Elegir el estoicismo como forma de vida

Dominar la sensibilidad, enfocarse en lo que se puede controlar y llevar una vida virtuosa en coherencia con la naturaleza son las bases de esta corriente filosófica, que cobra nuevas fuerzas como una manera de lograr la serenidad en tiempos actuales

Las modas vuelven. Y como vuelven el tiro bajo o las botas vaqueras, puede volver a instalarse una corriente filosófica dos milenios después de su fundación. El estoicismo, una de las escuelas de filosofía más influyentes de la Antigüedad y también una de las más estudiadas por aquellos que han buscado la receta de la felicidad, recobró vigencia. Algunos de sus preceptos parecen calzar como guante en estos días, por diferentes motivos.

Los diccionarios definen el estoicismo como “fortaleza o dominio sobre la propia sensibilidad” y a quien lo cultiva como alguien “fuerte, ecuánime ante la desgracia” o que “sufre dolor o problemas sin quejarse o sin mostrar lo que siente”.

John Sellars, autor de Estoicismo. Una introducción a la filosofía del arte de vivir (Paidós, 2023), explica que el estoicismo presenta al ser humano como “un animal completamente racional”, para el que las emociones extremas no son otra cosa que el resultado de “errores de razonamiento”.

Popularmente, el estoicismo suele asociarse con la idea de tranquilidad desprovista de emociones y a la capacidad de resistir con heroísmo y aceptación cualquier tipo de adversidad.

Nacho Bañeras, doctor en Filosofía español y formador en acompañamiento filosófico, especialista en estoicismo que ha reflexionado sobre la prevalencia de esta doctrina filosófica en las sociedades actuales, opina que el pensamiento y la actitud estoicos van mucho más allá, y en algunos casos difieren, de lo que reflejan estas definiciones modernas y populares. Recientemente ha publicado el libro Caminos hacia una actitud estoica (Siglantana, 2023), al que describe como una guía para adaptar el pensamiento estoico a las situaciones y formas de vida actuales. “Para los estoicos, como para gran parte de la filosofía antigua, las personas debemos desplegar el potencial que lleva implícito el hecho de que seamos humanos. Y el ser humano se caracteriza de una forma particular por su dimensión racional”, explicó a EFE, complejizando ligeramente la definición más simple y extendida de estoicismo. “En la medida en que la persona escucha y despliega esta dimensión, está siendo coherente con su naturaleza”; lo contrario, en cambio, “lleva a la vía de vivir de manera contraria o de espaldas a su propia naturaleza”, asegura.

Estoicismo. Una introducción a la filosofía del arte de vivir, de John Sellars. Paidós, 2023, 263 páginas, 850 pesos Estoicismo. Una introducción a la filosofía del arte de vivir, de John Sellars. Paidós, 2023, 263 páginas, 850 pesos

Coherencia con el orden natural. Zenón de Citio fundó esta escuela filosófica en torno a 300 a. C. y, según explica Sellars en su libro, su nombre refiere al sitio donde solían reunirse informalmente: la Stoa Pecile (“pórtico pintado”, en griego), “una columnata cubierta en el extremo norte del ágora (la plaza del mercado) de Atenas”. De alguna manera, estos autores contemporáneos reducen las discusiones que allí mantendrían los filósofos a un punteo de preceptos básicos, como el de no entrar en contradicción con nuestra naturaleza humana. Según Bañeras, “debemos entender el vivir en coherencia como el vivir en correspondencia”, entendida esta como “la relación que mantienen la naturaleza y el ser humano”. El doctor en Filosofía explica que existe en el cosmos un orden que marca ciertas coordenadas y principios que deben ser escuchados, aprendidos y seguidos. “En la medida en que el ser humano los siga podrá ser coherente con este orden y manifestar su propia plenitud, es decir, desplegarse a través de la llamada y la naturaleza que mora en su interior”.

Las emociones y la sensibilidad. “Ser estoico en una época autocompasiva supone que a uno lo tilden de distante; peor, de insensible”, escribe el británico Julian Barnes en su más reciente novela, Elizabeth Finch (Anagrama, 2023) Se refiere a esa mujer, la que da título al libro, una profesora de Cultura y Civilización recta, interesantísima, insondable. Neil, un alumno suyo, alimenta una profunda admiración hacia Finch; es él quien concluye, en cierta parte del relato, que si tuviera que definir a su profesora de alguna manera, diría que es estoica.

