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El cine uruguayo estrena su propia Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas

Sus principales autoridades presentaron la nueva institución e hicieron algunas proyecciones sobre los próximos Premios Oscar

Durante varios años, realizadores, directores, actores uruguayos y referentes de la industria cinematográfica nacional asistieron a festivales y mercados internacionales. Entre charlas, intercambios, idas y vueltas, había una pregunta que siempre se repetía: ¿por qué Uruguay no tiene una Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas?

El año pasado, eso que durante décadas había sido una idea recurrente, pero siempre postergada, encontró el momento para concretarse. El nacimiento de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Uruguay no es solo la creación de una nueva institución. Para quienes la impulsan, es también la confirmación de que el ecosistema audiovisual del país llegó a un punto de madurez. “Todo lo urgente ganaba”, dijo a Galería Diego Parker Fernández, secretario general de la academia, sobre los años en que la iniciativa quedaba relegada frente a otras prioridades de la industria, como la ley de cine, los fondos de producción y el desarrollo de coproducciones internacionales.

Virginia Hinze, presidenta de la academia, describió su proceso de creación como lento pero pensado y colectivo. Durante casi dos años, representantes de distintas áreas —directores, productores, actores, técnicos— discutieron estatutos, compararon modelos internacionales y organizaron asambleas que convocaron a casi 200 profesionales del sector. El resultado fue una academia que nació con 193 socios fundadores, una cifra que sorprendió incluso a colegas de otros países con industrias mucho más grandes.

Pero la nueva institución no busca convertirse en un “gremio de gremios”. Su ambición es más amplia: pensar qué puede hacer el cine uruguayo cuando todas sus ramas se sientan en la misma mesa. En un contexto que los propios cineastas describen como un “cuello de botella”, con cada vez más proyectos y carreras en desarrollo, pero recursos todavía limitados, la academia aspira a ser un espacio de articulación, proyección internacional y reflexión sobre el futuro del sector.

Entre sus primeros desafíos están la organización de los premios anuales —que podrían celebrarse por primera vez en 2027— y la tarea simbólica de acercar el cine uruguayo al público local. Porque si algo tienen claro sus impulsores es que el objetivo no es solo premiar películas. Es, también, lograr que cada vez más espectadores las conozcan, las discutan y las sientan propias. Para Jorge Temponi, vicepresidente de la academia, la aspiración es sencilla y ambiciosa a la vez: que el cine nacional forme parte de la conversación cultural cotidiana.

conferencia academia
Jorge Temponi, Diego Fernández, Virginia Hinze y César Troncoso durante la conferencia de presentación de la academia en setiembre de 2025.

Jorge Temponi, Diego Fernández, Virginia Hinze y César Troncoso durante la conferencia de presentación de la academia en setiembre de 2025.

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas es nueva en su creación, pero la idea estaba sobre la mesa desde hacía tiempo. ¿Qué cambió esta vez para que pudiera concretarse?

Virginia Hinze: Hace varios años algunos compañeros la habían iniciado, se habían empezado a armar estatutos, pero no sé muy bien por qué quedó a medio camino. Y ya hace como cuatro años que, en los viajes, en los festivales internacionales, empecé a juntarme con gente de otras academias de cine y me preguntaban por qué Uruguay no tenía la suya. En un momento propuse retomar esta idea, y así empezó todo. Facundo Ponce de León, cuando asumió como presidente de la Agencia del Cine y el Audiovisual del Uruguay (ACAU), también manifestó su intención de que Uruguay tuviera su academia. Fue un proceso de casi dos años de elaborar estatutos y hacer comparaciones con otras academias de Fiacine (Federación Iberoamericana de Academias de Artes y Ciencias Cinematográficas). Hicimos un estudio exhaustivo de cada una de ellas, hicimos cuadros comparativos. Una vez que tuvimos un borrador de estatuto, ahí empezamos. Sumamos gente de cada una de las áreas para empezar a trabajar y que todos estuvieran de acuerdo. No sé exactamente qué fue lo que cambió, pero sí creo que el ecosistema maduró y por eso se dio.

¿Cómo se distribuyeron los roles dentro de la academia?

Diego Fernández: Fue medio orgánico, en realidad. Estaba Virginia, estaba yo, se sumó Jorge Temponi, algunos productores. Se empezó a formar un grupo y se hicieron por lo menos dos asambleas presenciales. Fue un proceso largo pero que estuvo buenísimo, porque fue muy de a poco generando interés. No fue que nos juntamos ocho y la fundamos, como ha pasado en otros países.

