¿Y cuándo apareció la música como algo tuyo?
A los 15 años. Insistí mucho para poder estudiar guitarra porque me gustaba cantar y sentía que la música me hablaba. Escuchaba una canción y sentía que me decía algo a mí, Florencia. Cuando empecé a componer entendí que, en realidad, me estaba diciendo que yo también podía hablar ese idioma.
¿Qué descubriste de vos cuando empezaste a escribir?
Descubrí quién era realmente y por qué me sentía como me sentía. Fue como que de repente todo cerró y pensé: “Ah, claro, esto es lo que vine a hacer al mundo”. Es bastante privilegiado descubrir una vocación a los 15 años. Hice una canción con tres acordes y tenía todo el sentido del mundo. Cuando empecé a hacer canciones entendí que, desde ahí, desde contar historias y transformarlas, era donde podía ser yo realmente.
Es bastante privilegiado descubrir una vocación a los 15 años. Es bastante privilegiado descubrir una vocación a los 15 años.
¿Qué cambió en vos?
Hasta entonces no sentía que encajara del todo en ningún lugar. Tenía amigas, hacía deporte, estudiaba, hacía de todo, pero siempre sentía que tenía que cambiar alguna cosa de mí para entrar. Y cuando encontré la música fue al revés: no tenía que cambiar nada. Era “esto soy yo”. Ese fue un clic maravilloso. A partir de ahí entendí quién era y qué tenía que hacer.
¿Cuándo empezaste a sentir que Rocha también era parte de lo que hacías?
Cuando ya había construido un lugar en la escena musical uruguaya y había hecho mi segundo disco, ahí empecé a mirar de otra manera las canciones del cancionero popular de Rocha. Me di cuenta de que había canciones que para nosotros eran obvias y que para mucha gente no lo eran. Entonces pensé que quizás podía hacer de puente y jugar a imaginar cómo sonarían si yo las hubiera escrito.
¿Irte a Montevideo cambió tu forma de mirar Rocha?
Muchísimo. La distancia te da perspectiva. Yo no hubiera podido hacer Porque todas las quiero cantar viviendo en Rocha. Al estar afuera, y tener otras vinculaciones, la raíz te vuelve a llamar. Y ahí entendí que yo era esa música, aunque no fuera solamente esa música.
La distancia te da perspectiva. Yo no hubiera podido hacer Porque todas las quiero cantar viviendo en Rocha. La distancia te da perspectiva. Yo no hubiera podido hacer Porque todas las quiero cantar viviendo en Rocha.
¿Qué queda hoy de Rocha en vos?
Hay una parte rochense que es de toda la vida y otra que construí acá, en Montevideo, que es mi vida adulta. Yo me siento bastante urbana porque hace la mitad de mi vida que estoy acá. Creo que es un balance entre esas dos partes. También hay una manera más tranquila, más de a poco, que tiene Rocha. Mi carrera también fue así: de menos a más, de a poquito pero constante.
¿Qué quiere decir eso de que estás hecha de una música que no necesariamente es la música que hacés?
Creo que reconocer de qué estás hecha no significa necesariamente hacer eso mismo. Yo estoy hecha de muchas canciones que estaban alrededor mío, incluso de manera inconsciente, pero la música que hago no es esa música. En Porque todas las quiero cantar pude reconocer todo eso y transformarlo. No quería solamente conservar esas canciones: quería que siguieran circulando, que pudieran llegar a otra generación. Si una canción queda quieta, perfecta como estaba en los años 70, quizás no atraviesa el tiempo. Tiene que cambiar.
¿Y cuando escuchás música, qué te llama la atención?
Depende. A veces escucho una canción y simplemente me pasa algo, me atrapa. Y después empiezo a preguntarme por qué. Ahí aparece mi parte más racional: miro la melodía, la armonía, el arreglo, la voz, la estructura. También leo mucho las letras. Me interesa entender qué está diciendo una canción además de lo que me hizo sentir en un primer momento.
¿De dónde salen tus canciones?
De todo. Hay canciones que salen de experiencias personales, de recuerdos, pero también escribo mucho desde la imaginación y la ficción. Puedo ver algo, escuchar una historia, imaginar otro final y empezar desde ahí. Eso me gusta porque es como jugar a ser guionista. La canción te permite contar algo que te pasó, algo que no te pasó o una mezcla de las dos cosas.
Las vueltas nació de Lucía, de Serrat. ¿Qué encontraste ahí?
Yo estaba muy obsesionada con Mediterráneo. Me parece un disco increíble y me gusta muchísimo cómo están elegidas las palabras. Y Lucía tiene además unas imágenes muy visuales. La estaba tarareando todo el tiempo y un día hice una relectura de la historia, a mi medida. Pensé qué pasaría si esa historia hubiera sido de otra manera. La escribí bastante de un tirón y mezclé cosas de mi vida con otras canciones mías. Es como si distintas canciones fueran conversando entre ellas.
Camisa y pantalón de Mandinga. Botas de Mango.
Adrián Echeverriaga
Después volviste a las canciones de Rocha, pero esta vez para cantarlas. ¿Qué descubriste ahí?
Descubrí muchísimo. Aprendí a disfrutar esa música desde otro lugar y encontré cosas que antes no había visto. También fue importante porque por primera vez estaba siendo intérprete y no autora. Eso me dio una distancia con las canciones. Pude romper un poco lo que ya estaba dado y encontrar otros lugares desde la musicalidad. Y además fui a buscar las historias detrás de esas canciones. Encontré leyendas, personajes, historias familiares.
¿Te gusta ser ese puente?
