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    La nueva forma de envejecer

    Aprender idiomas, ejercitar la memoria desde los 40 y poner especial atención en mantener vínculos con personas de distintas edades son, más allá de las recetas tradicionales, algunas claves para vivir con plenitud después de la jubilación

    Se llamaba Emma Morano y tenía 117 años. Cuando a mediados de abril murió en su casa de Verbania, al norte de Italia, la noticia fue difundida por medios del mundo, porque no solo se trataba de la mujer más vieja del mundo, sino también la última nacida en el siglo XIX. Como suele ocurrir, todos querían saber su secreto para vivir tantos años. Ella lo atribuía a la genética —en su familia había más centenarios— y a una dieta que incluía tres huevos y un vaso de grappa diario. Nada de medicamentos, decía. Ese estilo de vida fue el que le permitió, según contaba, vivir con autonomía total hasta los 115 y con ayuda en los últimos dos.

    Más allá de estos casos particulares, la esperanza de vida es cada vez más alta, y la cuestión que surge de inmediato es cómo hacer para vivir más pero mejor. Cuidar la dieta, llevar una vida activa que incluya practicar deportes, asistir a cursos de diversa índole y viajar son algunas de las acciones y cuidados médicos que ya se conoce que favorecen un estilo de vida saludable. Pero los especialistas también dan otras pistas, como cuidarse ya desde los 40 y prepararse mentalmente para enfrentar los cambios que trae la vejez. Esto supone, por ejemplo, comenzar a ejercitar la memoria y potenciar los vínculos afectivos, que ayudan a combatir la depresión, un cuadro frecuente en personas mayores que se sienten solas.

    Pero luego de la jubilación no todos saben afrontar así la nueva etapa. Algunos siguen aferrados a la idea de que hay que trabajar hasta el último día de sus vidas porque no saben hacer otra cosa; y también están los que creen que lo que queda por delante no vale la pena.

    En Uruguay, la expectativa de vida es de 77 años y la edad para jubilarse varía entre 60 y 65 años. El 14% de la población uruguaya tiene más de 64 años, lo que equivale a 457.000 personas. De ellas, más de 600 superan los 100 años, según publicó Búsqueda el 24 de febrero con base en datos de un estudio realizado por Nicolás Brunet y Clara Márquez que forma parte del séptimo fascículo del “Atlas sociodemográfico de la desigualdad”. Este trabajo es una iniciativa del Instituto Nacional de Estadística, el Programa de Población de La Facultad de Ciencias Sociales, el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas, el Ministerio de Desarrollo Social, la Oficina de Planeamiento y Presupuesto y el Fondo de Población de las Naciones Unidas.algunas recomendaciones. “El envejecimiento es totalmente heterogéneo. Todas las personas son diferentes y envejecen de forma distinta”, dijo a galería el médico geriatra Gustavo Arioli.

    Arioli es especialista en medicina del deporte, integra la Sociedad Uruguaya de Gerontología y Geriatría, y forma parte del comité organizador del VII Congreso Uruguayo de Gerontología y Geriatría que se realizará entre el 21 y el 23 de mayo en el Hotel Radisson. El profesional indicó que si bien no hay una “pauta general” para envejecer de manera activa, hay elementos a tomar en cuenta que ayudan a transitar mejor esa etapa de la vida.

    En primer lugar, Arioli llamó a evitar “hábitos nocivos”, como el consumo excesivo de alcohol y tabaco, entre otras sustancias. “A pesar de que eso parece muy alejado del adulto mayor, está presente”, explicó. En segundo lugar mencionó la importancia de tener una alimentación sana, con una dieta que incluya una buena cantidad de frutas y verduras. “Hay que evitar los excesos, porque con la edad la función digestiva es mucho más lenta y puede generar trastornos en la alimentación”, dijo.

    Mantener una actividad física apropiada es, para Arioli, una condición fundamental. Para aquellos adultos que nunca practicaron deportes, se debe comenzar con una rutina gradual y progresiva. “No tiene que salir y caminar 20 cuadras, a veces camina 10 metros y si se cansa, que pare y descanse”. La rutina, explicó Arioli, también debe incluir trabajos de fuerza —levantar peso, también de forma gradual, como botellas a las que se le agrega agua o arena— y de equilibrio, porque ayuda a evitar caídas”.

    Aquellas personas que ya practicaban actividad física antes de los 65 años deben mantenerla e incluso incrementarla. En especial, explicó, aquellos que están acostumbrados a hacer ejercicios con pesas deben continuar en esa línea, pues el trabajo muscular evita la pérdida de masa ósea. “Al tironear del ligamento se estimula el hueso. Si no movemos el cuerpo se pierde masa muscular”, agregó. Arioli aconsejó especialmente que un adulto mayor vaya a un gimnasio, pues en ese ámbito también socializa,  está en contacto con gente de otras edades y conoce realidades y hábitos diferentes.