V.H.: Nos encargamos, y creo que bastante bien, de que hubiera representantes de cada área, que eso es importantísimo. Y tuvimos, durante mucho tiempo, reuniones virtuales sistemáticas para discutir punto por punto. Cuando sentimos que estábamos maduros, ahí hicimos dos asambleas presenciales.

D.F.: Con más de 40 personas.

Jorge Temponi: Dos más la fundacional, fueron tres presenciales en total. A la fundacional asistieron casi 200 personas. Y ahora somos 193 socios fundadores.

D.F.: Eso habla de haber terminado bien el proceso, que fue lento, discutido, pero efectivo a la hora de convocar gente.

¿Cómo es el proceso? ¿La gente se suma? ¿Ustedes invitan?

J.T.: Estamos muy cerca de ser una organización civil constituida, el trámite está avanzado en el Ministerio de Educación y Cultura, y somos todos socios fundadores. Cada uno fue convocando a su rama de actividad para llegar a tener esas asambleas y que se corriera la voz entre los profesionales de las distintas áreas del cine. Todos quienes quisieron y pudieron se sumaron a esas asambleas presenciales. Después de que estemos constituidos como organización civil vamos a volver a abrir la puerta para ver quiénes quedan en la categoría de miembro activo y quiénes en la de miembro asociado. Más adelante designaremos algunos miembros de honor, como tienen todas las academias, por sus trayectorias. Esas son las tres categorías que existen. Es gente que hace cine y que se dedica a cultivarlo en Uruguay.

V.H.: Existen asociaciones de productores, directores, guionistas, actores. Es importante aclarar que la academia es transversal a todas ellas. Trata de unirlas a todas.

D.F.: Tampoco es un supergremio, no es el gremio de los gremios. Es otra cosa. No está mal decir que está por encima, porque tiene otros objetivos y la vara apunta más allá, no a las circunstancias puntuales de cada gremio, que pueden unirnos o separarnos. Esto es ver qué tenemos en común todos y qué queremos hacer juntos.

Mencionaron que les preguntaban mucho en festivales internacionales por qué Uruguay no tenía su propia Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas. ¿Qué les decía esa pregunta sobre cómo el mundo ve al país y su industria?

V.H.: A mí me motivó a retomar este tema. Igual creo que desde el momento en el que pasaba eso, que fue hace tres o cuatro años, hasta ahora cambiaron muchas cosas. La visión de Uruguay en el mundo y la situación del audiovisual en el país cambió.

J.T.: No vamos a comparar el cine con el fútbol porque sería una exageración, pero hay un fenómeno que, de alguna manera, está emparentado con una especie de milagro uruguayo en cuanto a las dimensiones del país y la calidad y el éxito que tienen, a nivel mundial, nuestras producciones cinematográficas. Desde las últimas décadas, cada vez con más frecuencia y en un altísimo porcentaje, las películas uruguayas logran lo que se proponen. Te pueden gustar más o menos, pero es muy raro encontrar experiencias cinematográficas fallidas, la típica de que vos ves una película y decís “veo lo que intentaron, pero no les salió”. Cada vez más a los directores y a los equipos les sale lo que se plantean. Hay un toque, hay cierta delicadeza, hay un algo que hace que muchas películas uruguayas tengan éxito, en el mundo en general y en festivales en particular.

“No vamos a comparar el cine con el fútbol porque sería una exageración, pero hay un fenómeno que, de alguna manera, está emparentado con una especie de milagro uruguayo en cuanto a las dimensiones del país y la calidad y el éxito que tienen, a nivel mundial, nuestras producciones cinematográficas”. “No vamos a comparar el cine con el fútbol porque sería una exageración, pero hay un fenómeno que, de alguna manera, está emparentado con una especie de milagro uruguayo en cuanto a las dimensiones del país y la calidad y el éxito que tienen, a nivel mundial, nuestras producciones cinematográficas”.

D.F.: También somos muy recientes. Recién hace 25 años que se estrenan al menos dos ficciones por año. Hace 25 años que hacemos cine de manera continuada. Todo sucede, pero venimos de atrás. En otros lados tienen academia hace 40 años. Esta academia viene a coronar un desarrollo, me parece.

En una entrevista con Búsqueda hablaban de que la industria uruguaya estaba en un “cuello de botella”. ¿A qué se referían?

