayor freno para el crecimiento.
Uruguay sigue teniendo un activo importante, es respetado a nivel internacional por la credibilidad, la estabilidad, porque tiene una inflación muy controlada, por la estabilidad política y porque más allá de las alternancias mantiene cierta estabilidad en su política económica. Es un país que sigue generando confianza; el problema que tiene hoy es de rentabilidad. Obviamente que va a seguir habiendo inversiones, el tema es cómo traccionan o no al país.
De esta inversión que acaba de anunciar el presidente no tengo mucho conocimiento sobre cómo va a ser, cómo se va a concretar, qué condiciones especiales se le dio a esa empresa para que se instale, qué costos de energía negoció. Ahora, cuando hay un caso de este tipo hay que analizar en profundidad el porqué y qué pasaría si el resto de la industria tuviera las mismas condiciones. Es como cuando hablaban del hidrógeno verde, porque el costo de energía que está queriendo negociar el grupo que se quiere instalar, si se le da a toda la industria, algunos sectores pasan a ser más competitivos.
No se puede analizar aislada esa inversión (de Solaria) y hay que tratar de que la industria nacional la pueda aprovechar al máximo posible, porque cada vez que el Uruguay hace una resignación impositiva es muy importante que eso trate de traccionar a la industria nacional y abra un ciclo de oportunidades para las que ya están instaladas, como pasó con las pasteras.
—Entre enero y agosto el “núcleo duro” industrial creció casi 1% respecto a igual lapso del año anterior. ¿Qué proyecta para todo el año?
—Lamentablemente, va a ser muy parecido al año pasado… A veces es bueno ser estable, pero estamos en un momento donde necesitamos que haya algún movimiento. El anuncio del presidente es un buen mensaje, esperemos que se concrete y que haya más de ese tipo. Nos sorprendió. Esas son las señales que estamos esperando, porque la verdad es que viene bastante chato en el último tiempo. Ojalá se puedan concretar otros proyectos nuevos que muevan un poco esa modorra que estamos teniendo como país.
Leonardo García, presidente de la Cámara de Industrias.
Mauricio Zina/adhocFOTOS
El centro de esto es la competitividad, Uruguay tiene que seguir trabajando en ser competitivo como una política país. Los empresarios no son bobos. Si un sector es competitivo, si un sector es rentable, las inversiones van a llegar. Tenemos que seguir apostando a eso. Es muy importante el lanzamiento de la política industrial hecha por el Ministerio de Industria, pero ese documento tiene que ser dinámico, incorporar nuevas cosas.
La CIU hizo un aporte, que esperemos que lo recoja el MIEM, para que haya un apartado para el desarrollo de las micro y pequeñas empresas industriales. Tenemos que tener una ley que apunte a ayudarlas a crecer, que se las priorice con un beneficio especial, en el costo energético, en los aportes al BPS (Banco de Previsión Social), etcétera. Por ejemplo, si se van a modificar los costos de los registros de salud pública, que hoy son carísimos en comparación con la región, que no sea algo plano, sino que las microempresas paguen muchísimo menos, para ayudar a regularizarlas y a que escalen.
—El gobierno ya encaró varias reformas para la mejora de la competitividad con el proyecto de ley que estudia el Parlamento. ¿No son suficientes esas medidas para las micro, pequeñas y medianas empresas?
—Abre un espacio sobre el costo de los registros y en reforzar la defensa de la competencia, que en forma indirecta va a ayudar a las micro y pequeñas empresas. El Estado tiene que mirarse como una empresa, en las empresas mejoramos nuestra calidad, nuestra producción y competitividad todos los días, cada día nos levantamos pensando en cómo podemos producir más con menos costo.
Entonces, aplaudimos ese proyecto de ley, lo acompañamos, pero no se puede quedar en eso. De hecho el ministro de Economía (Gabriel Oddone) ya adelantó que el próximo paso sería apuntar a temas energéticos y logísticos. Eso nos parece clave.
Somos un pueblo bastante conservador, nos cuestan mucho los cambios, nos gusta discutir, dar nuestra opinión, pero hay que romper con esa inercia. Estamos en un momento donde el mundo no espera; si en nuestras empresas actuáramos de esa manera, estaríamos todos cerrados, porque mi competencia en el mundo no está esperando a ver si en algún momento baja el costo energético…
—La CIU cuestiona el artículo 140 de la iniciativa sobre competitividad, que habilita múltiples importadores de un mismo producto, porque desincentiva la producción nacional. Si la medida redujera los precios del mercado, ¿favorecería el consumo, pero quizás afectaría la rentabilidad del industrial?