    En cuarto lugar, Arioli destacó la importancia de mantener una actividad psicointelectual, algo que recomendó sobre todo para aquellos que dejan de trabajar. Mientras la persona está en actividad lleva adelante acciones repetitivas, algo que se va perdiendo al jubilarse. “Hay que estimular la memoria. Leer un artículo y tratar de repetirlo, escribir, hacer cosas que antes por una limitación de tiempo no hacía. Contar películas, hacer crucigramas, sudokus, lo que guste. Son estímulos psíquicos”, explicó. También destacó que es bueno aprender a usar nuevas tecnologías y aprovechar para estudiar alguna disciplina diferente, o retomar una carrera que quedó trunca o hasta un curso de Metafísica. “Eso estimula la actividad mental”, dijo.

    Otro elemento que para Arioli es importante para envejecer bien tiene que ver con mantener actividad afectiva. Eso implica, dijo, tener grupos de pares o amigos, hacer actividades conjuntas o generar nuevas formas de relacionamiento, como ir a clubes de adultos mayores. Tener una red de contención social ayuda a combatir la depresión, un cuadro que es bastante común en las personas mayores que se sienten solas.

    Por último, Arioli hizo referencia a las “medidas preventivas” que se deben tener en cuenta al llegar a los 65 años. Entre ellas mencionó, por ejemplo, darse vacunas (H1N1, antitetánica y antineumotóxica), y tomar determinadas vitaminas, como la D, porque eso tiene un impacto directo en la masa muscular.

    Según su experiencia, no es común que en Uruguay se consulte a un geriatra cuando la persona se siente bien, pero a su modo de ver, es importante la función de este especialista, pues con los años es útil que un médico conozca la situación integral del paciente.

    Arioli agregó que el 90% de quienes consultan a geriatras son mujeres. “Las mujeres consultan más. El envejecimiento es femenino. Los hombres somos mucho más reacios a consultar”, dijo.

    UN “BUEN ENVEJECER”. A la psicóloga Martha Huertas no le gusta hablar de “vejez activa” sino de “buen envejecer”. Para Huertas, especialista en Psicogerontología en la Universidad Maimónides, tener un buen envejecer no necesariamente significa “hacer cosas todo el tiempo”. “No es un tema de activismo, sino de actitud activa y más positiva hacia lo que nos trae de nuevo la mujer”, dijo a galería.

    La psicóloga explicó que el buen envejecer no implica la “ausencia total de enfermedades”, pues una persona puede tener limitaciones visuales u otras enfermedades que son consecuencia de la falta de cuidados en edades más tempranas, como la diabetes y el colesterol.

    Para Huertas, es necesario cuidarse “desde la mediana edad para tener una buena vejez”, y prepararse mentalmente para afrontar los cambios a futuro, agregó. “Pensar nuestra vejez a través de la vejez de nuestros padres”, aconsejó.

    Según Huertas, cuando alguien llega a la vejez debe continuar “ejercitando la mente” y para eso es fundamental tener un proyecto que involucre a otros adultos. En ese sentido, más allá de hacer viajes o tomar cursos, la psicóloga habló de la necesidad de formar parte de algún grupo que lleve adelante alguna actividad.

    Para la especialista, la forma en la que se enfrenta la vejez ha ido cambiando con las generaciones. “Quienes tienen más de 80 años vivieron un país muy distinto al de hoy. Hoy existe un 'viejismo' en la sociedad, la gente se siente desplazada y siente que está mal ser viejo. Hay que luchar contra eso”, explicó. Además, dijo, hay que cambiar la idea del adulto que está siempre aferrado al pasado. “El adulto mayor debe mirar al futuro, tener proyectos, no decir 'ya nadie me necesita', porque no vivimos en función de los demás”, agregó.

    Para Huertas, los adultos deben “hacerse cargo” de ellos mismos y no creer que los hijos son los que le van a solucionar todo. En ese sentido, explicó, si bien el vínculo familiar con hijos y nietos es fundamental, tampoco se debe limitar a ellos. “Se deben retomar vínculos con otras viejos conocidos o conocer otras personas en cursos”, dijo.

    La especialista explicó que aprender idiomas es una de las mejores actividades que pueden llevar adelante los adultos mayores porque eso mantiene activa la sinapsis neuronal y es bueno para frenar el deterioro cognitivo.

    De acuerdo con su experiencia, en Uruguay no es frecuente que los adultos mayores la consulten por este tipo de temas, sino que son los hijos los que se acercan.

