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Por primera vez, seis mujeres árbitro fueron convocadas a un mundial de fútbol

No pasó todo lo advertido que debería haber sido, pero el martes 22 de noviembre fue una fecha histórica para el fútbol. Y como toda historia, tiene su trasfondo. 

“Es complicado para una mujer arbitrar en un deporte de hombres”, dijo en 2015 David Le Frapper, un entrenador de medio pelo que entonces dirigía al Valenciennes, un equipo de la segunda división francesa de fútbol. Estaba ofuscado porque la jueza Stéphanie Frappart, que desde el año anterior pitaba en esa categoría, no les había sancionado un penal a favor. “Esa jugada era penal, sin duda. Pero el árbitro no lo vio, quizá justo estaba patinando”, añadió, irónico. Se ganó dos partidos de suspensión y un repudio generalizado.

Vale saltar en el tiempo (poco) y en categoría (mucha). “Si hubiéramos jugado como ellas dirigieron el partido, habríamos ganado 6-0. Estuvieron muy bien, cuando tenían mucha presión en un momento histórico. Tuvieron calma e hicieron lo que tenían que hacer”. El técnico alemán Jürgen Klopp, entrenador del linajudo Liverpool inglés, se deshacía en elogios hacia la terna arbitral. Acababa de terminar la Supercopa europea 2019, el 14 de agosto de ese año, y su equipo había derrotado al Chelsea, en Dublín. Por primera vez, una terna arbitral compuesta por mujeres dirigía un partido definitorio de una importante competencia continental en el fútbol masculino. Liderando como árbitro principal estaba justamente la francesa Stéphanie Frappart salvando con nota. “No podría tener más respeto por ella”, dijo el prestigioso coach, uno de los más reconocidos del mundo. Y eso que durante el partido había cobrado un penal muy fino en contra de los suyos.

Nacida el 14 de diciembre de 1983, Frappart hacía historia. En realidad, ya había comenzado a escribirla. En 2014 se había convertido en la primera mujer en arbitrar en la Ligue 2 de su país, la segunda división nacional en importancia, ahí donde se encontraría con Le Frapper y su retrogradismo; en 2019 llegó a la Ligue 1, la principal. Se habla, claro está, de fútbol masculino, algo así como un certificado de calidad para las mujeres árbitro. Eso todavía es considerado así. Es que en el fútbol femenino ya dirigía a nivel internacional desde 2011, llegando a pitar en los mundiales Sub-20 de 2018 y de mayores de 2019. Todo eso como antesala a la Supercopa 2019. Al año siguiente impartiría justicia en la mismísima Champions League, en el partido que jugaron la Juventus de Turín y el Dínamo de Kiev. 

“Hace falta tener pasión para seguir en esto cuando te insultan cada fin de semana. Pero yo siempre fui un poco cabezona y siempre he estado en un mundo de hombres”, dijo Frappart en una entrevista con Le Monde, en 2019, cuando su desempeño la había llevado de su país al continente. Le empezó a interesar este mundo a los 13 años y se terminó de sumergir completamente en él cuando cursó una Licenciatura en Educación Física, a los 19. 

En esa misma nota señaló que ella se ha sometido a las mismas pruebas físicas que los hombres —“Seguir a Kylian Mbappé a 37 kilómetros por hora no es fácil. Los futbolistas no van a correr más despacio porque el árbitro sea una mujer”— y que ha tenido más cuestionamientos por razón de género desde la tribuna (¿quién dijo que los hinchas son lo mejor y más puro del deporte?) que en el propio campo de juego. La excepción ocurrió, justamente, con David Le Frapper. 

La que es considerada como la mejor jueza de fútbol del mundo escribió en estos días otro capítulo. El 22 de noviembre, la francesa actuó como cuarto árbitro en el partido en que Polonia y México empataron sin goles por el Grupo C del Mundial de Catar en el estadio 974 de Doha. Dos días después repetiría, en la misma función, en la victoria de Portugal contra Ghana por tres a dos. 

El martes 22, apenas horas después del debut de Frappart, Salima Mukansanga ofició también de cuarto árbitro en la goleada de Francia ante Australia por 4 a 1. Esta mujer sabe bien lo que es el esfuerzo. Nació el 25 de julio de 1988 en Ruanda, un país que recién en los últimos años está saliendo de la miseria absoluta que dejó el genocidio de 1994. Estudió Enfermería y Obstetricia y se acercó a colaborar con la oficina local de Unicef. Le gustaba el básquetbol más que el fútbol, pero su perspectiva cambió cuando le pidieron que colaborara arbitrando un partido de fútbol de menores en un liceo en Saint Vincent de Paul Muzane. De acuerdo con Marca, tanto se enganchó que eso decidió sus rumbos hasta hoy. Tenía 15 años.

