La iglesia de la Transfiguración de Cristo: un templo del siglo XXI

Construida enteramente en madera con una filosofía de puertas abiertas, es el nuevo espacio que reúne a la comunidad católica de Carrasco Norte

En una rotonda del camino Adolfo Brunel, que va desde Camino Carrasco hacia el norte y recorre barrios jardines de casas modernas y cuidado paisajismo, una nueva silueta se recorta en el paisaje semirrural del borde de Montevideo. Construida en madera y con forma de granero, la iglesia de la Transfiguración de Cristo reúne a los fieles de la zona desde setiembre, cuando comenzó a darse la misa de domingo. El viernes 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, el nuevo templo fue dedicado y consagrado. 

La ciudad se extiende y con ella los lugares donde practicar la fe católica. Hace 11 años Sociedad San Juan llegó a Uruguay desde Argentina. Esta congregación de misioneros con programas de evangelización está a cargo desde 2015 de la parroquia de Nuestra Señora del Huerto y San José, sobre la calle Gonzalo Ramírez, en Parque Rodó, donde se instaló en primera instancia. En el año 2018, el cura párroco Guillermo Striebeck, conocido entre los amigos como padre Willy, le comentó al cardenal Daniel Sturla la idea de poder extenderse hacia otras zonas. “Viendo hacia dónde iba creciendo la ciudad, vimos que la zona de Carrasco norte se estaba desarrollando bastante y Sturla nos apoyó en esa iniciativa y nos encomendó a nosotros la construcción de la iglesia”, cuenta el padre Guillermo, la persona al frente de la misión de levantar el nuevo templo.

En busca de un terreno en esa zona para llevar a cabo el proyecto, dieron con unas familias que decidieron donar sus tierras para que se construyera la iglesia. El siguiente paso fue conformar el equipo de arquitectos, integrado por Diego Algorta, Nicolás Guerra, José Barravino y Cecilia Turis.

Estos cinco profesionales tenían atrás un grupo de unos 50 integrantes que apoyaban el proyecto desde la parte contable, gestión, comunicación, organización de eventos y la parte espiritual (con campañas de oración), que trabajó con mucho esfuerzo para alcanzar el objetivo. “Probablemente así se construían las iglesias”, opina el arquitecto Diego Algorta sobre este gran equipo multidisciplinario dirigido por el padre y con dos referentes a la cabeza, Andrés Fleurquin e Ignacio Cabrera.

Al momento de proyectar los planos del nuevo templo, el padre Guillermo le fue transmitiendo al equipo de arquitectos la idea de iglesia que tenía, de acuerdo a su forma de evangelizar y de llegar a la gente. Entre las premisas que se manejaron, estaba la de hacer una estructura en forma de granero, con líneas puras.

“El granero es el lugar donde se guarda y se conserva la cosecha de trigo”, dice el padre Guillermo a Galería. “Para los católicos, el pan es un símbolo muy fuerte de unión, de reunión, de alimento en familia y también creemos que se nos da el cuerpo de Cristo después de las oraciones que hacemos, leyendo la Biblia. Esa era la imagen del lugar donde se puede reunir el fruto del trabajo de la familia, un lugar donde te podés alimentar espiritualmente, para llevar esa paz y esa bendición a tu familia, a tu trabajo, y a donde las personas más estén necesitando una ayuda”.

Si bien la iglesia quedó en medio de barrios de buen poder adquisitivo, zonas cercanas tienen un perfil más popular. “La idea es poder llegar con la palabra de Dios y el mensaje de paz y amor del evangelio a barrios más carenciados­”, aclara el padre, que viene trabajando con su gente en barrios como Cuarenta Semanas, Borro, Gruta del Lourdes, Piedras Blancas, Cerro, Malvín Norte.

