Llegó a Maldonado con motivo de los festejos por los 100 años del Yacht
Club Punta del Este. ¿En qué etapa está de su viaje alrededor del mundo?
Estoy intentando dar la vuelta al mundo con mi embarcación Numancia. Con
los años la estoy mejorando para darle más autonomía. Ahora está en reparación
en Panamá, le puse un motor de cuatro tiempos —porque la moto con la que crucé
el Atlántico era de dos tiempos—, y estoy implementando varias mejoras, como un
tercer depósito de combustible que ampliará la autonomía hasta las 300 millas
náuticas, y así podré continuar con mi viaje que tuve que suspender por la
pandemia.
¿Por qué hace este viaje?
Después de 40 años aprendiendo de la mar, me planteé hacer la travesía
más importante, la más larga, la más difícil. Estoy dando la vuelta al mundo en
la embarcación de menor eslora en la historia de la navegación, conmemorando el
quinto centenario de la primera vuelta al mundo. Ese viaje demostró
empíricamente que nuestro planeta es redondo. Mi viaje se divide en varias
etapas. La primera fue desde Sevilla hasta el sur de México. Zarpé en la fecha
histórica, desde el mismo lugar a la misma hora, 500 años después, como lo
hicieron Fernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano y los 260 marinos
zarpando el 10 de agosto de 1519 desde Sevilla. Tres años después, solo
quedaron 18 supervivientes a bordo del único barco a flote, el Victoria. Fui
rumbo a Tenerife para cruzar el Atlántico y allí navegué con un barco de
apoyo. Dormía lo que podía esperándolo y cuando ya alcanzaba mi posición, en
marcha, sin parar, repostaba combustible. Y así seguí 15 días hasta que, por
fin, llegué a la isla de Guadalupe (sur del Caribe). De ahí en más navegué otra
vez sin embarcación de apoyo, en solitario.
Usted es aviador, ¿cómo empezó su pasión por el mar?
Estando en el Ejército del Aire, un accidente de tráfico me dejó
secuelas en mi mano izquierda, impidiendo proseguir con mi vocación de piloto
de combate. Navegar es, de alguna forma, un sucedáneo de volar para mí.
¿Qué lecciones le deja la navegación?
Una de las lecciones que aprendemos los marinos es que hay que hacer las
cosas bien, con rigor, con respeto. ¿Con respeto a quién? Con respeto a
nosotros mismos para empezar. La exploración ha de ser primero una exploración
interior, a uno mismo. Tenemos que saber quiénes somos, para qué estamos, qué
talentos nos presta Dios en la vida, que Dios nos presta también el planeta que
llamamos Tierra, y que, por cierto, debería llamarse planeta Agua, ya que el
70% de la superficie es agua, igual que nuestros cuerpos. Pero ahí empieza el
error, en no saber dónde estamos. En la mar o haces las cosas bien o no
vuelves.
Por esa razón es importante respetar a la naturaleza…
Si tú no sabes dónde estás, vas ciego por la vida. Primero es fundamental
saber dónde estamos, quiénes somos. El respeto a la madre naturaleza y al ajeno
viene del respeto personal primero. Sin esa expedición interior no hay otras
expediciones de ningún tipo. Bueno, pues lo que intento hacer en mi pequeña
embarcación es explorar la conciencia, explorar la persona y luego intentar
conocer otras cosas, otras personas, otros horizontes.
Su viaje tiene además el propósito de concientizar sobre los plásticos en
el mar.
Aquí estamos en este templo que es la Madre Tierra y se está demostrando
que la sostenibilidad es posible y rentable. Las aguas negras son un problema,
pero sabemos que se pueden reciclar y eso se está haciendo. Se debe aprender y
hacerlo en todos los sitios. El plástico, el microplástico, la pesca ilegal,
todo eso afecta a nuestro planeta, al 70% de su superficie y a nosotros. Con
esta expedición quiero enseñar al mundo lo que está sucediendo. El plástico es
terrible pero es fácil de resolverlo, transformándolo sobre todo en productos
rentables, como la gasolina que estoy usando en estas etapas del sur de México.
Esta expedición tiene la misión de concientizar, de enseñar lo que ocurre,
preguntar qué está pasando en los países, costas, litorales para que entre
todos aprendamos a respetar la naturaleza.
¿Qué representa el mayor peligro: las medusas, los plásticos, los
piratas, los tiburones, la soledad?
Las medusas son lo más peligroso, y que te caiga —literalmente— un rayo
encima durante una tormenta. Los piratas muchas veces me ayudan desde la
“solidaridad entre navegantes”, aunque nunca se sabe cómo pueden reaccionar.
Los plásticos son un drama muy grave y tristísimo, consecuencia de la codicia
humana, y la soledad es maravillosa cuando estás feliz y contento con tu propia
compañía.
