Un impulso a la profesionalización de las carreras artísticas

La Escuela Nacional de Formación Artística del Sodre ofrece nuevas tecnicaturas, está por inaugurar un edificio y trabaja en una propuesta de formación docente universitaria, mientras poco a poco se van derribando los prejuicios hacia estas carreras

Ituzaingó 1295. El número está tapado por un poste, y no hay carteles ni ningún elemento distintivo en la fachada del edificio. Pero nada de esto parece necesario. Ya desde la otra cuadra se escucha una voz soprano que involuntariamente oficia de guía hacia la Escuela Nacional de Arte Lírico. Las puertas están abiertas y unas escaleras conducen hacia la recepción, la parte central de este edificio de 1910 coronado con un techo de vitral. La voz acompañada de un piano proviene de alguna de las salas y crea una atmósfera solemne de la que nadie —seguramente por costumbre— parece percatarse.

Arte Lírico es una de las carreras que se pueden estudiar en la Escuela Nacional de Formación Artística del Sodre (Enfas), institución educativa pública que promueve el desarrollo de artistas en danza y canto lírico “desde una perspectiva de cultura como tradición e innovación”, señala el sitio web. Ha sido y sigue siendo semillero de los mayores artistas uruguayos. De la escuela de Arte Lírico, por ejemplo, egresó en 1977 (cuando la institución se denominaba Escuela de Ópera) Raquel Pierotti, mezzosoprano que cantó en la Ópera de París y en La Scala de Milán, ganadora en 1979 del Premio Plácido Domingo en el concurso Tenor Viñas, uno de los más importantes del mundo de la ópera; ganadora, también, del Concurso de Canto Mozart, organizado por el Mozarteum de Barcelona, entre muchos otros. En resumen, una cantante lírica que supo plantar bandera en la cumbre de la ópera a escala mundial.

Pierotti sale de su oficina para recibir a Galería y hacer un recorrido por el edificio. Desde 2013 la artista se desempeña como coordinadora académica de la escuela, de la que también egresaron María José Siri, Erwin Schrott, Carlos Ventre, Andrés Presno y Marcelo Guzzo, considerados entre los cantantes más importantes del panorama operístico internacional.

Unas cuatro o cinco personas tienen clase de alemán en una de las salas, donde también se enseña italiano y francés. Otros salones serán ocupados en pocos minutos por las clases de arte escénico, solfeo y práctica coral. La voz envolvente y el piano se cortan casi abruptamente cuando Pierotti abre la puerta del salón donde se están dictando las clases de repertorio, siempre individuales.

En otro edificio, camufladas dentro del Palacio Lapido —sobre la calle Wilson Ferreira Aldunate—, se ubican las divisiones de tango, danza clásica, danza contemporánea y folclore de la Escuela Nacional de Formación Artística del Sodre. Una tarde de viernes los salones que en otros horarios son ocupados por las clases de contemporánea, folclore y tango están siendo utilizados por adolescentes en una clase de ballet con pianista en vivo, mientras que en otro salón se dicta una clase de repertorio de la misma danza. “No son cisnes, son copos, los brazos chispeantes”, dice la maestra a las alumnas mientras les muestra cómo es el movimiento de brazos en el vals de los copos de nieve del ballet Cascanueces.

A la División Ballet de la Escuela Nacional de Danza entró siendo una niña María Noel Riccetto, reconocida en 2017 como mejor bailarina del mundo a través del premio Benois de la Danse, exsolista del American Ballet Theatre, ex primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre (BNS) y actualmente directora artística de ese cuerpo. De allí también egresaron las hoy primeras bailarinas del BNS Rosina Gil, Nadia Mara, la ex primera bailarina Giovanna Martinatto, la ex primera bailarina y exdirectora del BNS Rossana Borghetti, quien hoy se desempeña como coordinadora académica de la División Ballet.

En 1975 la bailarina y coreógrafa uruguaya Flor de María Rodríguez de Ayestarán (una de las grandes exponentes de la danza y de su investigación y docencia) crea la División de Danza Folclórica, que a lo largo de estas décadas formó a varias generaciones de egresados que se desempeñan tanto a nivel de la educación curricular como en actividades extracurriculares y de extensión cultural, animación y escenario.

La División de Danza Contemporánea, en tanto, fue creada en 2014 por el gestor cultural y coreógrafo Martín Inthamoussu, uno de los bailarines uruguayos de danza contemporánea de mayor proyección internacional y expresidente del Sodre, mientras que la de tango fue la última en fundarse en 2017, a cien años cumplidos de La cumparsita y a ocho de que esta danza fuera declarada por la Unesco como patrimonio cultural intangible de la humanidad.