La fe en el siglo XXI. ¿Cómo tiene que ser una iglesia construida para la sociedad del año 2023? Lejos de las características que tienen los templos levantados en siglos anteriores, fríos y oscuros, con mucho ornamento y materiales como el mármol y baños de oro, esta iglesia moderna hace alarde de la austeridad a través de materiales nobles como la madera y el cemento, las líneas rectas y un altar simple, igual que el resto del mobiliario, que consiste básicamente en sillas plegables también de madera. “Pensamos en cómo poder llegar con el mensaje de amor, de paz, de alegría que tiene el evangelio a una persona común y corriente hoy. Esa es la pregunta que siempre nos hacemos. Y con base en eso elaboramos nuestro mensaje, el modo de acercarnos y a partir de eso pensamos también la arquitectura. No es que sepamos de arquitectura, pero pensamos qué puede ser más amigable para una persona actual, cómo se va a sentir más cómoda, bien recibida, como en su hogar. Todos son ingredientes que van ayudando en lo que es recibir a los hermanos hoy, en una sociedad como la de hoy, que sigue sintiendo lo mismo que el ser humano sentía tal vez siglos atrás, con un contexto cultural y una historia diversa, pero en la esencia el ser humano sigue siendo el mismo”.

Para esto, el padre Guillermo le pidió al equipo de arquitectos que fuera un lugar de puertas abiertas, un lugar estéticamente bonito con rasgos de austeridad. Pero sobre todo, lo que la arquitectura debía reflejar era una gran humildad por parte de cada integrante del equipo. “Como toda iglesia, se va haciendo gracias a las personas. Deseamos que sea un templo donde las personas puedan venir y recibir paz, amor, buenos deseos, el mensaje de Jesús, para después ir hacia afuera. Como una estación de servicio donde venís, te cargás y después vas a hacer tu camino lleno de energía para brindar eso que recibiste. Nos gustaría que sea un espacio abierto para el que más se siente afuera, de modo que pueda encontrar algo que le haga bien”.

Madera por dentro y por fuera. Por la estructura que debía tener el edificio siguiendo la idea del granero, había que generar modelos estructurales que le dieran la curvatura al techo. Esto llevó a que los arquitectos a cargo decidieran utilizar el mismo formato de fabricación en madera utilizado en la construcción del Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) en Maldonado.

El presbiterio —donde se ubica el altar y el sagrario—, junto con el campanario, es una estructura tradicional de hormigón (igual que la cimentación), donde se ancla la estructura de eucaliptus clear uruguayo. La madera (que también fue donada por una empresa particular) se envió a Francia, donde una empresa fabricó toda la estructura y la envió de vuelta para su montaje, etapa que llevó seis semanas y contó con el asesoramiento de dos técnicos de origen. El edificio tiene 17 metros de ancho por 23 de largo, y una capacidad aproximada para unas 400 personas.

Para cumplir con el deseo del padre de que fuera una iglesia abierta, una característica que la hace bien particular es que los amplísimos ventanales de los costados, al igual que sus postigones, se abren completamente para integrar el espacio interior al exterior. En una próxima etapa se colocarán pérgolas laterales para ampliar aún más hacia afuera.

Dentro de esa austeridad y simplicidad que dan carácter a esta iglesia se encuentran solo tres imágenes dibujadas en tres trípticos, obras de la artista argentina María Vigil. El más grande es Cristo en el centro, sobre el altar, luego está San José a la derecha del altar y Santa María con el niño Jesús a la izquierda. Para realizar este trabajo, Vigil se instaló un mes en la casa de las hermanas de Sociedad de María, en un predio cercano a la iglesia. En un momento de este proceso intervino un grupo de fieles que antes de que la artista colocara el baño dorado encomendó a Jesús, María y José sus peticiones, que luego quedaron tapadas por la pintura para la eternidad.

En lo alto del campanario, una antigua campana de unos 30 kilos traída del campo por una familia que la donó suena antes y durante la misa. La idea es conseguir otra, para que sean dos las que repiquen. 

Los fondos para la financiación de la construcción de la iglesia se reunieron a través de campañas de colaboraciones y celebraciones benéficas que se organizaron a lo largo de más de cuatro años. El 19 de marzo se hizo una bendición en la que estuvo el cardenal Sturla, y la primera misa se celebró el 11 de setiembre. El 8 de diciembre la dedicaron al Señor y se consagró el altar.

Todos los domingos a las 11 de la mañana las puertas —y paredes laterales— de esta nueva iglesia se abren enteramente para recibir a quien busque allí alimentar su espíritu para seguir su camino.

FUENTE: nota.texto7