Sin
embargo, en ese momento la actividad principal no estaba centrada en
los conciertos sino en las “audiciones” de discografía y las
ejecuciones musicales de los socios-artistas, seguidas de sus
comentarios y debates. El foco de los fundadores era generar una
acción cultural de marcado perfil pedagógico, tanto en la formación
de músicos locales como en la de escuchas interesados en aspectos
técnicos, históricos y estéticos de la música.
De
esos primeros tiempos, 1949 fue un año clave: se crearon la orquesta
y el coro de cámara del CCM, mostrando que la intención de gravitar
en la cultura musical local seguía siendo fuerte. Como puntos altos
de la primera temporada de la orquesta quedaron sus actuaciones junto
a grandes solistas extranjeros: el violonchelista francés Bernard
Michelin, el violinista español Enrique Iniesta y el pianista alemán
Wilhelm Kempff, quien además ofreció un concierto de piano al que
tituló Festival Beethoven. Seguramente Kempff, considerado uno de
los mejores del siglo XX, haya sido el artista extranjero más
importante que tocó en los ciclos del CCM durante los años 40.
Contra
viento y marea.
A lo largo de las décadas, la institución desafió todo tipo de
contratiempos convirtiendo el emprendimiento de aquellos jóvenes en
una organización de proyección cultural y prestigio, basada sobre
todo en las temporadas de espectáculos de nivel internacional.
Cuando en 1971 se incendió el Sodre o en el año 1998 se cerró el
Teatro Solís (la sala que más conciertos del CCM ha albergado en
toda su historia), el CCM perdió sus escenarios habituales. Sin
embargo, la organización puso a prueba su tenacidad y logró
trasladar los conciertos al Cine Plaza y a la sala de eventos del
Radisson Victoria Plaza Hotel.
Pese
a todo se logró presentar artistas extranjeros de primera línea,
muchas veces con el apoyo de las embajadas y de instituciones
culturales. El año 1980 marcó el inicio de una recuperación
constante de las programaciones, que llegó a niveles de excelencia
ya consolidados a mediados de los años 90 y que, para dicha de los
melómanos, se mantiene hasta hoy.
Por
esos años también se dieron otras transformaciones más
conceptuales, como la redefinición de criterios para elegir los
espectáculos. Los responsables de la institución decidieron que las
temporadas se conformaran de ocho conciertos protagonizados, salvo
raras excepciones, por artistas extranjeros. Para lograr este último
objetivo (que a su vez incluía privilegiar la presencia de grupos a
la de solistas), se llegó a la conclusión de que la única manera
viable era aprovechando las giras que diversos ensambles extranjeros
realizaban cada año por Sudamérica. De esta manera, se hizo
indispensable coordinar con instituciones hermanas como el Mozarteum
Argentino o Cultura Artística de San Pablo, la más antigua de
América del Sur. El CCM es una organización sin fines de lucro y se
administra a través de comisiones directivas honorarias; se sustenta
a través de su ciclo internacional de abono y sus proyectos
educativos.
En
todos estos años, la institución recibió a las más reconocidas
orquestas de cámara, conjuntos vocales, solistas e incluso
espectáculos de ballet, cubriendo casi todas las expresiones
musicales. Artistas del más alto nivel como los bailarines Rudolf
Nureyev y Antonio Gades, los directores de orquesta Zubin Mehta y,
también pianista, Daniel Barenboim; el cellista Yo Yo Ma o la
cantante de ópera Joyce DiDonato se llevaron aplausos de pie de un
público agradecido por la oportunidad de disfrutar de su arte desde
las plateas montevideanas. Esa tradición, que se mantuvo por varias
décadas, se vio interrumpida por la llegada de la pandemia. En este
2022, después de dos años sin la posibilidad de presentar la
temporada habitual, el CCM retoma su agenda el martes 7, en el Teatro
Solís, con la función de ¿Quién
es Clara Wieck?
La temporada, que culminará el lunes 21 de noviembre, también en el
Solís, con la actuación del pianista Benjamin Grosvenor, se
completará con las presentaciones de la Orchestre Philharmonique
Royal de Liège, la soprano Nadine Sierra, el violinista Joshua Bell
al frente de la orquesta Academy of St Martin in the Fields, la
Orquesta Barroca de Venecia, The Deutsche Kammer-Philharmonie de
Bremen y el Canadian Brass Quintet.
