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Patricia Wolf, modelo y DJ: “Me gusta servir, hacer sentir cómoda a la gente”

Instalada en Punta del Este, Patricia Wolf habla del placer de recibir, del café de su hijo en La Barra, de la música y de su compromiso ambiental

Redactora de Galería

En Yuyo Café, el emprendimiento que su hijo Daniel lleva adelante junto con su pareja, Julieta Riverti, dentro de Estación Salvaje, en La Barra, Patricia Wolf se mueve como en su propia casa. Saluda, conversa con los clientes y, si hace falta, levanta una mesa o se pone a lavar platos.

Entre plantas, café y encuentros, disfruta de un espacio que los jóvenes imaginaron como un lugar de reunión para una comunidad diversa. Ella, que se define como la “bachera oficial”, encuentra allí la oportunidad de hacer algo que disfruta especialmente: recibir y hacer sentir bien a los demás.

Durante décadas, su imagen fue parte central de una carrera que la llevó del modelaje y la publicidad a la televisión, el teatro, las redes sociales como influencer y la música como DJ, su principal actividad profesional en la actualidad. Acostumbrada a la exposición pública y a una vida de viajes, trabajo y cambios, hoy sus prioridades son otras. A los 52 años decidió instalarse en Punta del Este, cerca de su hijo y de la naturaleza, y empezar a construir algo que durante mucho tiempo sintió que le faltaba: un lugar propio.

Patricia Wolf con su hijo Daniel en Yuyo Café.

Patricia Wolf con su hijo Daniel en Yuyo Café.

La posibilidad de vivir cerca del mar, rodeada de naturaleza y en un lugar donde siempre se había sentido de vacaciones fue uno de los grandes atractivos de la mudanza. Vive sola en Rincón del Indio y construye su casa en San Vicente. El cambio le permitió disfrutar de una vida más tranquila, pero también trajo desafíos. Atravesó momentos de soledad, un invierno difícil y una crisis creativa. Fue también un tiempo para conocerse mejor, bajar el ritmo y aprender a descansar.

Aunque busca una vida más calma, hay temas que no la dejan quedarse al margen. Su preocupación por el medioambiente la llevó a involucrarse en distintas causas, cuestionar el avance inmobiliario sobre la costa y expresar opiniones políticas que no siempre resultan cómodas, incluso para su propio trabajo. Más alejada de aquella imagen asociada principalmente a la belleza y el entretenimiento, aprovecha su exposición pública para pronunciarse sobre temas que le preocupan, aunque reconoce que a veces le gustaría poder tomarse las cosas con mayor liviandad.

Patricia Wolf.

Patricia Wolf.

Entrevista a Patricia Wolf


Después de tantos años de mudanzas y cambios, ¿qué eligió a la hora de diseñar su casa?

Es una casa totalmente egoísta. Es para mí. En determinado momento pensé en hacer un cuarto extra para las visitas, pero después dije: “Es el momento de pensar en mí, de pensar en qué es lo que necesito”. Le di prioridad a la amplitud, a poder estar un poquito más suelta. Tengo unas grandes amigas que me dijeron: “Es tu casa, nunca tuviste una casa. Hacete terrible cuarto, pensá en vos”. Y eso hice. Si viene alguien, que duerma en el sillón. Más adelante planeo tener una casita para las visitas.

¿Qué le dejó su primer invierno en Punta del Este?

Fue muy largo, muy nublado, por momentos sentí la soledad. Pero a la vez me vino bien, me di cuenta de mi propia intensidad. Fue un año de mucho autoconocimiento. El verano, con el calor, es más para afuera; el invierno, bien para adentro y bien profundo.

Ahora estoy disfrutando más de descansar, de darme tiempo para mí, aunque sigo trabajando. Antes me costaba, porque en mi familia la cultura del trabajo siempre fue muy fuerte. Trabajo desde los 15 años y durante mucho tiempo mi placer estuvo centrado en el trabajo. Pero trabajar todo el tiempo también es un ruido para no escucharte, no verte y no estar contigo. Estoy intentando darme ese espacio.

¿Cómo atravesó la crisis creativa que la alejó por un tiempo de la música?

Estuve unos meses en los que no podía tocar la música. Me preocupaba porque decía: “No tengo ganas, no quiero, no lo siento”. Pensaba: “¿Qué hago? ¿Cómo me reinvento?”. Con miedo también, porque a veces la gente piensa que porque salís en la tele ya tenés la vida solucionada. Y no es así.

Entonces me invitaron a tocar en la Marcha de la Diversidad de San Carlos y, preparando la música para eso, un poco obligada porque quería cumplir, volví a reconectar. A veces, cuando das una mano o estás ahí para otros, al final te terminás ayudando vos también. Volví con fuerza, con pila de ganas.

Patricia Wolf.

Patricia Wolf.

¿Cómo vivió la decisión de su hijo de emprender con Yuyo Café junto a su pareja?

