En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
¡Hola !
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Gracias a la medicina convencional, vivimos una vida más saludable, ha
bajado la mortalidad infantil y se ha extendido la esperanza de vida. La
investigación permanente y cada vez más profunda de las enfermedades que
aquejan hoy a las personas, que en muchos casos no son las mismas que las del
pasado, sumada a la tecnología aplicada, han hecho que la vida en el siglo XXI
sea más larga y de mejor calidad.
¡Registrate gratis o inicia sesión!
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
Sin embargo, existen ciertas áreas o condiciones de salud que la medicina
no ha sabido resolver de la mejor manera, y parece que tiene que ver con el
factor humano, nada más y nada menos en una ciencia para la que su razón de ser
es el cuerpo humano. Hasta parece una paradoja. Precisamente, la medicina se ha
enfocado tanto en el cuerpo, en su anatomía, su funcionalidad, que por momentos
ha olvidado que todo es parte de una misma figura humana interconectada, que
rige su organismo a través de emociones, estados de ánimo, energía. Hay disciplinas
que, de hecho, estudian el origen emocional de las enfermedades, aunque haya
muchos detractores que no encuentran base científica en esa afirmación. A pesar
de esto, sabemos que la depresión conlleva estados más complicados de la salud,
el estrés no es un buen compañero para las dolencias intestinales y la ansiedad
puede provocar cualquier tipo de alteraciones en el organismo.
Pero sin
irnos más allá de los límites de la medicina, en los últimos tiempos los
propios médicos en sus consultorios han empezado a notar que probablemente su
formación científica, pragmática e hipocrática les haya hecho perder de vista
al paciente en su totalidad. Nada más tranquilizador y reconfortante que un
médico te escuche cuando sos paciente, te dedique tiempo, pregunte, se interese
y empiece a investigar por otros lados, rastreando síntomas que uno como
enfermo ni se había imaginado que podían tener alguna conexión.
Lamentablemente, en el sistema de salud que tenemos, los tiempos del mutualismo
no son los tiempos del paciente. Cuando se necesita prisa (en patologías que no
son de vida o muerte, pero que sí afectan fuertemente la vida diaria de la
persona) no la hay, y cuando se necesita tiempo de calidad dedicado al estudio
de una situación tampoco lo hay.
El punto es que hay una corriente de médicos que se han alineado a una
vertiente que busca tener un acercamiento más humano al paciente. Entre ellos
están los que practican la naprotecnología o tecnología de procreación natural.
Consiste en una ciencia reproductiva que, a diferencia de las técnicas de
reproducción asistida, busca cuáles son las causas de la infertilidad de la
pareja para intentar solucionarlas con los tratamientos médicos pertinentes.
Después, coopera con el ciclo de fertilidad de la mujer para que pueda concebir
un hijo de forma natural. Esta metodología fue creada en los años 90 en el
Instituto San Pablo VI de Omaha (Nebraska, Estados Unidos) por el ginecólogo y
obstetra Thomas Hilgers. Desde hace años se utiliza en países como Polonia,
Estados Unidos, Canadá, Irlanda, Reino Unido, Alemania y también en Argentina,
a donde van algunas pacientes uruguayas a atenderse.
En este número, la periodista Magdalena Cabrera entrevista a la
ginecóloga argentina Gloria Sánchez Zinny sobre la naprotecnología, que viene
practicando en la clínica Austral en Buenos Aires desde 2015. A pesar de su
nombre, no es un método muy complejo ni sofisticado. Se trata de un programa
—con muy buenos resultados— que desarrolla una metodología diagnóstica muy
precisa y minuciosa para poder corregir lo que está impidiendo el embarazo.
Empieza con un curso de capacitación a la pareja para que aprenda a identificar
sus biomarcadores, todas las señales que la naturaleza manifiesta a través del
ciclo de la mujer respecto a su fertilidad, como puede ser las características
de la menstruación, flujo vaginal, etc. También se hacen estudios en el hombre
y se van detectando posibles fallas en el sistema. Así, la pareja va
observándose y completando una planilla para configurar un registro en el que
la médica se va a basar para el diagnóstico. La pareja ya no es una espectadora
confundida, que no entiende mucho lo que le pasa, sino que está involucrada en
el proceso. Los hombres empiezan a prestar atención a señales del cuerpo de la
mujer y traen información rica para la especialista, que les pide ayuda para
pensar juntos. Se establece un vínculo muy fuerte en la pareja que empieza a
hablar de cosas que antes no podía ni verbalizar, porque no sabían lo que les
estaba pasando o que eran importantes.
Los turnos con la especialista son de una hora para poder evaluar,
explicar. Esto tranquiliza a la pareja, lo que a su vez favorece mucho la
posibilidad de un embarazo. Pues, como explica la médica en la nota, “la
naturaleza está diseñada para que en una situación de estrés no se produzca un
embarazo, porque la naturaleza comprende que no es el momento”. Y acá la
diferencia. “Entonces, la contención es parte del acto médico. Pero eso
necesita un espacio y un tiempo claro y un conocimiento también, tanto de la
pareja del médico como del médico de la pareja, y de un vínculo de confianza.
Esa dimensión humana de la medicina se resguarda con este programa. No es una
intervención meramente técnica, sino que es una mirada a la persona, en
realidad, de la pareja”, aclara la especialista.
Llama la atención que recién ahora se esté trabajando en esta línea,
cuando debería haber sido el comienzo: sentarse, escuchar al paciente, armar
equipo con él, estudiar juntos a fondo cuál es el origen del problema y
corregirlo de una manera permanente, natural, menos invasiva y mucho menos
costosa, para la pareja y para el sistema de salud.
Afortunadamente,
ahora sabemos que existen estos caminos. Sin dudas, un nuevo avance para la
medicina.