D.F.: El desarrollo, el crecimiento de posibilidades, de carreras, no estuvo acompañado de posibilidades de incrementar la producción y optimizar la manera en que se produce. También hay gente que ya hizo dos películas y quiere hacer su tercera, hay gente que quiere hacer su ópera prima, y hay muchos centros de estudios en los que se estimula que la gente estudie esto, que quieran desarrollar proyectos. Pero las posibilidades no necesariamente han acompasado el crecimiento real.

V.H.: El ecosistema cambió, maduró. Hay más herramientas, pero todavía falta, y hay una necesidad de consolidarlas y fortalecerlas. Fue fundamental en todo esto el apoyo de Fiacine y de ciertas academias. Nos apoyamos mucho en Argentina y en Colombia, en los presidentes y directores ejecutivos de sus academias, quienes nos acompañaron un montón en el proceso.

D.F.: También para saber qué no hacer, por ejemplo.

¿Qué cosas decidieron no tomar de otras academias?

D.F.: Siempre fue importante para nosotros considerar nuestra escala. Porque, por ejemplo, en Colombia son 40 o 50 millones de personas, Brasil también, Argentina también. No podíamos pensar en estructuras ni formatos que para nosotros fuesen inabarcables.

Han marcado la autonomía respecto a la ACAU, ¿cómo se garantiza esa independencia cuando, a su vez, necesitan apoyos?

D.F.: Hay una parte que la apoya. Es común en la gran mayoría de las academias de Iberoamérica que parte de su funcionamiento esté apoyado por financiamiento público pero mantenga su independencia. Hay ciertas contrapartidas, pero no hay posibilidad de injerencia. Mañana la academia puede sacar un comunicado poniéndose de punta contra algo que decida la ACAU y vale, es parte del juego, y así queremos que se preserve. La academia busca su propio financiamiento también.

¿Cómo se financia?

V.H.: En líneas generales, la academia se financia con el aporte de los miembros y con apoyos como el de la ACAU. En este momento, además, estamos en proceso de selección del director ejecutivo de la academia, que es el único rol pago. Hubo un llamado al que se presentaron alrededor de 200 personas. La idea es que cuando entre esta persona, entre otras miles de tareas, comience a trabajar en un plan para captar sponsors, apoyos, proyectos, programas que ayuden a financiar la academia. Muchas academias también se financian con la realización del evento de premiación.

¿Qué significa, en términos simbólicos y prácticos, que la nueva academia uruguaya asuma la representación del país ante la Academia de Artes y Ciencias de Estados Unidos?

V.H.: Un montón de trabajo.

¿Por qué?

V.H.: Cuando no había una academia, esto lo centralizaba o coordinaba la ACAU. Según los requisitos de los Oscar, la ACAU llamaba a la asociación de productores, a la de directores, a la de actores, al gremio de cine. Desde el momento en el que existe academia, y que creemos que ya para los próximos Oscar vamos a tener una personería jurídica, vamos a tener que tomar esa tarea nosotros.

D.F.: Lo que le interesa a la academia de Estados Unidos es que las películas las elijan los que hacen películas.

J.T.: Por votación, por supuesto.

Comentaron que la idea es que la primera entrega de premios uruguaya sea este año, ¿eso sigue en pie?

D.F.: Estamos pensando más bien en marzo de 2027.

V.H.: Sí, esa es la idea, pero es todo un desafío.

J.T.: Deseamos que sea la fiesta anual de la academia, el evento que nos reúna para celebrar, como sucede en estas premiaciones, más allá de quien gane. Celebrar que hacemos cine, que estamos juntos, que tratamos de ser mejores cada año y que somos un montón en un montón de rubros.

V.H.: Nos organizamos en tres grandes comisiones de trabajo, que tienen que ver con los puntos más neutrales de la academia: la internacionalización, la conservación y el patrimonio, y los premios.

J.T.: Y formación, que es la cuarta comisión, dedicada a talleres, cursos, mesas.

V.H.: Exacto, nos dividimos en cuatro comisiones que ya están trabajando. La comisión de premios está pensando y analizando el tema del premio uruguayo.

¿Cómo se imaginan estos premios, que van a sentar un precedente?

D.F.: Nuestra escala y nuestra identidad son dos cosas que no podemos ignorar. Pero no por ello tenemos que ser demasiado tibios. Si algo es importante y está bueno, hay que potenciarlo. Cada uno se puede estar imaginando algo diferente.

J.T.: Y eso vale. Que cada uno se imagine lo que quiera. Será una fiesta.

D.F.: Sí, será una fiesta. Y está el tema del nombre del premio, ese es el gran gancho que tenemos.

