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Los desafíos de Lula en su cuarto mandato al frente de Brasil
Luiz Inácio Lula da Silva tendrá por delante un escenario difícil en su cuarto mandato no consecutivo: un país dividido, un Congreso dominado por la derecha, cuentas públicas en rojo y un Donald Trump hostil
Luiz Inácio Lula da Silva saluda a sus seguidores tras votar en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales el domingo 25 de octubre de 2026, en la Escuela Estatal João Firmino Correia de Araújo, en São Bernardo do Campo, en el estado de São Paulo (Brasil).
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El ajustado resultado refleja la división política que atraviesa Brasil desde hace una década y confirma la vigencia del bolsonarismo, pese a la condena de su líder a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado.
Lula inicia así un nuevo mandato con varios desafíos por delante.
Lula volverá a gobernar sin mayoría en el Congreso. Las elecciones legislativas reforzaron a la derecha y dejaron al Partido Liberal de Bolsonaro como la principal fuerza, con 121 de los 513 diputados y 28 de los 81 senadores.
Para aprobar sus propuestas, el presidente dependerá del Centrão, un bloque de partidos de centroderecha que suele negociar su apoyo a cambio de cargos y recursos.
Conseguir esos acuerdos será cada vez más difícil, advierte la politóloga Mayra Goulart, de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Los legisladores controlan ahora una parte importante del presupuesto federal, lo que les da más margen de decisión frente al Poder Ejecutivo, explica.
El problema fiscal
En materia económica, “los tres grandes problemas de Brasil son el problema fiscal, el problema fiscal y el problema fiscal”, resume a la AFP Mauro Rochlin, economista de la Fundación Getulio Vargas.
El Estado brasileño gasta más de lo que recauda, la deuda pública supera el 80% del PIB y el Banco Central mantiene una de las tasas de interés más altas del mundo para contener la inflación.
Una situación que, advierte, “puede muy rápidamente traducirse en una crisis económica”.
Para Rochlin, el ajuste es inevitable pero difícil, pues implica “medidas impopulares” y enfrentarse a “lobbies muy poderosos dentro del Congreso”.
El desafío choca con la principal bandera de Lula: los programas sociales.
La inseguridad
La violencia es la principal preocupación de los brasileños, según encuestas recientes.
Lula deberá mostrar resultados visibles, en especial contra la actuación de las facciones criminales y las milicias que controlan territorios en varias ciudades, un terreno en el que la oposición lo acusa de debilidad.
En campaña dijo que apoyaría la reducción de la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años para crímenes atroces, un viejo reclamo de la derecha, que propone llevar esa reducción a 14 años.
El tema tiene dimensión internacional, después de que el gobierno de Trump declarara “organizaciones terroristas” al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho, las dos mayores facciones criminales del país, pese a la oposición de Brasilia, que ve riesgos para su soberanía.
Trump y el giro a la derecha regional
Lula tomó la defensa de la soberanía nacional como bandera de campaña, tras los aranceles punitivos que Trump impuso a Brasil el año pasado en represalia por el juicio contra Jair Bolsonaro y un nuevo gravamen del 25% este año.
Ahora deberá recomponer la relación con Washington, uno de sus principales socios comerciales, sin ceder en ese discurso y frente a una administración que reivindica abiertamente su influencia sobre lo que llama el “hemisferio occidental”.
Y lo hará en una región cada vez más alineada con Trump, desde la Argentina de Javier Milei hasta la Colombia de Abelardo de la Espriella.
Para Oliver Stuenkel, profesor de relaciones internacionales de la Fundación Getulio Vargas, la cuestión ideológica “importa para encuentros simbólicos” pero, en la práctica, “no es tan relevante”.
Con Argentina, por ejemplo, más allá de su retórica, “en el fondo el contenido de la relación no cambió tanto” pese a los insultos de Milei a Lula, dice a la AFP.