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Peleador, comentarista y padre: Gastón ‘Tonga’ Reyno vive en Miami pero sueña con pelear en el Antel Arena
A sus 39 años, Gastón Tonga Reyno atraviesa una etapa singular: comenta las principales peleas del mundo, compite en una brutal liga de boxeo sin guantes y transita su primera experiencia como padre; entre el micrófono, el ring y la vida familiar, su carrera continúa lejos del retiro
Hace seis años que Gastón Tonga Reyno comenta deportes de combate en ESPN.
Cuando era chico, Tonga era fanático de las Tortugas Ninja y soñaba con aprender karate. Su madre, sin embargo, lo inscribió en taekwondo. Tenía apenas siete años cuando participó en su primer encuentro y comenzó un camino que, con el paso del tiempo, lo llevaría a convertirse en uno de los peleadores uruguayos más reconocidos en el mundo de los deportes de combate.
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Su gran salto llegó cuando firmó con Bellator, una de las organizaciones más importantes de artes marciales mixtas. Desde entonces, su nombre comenzó a circular en la escena internacional. Para Tonga, aunque desde afuera el deporte pueda parecer pura violencia, siempre fue más una disciplina estratégica, casi como un juego de ajedrez en el que cada movimiento tiene consecuencias.
Su carrera fue reconocida incluso en el ámbito institucional. El año pasado fue distinguido por la Comisión de Deporte y Juventud en el Palacio Legislativo, donde recibió el pabellón uruguayo de manos de la vicepresidenta Carolina Cosse frente a senadores y diputados, un gesto simbólico hacia un deportista que lleva años representando al país en el exterior.
Más que un peleador
Sin embargo, su trayectoria no se limitó a la jaula. Mientras todavía peleaba, comenzó a explorar otro rol dentro del mismo universo: el de comentarista. Durante su etapa en Bellator ya había tenido experiencias relatando peleas para transmisiones de la organización y para Univision, pero el verdadero salto llegó cuando fue convocado para comentar por primera vez un evento de UFC (la principal liga de artes marciales mixtas del mundo) para ESPN. A la cadena le gustó su trabajo y terminó integrándose al equipo de forma permanente, en el que ya lleva seis años.
El cambio implicó un aprendizaje profundo. Aunque conocía el deporte desde adentro, Tonga sentía que debía mejorar su capacidad comunicativa. ESPN le ofreció cursos de locución y entrenamiento frente a cámara que le permitieron profesionalizarse. Aprendió desde técnicas de oratoria hasta detalles del lenguaje televisivo: cuándo mirar a cámara, cómo posicionarse frente al entrevistado o incluso cómo manejar la postura corporal delante del micrófono.
tonga reyno bkfc
Hoy Tonga Reyno también compite en BKFC, una liga de boxeo sin guantes conocida por su dureza extrema. Su récord hasta el momento es de tres victorias sin derrotas.
Su curiosidad natural también jugó un papel importante en esa transición. Tonga se define como alguien a quien le gusta escuchar historias y recordar datos. Esa mezcla entre pasión por el deporte y buena memoria le permite aportar contexto, anécdotas y estadísticas durante las transmisiones, algo que suele sorprender a los espectadores.
El hecho de haber sido peleador le da una mirada particular a la hora de analizar combates. Entiende lo que ocurre dentro de la jaula y puede interpretar decisiones o movimientos que para otros comentaristas pasan desapercibidos. Sin embargo, esa misma cercanía también presenta desafíos. En más de una ocasión le ha tocado relatar peleas de amigos o incluso combates entre dos personas con las que había compartido entrenamientos el día anterior. En esos casos, explica, el desafío es separar la amistad del análisis y mantener la mayor objetividad posible.
Lejos de colgar los guantes
Cuando su carrera como comentarista ya estaba consolidada, apareció un nuevo capítulo inesperado. Hoy Tonga también compite en BKFC, una liga de boxeo sin guantes conocida por su dureza extrema. Su récord hasta el momento es de tres victorias sin derrotas.
La entrada a ese circuito fue casi casual. Un día le tocó comentar un evento de la organización y quedó impactado por la intensidad del deporte, especialmente por el sonido seco de los golpes a los huesos. Durante la transmisión incluso vio cómo la sangre de un peleador llegaba desde el ring hasta su mesa de comentarista para terminar en su traje. Aquella experiencia le dejó la sensación de estar frente a algo brutal.
Un productor se le acercó y le preguntó si se animaría a pelear. Tonga aceptó de inmediato. Su debut fue en Albuquerque, Nuevo México, en un estadio lleno. La adrenalina fue distinta a la de cualquier combate previo y la sensación posterior a la victoria, recuerda, fue casi indescriptible. Más tarde llegarían otras dos peleas en Miami, lugar donde vive actualmente.
En una de esas noches se produjo una escena que refleja bien su particular forma de habitar el deporte. Después de pelear y ganar, se cambió de ropa y volvió a su lugar como comentarista para relatar el resto de la cartelera. Un ejemplo claro de esa identidad híbrida que combina dentro de un mismo evento al analista y al peleador.
Actualidad, familia y futuro
En su vida personal, sin embargo, el cambio más profundo llegó con el nacimiento de su hijo Carmelo, fruto de su relación con Sofía, su esposa argentina. El niño, que hoy tiene poco más de un año, modificó completamente su manera de ver el deporte y la vida. Antes, explica, toda su existencia giraba alrededor de la lógica de ganar o perder. Con la llegada de su hijo esa mirada empezó a cambiar. La paternidad le dio nuevas motivaciones y también una nueva forma de valorar el tiempo y los riesgos. “Antes me creía Superman”, recuerda al hablar de su mentalidad de peleador. Hoy entrena de otra manera, utiliza más protección y cuida mucho más aspectos como la alimentación, el descanso y la recuperación. La pelea sigue siendo parte de su vida, pero ya no ocupa el lugar central.
En paralelo, su trabajo como analista deportivo se consolidó en la cadena líder del mundo del deporte, un lugar que él mismo considera difícil de superar. Aun así, observa con interés el crecimiento de nuevas formas de comunicación como el streaming y no descarta explorar ese formato en el futuro, cuando su ritmo de entrenamiento sea menos exigente.
Como competidor, sin embargo, todavía siente que tiene mucho para dar. Su objetivo es seguir peleando mientras el cuerpo y las ganas lo acompañen. Y hay un sueño que tiene desde hace años: poder subirse al ring en Uruguay, en el Antel Arena. “Mi gran sueño es pelear en Uruguay en el Antel Arena y lo tengo claro desde que se está construyendo el estadio”. Imaginar una noche de boxeo sin guantes frente a un rival extranjero y con el público uruguayo alentando es una idea que lo entusiasma especialmente. Sería, dice, una historia que algún día le gustaría contarle a su hijo.
Mientras tanto, observa con entusiasmo el crecimiento de los deportes de combate en Uruguay. Los nuevos centros de entrenamiento y el nivel de las jóvenes promesas le hacen pensar que el panorama cambió mucho respecto a cuando él comenzó. Un ejemplo es el uruguayo Luciano El Toro Pereira, que el viernes 20 debutará en una de las mejores ligas de MMA llamada PFL, cuyo premio es un millón de dólares.
Hoy, asegura, es mucho más posible desarrollar una carrera internacional sin tener que irse del país. Y mientras nuevas generaciones empiezan a recorrer ese camino, Tonga Reyno sigue transitando el suyo, entre el micrófono, el ring y una vida familiar que redefinió para siempre su forma de pelear.