¿Qué otros imprevistos pueden surgir?
Frecuentemente llego a islas desiertas, en algunas es peligroso porque
hay mucho narcotráfico, piratas y pueden suceder cosas muy feas. Pero, bueno,
tengo que ir a tierra para reparar la moto, entonces cuando veo que hay peligro
intento escapar. Pero en la mar hay más peligros. El peligro mayor, como te
decía, es que te caiga un rayo. Pero antes de que te caiga un rayo, los
plásticos se meten en la turbina de propulsión y tienes que tirarte al agua y
sacarlos como sea. Eso puede durar cinco minutos o cinco horas. Y no tengo más
remedio que hacerlo lo antes posible porque el tiburón está viendo las sombras
y cree que soy un atún muerto.
El primer problema son las tormentas, porque se declaran sin aviso, en
poco tiempo, a mar abierto y lo peor es que, literalmente, te caiga un rayo
encima. Y si te cae un rayo encima, hay poco que hacer. Pero en fin, sueñas con
que no pase, no te concentras en el problema, sino en la solución y cuando está
muy mal, me tiro al agua con un cabo y espero a que amaine. Y luego, lo que
tenemos que hacer todos nosotros ante la tormenta: lucha, determinación,
fuerza, sin pensarlo. No hay problemas, hay soluciones. Da igual que sea una
traición esa tormenta, un accidente, un examen, un fracaso, un negocio, da
igual. Después de la tormenta viene la calma, o sea que a la tormenta hay que
lucharla con determinación total para intentar superarla. E insisto: después de
la tormenta viene siempre la calma, el sosiego, la armonía.
¿Y qué siente en esos momentos?
Estás en un sitio sobrecogedor, donde te das cuenta de eso, de que estás
vivo de milagro y que estás intentándolo todo por ser lo mejor posible y por
dejar una estela de luz, que es lo único que vas a dejar en esta vida. Intento
vivir en la verdad, en la libertad, sin hacer daño a nadie e intentando hacer
el mayor bien posible.
Como yo navego el 100% del tiempo de pie para evitar daños en la columna
vertebral y que la piel se me infecte, se esquilme, lo más complicado de lo que
me queda del viaje será la resistencia física, ya no soy tan joven, por no
decir que soy bastante vejete. Pero la mejor parte de navegar es que de repente
veo los delfines que me acompañan, parece que me están animando, son como
ángeles.
¿Eso es lo mejor de las expediciones?
Lo mejor de las expediciones son las personas que encuentro en todos
lados, de todos los países, pasaportes, religión, condición, cultura, no
importa. Ahí en la mar somos todos hermanos de verdad, no teóricamente. Ahí
estamos todos ayudándonos y nos queremos de una manera natural porque sabemos
lo que hay ahí fuera y sabemos que la ayuda que entregas te va a volver tarde o
temprano. Y entonces, ahí sí somos solidarios.
Usted además es experto en historia, ¿siempre le gustó?
Mi padre me aconsejó saber de historia porque el pasado condiciona el
presente y el futuro. Hay que conocer la historia lo mejor posible para saber
quiénes somos y a dónde vamos.
¿Por qué
eligió replicar la expedición de Magallanes y Elcano?
Es la expedición más importante de la historia de la humanidad porque nos
permitió saber dónde estamos. Antes la humanidad estaba ciega. Los fenicios no
se querían aventurar, tampoco los griegos, tampoco los romanos ni los
portugueses. Pero los españoles, sí. Se la jugaron y descubrieron un nuevo
continente. Cuando ya se sabe que hay un nuevo continente resulta que Vasco
Núñez de Balboa descubrió que había otro mar y otra vez España se la vuelve a
jugar. Seis años después, nada más, de descubrir que había otro mar, llamado
mar del Sur por Vasco Núñez de Balboa, luego rebautizado como océano Pacífico,
España decidió descubrir qué había más allá.
¿De niño soñaba con ser aventurero?
Hoy, sigo con la misma ilusión y los mismos sueños de ayer. De niño
soñaba ser libre y difundir libertad y verdad. Igual que ahora. Gracias a Dios
y a mucho esfuerzo y compromiso, lo consigo.
¿Cuando navega, tiene alguna cábala?
En la Catedral del Mar todo está presidido por Dios. No hay espacio para
nada más.
¿Se enfermó durante alguna de sus expediciones?
A veces se me infectan las heridas que me hago navegando. Ese es el mayor
problema.
¿Cómo se cuida?
Llevando una vida sana, respetándome y respetando a los demás y a la
naturaleza de Dios.
¿Qué sacrifica en su vida por estas expediciones?
La zona de confort. Nada se consigue sin esfuerzo, renuncia, trabajo y
riesgo..., todo ello, incompatible con la zona de confort.
¿Qué es lo más preciado para usted?
La libertad, como en todos y cada uno de los momentos de mi vida.