¿Ya lo tienen pensado?

D.F.: No hay nada decidido, pero es lo que todo el mundo quiere saber.

La escala uruguaya y el hecho de que en el país se producen menos películas que en otros lados, ¿obliga a pensar en categorías diferentes para esos premios?

D.F.: Puede ser. Me parece que hay que ver la forma de que si un año hay un poco menos de películas no te quede todo descalabrado. Para crecer siempre hay tiempo. En los estatutos se habla de que la academia entregará reconocimientos a las mejores producciones. El margen de acción es amplio. No dice que hay que hacer una gala, nada. Sí me parece que todos estamos de acuerdo en que tiene que servir para valorizar el cine. No es solo para nosotros, para mirarnos y darnos premios, sino para generar ese vínculo con el público de identidad y de estar orgullosos del cine que tenemos, de la música, de la literatura, del teatro.

Hasta hace un tiempo había un prejuicio sobre el cine uruguayo: se decía que era gris, solo de autor y no tan comercial, como si fuera algo malo. ¿Consideran que sigue presente esa creencia? ¿La academia se plantea derribarla y promocionar más el cine nacional ?

J.T.: Sí. Es una línea de trabajo muy importante la relación con el público. Todos los hacedores de cine en Uruguay sabemos que existe ese prejuicio en cierta porción de la población. Así como también hay una porción de la población a la que le interesa más si es algo uruguayo que si es algo de afuera. La academia puede cumplir un rol importante en hacer llegar las películas a mucha gente que gustaría de ellas. Pero no venimos a inventar la pólvora. Hay un montón de instituciones, públicas y privadas, que se ocupan de esto hace años.

D.F.: Parte del prejuicio es parte de nuestra identidad, porque con el cine pasa algo particular, y es que todo el mundo opina. Nadie le dice a Jaime Roos que tiene que hacer música más divertida, nadie dice que (Alfredo) Zitarrosa no hizo cumbia y entonces no le gusta. Imaginate si alguien se va a poner a cuestionar que (Juan Carlos) Onetti hizo no sé qué. Pero esto pasa en todos lados, no somos la excepción. La excepción es Francia, donde la mitad de las entradas vendidas corresponden a películas francesas. Tenemos que convivir con eso y tratar de alivianarlo.

V.H.: Yo creo que ese prejuicio existió, pero se está desvaneciendo un poco. Aparte, tenemos una variedad de géneros, ya cambió lo que producimos. Es un gran tema que estamos trabajando hace mucho en todas las asociaciones. Que no van a las salas es una realidad, pero no porque sea aburrido el cine uruguayo.

J.T.: Matizo. Que no van a las salas no, pero que podrían ir más. Estuvo el documental de (Alfredo) Ghierra, que fue imponente lo que llevó. Hay muchas ficciones y documentales a los que les va bien, pero sí que a todos les podría ir mejor en taquilla.

De academia a academia

El próximo 15 de marzo se realizará la 98ª ceremonia de entrega de los Premios Óscar, que entrega la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. Como integrantes de su flamante par uruguaya, Hinze, Fernández y Temponi hicieron algunas proyecciones. Hablaron de favoritas y arriesgaron algún potencial ganador. También se refirieron a la dificultad de las películas uruguayas de llegar a una instancia internacional y tan relevante como los Oscar, por su escala y presupuesto. Por último, especularon sobre una futura entrega de premios de la academia uruguaya, que esperan que llegue a realizarse en marzo de 2027.

Premios Oscar asientos

¿Qué película uruguaya de todos los tiempos debería haber ganado un Oscar?

D.F.: Si hablo con el corazón, Whisky. No solo por la película, sino por lo que generó. Porque a veces también eso en los Oscar importa. Ganó premios en La Habana, Cannes y Japón. Por pedigree es la película que mejor podría haber llegado a colarse.

J.T.: Coincido con Whisky y sumo Mal día para pescar. No por su trayecto festivalero, pero sí por la conjunción de calidad artística con entretenimiento.

D.F.: La noche de 12 años era la que venía mejor aspectada. Pero apareció Roma, de (Alfonso) Cuarón, y ta. De hecho, La noche de 12 años estuvo en el primer shortlist, pero no en las cinco finales.

J.T.: El amigo (César) Troncoso en algún momento debería meterse ahí. Que Troncoso gane un Oscar sería divino, lo merece con cualquier cosa que haga.

