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Cómo recorrer la Ruta del Vino brasileña, una escapada ideal para marzo

Entre viñedos con herencia italiana, se despierta una veta europea inesperada en Sudamérica que combina a la perfección gastronomía con turismo

Redactora de Galería

Más del 70% del vino que se produce en Brasil nace en un rincón del sur que parece más europeo que tropical. La Rua do Vinho, en la Serra Gaúcha, se despliega entre morros, casitas y bodegas de herencia italiana, y está muy cerca para conocer. Comienza en el estado de Rio Grande do Sul, a unos 120 kilómetros de Porto Alegre (dos horas en auto), su corazón late en el Vale dos Vinhedos y atraviesa localidades como Bento Gonçalves, Garibaldi y Monte Belo do Sul.

Muchos viajeros eligen instalarse en Gramado o Canela como base de operaciones —más infraestructura, más oferta hotelera— y desde allí salir a recorrer los caminos rurales que serpentean entre viñedos, porque esta ruta no es una autopista recta y señalizada; se trata de un circuito de carreteras secundarias, miradores escondidos y bodegas dispersas que no sigue ningún orden predeterminado.

Es un viaje que se disfruta en pocos días. Se puede empezar por Nova Petrópolis, una colonia alemana instalada en la región, y seguir por Caxias do Sul, Farroupilha y terminar en Garibaldi, la capital del espumante. En el medio, decenas de vinícolas y estancias alejadas de los caminos principales pueden visitarse de la mano de operadores locales o en vehículo propio con agenda previa. También es muy recomendable moverse hacia Carlos Barbosa y tomar el tren María Fumaça hacia Bento Gonçalves.

TREN DEL VINO

El mes ideal para hacer esta escapada es en marzo o a finales de febrero, durante la vendimia, cuando la región se enciende con la cosecha de uvas y muchas fiestas. Fuera de temporada alta, el paisaje sigue intacto y el silencio también cotiza, acompañado de una buena cata de vinos.

La experiencia de dormir entre viñedos —en una posada boutique, un hotel panorámico en Bento Gonçalves o una estancia rural en Monte Belo do Sul— completa el paseo si se quiere evitar el ritmo del polo turístico de Gramado y Canela.

El paisaje de una Europa en versión brasileña

El aroma del mosto recién prensado se mezcla con el aire húmedo de la sierra. Casas bávaras con balcones floridos, capillas diminutas de piedra en lo alto de la Serra Gaúcha y una niebla (mar de nubes) que le da un aire alpino a Sudamérica. Ese es, vagamente, el paisaje, pero el aire está, además, cargado de memoria.

vino

La historia del vino en la región se remonta a 1875, cuando colonos italianos llegaron con algunas vides, herramientas y la costumbre sagrada de hacer del vino una extensión de la mesa familiar. La inmigración italiana marcó no solo la arquitectura sino también la cocina y la manera de entender esta bebida como abundancia y celebración.

En tramos rurales, como los Caminhos de Pedra —donde se conservan casas centenarias que hoy funcionan como museos, cantinas o talleres familiares—, además de viñedos, aparecen estructuras históricas que narran la inmigración en distintos lenguajes, como la Aldeia do Imigrante, que reconstruye la vida cotidiana de los primeros colonos; el Parque Pedras do Silêncio, un museo al aire libre con esculturas talladas en madera que homenajean la historia migratoria; y ya en los centros de las localidades las llamadas “epopeyas”, dispositivos teatrales y recreaciones históricas que ponen en escena el esfuerzo de quienes llegaron con poco más que nada.

epopeya italiana vino brasil
Epopeia Italiana.

Epopeia Italiana.

Bento Gonçalves intenta parecerse a Alba, ciudad de Piemonte, al norte de Italia. Es el epicentro enoturístico de toda la ruta. Allí se concentran algunas de las bodegas más importantes del país, con visitas guiadas que incluyen el almuerzo en algún restaurante temático, y la mayor parte de la infraestructura turística de la región. Es la puerta de entrada al Vale dos Vinhedos, cuna de degustaciones y cavas subterráneas con más de 30 bodegas abiertas al público.

Garibaldi, a pocos kilómetros, es conocida como la capital brasileña del espumante; allí son especialistas en la producción de vinos con burbujas, y varias bodegas de la ciudad elaboran espumantes con el método tradicional (o champenoise) de Franciacorta —técnica artesanal caracterizada por realizar la segunda fermentación dentro de la misma botella, que produce burbujas finas y aromas—. Las visitas suelen incluir recorridos por antiguas cavas donde las botellas reposan durante meses.

Más tranquila y rural es Monte Belo do Sul, la escala más íntima del circuito. Casi todos sus viñedos tienen que ver con pequeñas propiedades familiares. Si Bento es el centro y Garibaldi la especialización, Monte Belo se parece a esas aldeas vitivinícolas del Trentino o del Alto Adige, en las que el trabajo con vino se vive como parte de la vida cotidiana.

Entre las tres ciudades se arma un pequeño triángulo —hay menos de media hora entre cada una— que permite recorrer distintos estilos de producción y paisajes sin perder la sensación de encontrarse siempre dentro del mismo circuito.

La experiencia vinícola por excelencia: el Tren del Vino

Entre las experiencias más emblemáticas de esta ruta, aparece el paseo en el tren Maria Fumaça, también conocido como el Tren del Vino. La locomotora histórica recorre un tramo corto —unos 23 kilómetros— entre las ciudades de Bento Gonçalves, Garibaldi y Carlos Barbosa (sale de esta estación), con un espíritu festivo que transforma el trayecto en espectáculo.