Sí, mucho. Me gusta sentir que puedo estar al servicio de algo. Ser un puente geográfico, pero también entre generaciones. Me gusta que alguien escuche una canción que ya conocía, pero en una forma nueva, y que eso le despierte un recuerdo. Y también que alguien que nunca la había escuchado pueda apropiarse de ella. Ahí siento que la canción sigue viva.
Me gusta que alguien escuche una canción que ya conocía, pero en una forma nueva, y que eso le despierte un recuerdo. Me gusta que alguien escuche una canción que ya conocía, pero en una forma nueva, y que eso le despierte un recuerdo.
¿Qué fue cambiando en vos de un disco al otro?
El primero fue el comienzo. Era muy joven y tenía más ignorancia que conocimiento, pero sin ese disco no existirían los otros. Hay que empezar por algún lado. En Palabra clásica siento un salto grande. Es un disco que quiero mucho y que fue pensado desde otro lugar. Después vino Porque todas las quiero cantar, que fue un paso bastante distinto porque dejé de ser autora para ser intérprete y trabajar con canciones de otros. Y Fe es el disco en el que más siento que aparezco yo.
¿Por qué Fe es el disco en el que más te reconocés?
Porque siento que ahí muchas cosas encajaron. La música, las canciones, mi manera de cantar, todo está más cerca de cómo soy. Pero tampoco lo veo como algo definitivo. Después de cada disco vuelvo a cambiar. Década y media, por ejemplo, tiene mucho de la persona que soy ahora. Es como una especie de diario de viaje, una mirada sobre todo lo que pasó, pero también mira hacia adelante.
¿Qué descubriste después de 15 años de tocar por todo el país?
Me di cuenta de que los teatros son mis escenarios. Después de 15 años siento que mis canciones brillan mucho más en una sala de teatro que en un festival. Por eso esta gira también tiene que ver con conocer teatros que no conocía y volver a lugares donde ya estuve. Uruguay todavía tiene salas hermosas, y creo que los artistas también tenemos una responsabilidad con esos espacios. Si no los usamos, pueden desaparecer.
Uruguay todavía tiene salas hermosas, y creo que los artistas también tenemos una responsabilidad con esos espacios. Si no los usamos, pueden desaparecer. Uruguay todavía tiene salas hermosas, y creo que los artistas también tenemos una responsabilidad con esos espacios. Si no los usamos, pueden desaparecer.
En esta gira también estás entrando a escuelas, liceos y UTU. ¿Cómo empezó eso?
Empezó de una manera bastante inesperada. Lo canté, que abre Fe, empezó a aparecer en escuelas. Los gurises la cantaban en los actos de fin de año, armaban coros, me escribían. En algunos lugares la llamaban la canción del año o su canción. El año pasado fui a dos escuelas y me sorprendió muchísimo que los estudiantes conocieran la canción y también cosas de mi historia. Para esta gira le dije a mi manager que quería conocer estudiantes de otros departamentos. Entonces aprovechamos los viajes que ya hacíamos para la prensa antes de cada concierto y dedicamos un rato a visitar un centro educativo.
Camisa y pantalón de Mandinga.
Adrián Echeverriaga
¿Qué te llevás de esos encuentros?
Cada encuentro me abre la puerta a realidades distintas. Después, muchas veces, seguimos hablando de eso en el auto durante el viaje de vuelta. Durante mucho tiempo pensé que devolver algo tenía que ver con dinero, con hacer una fundación o algo así. Después entendí que también puedo dar mi tiempo, mi presencia, mis canciones, una conversación. Yo también fui a la escuela pública, al liceo público y crecí en el interior. Obviamente, tuve privilegios y siempre los aclaro, pero también puedo compartir mi experiencia y decirles cómo fui haciendo mi camino.
Después de 15 años, vas a cerrar esta etapa en el Auditorio del Sodre. ¿Cómo llegás a ese momento?
Es un desafío muy lindo. Es una sala enorme, un lugar donde ya estuve muchas veces como invitada, pero ahora voy a cerrar estos 15 años con un espectáculo nuevo, una banda más grande y además grabando el show audiovisual. Mi primer show fue en la librería La Lupa. Éramos unas 20 personas sentadas en el suelo. Entonces, pensar que 15 años después voy a estar en una sala de casi 2.000 personas tiene todo el sentido. Lo lindo de crecer es darte cuenta de todo lo que hiciste para llegar ahí y que, cuando llegás, se sienta como un paso lógico.
Y después viene España. ¿Qué buscás al irte a Madrid?
Es un cambio de aire. Siento que lo necesito y me gustaría crear desde otro lugar. Nunca viví fuera de Uruguay, así que es una apuesta: ver qué pasa en otro mercado, en otro territorio, cómo me siento y cómo me puedo armar en otro lugar sin perder el pie acá. Uruguay va a seguir estando. Pero también quiero ver si puedo acortar un poco las distancias, conectarme con otros territorios y con otra gente. No sé qué voy a encontrar y parte del misterio es ese. En definitiva, quiero crecer. No por una ambición desmedida, sino porque tengo ganas de hacer más cosas, mejores canciones y seguir conectándome. Es una continuación, pero al mismo tiempo tiene algo de empezar un poquito de cero. n
Florencia Núñez cierra la gira nacional Década y Media en el Auditorio Nacional del Sodre, el domingo 18 de octubre, con un espectáculo nuevo y una banda más grande.
Adrián Echeverriaga
Florencia Núñez presenta Década y Media. Domingo 18 de octubre a las 20 h en el Auditorio Nacional Adela Reta. Entradas de 980 a 2.000 pesos en Tickantel y boletería de la sala.
Fotos: Adrián Echeverriaga.
Producción: Sofía Miranda Montero y Guillermina Servian Berois.
Agradecemos a las marcas Mango y Mandinga y al Auditorio Nacional del Sodre Adela Reta por su colaboración en esta producción.