Fue una etapa desafiante. Él me decía que quería quedarse acá y hacer esto, y yo tenía que confiar en él, en su criterio, darle para adelante con esa idea superambiciosa. Le di consejos, pero siento que ellos la tenían muy clara desde el principio. Me di cuenta de que estaba bueno confiar en él, porque realmente vi que lo materializó. Lo materializaron los dos.

El espacio lo crearon no pensando tanto en el negocio, aunque obviamente es un negocio, sino en generar una comunidad. Dani me decía que quería que todo el grupo que surfea en Manantiales, que es muy heterogéneo, tuviera su lugar. Y fue lo que pasó. Hay gente muy diversa, perros, niños, gente más grande, gente más chica. Se recibe a todos. Y la naturaleza es elemental en esa ecuación, porque la gente disfruta muchísimo de sentarse entre plantas a tomar su café. Pasan horas. Y a nosotros nos gusta, no queremos que se vayan, queremos que estén y disfruten, que sean amigos del lugar.

¿Qué significa para usted la hospitalidad?

Me encanta recibir en casa y compartir. La vida sola es linda, pero compartida tiene mucho más sentido. Me gusta servir, me gusta hacer sentir cómoda a la gente. Hay conceptos que quizás ves hasta en la Biblia, de cuando llegaba alguien y el dueño de casa le lavaba los pies. Esa cosa de humildad y de hacer sentir al otro bien, de que se sienta en un espacio seguro, tranquilo y amable. Eso me encanta.

¿También se siente anfitriona cuando trabaja como DJ?

Me encanta que la música no sea la protagonista, que esté como de fondo y que la gente pueda disfrutar charlando. Que se escuche la voz y tenga de fondo una música que acompañe toda la situación.

Muchas veces vas con una idea, con una estructura, y la tenés que desechar. Es leer a la gente, ver qué está pasando. Y es lindo porque estás creando algo en el momento. Los toques que más satisfacción me dieron fueron esos en los que tuve que adaptarme y al final funcionó.

¿En qué momento sintió la necesidad de involucrarse en las causas medioambientales?

El interés empezó por temas que me preocupaban, sobre los que tuve que aprender e informarme. Por una necesidad de compartir información que me parece importante que la población esté enterada. Pasan muchas cosas porque no nos enteramos.

Siempre fui así. Mi papá de chica me decía que yo tendría que haber sido misionera. Siempre fui refilosófica y me preocuparon los temas que tienen que ver con la gente. Y los temas medioambientales tienen que ver con la gente, porque nosotros somos parte del mundo natural.

Son temas transversales, no tienen que ver con un partido político. Nos afectan a todos, pero mucho más a la gente que menos tiene. Cuando fue la crisis del agua, yo podía comprarme los litros de agua que necesitaba, pero mucha gente tenía que tomar el agua de la canilla. Son problemas que generan más desigualdad.

¿Expresar sus opiniones le ha traído consecuencias profesionales?

Sí, me trae problemas. Antes trabajaba con muchas marcas y mi vida era mucho más simple. Ahora no. Tengo amigos que me dicen que me estoy cortando cosas que me servirían. Pero la verdad es que, si todos hiciéramos lo mismo, el mundo cambiaría más rápido.

A veces me indigno demasiado y me pongo muy combativa. Y pienso que tendría que ser un poquito más conciliadora. Hay que conciliar también la conservación y el desarrollo. No podemos vivir sin petróleo; pretender que de un día para el otro el mundo cambie por arte de magia no es posible. Todos tenemos un celular, yo necesito seguir teniendo uno. Pero eso no quiere decir que no podamos cuestionar la manera en que se hacen ciertas cosas.

Eligió vivir en Maldonado por su entorno natural. ¿Qué le preocupa del desarrollo que está teniendo la zona?

Me preocupa que se está destruyendo eso mismo que hace valioso al lugar. ¿Por qué vale Punta del Este? ¿Por qué vale el entorno de Maldonado? Por la naturaleza. Si la destruís, perdés eso que te trajo hasta acá. Hay cosas que no se entienden. Te multan por pisar una duna con una 4x4, pero dejan que una topadora la borre para construir una mansión en la playa. Y esto no es estar en contra del desarrollo. El país necesita crecer y necesita inversiones, pero ¿cómo lo hacemos? ¿A cualquier costo? ¿Dejamos que venga cualquiera a contaminar o a hacer lo que quiera? ¿O ponemos límites? Pienso que nuestra naturaleza es nuestro mayor patrimonio. Uruguay podría ser referente mundial en calidad de vida, comida saludable, seguridad y un entorno natural sano. Eso atrae y nos aporta a los que ya estamos.

Sus cuestionamientos también alcanzan a las decisiones políticas. ¿Cómo ve la respuesta de los gobiernos frente a estos problemas?