Nuevos aires. Hoy, en medio de una explosión del universo artístico —impulsada posiblemente por la parálisis de las actividades culturales en años pandémicos—, por las escuelas de formación artística del Sodre soplan nuevos aires. Los prejuicios y mitos que siempre existieron en torno a las carreras artísticas van —muy de a poco— quedando atrás. Gobiernos de todo el mundo empiezan a estimular a estos sectores, los artistas llegan a lugares antes impensados y a segmentos poblacionales que pasaron de la indiferencia al deseo de acercamiento hacia alguna actividad o propuesta artística. “Este año tuvimos cerca de 80 presentaciones artísticas, un montón para lo que venían haciendo las escuelas. Estamos llegando a diferentes departamentos y pequeñas localidades. A otro público que no es tan cercano ni tan frecuente”, apunta Natalia Sobrera, directora ejecutiva de la Enfas.

El reconocimiento en 2021 del Sodre como una organización educativa no universitaria es otra de las señales de cambio. El año pasado las carreras de la Enfas fueron reconocidas en el sistema educativo formal. Actualmente, tanto Danza Contemporánea como Canto Lírico son las carreras con reconocimiento de titulación terciaria no universitaria, mientras que las propuestas de las demás escuelas están siendo evaluadas por Educación Superior del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) para su reconocimiento terciario.

Ahora todas las carreras constan de un ciclo introductorio al que se puede ingresar mediante audiciones —sin conocimientos, o con conocimientos básicos— y de una tecnicatura, una formación de nivel más exigente mediante la que se obtiene el título que permite a los artistas seguir profesionalizándose además de continuar sus estudios en otros institutos nacionales e internacionales.

En el caso de la formación en danza contemporánea, folclore y tango, el ciclo introductorio es de dos años, más dos de tecnicatura. En danza clásica son ocho años, y luego se ofrece la opción de entrar al Ballet Clásico Juvenil, una propuesta de tecnicatura y práctica preprofesional. “Lo más importante es la práctica preprofesional, que es el escenario. El Ballet Clásico Juvenil está saliendo al interior del país y teniendo funciones en Montevideo. Están trabajando, es la práctica en el hacer. La formación en danza clásica se da mucho en el aula, en lo académico y en adquirir la técnica, pero después cuando egresan no tienen esa experiencia de subirse a un escenario, de estar con una obra completa, sostener ese trabajo que desde el punto de vista físico es otra la demanda. Y con ballet, el tema que tenemos con la propuesta de nivel terciario es que comienzan a los 10 años, entonces no podemos hacer una formación terciaria cuando no tienen primaria y secundaria. Ese fue el cambio que nosotros hicimos con nuestra propuesta de la tecnicatura”, explica Sobrera. “Era importante hacer algo que fuese atractivo para quienes ya habían completado ocho años, algo más que se les podía ofrecer desde la institución para que puedan tener las herramientas para postularse a compañías nacionales e internacionales y tener otra experiencia, otro trayecto y solidez”, agrega.

Este impulso a las carreras artísticas vendrá acompañado de otra novedad: la próxima mudanza de la Enfas a un edificio propio —sobre la calle Uruguay— que reunirá a todas las escuelas, en lugar de alquilar distintos espacios, como sucede actualmente. Y el nuevo edificio, a la vez, traerá otra noticia: una propuesta de formación docente universitaria en danza y canto. “Por solicitud del MEC estamos trabajando en una propuesta de carácter universitario en formación docente, y para eso necesitamos salones nuevos. Desde ahí tenemos apoyo de la Dirección de Educación y el Ministerio para consolidar esa propuesta formativa, pero también lo que requiere a nivel edilicio”. El nuevo edificio permitirá, además, que exista conexión entre las diferentes escuelas, que hoy —funcionando en tres edificios diferentes— apenas se cruzan.

“Hay un impulso también con lo que fue la creación de la Licenciatura en Danza Contemporánea en el marco de la universidad. Hay algo que está cambiando en el bosque de lo que es la formación artística del país, y que se vayan dando nuevas oportunidades también tiene un vínculo directo con cuál es la realidad a nivel laboral”, sostiene Sobrera.

Las barreras. Aunque de a poco la realidad va cambiando, los prejuicios en torno a las carreras artísticas se mantienen. En ese sentido, Sobrera entiende que el panorama en el hemisferio norte es muy distinto. “Ya hay una tradición, universidades que tienen propuestas en danza, no solamente de grado, sino másters e incluso doctorados de desarrollo sobre la formación artística. Creo que Uruguay se está poniendo al día y los cambios ya se vienen dando. Pero los prejuicios siguen estando; aunque me animo a decir que menos”. El principal está relacionado con vivir del arte. “Eso lo hablo con estudiantes que me plantean: ‘Me vine a Montevideo a estudiar Folclore pero al mismo tiempo estoy haciendo Medicina porque es en lo que mi familia me acompaña para que esté acá’. Ese tipo de discursos siguen estando”.