Sin embargo, Bañeras explica que el estoicismo no consiste en ejercer un control total sobre la sensibilidad. “En lugar de eso, busca vivir en serenidad a través de la sensibilidad”, y para lograrlo despliega un conjunto de ejercicios o prácticas sobrias y austeras. Según el filósofo, actualmente nuestro foco de atención está mayoritariamente dirigido hacia fuera: “Pensamos constantemente y nos cuesta parar de hacerlo, y esto nos produce un creciente desasosiego”.

Desde el ámbito de la filosofía estoica, Bañeras propone mirar hacia dentro desde la calma, la reflexión y la meditación “para encontrar algunas de las respuestas a nuestras vidas”.

Caminos hacia la actitud estoica, de Nacho Bañeras. Siglantana Editorial, 2023, 9,51 dólares (disponible en kindle vía Amazon) Caminos hacia la actitud estoica, de Nacho Bañeras. Siglantana Editorial, 2023, 9,51 dólares (disponible en kindle vía Amazon)

Aquí y ahora. Otro precepto fundamental del estoicismo es la importancia de la virtud o la excelencia para hallar la felicidad. Sellars explica que, según el estoicismo, lo único que posee “bondad intrínseca” (y por tanto lo único que debería preocupar al ser humano) es la virtud, entendida como “una disposición interna excelente del alma; una mente saludable”. Completando esta concepción de virtud con la de la Real Academia Española, que la define como la “disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza”, el estoicismo se acerca, al menos en este punto, a un rigor, fuerza de voluntad y sentido de lo que es correcto que roza el idealismo o una autoexigencia extrema.

De acuerdo al estoicismo, tanto los objetos como los “estados de cosas” externos, en cambio, deberían resultar indiferentes al ser humano. Según el profesor de Filosofía, muchas de las emociones que sufrimos parten de juicios equivocados “que atribuyen un valor espurio a las cosas externas indiferentes”. Por eso, esas emociones son vistas como enfermedades del alma capaces de reducir nuestro bienestar y felicidad. “El mensaje primordial de la ética estoica es que nuestra felicidad está plenamente en nuestro poder aquí y ahora, siempre y cuando estemos preparados para ver el mundo correctamente, y que una vez alcanzada, esta felicidad jamás podrá sernos arrebatada”, escribe el autor. Si bien las propuestas en que se basa son, en opinión de Sellars, “desconcertantes”, el mensaje es poderoso y atractivo para estos días. “No es de extrañar que el estoicismo haya continuado desde entonces fascinando y alterando a los filósofos”, escribe.

El caminante sobre el mar de nubes (1818), óleo de Caspar David Friedrich   El caminante sobre el mar de nubes (1818), óleo de Caspar David Friedrich  

Sócrates y otros referentes estoicos. “Esta filosofía ha estado siempre presente en la historia del pensamiento occidental, a través de autores clásicos y propiamente estoicos como Séneca o el emperador Marco Aurelio y pensadores fuertemente influenciados por el estoicismo como Michel de Montaigne, Montesquieu o Quevedo”, repasa Bañeras. Aunque propiamente no forme parte de la escuela estoica, Sócrates (470 a. C.-399 a. C), considerado uno de los más influyentes de la historia, es también un referente y modelo de la vida estoica. “Fue capaz de desplegar una vida virtuosa pese a ir contra lo políticamente correcto, y por otra parte vivió cercano a su propia máxima de ‘solo sé que no sé nada’, ocupándose de lo que realmente estaba a su disposición”, recalca.

Por otra parte, explica Bañeras, tal como muestra el cuadro La mort de Socrate (La muerte de Sócrates), un óleo de Jacques-Louis David, el gran filósofo clásico afrontó su muerte con “templanza, serenidad y abrigado por sus amistades, terminando de esta manera una vida filosófica”.

Otra pintura que simboliza el estoicismo es El caminante sobre el mar de nubes, un cuadro de Caspar David Friedrich que muestra a “una persona observando un paisaje nublado y transpira la serenidad de una mirada contemplativa que, estando cercana a la vida, la observa sin dejarse arrastrar por los acontecimientos o por aquello que la niebla nos impide ver”, añade.

La muerte de Sócrates (1787), óleo de Jacques-Louis David   La muerte de Sócrates (1787), óleo de Jacques-Louis David  

Vigencia renovada. Según el autor de Caminos hacia la actitud estoica, actualmente el estoicismo no solo sigue influyendo en la filosofía, sino que además está viviendo un segundo renacer, dado que “muchas personas buscan en esta corriente de pensamiento respuestas a un mundo que cada vez se mueve y cambia más rápido y de cuyo desasosiego es difícil escapar”.