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Estación Carlos Barbosa.

Estación Carlos Barbosa.

Durante el recorrido, los vagones se llenan de música folclórica italiana que acompaña (más) degustaciones. La experiencia suele incluir transporte de ida y vuelta desde las estaciones de las tres ciudades, además de actividades complementarias en destino. Entre ellas, un almuerzo de tenedor libre con raíces italianas —pastas caseras, galeto al primo canto, polenta cremosa—, la visita a una bodega en Bento Gonçalves y la entrada al espectáculo teatral inmersivo Epopeia Italiana, que recrea la llegada de los inmigrantes y el esfuerzo de quienes transformaron estas sierras en territorio de viñedos.

Gastronomía: mesa larga y herencia italiana

La cocina es tan protagonista como el vino, y es que la herencia de los inmigrantes europeos se traduce en una experiencia en la que todo convive.

Algunos platos se volvieron verdaderos rituales gastronómicos, como la secuencia de fondue; una cena en pasos que comienza con fondue de queso, sigue con cortes de picanha —que llegan crudos a la mesa para cocinar en una pequeña plancha individual— acompañados de verduras asadas, y termina con fondue de chocolate. Otra especialidad es la sopa no pão, literalmente una sopa cremosa servida dentro de un pan ahuecado, ideal para las noches frescas .

brasil fondue

Pero si hay una tradición que sintetiza la identidad culinaria de la región es el café colonial. A simple vista parece una merienda abundante, pero nació en las primeras colonias agrícolas de inmigrantes europeos. Cada familia producía algo distinto —leche, quesos, granos, embutidos, pan— y la merienda comunitaria se convirtió en el momento para compartir todo lo que se elaboraba. Con el tiempo, ese encuentro cotidiano se transformó en tradición gastronómica y hoy los cafés coloniales replican ese espíritu en formato buffet; un despliegue casi festivo de dulces y salados: panes, quesos, embutidos, tartas, mermeladas caseras, fiambres, tortas, café, jugos, vino y dulces típicos, como la cuca, un pastel de origen alemán con masa esponjosa y cobertura crocante.

Un camino alternativo para tomar desde la Ruta del Vino es la Estrada do Sabor, un circuito rural donde productores familiares abren sus puertas para ofrecer quesos artesanales, panes recién horneados, mermeladas y otras especialidades caseras. Como sucede con el vino, la gastronomía es una forma de hospitalidad.

Restaurantes imperdibles en Vale dos Vinhedos

Valle Rústico

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@vallerustico en Instagram.

@vallerustico en Instagram.

Probablemente el restaurante más sofisticado del Vale dos Vinhedos. Trabaja con productores locales en un menú que mezcla cocina contemporánea y paisaje. Todo ocurre en una casa de campo rodeada de viñedos y huerta propia.

Maria Valduga Restaurante

Dentro del complejo de la bodega Casa Valduga, este restaurante ofrece cocina italiana refinada con vinos de la casa. Pastas artesanales, carnes y una vista privilegiada sobre el valle.

Osteria della Colombina

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@osteriadellacolombina en Instagram.

@osteriadellacolombina en Instagram.

Funciona en una antigua casa familiar y ofrece una experiencia íntima de cocina italiana tradicional con productos de la zona.

Restaurante Videiras 1535

Ubicado dentro de la bodega Miolo, combina gastronomía regional con una de las vistas más abiertas del valle. Cocina italiana contemporánea, vinos del propio viñedo y un entorno que parece sacado del norte de Italia.

Paradas inesperadas del camino

En el camino hacia la capital brasileña del espumante aparece uno de los símbolos más fotografiados de la región: el Pipa Pórtico de Garibaldi, una enorme barrica que funciona como portal de entrada a la ciudad. La estructura celebra la tradición vitivinícola local y anticipa una cultura profundamente ligada al vino. Pero aunque esta bebida sea la que organiza el viaje, la Serra Gaúcha guarda desvíos que amplían la experiencia y ayudan a entender la identidad cultural del territorio. Entre viñedos, aparecen granjas familiares, jardines inesperados y símbolos arquitectónicos que refuerzan esa sensación de estar en un rincón europeo trasladado al sur de Brasil.

Una de las paradas más curiosas es Casa da Ovelha y su Parque da Ovelha. Se trata de una experiencia agroturística centrada en la producción de leche de oveja y sus derivados —quesos, yogures, dulces e incluso cosméticos artesanales—. El predio funciona como una granja abierta donde se puede observar el ordeñe, interactuar con los animales y conocer el proceso productivo. La visita suele terminar con degustaciones y una tienda de productos locales; una oda a la economía rural que originó la región.

parque da ovelha

A unos kilómetros, en Gramado, aparece otro escenario inesperado: Le Jardin Parque de Lavanda, un jardín dedicado al cultivo de lavandas que perfuma el aire y tiñe el paisaje de violeta durante gran parte del año. Inspirado en los campos de Provenza, el parque combina senderos, miradores y una pequeña tienda botánica donde se elaboran aceites esenciales y productos artesanales.

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Parque de lavandas, ubicado a la entrada de la ciudad de Gramado.

Parque de lavandas, ubicado a la entrada de la ciudad de Gramado.

En la Serra Gaúcha existe entonces, además de una ruta del vino local, un territorio que combina inmigración, paisaje y producción rural formando una identidad bien particular, a medio camino entre Brasil y Europa.

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