Con
María Julia
Caamaño,
presidenta
del
Centro Cultural de
Música
desde 2013
Cuando
llegó a la presidencia del Centro Cultural de Música (CCM), en
2013, María Julia Caamaño ya tenía una larga trayectoria vinculada
al mundo cultural. Es docente y gestora cultural, magíster en Música
por la Manhattan
School of Music de
Nueva York, y egresada del Instituto de Profesores Artigas de
Uruguay en Cultura Musical. En Francia fue condecorada como Officier
de L’Ordre des Arts et des Lettres y en Uruguay recibió la Medalla
Delmira Agustini por excepcional contribución a la cultura y a las
artes, otorgada por el Ministerio de Educación y Cultura, y fue
distinguida con el Premio Morosoli a la Difusión Cultural. Vivió en
Nueva York varios años, en los que ejerció como colaboradora en
diarios y revistas, trabajó en el Metropolitan Opera House y se
dedicó a producir
proyectos
con cantantes de ópera. Regresó a Uruguay en 2006 y tres años
después fue designada como directora artística del Sodre. En 2012
creó el Festival La Escena Vocal de Sala Verdi, del que sigue siendo
curadora, y desde hace casi una década lidera la comisión directiva
del Centro Cultural de Música.
¿Por
qué decidieron inaugurar la temporada 2022 con un espectáculo
teatral como ¿Quién
es Clara Wieck?
Porque
tiene un perfil acorde con nuestras temporadas y al mismo tiempo nos
da la oportunidad de hacer algo diferente. Tiene como personaje
central una figura excluyente del siglo XIX como pianista,
compositora y difusora de obras de sus contemporáneos. Además,
lleva música en vivo que se integra a la obra como catalizadora, y
aparece una Clara profundamente humana que viene desde su tiempo
histórico a interpelar a esa posteridad que ha sido tan dura en sus
juicios hacia ella. Hace más de año y medio que empezamos las
tratativas para presentarla en Montevideo, y le tuvimos tanta fe que
le confiamos nuestra noche inaugural de temporada del 80 aniversario.
Es una producción del Complejo Teatral de Buenos Aires, el libro es
de Betty Gambartes y Diego Vila, con dirección de Gambartes, Annie
Dutoit-Argerich —hija de Martha Argerich— es Clara y el pianista
Eduardo Delgado, y el barítono Víctor Torres, de importantes
carreras internacionales interpretan música de Schumann, Brahms y de
la propia Clara. La obra se estrenó en febrero en el Teatro San
Martín, las críticas son unánimemente elogiosas y las entradas
están constantemente agotadas.
¿Cuál
es el mayor aporte del centro a la sociedad?
Una
temporada de abono internacional que permite presentar en Montevideo
a orquestas, solistas y ensembles
que se anuncian en las salas más prestigiosas del mundo. También es
un aporte importante las masterclasses,
cursos intensivos y talleres que se realizan con los artistas
visitantes y que dan oportunidades de perfeccionamiento a los
talentos uruguayos. En su momento se otorgaron becas de estudio en
distintos países europeos y americanos que significaron una gran
oportunidad para tantos jóvenes y habría que agregar la tarea de
difusión, principalmente a través del ciclo Música al Mediodía
que se realiza con el apoyo del Teatro Solís para escolares y
liceales, con entrada libre.
En
su experiencia, ¿cuáles son las razones que han hecho perdurar al
CCM, una institución privada, por ocho décadas?
Yo
mencionaría dos factores: la dedicación e inteligencia de las
comisiones directivas que guiaron los destinos del CCM y que fueron
haciendo las transformaciones necesarias a través del tiempo y la
fidelidad de los socios que renovamos año a año nuestros abonos, en
un acto de confianza y de apoyo a la institución sentando la base de
su supervivencia. Esa fidelidad está estrechamente ligada a la
calidad de las propuestas, a la pasión y al amor por la música
clásica y al deseo de escucharla en vivo en un muy alto nivel.
Las
anécdotas, según
Vera
Heller
La
actual presidenta de honor del Centro Cultural de Música, Vera
Heller, siempre estuvo vinculada al arte, la literatura y la música.
Mientras integraba El Centro de Artes y Letras de Punta del Este,
Zulma López de Abete la invitó a integrar el Centro Cultural de
Música, que presidió desde 1993 hasta 2012, cuando asumió María
Julia Caamaño.
En
el Centro de Artes y Letras de Punta del Este tuvo la oportunidad de
codearse con Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato, Pablo Neruda o
Manuel Mujica Lainez. Sin embargo, a esa lista de figuras se le
sumaron las que conoció en el CCM y que generaron situaciones
curiosas que compartió con Galeria.
Cuando
se incendió el Auditorio del Sodre, en 1971, y se cerró el Teatro
Solís recurrieron a espacios alternativos, el Cine Plaza y el
Ballroom del Radisson. Recuerda que “para entrar al Cine Plaza hubo
que limpiar las alfombras y colocar nuevas, lavar los vidrios,
arreglar cortinados. Fue un trabajo titánico pero lo logramos”.