Otra de las barreras está relacionada con la masculinidad y la formación artística, sobre todo, en carreras como las de danza. Los números hablan por sí solos: de los 130 estudiantes que tiene la División de Danza Dlásica, solo 30 son varones. “Tiene que ver con esta cuestión de que si me dedico a las artes, cuál es mi exposición, mi sensibilidad frente a temas artísticos, si lo exploto, lo muestro, o si como hombre tengo que estar asociado a una imagen más patriarcal, de que las emociones no pasan por mí. Todo eso en algún sentido está. En algunos casos se expresa y en algunos no, hay una generación que piensa desde otro lugar”.

Fue con el objetivo de derribar esa barrera que en 2020 la Enfas llevó adelante una campaña, junto con Edinson Cavani. “Yo creo que lo más lindo que puede tener un niño o una niña es un sueño por alcanzar. Y nosotros, como adultos, tenemos que apoyarlos para que lo alcancen”, dice el futbolista en el aviso en el que aparece aprendiendo algunos pasos de danza junto a algunos integrantes del Ballet Nacional del Sodre. “Lo de Cavani fue algo que revolucionó en su momento, con una figura importante que sumó muchísimo, hizo que las inscripciones tuvieran un pico, en ballet sobre todo, que creo que es el fuerte al que estaba apuntando esa campaña”. El pico, sin embargo, no se sostuvo en el tiempo.

Este mes la Enfas lanzó una nueva campaña de inscripciones protagonizada por un varón con el objetivo de promover su entrada a las carreras artísticas. “Lo sentís, anotate”, señala el spot en el que se muestra a un joven que, soñando despierto, se transporta a teatros y entornos en los que aparece rodeado de artistas de diferentes disciplinas. Es un varón que se mueve orgánicamente, sin una técnica ni siguiendo ningún estilo en particular. “Está asociado a eso de sentir las ganas desde un lado totalmente femenino, y no es así, un varón puede tener esas mismas ganas de desarrollo profesional artístico. También pensamos en alguien que no muestre gran destreza, porque eso también está en el imaginario que asocia las escuelas del Sodre con el gran nivel, y no es así. Quien tiene las ganas tiene la chance de entrar, y se viene a desarrollar acá. No tenés que ser Julio Bocca ni tener un perfil de Billy Elliot”.

Otro punto a tomar en cuenta, dice Sobrera, son los roles de género en la danza. “Hay que cambiar esa imagen de pareja de danza hombre/mujer. Hay aspectos que se están trabajando, ¿por qué el hombre es el que guía? En danza contemporánea, donde no hay roles definidos ni estética predominante, este punto es más flexible. Pero en otras áreas sí hay aspectos que son más difíciles de cambiar, y que no dependen solamente de lo que se haga en las escuelas, sino de los cambios en la sociedad”, concluye. n

Mercado laboral

El campo laboral para estos artistas es otro de los grandes desafíos. La oferta de trabajo dentro de fronteras es, en muchos casos, limitada, y varios artistas terminan desarrollando sus carreras en el extranjero. Sobre esto habla la directora ejecutiva de la Enfas, Natalia Sobrera

¿Cuál es hoy la principal salida laboral de los egresados?

Depende mucho de cada formación, porque también tienen objetivos bien distintos. Canto lírico es una formación que tiene que ver con un desarrollo individual, y como oferta laboral primero es el postularse y audicionar para el Coro Nacional de Sodre. Es como una propuesta de semillero desde las escuelas para que puedan estar en el coro, y para que puedan también presentarse a nivel nacional como repertorio de solistas. Después está la proyección de cada uno de ellos a escala internacional. En danza clásica es la formación para integrar compañía del BNS o la que sea a nivel internacional a la que el egresado quiera postular. Contemporánea tiene un perfil más independiente, porque hay compañías no solo en Uruguay sino a nivel internacional, pero no es el formato más habitual. Por eso, también en su carga curricular hay un fuerte empuje en gestión y en cómo sostener ciertos proyectos de carácter independiente. Y después en folclore y tango, que también tienen otro vínculo con la enseñanza, la propuesta tiene que ver con un patrimonio vivo, cómo está presente, cómo difundir la danza.

FUENTE: nota.texto7