—Hemos dado nuestros argumentos, pero entiendo otro tipo de posiciones. Creo que ese cambio no va a impactar en el precio para ningún consumidor. Hay que igualar las condiciones, no generar competencia desleal de oportunistas. Si acá estoy haciendo un producto que lleva inversión, tiempo, costos para el registro, publicidad, y después viene alguien oportunista y trae ese producto de Brasil y se apoya en los registros que ya están, es una competencia desleal. Hay que ir al fondo: abaratemos los costos de registros, hagámoslos más sencillos. Generemos las condiciones para que haya más importadores de un mismo producto o de otro producto que sea competitivo…
El MEF (Ministerio de Economía y Finanzas) viene diciendo que los monopolios generan un efecto en los precios que hace que el consumidor pague más. Sin duda, coincido con eso, pero el que tiene el mayor monopolio y el que más impacta en nuestra canasta básica es el Estado, porque en temas de energía tiene el monopolio, en combustibles marca el precio y ahí —realmente— está el impacto en el costo de vida.
—Alfonso Capurro, de CPA Ferrere, dijo en entrevista con Búsqueda, que los empresarios no arriesgan inversiones para expandir sus negocios, en parte, porque perciben que la agenda del MEF no es la de todo el gobierno. ¿Las señales que transmite el gobierno no producen confianza suficiente al empresariado local?
—Si me preguntás si les creo al MEF o al gobierno las cosas que dicen, si son suficientes las señales como para invertir, para confiar… Yo se las creo, pero no pasa por creer, hay que medir los datos y los hechos, hay que medir la inversión, que está en el orden del 16% del Producto… Si la inversión no crece es porque las medidas, las leyes de promoción, no fueron suficientes o el sector privado todavía no compró esa idea.
En la medida que se apliquen políticas que sean concretas y tengan un impacto en la competitividad y mejoren los índices de rentabilidad, la inversión va a subir sola. Pasó cuando empezó la ley de la Comap (Comisión de Aplicación de la Ley de Inversiones), hubo un aluvión de inversión. Cuando se favoreció a los autos eléctricos, hubo un aluvión de autos eléctricos. Con la ley de zonas francas, se establecieron y se llenaron de empresas.
Yo sigo insistiendo que el tema del costo energético es muy importante, que trabajar en el tema de la burocracia del Estado, las demoras y los tiempos, es urgente.
Los sectores empresariales tienen que ser rentables de acuerdo al riesgo que asumen y la industria hoy está en unos niveles de rentabilidad muy bajos.
Otro tema clave y crucial es la conflictividad laboral. Nuestro país se basa en la negociación, creemos en la negociación, pero tiene que ser mucho más madura.
Desde la industria, mi percepción, es que hemos mejorado el diálogo con la central sindical. Tenemos varios proyectos donde estamos juntos, pero lo que hemos vivido con el puerto no le puede pasar al Uruguay.
—Insiste con la baja rentabilidad. ¿Cuál es el nivel actual? El sector redujo el personal ocupado en los últimos años y hubo un aumento de productividad, ¿eso no colaboró en mejorar el margen de los negocios?
—El último informe que vi sobre rentabilidad del núcleo duro de la industria la ubicaba en el orden del 4%. La inversión en papeles, en un bono con muy bajo riesgo, rinde eso o más, es complejo. Es mucho más confiable poner plata ahí que seguir invirtiendo en una industria.
No se puede mirar mal que un empresario quiera ganar dinero porque, si no gana dinero, no puede reinvertir y, si no reinvierte, no puede generar empleo.
Nuestra productividad es muy baja con respecto a la región, si tenés una planta en Uruguay, una en Brasil, una en Paraguay, una en Argentina te das cuenta de que acá se precisa más mano de obra para sacar igual o menos producción, eso es un problema que tienen casi todas las plantas instaladas acá. La industria compite con el mundo y con los problemas de costos que tenemos, con los problemas de competitividad y de crecimiento es muy difícil que el sector pueda avanzar.
—¿Eso le contestaría al ministro Oddone que en un foro empresarial les pidió más audacia en los negocios y reclamar menos por el costo del Estado?
—No estoy diciendo nada que él no sepa y no lo tenga muy claro. Está bien que él manifieste eso, lo entiendo, creo que el sector empresarial no es bobo, las grandes empresas hoy son multinacionales, entonces cuando uno les habla a los empresarios, hoy le está hablando al mundo porque, si vos te ponés a analizar las principales empresas del Uruguay o las más grandes, son todas multinacionales. Entonces, no es que somos los uruguayos que tenemos miedo de arriesgar, no, no. Hoy las grandes empresas, las que mueven el número, son multinacionales, donde hay directorios extranjeros, donde las decisiones se toman a nivel de grupo económico. Entonces, a través de manifestaciones o deseos, creo que hay tendencias que no se revierten. No hay ningún empresario tonto, o por lo menos yo no conozco a ninguno. Cuando aparezcan oportunidades, cuando esas oportunidades generen crecimiento, riqueza, rentabilidad y estén dadas las condiciones, el sector empresarial sin duda invertirá, como lo ha hecho hasta ahora.