No la tuvo fácil: debió aprender las reglas por ella misma, ya que la federación local no veía con buenos ojos a una mujer en el rol de árbitro. Con el avance del fútbol femenino se le abrieron las puertas: en 2008 obtuvo su autorización y en 2012 se convirtió en internacional. Luego de recorrer todo el espinel femenino, finalmente llegó a ser el 18 de enero de este año la primera jueza central en un partido de la Copa Africana de Naciones (masculina) entre Guinea y Zimbabue.  

Y confianza en su actuación, y en el de las suyas, en este Mundial le sobra: “La FIFA no solo está acogiendo mujeres y dándoles la oportunidad de estar allí. No, no es una oportunidad, hemos estado trabajando duro para esto, haciendo el trabajo, los entrenamientos, las pruebas de aptitud física. Hemos estado haciendo lo mismo que los hombres, y estamos preparadas para enfrentar el torneo y tener éxito. Queremos que el torneo sea exitoso, y nosotras mismas queremos tener éxito. Cualquier cosa que la gente exterior diga se resolverá al final del día, recapacitarán cuando vean el resultado”, le dijo en una entrevista a Sport de Barcelona.

El hecho de que la función de un cuarto árbitro sea, si se quiere, más administrativa que otra cosa —básicamente: impedir que los entrenadores se vayan de boca, marcar qué jugador entra y sale en las sustituciones, indicar los minutos de descuento—, hizo que sus tareas no sean fáciles de calificar. De hecho, prácticamente la única forma en que un cuarto árbitro tenga una labor notoria es si tiene que sustituir al juez principal o a los asistentes si se lesionan. Pero aun así Stéphanie y Salima marcaron un mojón: ese día se convirtieron en las primeras mujeres árbitro en participar en un Mundial de mayores, masculino.

Y lo hicieron en el Mundial de Catar, el mismo país donde las mujeres están sometidas a un sistema de tutela masculina, por lo que deben pedir permiso a su padre, esposo o hermano para las decisiones importantes de su vida, como casarse, viajar y trabajar, según han denunciado organizaciones como Amnesty International. 

Paradójicamente, este es el primero de estos torneos, que ya van por su vigésima segunda edición, en que hay árbitros mujeres; son seis en un total de 129, incluyendo jueces principales, asistentes y operadores del Video Assistant Referee (VAR): a Frappart y Mukansanga se les suman la japonesa Yamashita Yoshimi, la mexicana Karen Díaz Medina, la brasileña Neuza Back y la estadounidense Kathryn Nesbitt. Las tres últimas van como asistentes, antes más conocidos como jueces de línea.

Insistir, persistir, resistir y no desistir. “El hecho de que haya mujeres en este Mundial es el premio al esfuerzo, al trabajo, a la tenacidad, al insistir, persistir, resistir y nunca desistir de las mujeres en el arbitraje. Es un reconocimiento a todo eso, pero obviamente también lo es al mérito y profesionalismo de cada una de las que están en el torneo, a su esfuerzo y su preparación. Nadie les regaló nada para estar ahí. Es puro mérito y pura garra de cada una de ellas”, dice a Galería Claudia Umpiérrez, árbitro uruguaya de categoría FIFA y abogada de profesión, apelando a las históricas palabras atribuidas al astronauta Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna. 

En su país y en la confederación asiática, Yamashita Yoshimi ya es toda una celebridad. Nacida en Nakano el 20 de febrero de 1986, es árbitro internacional desde 2015. Como tal incluso estuvo en Uruguay, donde dirigió el Nueva Zelanda 1–Finlandia 0 del 13 de noviembre de 2018, disputado en el estadio Charrúa de Montevideo, por el Mundial femenino Sub-17.

