En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Horarios, supervisión y enseñanza: las claves para un consumo digital sano en la infancia
Expertos en psiquiatría infantil, psicología y neuropediatría ofrecen consejos para minimizar los riesgos en los niños frente al uso de los dispositivos digitales.
Desde
muy chicos, los niños comparten sus hogares con un televisor, o a veces con
varios. Puede que también haya alguna computadora o tablet. Y seguro que
quienes los cuidan tienen un celular. Todos aparatos electrónicos que emiten
sonidos, luces y que tienen funciones que los atraen. Quieren usarlos para
jugar, o para ver videos o, ya de más grandes, para comunicarse. Porque los
dispositivos tienen esas y varias otras funciones, algunas positivas y otras no
tanto. Los riesgos siempre están, pero existen muchísimas formas de minimizarlos.
En compañía, durante ratos cortos y con control de los contenidos, los niños
mayores de dos años pueden vincularse con las pantallas de una forma sana.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En junio del año pasado,
Administración Nacional de Educación Pública (ANEP), Ceibal y Unicef publicaron
una guía para el uso de pantallas en el hogar, elaborada por la psicóloga
Lorena Estefanell, profesora adjunta de alta dedicación del Departamento de
Psicología de la Universidad Católica del Uruguay (UCU). El documento ofrece
algunas pautas y recomendaciones para cuidar a los niños y adolescentes en cada
franja etaria. Parte de la base de que las pantallas no son buenas ni malas por
sí solas. La clave está en el uso que cada persona, de cualquier edad, hace de
ellas.
Muchos
padres tienden a adoptar posturas radicales en cuanto al uso de dispositivos
digitales por parte de sus hijos. La guía define estas posturas como la de
“todo” y la de “nada”. Los que se ubican en la primera creen que la tecnología
está, valga la redundancia, en todo. Que no se puede escapar de ella y que sus
hijos no pueden quedar por fuera. Entonces, permiten un acceso libre a
celulares, tablets, computadoras y/o televisores en cualquier momento y en
cualquier lugar. Además, notan que los niños se entretienen con estas tecnologías
y, muchas veces, usan eso a su favor.
En el
otro extremo, los padres que adoptan la postura de “nada” prohiben que sus
hijos se expongan a las pantallas. Ven solo sus riesgos y no las oportunidades.
Además, no reconocen que, en cierta etapa de la vida, los niños o adolescentes
necesitan interactuar con estos dispositivos para adquirir competencias
digitales que les serán útiles a futuro. “El punto del medio es el adulto que
entiende que esto es una herramienta que hay que enseñarle al niño a usarla, a
consumirla y que, para que el niño aprenda, necesita a un adulto comprometido,
que se remangue, que entienda que si va a traer un videojuego a la casa va a
tener que poner el cuerpo para que ese niño pueda jugar un ratito y después
otro ratito a la pelota, pero tiene que saber que se le va a complicar porque
el niño no tiene la habilidad como para poder parar”, explicó Estefanell.
Los
profesionales comparan el uso de las pantallas con el consumo de golosinas,
refrescos o el uso de una herramienta que podría ser peligrosa, como un
cuchillo. Cualquier niño pequeño que tenga acceso a una bolsa de caramelos, si
no está bajo supervisión de sus padres, podría devorársela en minutos. Lo mismo
con una botella de refresco. Respecto al cuchillo, que tiene una utilidad
puntual, cualquier padre cuidaría a su hijo de que no lo manipule antes de
enseñarle su correcto uso.
Dieta digital. En la
búsqueda del equilibrio entre todo y nada, y en la persecución de una
estrategia de uso responsable y cuidado de las pantallas por parte de los
niños, surgen también algunos conceptos que las vinculan con las dietas
alimenticias. El director ejecutivo de Qustodio, una herramienta de control
parental para uso de dispositivos electrónicos, Eduardo Cruz, explicó a la
agencia EFE los beneficios de lo que él llama Dieta Digital Familiar
(DDF). “Una dieta digital saludable y segura es aquella que crea un balance
perfecto entre la vida online (en línea) y la vida offline (fuera
de línea) de los miembros de la familia. Se trata de conseguir el equilibrio
que nos permita disfrutar de ambas opciones sin que ninguna prime sobre la
otra”, explica Cruz. Además recomienda que esa dieta digital la lleve a cabo
toda la familia, y no solo los niños. Que se establezcan pautas de uso de los
dispositivos digitales que incluyan lapsos de tiempo para usarlos. Que exista
también la posibilidad de compartir el mundo digital en familia, viendo una
película o jugando a un juego.
