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Jennifer Savage: ¨En Uruguay me siento como en casa¨

Edad: 50 • Ocupación: Encargada de Negocios de Estados Unidos en Uruguay • Señas particulares: horneó 750 galletas para el Centro Covid del Hospital Español; cada semana visita una bodega diferente; en su retiro le gustaría restaurar casas antiguas en Washington D.C

¿Qué conocía de Uruguay cuando le propusieron el puesto de encargada de Negocios? Nada realmente. Y mucha gente me decía: “vas al mejor país de Latinoamérica, es un secreto, nadie conoce la maravilla que es Uruguay”. Llegué con esa expectativa y fue aún mejor. Me siento como en casa. 

Su misión anterior fue en Zimbabue, un país muy diferente. ¿Vivió alguna situación de riesgo? Pasé de un país que casi no tiene democracia a un país que es un modelo de democracia, de un país que está en camino de desarrollo a uno completamente desarrollado. Allá eran tiempos de cambio, estaba el dictador Robert Mugabe y hubo un cambio militar, desorden y caos civil, cortes en las calles, gremios violentos, un colapso económico y cortes de Internet porque el gobierno no quería que la gente hablara. El contraste es increíble aunque allá también disfruté mi tiempo.

¿Su esposo John Patterson y su hijo Fionn la acompañaban? En esta vida de dos carreras diplomáticas a veces estamos separados y, en ese momento, él estaba en Somalia y el bebé conmigo. Ahora le tocaba a él tenerlo un tiempo en Buenos Aires, pero con la pandemia la vida acá estaba más tranquila y con escuelas abiertas, entonces Fionn, que ahora tiene cinco años, está conmigo desde marzo de 2020. 

También estuvo de misión en Haití durante un terremoto. ¿Alguna vez se arrepintió de haber elegido esta carrera? No, la elegí por la aventura de descubrir países nuevos además de representar a mi país. Nunca he cuestionado por qué estoy aquí. Además, lo supe desde joven. A los 16 años fui becada un verano a Japón porque mi padre trabajaba en Mitsubishi Electronics y cuando regresé le dije que quería ser embajadora. Fue una oportunidad para aprender más de Japón, del trabajo de mi papá, y me inspiró mi carrera y mi vida. 

Estados Unidos es un país referente en muchos aspectos. ¿Qué crítica haría? Sabemos que tenemos problemas en relaciones raciales, en la diversidad y en inclusión. Y en este momento, esos son los grandes enfoques de nuestro gobierno.

¿Cómo se acercó al kitesurf? Unos amigos lo practicaban cuando yo estaba en Ecuador, después lo vi en Filipinas pero no se me había dado la oportunidad de practicarlo, hasta que en mi primer día en Uruguay estaba manejando por la rambla y vi todas esas velas en Malvín, recuerdo muy claro ese momento. Entonces decidí que acá lo aprendería. Primero tuve que ponerme más fit y reforzar mi abdomen por el embarazo. Después de un año de ejercicio, empecé con clases y ¡estoy orgullosa! ¡Soy una mujer de 50 años que quería hacerlo y lo hice!

¿Por qué es importante el Día de Acción de Gracias para los estadounidenses? Es un día para reunir a la familia y agradecer todo lo que se recibió. En su origen se agradecía por la cosecha, por eso comemos la comida especial de la cosecha y así nos conectamos con la historia. Antes de cenar recordamos lo bueno que nos pasó, charlamos en familia y miramos fútbol americano, después nos quedamos dormidos frente a la televisión.

Este año ¿qué cocinará? Tres pavos, uno de estilo tradicional horneado y relleno de estofado, el segundo es ahumado, como le gusta a mi esposo, y el tercero es frito como se hace en el campo. El postre típico es pie de manzana, de calabaza o de boniato o boniatos horneados con malvaviscos. Este año vendrá mi familia diplomática porque mis padres y mis suegros están grandes para viajar.

¿Su esposo también cocina? Sí, ambos amamos cocinar, a él le encanta cocinar preferentemente lo salado y a mí me gusta más lo dulce. Hay una historia muy graciosa. Cuando mi esposo se estaba divorciando de su anterior esposa, luchó mucho por una batidora Kitchenaid, ese fue el detalle del divorcio por el que no podían acordar y él ganó esa lucha. Él siempre estaba buscando más y más accesorios para su batidora. Finalmente, yo tengo la batidora en mi cocina, entonces ahora es mía. 

¿Cómo se conocieron? En línea en el sitio web eharmony.

¿Fue el destino o los algoritmos? Realmente fue el destino. Charlamos mucho por email antes de conocernos personalmente y después surgieron muchas coincidencias. Primero me preguntó dónde trabajaba y él tenía contratos con el departamento de Estado, además venía al mismo edificio en el que yo trabajaba. Después los dos habíamos crecido en un pequeño lugar llamado Elkton, Maryland, y cuando hablamos de nuestras familias coincidió que mi madre y su hermano trabajaron en el mismo edificio de Citibank. La última coincidencia fue cuando hablamos de nuestros padres,  mi papá y su papá nacieron en Beaumont, Texas.

¿Y cuando se vieron por primera vez qué sintió? No sé si fue algo en su voz o en su estilo de hablar, que después de tres o cuatro frases nos enamoramos. Nuestro primer encuentro fue en octubre 2007, nos casamos en mayo 2009, estuvimos juntos en Ecuador, en Filipinas y en México, luego él en Somalia y yo en Zimbabue y ahora él en Argentina y yo en Uruguay. La próxima vez nos vamos juntos a Washington, porque es importante para mi hijo que por primera vez viva en una casa con ambos padres.