    A PLENA ACTIVIDAD. Si bien en Uruguay recién comienzan a abrirse camino, en el resto del mundo, en especial en Europa, son cada vez más frecuentes los clubes para adultos mayores. Se trata de espacios que, en general, agrupan a jubilados y proponen actividades comunes en deportes, artes y gastronomía.

    Pero las opciones para la tercera edad son variadas y para todos los bolsillos. Incluso hay opciones gratuitas. También en Uruguay son cada vez más comunes las clases de gimnasia, cursos de idiomas, fotografía, literatura, historia, música o arte orientados a mayores de 60 años.

    Hay quienes aprovechan para estudiar algo que siempre quisieron pero no pudieron hacerlo antes, y también están los que nunca pensaron en la idea de integrar un grupo de baile a los 70, pero terminaron allí gracias a la invitación de un amigo o un conocido. Todas esas propuestas tienen algo en común: demostrar que la vejez no es sinónimo de incapacidad y que, por el contrario, aún queda tiempo para disfrutar de la vida.

    URUGUAY ENVEJECIDO

    · “Uruguay presenta un ritmo sostenido de envejecimiento, expresado en una tendencia a la disminución del peso relativo de la población más joven, producto del decrecimiento en la fecundidad y el consiguiente descenso en la tasa de natalidad, y un aumento de la proporción de la población mayor resultado del descenso en la tasa de mortalidad y el aumento de la esperanza de vida al nacer”.

    · Seis de cada diez personas mayores de 64 años son mujeres.

    · “El 94,6% de la población mayor en Uruguay vive en zonas urbanas, por lo que el espacio público en las ciudades es un elemento central en el desarrollo de sus vidas”.

    · El 45% de las personas mayores de 64 años está casado; 32% es viuda, y 22% restante lo componen personas solteras, divorciadas o en unión libre.

    Datos tomados del Segundo Plan Nacional de Envejecimiento y Vejez (2016-2019) disponible en la página web del Instituto Nacional de Mayores del Ministerio de Desarrollo Social.

    EN EL MUNDO

    De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 2000 y 2050 “la proporción de los habitantes del planeta mayores de 60 años se duplicará, pasando de 11% a 22%”. Eso significa que, en números absolutos, ese grupo pasará de estar compuesto por 605 millones de personas a 2.000 millones en el transcurso de medio siglo.

    “Entre 2000 y 2050 la cantidad de personas de 80 años o más aumentará casi cuatro veces hasta alcanzar los 395 millones. Es un acontecimiento sin precedentes en la historia que la mayoría de las personas de edad madura e incluso mayores tengan padres vivos, como ya ocurre en nuestros días. Ello significa que una cantidad mayor de los niños conocerán a sus abuelos e incluso sus bisabuelos, en especial, sus bisabuelas. En efecto, las mujeres viven por término medio entre 6 y 8 años más que los hombres”, indicó la OMS.

    Según datos difundidos en 2016, el organismo internacional señaló que la esperanza de vida registró “avances espectaculares” en los últimos años. Según la OMS, el promedio de esperanza de vida es de 69,1 años, siendo superior para las mujeres (73,8 años) que para los hombres, que no alcanzan los 70 años. De todas maneras, existen diferencias notorias entre los países. En Europa, la esperanza de vida promedio ronda los 78 años, mientras que hay países africanos en los que se no se superan los 60. Los países con mayor esperanza de vida son Japón y Suiza, con 83 años.

    En Uruguay, la esperanza de vida es de 77 años (73 para hombres y 80 para mujeres), según la OMS.

    EJERCITANDO LA MEMORIA

    En Europa es cada vez más frecuente que las personas en su cuarta década de vida empiecen a asistir a talleres para ejercitar la memoria. En Uruguay esa costumbre aún no está extendida, pero en los últimos dos o tres años sí se verifica que entre los de 50 años hay cierta tendencia a incursionar en esa práctica, dijo a galería Fabiana Manzur, psicóloga que dicta talleres de memoria para organizaciones como Fundación Secom, Club de los Grandes y la Asociación Cristiana de Jóvenes.

    En general, explicó Manzur, a esos talleres —que siempre se dictan en grupos— asisten adultos mayores. “Lo que pasa habitualmente es que la gente se acuerda cuando surge el problema”, dijo la especialista, para quien es importante empezar antes para evitar justamente ese declive.

    Manzur indicó que en los adultos mayores se trabaja especialmente el tema del lenguaje, porque eso incide directamente en la memoria. “A veces son personas que por falta de relaciones pierden el lenguaje y eso les hace evocar mal los recuerdos”, dijo.