¿Están de acuerdo con esto que se dice mucho de que los Oscar los suelen ganar las películas con más lobby y no las de mejor calidad cinematográfica?

D.F.: Sí, hay que perder la inocencia de creer que el Oscar lo gana la mejor película, o la obra cinematográfica más importante. No es que no importe la calidad, pero hay muchos otros factores.

V.H.: Sí, hay gran parte del lobby o el dinero que se invierte en promocionar la película. También pienso que eso está cambiando y se están abriendo en la selección y en la decisión. Hay sorpresitas ahora.

J.T.: Más allá de estas maquinarias de apoyo o de promoción, entramos en el tema de todos los premios. Sobre la base de que todas las películas están muy bien, después entra a jugar el gusto y esa cuestión de que el arte de por sí no nace como competencia. La competencia y los premios son lindos como celebración y para fomentar el cine, pero no es un partido de fútbol, no es un juego olímpico, donde alguno corre más rápido y ganó y se acabó. Es todo muy opinable y depende mucho de las sensibilidades.

D.F.: Influye el contexto también, qué es lo que está pasando, cuáles son los temas en la sociedad. A veces hay películas que en el momento funcionan muy bien porque hablan de algo que resuena.

¿Consideran que alguna película de este año llega con mucha fuerza a los Oscar?

D.F.: La de Paul Thomas Anderson, Una batalla tras otra, cumple con todos los requisitos que, en general, al Oscar le importan. No es mi favorita, pero me parece que está muy bien.

V.H.: Me encantaría que gane El agente secreto.

En las categorías actorales y de dirección, ¿ven algún nombre que esté cantado?, ¿o se puede esperar alguna sorpresa?

D.F.: Me encantaría que gane Wagner Moura como actor, pero es muy difícil. Respecto a Timotheé Chalamet, la película, para mí, plin. No entiendo cómo llegó hasta ahí. Pero (Leonardo) DiCaprio ya ganó un Oscar, y Chalamet es la nueva estrella. Me parece que esas cosas también pesan. También me parece interesante que se haya colado Sirât. Es la película más diferente de todas las que hay en la vuelta. Y olvidémonos del director. Como película me parece lo más jugado, lo más diferente.

J.T.: Destaco Sueños de trenes. No va a ganar, pero es muy delicada y es una película que terminás de verla y te deja como pensando. Es muy artística, me movió alguna ficha sobre el sentido de la vida, nada más y nada menos. Es una película triste, no devastadora. Pero muy delicada.

D.F.: Y para mí la más sobrevaluada es Valor sentimental. Es una película que me pregunto por qué está ahí, cómo llegó.

Con miras a la ceremonia de entrega de premios de la academia uruguaya, ¿qué deberíamos tomar de los Oscar y qué deberíamos descartar?

D.F.: Prefiero pegarme más a los Goya que a los Oscar. Porque, por ejemplo, los Goya los hacen cada año en una ciudad distinta, y allí donde van generan talleres, actividades. Hay toda una semana en la que pasan cosas relacionadas con el cine. Eso me parece más interesante que solo el show. Que haya algo más atrás que suceda.

J.T.: Lo que sí me gustaría que tuvieran de similar a los Oscar, a nuestra escala, es que la población interesada en cine conociera las películas. Que las hubiera visto, en sala o donde estuvieren disponibles. O, al menos, saber de qué van, conocer a los actores, la línea del director. Que se genere una cercanía entre las películas y la gente y que podamos hablar de por qué ganó una y no la otra, la actuación de este, la profundidad, todo ese tipo de discusiones artísticas. Me gustaría que el cine uruguayo vaya entrando cada vez con más fuerza en esos temas de conversación y que, a la hora de la entrega de premios, la gente conozca un poco más.

D.F.: Sí, incluso podemos inventar una oportunidad adicional de ver las películas previamente.

V.H.: Coincido con Diego en la idea de acercarnos más a los Goya en un inicio. Colombia, con sus Premios Macondo, hace el “camino a los Macondo”. Es con las películas seleccionadas. Van por distintas ciudades y pueblos y hacen proyecciones, talleres o charlas. Me parece que eso es lo que tenemos que imitar nosotros. En la comisión de premios estamos hablando de no siempre centralizarlos en Montevideo y empezar a pensar en otras ciudades. Así lo hacen en casi todos los países.

D.F.: Por qué no hacer la entrega de premios en el Teatro Solís, ¿no? Para no tirarnos abajo. Hay que darles importancia.

V.H.: Sí, ¡nos la tenemos que creer!

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