Veo poco político realmente comprometido. Las políticas deberían durar más de cinco años, tener continuidad, pero todos tiran para su lado. No importa si son de izquierda o de derecha, solo apuntan a atraer capital como sea. Son todos cortoplacistas. Y no se dan cuenta de que nuestro gran capital es la naturaleza que tenemos. En materia ambiental, todo mal. Todos los días veo nuevos grupos de vecinos quejándose por proyectos que amenazan su entorno. Hay un descontento muy grande. La gente en el territorio no quiere las prospecciones, no quiere +Colonia, no quiere que le pasen por arriba a la naturaleza. Somos responsables de nuestro territorio, tenemos derechos, pero también una gran responsabilidad. Y siento que los políticos hacen todo para que, cuando te enterás, ya esté todo negociado, todo el pescado vendido.

Estoy convencida de que en algún punto vamos a tener que unirnos todas las organizaciones que se han creado para defender el territorio. Para tener más fuerza y que se enteren de que gobiernan para nosotros, no para otros países ni para otras empresas.

¿Siente que sus ideales cambiaron con los años?

Yo no siempre pensé igual. Voy rotando mi pensamiento a medida que pasa el tiempo, eso se llama evolucionar. Hay gente que piensa que es indecisión. Hay gente que piensa que la bisexualidad es indecisión, por decirte algo. Lo leo mucho en comentarios de gente que me critica, que dicen que ya no sé lo que quiero. Yo siento todo lo contrario. Antes tenía una concepción del capitalismo y ahora tengo otra muy diferente. Antes me maravillaba Estados Unidos, me parecía un país superadmirable. Me encantaba ir, me encantaba viajar. Ahora no quiero ir. Me parecen detestables sus políticas, cómo se meten en la política de otros países. Son cosas que vienen pasando hace mucho tiempo, pero antes quizás no me daba cuenta.

En el fondo es el proceso que estoy viviendo también interiormente, cuando me mudé acá y empecé a valorizarme a mí misma, a decir: “Pará, yo valgo”. Ese proceso también tenemos que hacerlo como país, como gente, como comunidad. Tenemos recursos naturales, tenemos todo eso que los demás países quieren. Somos ricos y nos falta entenderlo. Cuando empezás a valorizarte, te das cuenta de que ese cambio de cabeza es reimportante para defendernos. Porque en el mundo estamos necesitando defendernos.

¿Alguna vez pensó en involucrarse directamente en política?

A veces digo que tendría que meterme en política y unir a todos estos grupos. Hay pila de cosas que no sé, aunque cada vez me informo más y leo más. Y no sé si me haría feliz. Todo esto lo hago por preocupación, por miedo a lo que veo que está pasando. En realidad nunca me gustó la política. Yo desearía no tener nada que ver con estos problemas. Dedicarme a la música, ser la influencer más divertida y ser quizás un poquito más como era antes, cuando todo era más superficial. Me encantaría. Pero no puedo.

Patricia Wolf.

Patricia Wolf.

Durante buena parte de su carrera, la imagen y la exposición pública ocuparon un lugar central. ¿Cómo cambió su relación con las redes sociales?

Me retraje un poco. Cambió todo tanto que de repente tu cuenta de Instagram es tu manera de comunicarte con el mundo. Y yo, en vez de ser esa influencer que muestra todo y comparte todo, empecé a cuidarme un poco más. Me cuesta mostrar ese mundo feliz, esa cosa de la vida perfecta. Por supuesto que tengo una vida muy linda, que me gusta y con la que estoy muy contenta, pero me cuesta un poquito. Quizás es porque el mundo está como está y mostrar lo que como me parece que no tiene tanta importancia. Igual, la vida continúa y a veces estoy demasiado metida en los problemas. Quizás debería relajarme un poco.

¿Siente que con los años aprendió a elegir mejor con quién compartir su tiempo y a qué cosas decir que no?

Parte de mi terapia se basa en esa pregunta. Estoy aprendiendo que el crecimiento se da en espiral. Vas hacia adelante, pero volviendo. A veces sentimos que retrocedemos porque estamos pasando por los mismos lugares que ya pasamos antes, o pensamos que es el mismo lugar. Y decís: “¿Yo no aprendí esto todavía?”. Eso me pasa mucho, pero aprendí a perdonarme, a entender esa evolución de quererme más, de creerme más. Y ahí está esa cosa de poner límites, de elegir mejor con quiénes nos juntamos. A veces volvés a equivocarte porque querés ir por ese camino igual.

¿Cómo se imagina dentro de 10 años?

Tengo una relación fantasiosa con el futuro y siempre pienso que voy a estar mejor. Pero también tengo cierta resignación de decir: “Será lo que tenga que ser”. Como soy buena persona, trato de que los demás estén bien, siento que eso a la larga te vuelve. Miro el futuro como en Forrest Gump, como una caja de chocolates. Nunca sabés lo que te va a tocar, pero son chocolates.