“Al principio tomé a Elizabeth Finch por una pesimista romántica; ahora diría que era una estoica romántica. ¿Son compatibles ambas condiciones? ¿Pueden coexistir, o una es consecuencia de la otra? Resulta tentador postular que EF comenzó siendo una romántica de principios elevados y que luego, una vez la vida le hubo infligido las decepciones inevitables, se convirtió en estoica”, escribe Barnes en la voz de Neil. Parece lógico pensar que a la práctica del estoicismo se llegue después de atravesar ciertas circunstancias, como una cierta forma de evolución o aprendizaje. Como un lugar en el que buscar aislarse de un mundo incierto, hiperestimulado, exigente y, por momentos, cruel. Como una manera de tomar distancia y trabajar en el mundo interior para fortalecerlo y afrontar así la adversidad exterior con otro temple.

Los puristas del estoicismo, detractores de su versión moderna, dirán que la de hoy es apenas una edición alivianada y resumida de la original, y probablemente tengan razón. Pero en algún punto entre la disconformidad y la búsqueda de una calma elusiva el estoicismo actual encuentra sus seguidores.

A partir de EFE

Tres claves para el mundo de hoy

Nacho Bañeras, doctor en Filosofía español y autor del libro Caminos hacia una actitud estoica, plantea tres escenarios de la vida actual en los que se pueden aplicar las tres disciplinas que el estoicismo propone para llevar una vida filosófica y estoica.

La vía estoica del deseo. “Pasamos mucho tiempo pensando la vida, rumiándola. Le damos muchas vueltas en la cabeza pensando sobre situaciones futuras o qué pensarán los demás. Muchas de las cosas que intentamos pensar para controlar, están fuera de nuestro control y disposición”, señala Bañeras. Y propone preguntarnos concretamente qué está bajo nuestro control: “Si aquello sobre lo que nos preocupamos es incierto, los estoicos nos dirán que nos ocupemos de lo que nos está generando, a menudo miedo, pues es lo único de lo que podemos ocuparnos”, señala.

La disciplina de la acción. “Vivimos en una sociedad cada vez más individualista y muchas de nuestras acciones las construimos desde esta premisa, de la misma manera que, muy a menudo, nos percibimos como islas aisladas, en soledad. Nos percibimos solos”, explica este filósofo.

“Los estoicos partían de la bella idea de que estamos hermanados entre nosotros puesto que somos interdependientes y venimos de un mismo lugar, de un mismo origen. Este hecho, que a menudo olvidamos, nos debería impulsar a actuar en base a la solidaridad hacia los demás y hacia nosotros mismos. Esta vía es la que abre la disciplina estoica de la acción”, señala.

El camino del juicio. “Muchas veces nos presentamos como personas libres. Actuamos y decidimos a través de lo que pensamos, que a su vez está fundamentado en el conjunto de ideas y creencias que tenemos del mundo y de nosotros, pero ¿de dónde viene aquello que pensamos?”, señala Bañeras invitando a reflexionar. En su opinión, lo que pensamos y la forma en que lo hacemos generalmente proviene de “un conjunto de creencias que hemos ido recibiendo de nuestro entorno (familia, escuela, medios de comunicación) y que, según los estoicos, no hemos puesto en cuestión”. 

“Este camino nos abre a la disciplina del juicio, que nos permite trabajar sobre el contenido de lo que pensamos y la forma en la que lo hacemos”, señala.

Estoicismo vs. vulnerabilidad

En un momento en el que se han derribado algunos muros y logrado que la vulnerabilidad empiece a ser vista como una fortaleza, el estoicismo puede parecer ligeramente anacrónico.

La gimnasta estadounidense Simone Biles dio una gran lección al respecto en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, cuando abandonó la competencia y no por una lesión física, sino a causa de su salud mental. Algo inédito hasta la fecha. Tenía grandes chances de llevarse el oro, pero priorizó su salud, dispuesta a enfrentar las críticas que seguramente vendrían (y vinieron). Renunció a ese estoicismo que se espera de los competidores olímpicos, históricamente destinados a dar sus mejores resultados deportivos bajo una presión aplastante.

El caso de Biles aportó su grano de arena a una evolución lenta pero constante, que ha ido habilitando la vulnerabilidad en ámbitos en los que hasta entonces era inadmisible.

Sin dudas que el estoicismo tendrá sus beneficios, pero probablemente no sea una disciplina que se adapte a todos.