Esos años fueron una prueba de fortaleza. Cuando “los directores
de las grandes orquestas se enfrentaban, casi con terror, a una
platea que estaba a dos metros del escenario, había que hacer una
labor de convencimiento y diplomacia para que confiaran en que la
acústica era fantástica, por eso se pudo continuar realizando los
conciertos”, cuenta. En 1999, se presentó en el Cine Plaza la
Orchestra Nazionale Sinfonica della RAI, dirigida por Eliahu Inbal.
“Los casi 100 músicos se quejaban porque no había un lugar para
ensayar, entonces dejaron las cajas de los instrumentos en el foyer
en señal de protesta y el director les ordenó callarse y que
imaginaran que estaban en una gran catedral de Europa”. En otra
oportunidad, recuerda riendo, en el entreacto de un concierto “el
director de Budapest Symphony Orchestra, Tamás Vásáry, se ponía
detrás de una planta del decorado porque el teatro no tenía
cortina”.
En
cuanto a la presentación de Rudolf Nureyev en 1983 con el Ballet
Théâtre Français de Nancy, destaca que el bailarín era “una
figura mágica que no podía dejar de admirar cuando lo veía
ensayar, en la penumbra resaltaban sus pómulos, su rostro
caucasiano. Después ofrecimos una gran fiesta y quedó fascinado con
el show de candombe. Un hombre intenso, inolvidable”.
En
la temporada 1988, el CCM apostó a tres espectáculos de danza: la
dupla Julio Bocca-Raquel Rossetti, la Hubbard Street Dance Company de
Chicago y “el bailaor de la esencia andaluza”, Antonio Gades, que
en ese momento se encontraba en la cumbre de su fama. “Era chiquito
pero cuando levantaba los brazos era como un dios, tenía un
magnetismo increíble y sobre el escenario se transformaba. Fue un
gran trabajo armar el escenario, la maquinaria y todo quedaba con
olor a pop”, ríe, “pero igual fue mágico, el público quedó
maravillado. Lo vieron cinco mil personas”.
Después
de los espectáculos, el equipo del CCM salía a cenar con los
artistas. “A ellos les gusta hablar de las familias, de sus
costumbres, todos quedaban maravillados con Montevideo, destacaban la
hospitalidad y la buena organización”. Entre tantos momentos
inolvidables, Heller recuerda la buena onda del divo francés de la
trompeta Maurice André, que cuando su vuelo se demoró en el
Aeropuerto de Carrasco, “sacó la trompeta, empezó a tocar y todos
quedaron apabullados”.
UN AÑO, OCHO CONCIERTOS
Martes
7, Teatro Solís
¿Quién
es Clara Wieck?
Clara:
Annie Dutoit-Argerich
Piano:
Eduardo Delgado
Barítono:
Víctor Torres / Hernán Iturralde
Libro:
Betty Gambartes - Diego Vila
Música:
Robert Schumann, Johannes Brahms, Clara Wieck
La
música dialoga con las confesiones de Clara, la musa de Schumann y
de Brahms en un marco escénico atemporal con evocación de época.
Martes
28, Teatro Solís
Orchestre
Philharmonique Royal de Liège
Director:
Gergely Madaras
Piano:
Nikolay Luganski
Una
cita orquestal imperdible: la 5a
sinfonía de Tchaikovsky y el concierto No
1 de Chopin con un pianista de formidable reputación chopiniana.
Lunes
25 de julio, Teatro Solís
Soprano:
Nadine Sierra
Piano:
Kamal Khan
Con
su voz radiante y su magnetismo escénico esta joven estrella de la
ópera hace furor desde La Scala al Metropolitan, con un encanto
irresistible en la intimidad del recital.
Lunes
5 de setiembre, Auditorio del Sodre
Academy
of St Martin in the Fields
Director
y solista: Joshua Bell
Joshua
Bell interpreta como solista en el concierto para violín de
Tchaikovsky y además, lidera a la famosa orquesta británica desde
la silla del concertino.
Domingo
18 de setiembre, Teatro Solís
Orquesta
Barroca de Venecia
Director:
Andrea Marcon
Comprometida
con redescubrir obras maestras del barroco, la agrupación veneciana
liderada por su fundador es reconocida entre las mejores orquestas
con instrumentos de época.
Miércoles
19 de octubre, Teatro Solís
The
Deutsche Kammer- Philharmonie Bremen
Violín:
Christian Tetzlaff
Una
orquesta que cautiva con su frescura y refinamiento, con un gran
solista para Brahms.
Jueves
3 de noviembre, Teatro Solís
Canadian
Brass Quintet
El
quinteto de metales más famoso del mundo recorre un repertorio que
va del barroco, pasando por The Beatles hasta Dixieland con la mayor
dedicación, destreza y excelencia.
Lunes
21 de noviembre, Teatro Solís
Piano:
Benjamin Grosvenor
Profundidad
musical y técnica impactante del joven pianista galés que se ha
presentado en las grandes salas del mundo.