Pero, desde un principio, yo me considero actriz. Siempre, desde niña, fue lo que se me metió en la cabeza y lo que quería hacer de mi vida. En ese descubrimiento, me he dado cuenta de que soy una persona muy curiosa y que no me gusta quedarme quieta. Entonces, para mí fue muy difícil esa edad en la que, aparentemente, uno tiene que saber qué hacer con su vida, a los 18 años. Fue una crisis, no sabía para dónde agarrar. Me gustaban mucho las matemáticas, me iba bien y hasta pensé en hacer ingeniería. Terminé haciendo dos orientaciones en el liceo.
En esos años también atravesaste un tratamiento por un trastorno alimenticio. ¿Cómo fue ese proceso?
Tuve una adolescencia complicada. Entre los 16 y los 20, 21, estuve en tratamiento por patología alimentaria. Es una adicción, entonces se trata como toda adicción, en terapia grupal. Eran varias horas al día y eso me cortó un poco la carrera de comedia musical que estaba haciendo en ese momento, además del liceo.
La actriz caracterizada como Laurita, una chica con cáncer terminal, en Historias de amputaciones a la hora del té.
A mi primera pareja la conocí ahí y fue un proceso intenso entre las dos. A veces nos hacíamos bien, a veces nos hacíamos mal. Estuve cuatro años con ella. Y me terminé yendo de mi casa a los 19, porque era difícil. La patología alimentaria era un síntoma también de cosas que pasaban en mi casa, que no estaban bien, y fue como una explosión. Es más fácil centrarte en que el problema sos vos, el cuerpo, la comida, que levantar la cabeza y ver lo que está pasando en tu casa. Después uno lo entiende en terapia. Si bien mi madre siempre se puso a la orden con el tratamiento y era un gran pilar, era muy difícil.
Me mudé con aquella pareja, pero la cosa no funcionó. A los dos meses me quedé sin nada, porque terminamos, no podía volver a mi casa y mi padre tampoco me dejó volver a la suya. Terminé en una residencia y viví ahí cuatro años, hasta que me echaron.
Y ahí hubo una explosión artística. Dejé el tratamiento, estaba con el corazón roto, sin el apoyo de mi familia, y fue como “o me hundo en la mierda o esto lo uso como trampolín”. Cuando me soltaron la mano de todos lados, fue tipo “bueno, ahora soy yo contra el mundo”. A partir de ahí todo fue en subida.
¿Por qué te echaron de la residencia?
Uy, ¡qué historia! Me echaron porque una de las chiquilinas dijo que picaba hielo a las tres de la mañana. Que es verdad, picaba hielo, pero no a las tres de la mañana, a las nueve de la noche. Y era porque en ese momento yo no tenía plata porque me habían echado del trabajo, en plena pandemia. Entonces cenaba jugo y me picaba hielo para el jugo.
¿Recordás tus primeros videos virales?
En redes arranqué compartiendo lo que escribía. Fue un momento en el que conecté mucho con la poesía porque venía de una ruptura amorosa. Para mi sorpresa, hubo gente que empezó a seguirme, a comentar y a pedirme más. Ahí descubrí las redes como un lienzo en blanco en el que podía crear de distintas maneras.
Luego, empecé a usar las redes para mostrar mi lado actoral. La gente me mandaba audios de WhatsApp y yo los representaba. Me imaginaba cómo se veía esa persona, cómo estaba vestida, qué estaba haciendo. Fue muy loca esa historia porque, en un momento, me empezaron a llegar muchos audios de Bella Unión, y hay personajes muy locos en Bella Unión.
De repente, era un hombre que había engañado a su mujer durante 16 años, estaba la prima que opinaba sobre el caso, los vecinos… Yo hacía un audio de cada persona y era como la novela de la tarde del pueblo. Nunca sabías si te iban a mencionar a vos. Entonces empecé a ser muy conocida allá, más que en Montevideo.
Escribí una obra de teatro que se llamó La ciudad del azúcar. La fui a hacer a un cine de allá: fue todo el pueblo y representé a muchos personajes. Yo era Susana Giménez en Bella Unión. Estaba en la calle y, de repente, se te acercaba uno y te decía: “Yo soy el de tal lado”. La gente temblaba al saludarme, me hacían entrevistas en la verdulería. Fue hermoso.
¿De dónde viene tu pasión por el fútbol?
Yo crecí con una pelota en los pies. En El Pinar eran todos varones y yo salía a jugar con ellos. Mi vieja es profesora de educación física, así que pasé por todos los deportes, pero el fútbol fue el que más me enamoró. Nace de ahí, de la calle cerrada, las dos piedras haciendo de arco y pasarme el día jugando.