Todo
esto sin perder de vista que las actividades digitales alejan a los niños de otras
imprescindibles para su desarrollo. Cuando están con la tablet, no
están, en general, en contacto con la naturaleza. Cuando están mirando la
televisión, no están practicando un deporte o interactuando con otros niños. En
este sentido, Cruz recomienda “buscar momentos de desconexión, marcarse
horarios y no centrar el ocio o entretenimiento exclusivamente en las
pantallas”.
En
las limitaciones de horarios y modalidades de uso, el presidente de la Sociedad
Uruguaya de Psiquiatría de la Infancia y miembro honorario de la Academia
Nacional de Medicina, Miguel Cherro, es enfático en que se establezca un
consenso si hay dos personas a cargo del niño. En el caso de la familia en la
que hay un padre y una madre, que ambos estén de acuerdo en los momentos en los
que le habilitarán las tecnologías a su hijo y no se generen discusiones
delante de él.
Para
los momentos en los que no se le permite a los niños usar los dispositivos
digitales, siempre es recomendable que exista una propuesta alternativa, ya sea
un juego, un paseo, una actividad al aire libre. Y aquí surge una preocupación
que destaca Estefanell: “A veces vemos un mundo adulto que no tiene propuestas
alternativas. Que, de repente, un fin de semana están encerrados mirando la
tele o jugando a la Play o consumiendo redes sociales”.
Foto: Lucía Durán
Rol parental. Las
tecnologías están, existen, son una herramienta. Se pueden usar para ocio,
entretenimiento, comunicación, aprendizaje. Estefanell opina que, cuando un
niño las está usando, tienen que estar a su servicio, y no al del adulto. Y
menciona un caso típico: cuando una familia va a comer a un restorán, el hijo
está inquieto, aburrido y comienza a llorar o hacer berrinches. Los padres
quieren comer tranquilos y para ello acuden a una solución rápida: la tablet
o el celular. “Si el niño no tiene la pantalla, el adulto tiene que estar
encargándose de él. Pero en ese restorán, ese niño mirando un videojuego, en
realidad, no está sumando nada a su vida y está perdiéndose una cantidad de
escenarios fundamentales como, por ejemplo, aprender a quedarse sentado en una
mesa aburrido. Y también el adulto tiene que comprometerse en el desarrollo de
eso”, dice la psicóloga.
En
vez de enseñarles y estar al lado de ellos para hacer los deberes, los padres
muchas veces dejan solos a los niños con una tablet o computadora. En vez de
jugar con ellos les dan un videojuego. En vez de contarles un cuento les ponen
una película. La neuropediatra Mercedes Castro, del Centro de Estudios
Especializados en Lenguaje y Aprendizaje (Ceepal) enfatiza sobre el “rol
parental” que han adquirido las tecnologías. Con esto se refiere a esas
responsabilidades que los padres delegan en diferentes dispositivos. “Hoy los
niños están muy solos en las casas por la vida que tenemos, porque hay padres
que trabajan o por X motivo, pero están muy solos. Y esto hace que no estén
supervisados”, dice.
Los
expertos coinciden también en que los padres deben cuidar su propio
comportamiento con respecto a las pantallas, sobre todo de sus celulares. No es
conveniente que un padre, una madre o cualquier adulto a cargo de un niño le
indique que no puede hacer uso de los dispositivos cuando ellos adoptan una
postura contraria. Porque también es frecuente ver padres con el celular a toda
hora, contestando mensajes o revisando redes sociales.
La
guía de Anep, Ceibal y Unicef releva un informe de 2018 titulado Kids Online
Uruguay, que dio a conocer algunos datos sobre la situación de los niños y
adolescentes conectados. Allí, ellos reconocen que tienen dificultades en el
control y en el uso de Internet, pero señalan que también las tienen sus
padres. “A los menores les influye más el comportamiento que observan en los
adultos, que aquello que se les pueda recomendar verbalmente, por lo que es
importante ser consecuentes con lo que se les dice y lo que se hace y
enseñarles una rutina saludable desde la acción”, sugiere el director de
Qustodio.
En la
misma línea, Cherro opina que el uso de las pantallas por parte de los niños
debe ser racional. “Ya sean teléfonos celulares, computadoras, lo que sea,
familiarmente hay que darle un sentido a eso. No es darle la pantalla para
sacarse al nene de arriba”, dice.
Las
pantallas no son buenas ni malas. Existen. Y a veces dejan en evidencia otros
hábitos o cuestiones de la rutina familiar. Sobre esto reflexiona Estefanell:
“Lo que creo que nos tenemos que replantear es cómo las pantallas ponen de
manifiesto un estilo de vida, un estilo de vínculo, un estilo de
funcionamiento. El nivel de dificultad que tenemos para usar contextos
naturales, para atravesar el aburrimiento, para tener contactos reales y no
virtuales”.