Según la agencia EFE, ella llegó al arbitraje por su amor al fútbol (lo mismo que han dicho históricamente sus colegas varones), fomentado por su hermano mayor. Más tarde lo jugó en la universidad. “Francamente, no me esperaba que saliera una oportunidad como esta. Siento una gran responsabilidad por participar como árbitro, y por representar a Japón y a Asia”, declaró a ese medio en agosto. Si bien dijo que se trataba  “del mismo deporte de siempre”, minimizando las diferencias del fútbol femenino y masculino, admitió que estaba haciendo un trabajo físico y psicológico. También añadió que hace mucho que no escucha comentarios referidos a su género a la hora de pisar la cancha y que los jugadores no hacen diferencia a ello. Estuvo como cuarto árbitro en el partido en el que Bélgica le ganó a Canadá 1 a 0 el miércoles 23, también en el que Estados Unidos e Inglaterra empataron sin goles el viernes 25, en el que Marruecos derrotó a Bélgica por 2 a 0 el domingo 27, y fue designada también en ese puesto para el “clásico” británico entre Gales e Inglaterra, del martes 29.

Ya entre las asistentes, la mexicana Díaz Medina, una ingeniera agroindustrial de 38 años, lleva doce corriendo sobre la línea de cal y seis en el mundo del fútbol grande de hombres. Ya estuvo en la reserva de la cuarteta arbitral en el empate entre Marruecos y Croacia del miércoles 23, en Portugal-Ghana al día siguiente y en el Australia-Túnez del sábado 26. 

Su colega brasileña, Back, profesora de Educación Física de 37 años, ya ha aparecido en varias notas de prensa donde (faltaba más) se pone más el acento en su belleza que en su desempeño profesional, algo impensable que ocurriera en sus colegas varones. Ella estuvo también de “reserva” (básicamente: estar a la orden por si alguno de los jueces de líneas no pueden seguir) en el histórico partido entre México y Polonia. 

Finalmente, Nesbitt es una química de 34 años que en 2020 se convirtió en la primera mujer que dirigió un partido de una liga profesional masculina en su país, Estados Unidos. Esto incluye también al básquetbol (la NBA), el fútbol americano, el béisbol y el hockey sobre hielo, cualquiera de ellos mucho más populares que el soccer, allá por el norte. También fue reservista ese martes 22, en este caso de la victoria abultada de Francia ante Australia.   

La variedad de naciones es importante,  ya que las autoridades del arbitraje de la FIFA intentan evitar que un juez o asistente imponga justicia en un partido donde juegue una selección de su misma confederación. En el caso de estas seis mujeres, solo no está representada la Confederación de Fútbol de Oceanía (OFC, por la sigla en inglés), que no tiene ningún representante en Catar (Australia juega en la confederación asiática, para darle alguna chance al resto de los países). En contrapartida, con Díaz Medina y Nesbitt la Concacaf —que incluye a América del Norte, Central y el Caribe— tiene dos.

Punto de inflexión. Además de la oportunidad imperdible de jugar el Mundial (los árbitros también consideran que “juegan” los partidos), dirigir los partidos también es muy bueno para los bolsillos. Vale para ir haciendo cuentas: los árbitros principales cobran 5.000 euros por un partido en fase de grupos y 10.000 para las etapas eliminatorias; los asistentes y cuartos árbitros ganan exactamente la mitad: 2.500 y 5.000, respectivamente; los que actúen en el VAR percibirán 3.000 y 5.000. 

Pero hay algo más importante que la plata y es el punto de inflexión que en ese sentido es Catar 2022, por más retrógradas que sean las costumbres en ese país referido a la igualdad de género, lo que encierra una enorme paradoja. La japonesa Yamashita Yoshimi dijo a EFE confiar que en un futuro “haya más mujeres que persigan su sueño”, bregando ella por dar “a conocer que existen las mujeres árbitro” y “ayudando a que haya más conciencia en la familia del fútbol”. 

Al momento de escribirse estas líneas, cuando termina la segunda fecha de la primera rueda (o sea, que se han jugado 32 de los 64 partidos), la FIFA no había designado a ninguna de estas juezas como árbitro principal o asistente en ninguno de los partidos. Esto también había generado las primeras críticas, como si el nombramiento apenas fuera un gesto sin contenido. 

Sin embargo, en la misma sintonía que Yoshimi se expresa Umpiérrez. Para la jueza uruguaya, “además de dejar escrita la historia con esta designación”, estas seis colegas suyas “abrieron las puertas a todas las que vienen atrás. Para que se puedan ilusionar y para que realmente el mundo del fútbol entienda que es un deporte que no tiene género, ¡ningún deporte lo tiene! Y lo único que debe valorarse es la capacidad de las personas”. Finalmente, termina con un pedido: “Que no sea un hecho histórico y aislado, que de ahora en más sea una linda costumbre en cada competición del fútbol”.