En modo futbol, Sofia ensaya una chilena en la playa de Pocitos.
Después, en la escuelita de fútbol era la única mujer. Y eso siempre fue difícil porque sentía que tenía dos rivales: el que estaba enfrente y una mirada que ya había decidido cuánto valía como futbolista. Si hacía algo bien, sorprendía; si hacía algo mal, era porque era mujer. Eso todavía me pasa cuando juego con hombres que no me conocen y tengo que demostrar que pueden jugarme en serio.
¿Cómo te vinculaste con el fútbol playa de Defensor Sporting?
Yo iba a la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) a entrenar y jugaba fútbol sala recreativo, también como única mujer. Un día, un hombre me dijo: “Tenés técnica y físico, ¿no te gustaría jugar en un equipo?”. Justo hacía poco me había recibido y pensé que podía ser el momento de sacarme las ganas de competir en serio. No conocía a nadie del mundo del fútbol. Le mandé un mensaje por Instagram a Defensor preguntando cómo hacían para probar jugadoras y nunca me respondieron. Pero, una semana después, este hombre que conocí en la ACJ me dijo que conocía al DT de Defensor y me pasó su contacto. Así llegué al fútbol playa, en diciembre de 2024. Yo ni sabía que era un deporte y llevé los championes fútbol sala. Hasta el día de hoy las chiquilinas se ríen de eso.
¿Cuánto te condicionó en el deporte venir del mundo de las redes?
Al principio también tuve que atravesar el prejuicio de ser “la influencer”. Es algo que me pasa en distintos ámbitos: sentís que tenés que sacarte una camiseta que no te pusiste vos, sino que te pone la gente. Con el tiempo aprendí a convivir con esas etiquetas y a demostrar quién soy más allá de ellas.
Cenicienta volvió al Teatro Astral. ¿Qué significa para vos este regreso?
En julio, Cenicienta me agarró en un caos total. Estaba en plenos ensayos cuando me surgió la posibilidad de jugar un torneo de fútbol playa en Portugal. Pude negociar para no estar esos días e irme a competir. Cuando volví, a los dos días, apareció la oportunidad de ir al Mundial con una marca y me fui. Al regresar pude hacer tres funciones, lo que fue una locura porque había estado un mes ausente y ni siquiera había hecho el ensayo general. Fue un batacazo realmente.
Sofía Tardáguila, entre Celina Pereyra y Camila Cayota, durante un ensayo de Cenicienta.
Ahora lo estoy disfrutando de otra manera, estoy copada. Es una apuesta grande para lo que es la comedia musical en Uruguay, es un espectáculo luminoso, con aire, divertido, y más haciendo el papel de una villana tan reconocible como es una de las hermanastras. Son personajes que te permiten mucho juego, nunca es poco y siempre, en cada función, podés hacerlo crecer un poco más.
¿Qué es lo próximo?
Tengo ganas de tirarme a hacer un unipersonal, algo que pueda escribir yo.
¿En qué tono?
En el tono que vengo trabajando a nivel personal y desde las redes sociales, contando historias, aunque interpretándolas de otra manera. No sé si sería algo más personal, pero para mí el humor siempre tiene que estar presente. Nunca en modo stand-up, porque no soy comediante y no me saldría.
Recientemente diste una charla TED. ¿Qué aprendiste de vos misma al tener que poner en palabras tu propia historia?
Fue un proceso en el que fui para adelante y para atrás todo el tiempo porque le tengo mucho respeto, sobre todo, al formato. Tuve mi época de mirarme diez charlas TED por día, entonces, para mí, era algo que uno hacía en la cúspide de su carrera. Que me llegara la invitación, primero, me intimidó bastante. Pero lo significativo fue que mi charla tuvo bastante que ver con eso de no esperar a convertirte en alguien para empezar a hacer lo que esa persona haría, con entender que, al hacerlo, te vas convirtiendo en esa persona.
¿Cómo terminaste convirtiéndote, casi sin buscarlo, en una especie de informante para Interpol?
En 2019, hice una campaña de junta de firmas para cerrar un puesto de venta de animales de Tristán Narvaja. Era un puesto que me había quedado grabado desde niña, de aves apelmazadas en jaulas, a las que se les desprendían las plumas. Durante años traté de no mirar, hasta que un día me encontré con el puesto y armé una campaña en (la plataforma) Change.org. Se hizo muy viral: a los dos días tenía 11.000 firmas y a los dos meses, 70.000.