Regular el consumo. Puede que los más pequeños sepan deslizar sus dedos por
pantallas táctiles, o manipular un joystick de una consola o presionar
las letras del teclado de una computadora. Pero para hacer un uso responsable
de estas tecnologías se requieren otras habilidades, “desde el cuidado de la
información, la convivencia con los dispositivos, hasta habilidades un poquito
más sofisticadas, como puede ser la autorregulación del consumo. Lo que
nosotros no podemos pensar es que hay una edad donde esas habilidades
aparecen”, advierte Estefanell.
Las
pantallas son la puerta a un sinfín de contenidos de todo tipo. Hay materiales
didácticos, aplicaciones y programas para aprender. Hay formas de
entretenimiento saludables, redes y alternativas de comunicación. Y está
Internet, que tiene contenidos positivos y algunos otros que pueden ser
violentos. Cherro advierte que algunos videojuegos y contenidos audiovisuales
pueden “crear un hábito desensibilizante”, y explica: “Frente a un hecho
violento, uno se siente conmovido, tiene una repercusión emocional. Las
pantallas muchas veces muestran que la muerte es algo intrascendente, que es
habitual. Desensibilizan al horror que produce una situación violenta,
legalizan la agresividad, cosa que es negativa en la formación de un niño”. El
psiquiatra infantil explica que este riesgo se presenta a cualquier edad, en
cualquier persona que use una pantalla. Pero lo que ocurre en los niños es que
si no se les enseña, no pueden saber cómo reaccionar ante un contenido
violento, pornográfico o delicado por otros motivos. Y, como con la bolsa de
caramelos, tampoco saben cuándo detenerse.
“No
importa la edad que tenga el niño, lo que sí funciona, desde el punto de vista
de los padres o de quienes estén desarrollando la función de criarlos, es la
explicación de las cosas, tratando de darles una respuesta racional. Por
supuesto que uno tiene necesidad de limitar el uso de las pantallas, porque si
no estamos fomentando una adicción”, dijo el psiquiatra infantil.
Foto: Lucía Durán
Cerebros vulnerables. Los dispositivos que al mismo tiempo emiten luz, sonido
y figuras en movimiento no existieron toda la vida. De hecho, son relativamente
nuevos en la historia de los seres humanos, y los cerebros se fueron adaptando
a los estímulos que reciben de ellos. El cerebro de un bebé, con pocos días o
meses de nacido, no está preparado para eso. Pero, según la neuropediatra
Mercedes Castro, ningún cerebro humano está preparado para eso. Los daños que
provienen de esas luces y sonidos pueden ocurrir en cualquier etapa de la vida
de una persona. Sin embargo, los especialistas advierten sobre los riesgos a
nivel neurológico sobre todo en los más pequeños “porque el cerebro ahí es
extremadamente vulnerable”.
En
todas las edades, está contraindicado el uso de pantallas en las dos horas
previas antes de dormir, si se quiere asegurar un buen descanso. “Porque las
pantallas están emitiendo una luz que se llama ‘luz azul’, y le indica al
cerebro que estamos de día. Cuando entramos en la noche, el cerebro se prepara
segregando una sustancia llamada melatonina” y luego entra en un estado de
reposo, explicó Castro. Pero con la exposición a la luz de las pantallas se
dificulta la segregación de esa sustancia. “Esto en los niños y en los
adolescentes (aunque también en los adultos), está trayendo trastornos del
sueño”, agregó.
La
recomendación de Castro es, entonces, “cero pantallas” para niños menores de
dos años. En una siguiente etapa, desde los dos hasta los cinco o seis, la
neuropediatra recomienda un límite de una hora por día para todo tipo de
pantalla, que puede estar distribuida a lo largo de la jornada. Pueden ser 15
minutos de celular, otros 15 de televisión, un rato de un videojuego. Pero
siempre respetando las dos horas libres de pantallas antes de dormir. Entre los
seis o siete y los 12 años, la profesional sugiere que el uso de la pantalla
esté limitado a un máximo de dos horas diarias, con las mismas condiciones.
Además, considera como ideal que haya un adulto al lado cuando el niño o
adolescente está haciendo uso del dispositivo digital para hacer de guía y
asegurar un consumo de contenidos adecuados.
Llega
una edad en la que los niños empiezan a pedir tener su propio celular. Porque
sus compañeros de clase los tienen, porque los tienen sus primos o sus propios
padres. Y quienes están a cargo de ellos suelen preguntarse cuál es la edad
adecuada y segura para regalarles ese dispositivo. Castro recomienda que este
momento llegue cuando el niño “empieza a tener algo de independencia”. Esto, en
general, ocurre cuando pasa de la escuela al liceo, cuando ya sale solo con sus
amigos o cuando ya no va a depender más de sus padres para ir y volver de los
lugares que frecuenta.