Después, mi Instagram se volvió como una especie de organismo donde la gente denunciaba situaciones de maltrato animal. Hasta que un día me escribió el inspector Douglas (Da Silva), de Interpol, y me pidió que fuera a hablar con él. Yo estaba bastante asustada porque había recibido amenazas, me seguían en la calle y hasta una vez tuve que salir por otra puerta de una librería porque había gente esperándome afuera. Pero Douglas era un tipo supernormal y me contó que estaban investigando una red de tráfico de animales. Me pidió que, si me llegaban determinados mensajes, hiciera algunas preguntas y le pasara la información. Incluso me dijo que, si tenía tiempo, fuera a otras ferias y le contara qué animales veía. Me volví una especie de agente secreta.
A los pocos días me llegó un mensaje de un tipo que decía que hacía años su vecino tenía todo cerrado en el fondo de su casa y que se escuchaban ruidos de animales. Le hice preguntas, le pasé la información a Douglas y, a través de eso, el 6 de junio de 2019 se llevó a cabo la Operación Amazonas, en la que desarticularon una red de tráfico de animales de Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina que transportaba más de 600 especies exóticas y estaba vinculada con el puesto de Tristán Narvaja. Ese puesto cerró después de la operación.
Fue una locura. Uno nunca sabe lo que puede hacer cuando tira un poco del hilo. No necesitás ser un experto o un líder activista para dar un paso en algo que no te parece.
¿Qué significa para vos ser panelista del primer Gran Hermano uruguayo?
¡Es un honor! Es un hito para la televisión y para el Uruguay entero, siendo el formato que es y las pasiones que despierta. Me motiva mucho, todavía es como que no caigo. Tengo muchas ganas de divertirme, de hacerlo propio, de ver cómo se desenvuelve. Sobre todo porque sé que va a ser distinto al GH de Argentina, que es al que estamos más acostumbrados, porque nosotros somos distintos y porque el planteamiento es diferente.
Desde 2022, cada diciembre escondés en un arbusto del Parque Rodó una libreta para que la gente deje por escrito sus deseos. Si hoy tuvieras que pedir los tuyos para el año próximo, ¿cuáles serían?
A nivel personal, siempre deseo por mi salud, por mi pareja Raffaella y por mis gatos, que para mí son lo primero. Mi pareja es mi lugar seguro: así como el fútbol es donde me siento cuidada y segura, ella es quien me da propósito, tranquilidad y la posibilidad de ser yo misma con otra persona.
Sofía encuentra en su pareja Raffaella propósito, tranquilidad y la posibilidad de ser ella misma con otra persona.
También deseo seguir creciendo con mis proyectos. Este año encontré una línea de trabajo en la que me siento muy feliz y que me abrió otras puertas. Quiero hacer el unipersonal, probar a hacer videos largos para YouTube y también seguir viendo qué puede pasar en Buenos Aires, donde están surgiendo varias oportunidades. Desde mayo me propongo ir al menos una vez por mes a algún programa o, si no, voy sin plan, a ver qué sale. Generé una relación fluida con Luzu TV como columnista y me he ido paseando por varios programas. Incluso en PLP (programa de Flor Jazmín, Evitta Luna, La Joaqui y Anita Espósito) está la idea de que esté más fija. Además, estoy empezando a trabajar con el canal digital Resumido, también de Luzu, haciendo contenido a distancia.
Ahí tengo una pequeña pelea conmigo misma porque amo Uruguay y la vida que construí acá. Me gustaría poder seguir yendo, aprendiendo, conociendo y experimentando, pero sin dejar de disfrutar lo que ya tengo. A veces, siento que dejamos una zanahoria sin comer por querer alcanzar la siguiente, sin haber aprovechado del todo la que teníamos. Y creo que el éxito también puede ser eso: tener tranquilidad y poder bajar a la playa, a disfrutar y pegarle a una pelota.
Hay, además, un deseo que siempre está presente: poder actuar en una ficción audiovisual. Ya tuve algunas experiencias en proyectos breves, pero me gustaría en algún momento trabajar en algo más potente, convivir con un personaje y construirlo durante más tiempo. Y, por supuesto, que salga la selección femenina de fútbol playa y que nos vaya muy bien. Eso, más que un deseo, requiere de un esfuerzo de mi parte.
Camisa, remera, pantalón y championes, Rotunda.
Adrián Echeverriaga
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Producción: Guillermina Servian Berois
Agradecemos a Rotunda y Pastiche por su colaboración.