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Si algo no se le podía pasar por la cabeza al Edinson después de su faena del fin de semana pasado, era que el pase de gol y los dos golazos con los que hizo que su equipo ganara el partido le traerían más dolores de cabeza que los frentazos goleadores.
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Uno de sus amigos le mandó un mensaje triunfalista: “¡Grande, Matador!”, y él, con su frescura y su afecto por el amigo, le contestó: “Gracias, Negrito”.
¡Para qué!
Se activaron todas las alarmas antirracistas del Reino Unido. El yorugua este que importaron los del Manchester United es un blanco supremacista que desprecia a los afrodescendientes, y los llama por el peyorativo y descalificativo término de negros. Tres partidos de suspensión, 12.000 libras esterlinas de multa y una severa advertencia: “Black Lives Matter” en Estados Unidos y en Gran Bretaña, y de repetirse esta barbaridad consideraremos la deportación como extranjero indeseable.
Pero la policía de lo “políticamente correcto” no descansa en la Pérfida Albión. Estuve conversando por Zoom con un vecino uruguayo de Cavani, que vive a una cuadra de su casa y que ha estado cerca de él en estos días de disgusto e incomprensión.
—Él dice que no tuvo ninguna intención de despreciar a nadie, y menos a un amigo tan querido como el que le mandó el mensaje de felicitaciones —relata Braulio Elsal Teño, amigo de Cavani desde la niñez y que ahora vive en Inglaterra porque trabaja en un call-center de la ciudad de Mánchester.
Braulio dice que fue una suerte que se reencontraran tan lejos de la patria y que comparten muchos ratos libres juntos.
—Tomamos mate juntos, pero no compartimos, por precaución sanitaria, ¿vio? —prosigue Braulio, quien se dispone a relatar algunos otros episodios desconocidos hasta ahora, que van en la misma línea del “negrito”—. Se ve que lo venían vigilando al Edinson, porque hace un par de semanas, cuando apareció en los diarios y en la tele la publicidad del Black Friday, él me preguntó qué quería decir eso. Yo le llevo ventaja con el idioma porque hace años que vivo acá. Íbamos caminando para el súper a comprar leche y bizcochos y yo le expliqué. Él dijo entonces: “¿Quiere decir el negro viernes o el viernes negro?”, y justo pasábamos al lado de un tipo que nos oyó y nos siguió hasta casa, tomando fotos con su celular. El Edi supuso que era un hincha del cuadro que lo había reconocido, pero en fija que era un tira de la Scotland Yard que lo denunció, o algo así. Se ve que lo vienen estudiando. Es más —prosiguió el amigo de Cavani—, él me contó que desde ese día siente ruidos raros cuando habla por teléfono, y yo pienso ahora que le deben de tener pinchada la línea porque lo deben considerar un sujeto peligroso. Acá todo parece que es alegre y divertido, pero hay tremendo trasfondo de espionaje y desconfianza. Mire —prosiguió—, yo mismo tuve problemas porque en el trabajo hace unos días estaba hablando con mi esposa y le digo cariñosamente: “Flaca, preparate unos tallarines esta noche que compré un vinito tinto que tiene pinta de estar muy bueno”, y cuando me iba para casa me llamó el jefe y me dijo que una compañera que trabaja al lado mío me había denunciado por llamarla “flaca” a mi mujer, que eso era un trato despectivo e insultante para una mujer, aunque fuera mi esposa, arrancó con no sé qué de la bulimia y la anorexia, que eran un problema social muy grave, y que yo debía abstenerme de usar esos términos, y que si detectaban una reincidencia me podrían denunciar por violencia doméstica. ¡Tan locos estos tipos! —enfatizó.
Braulio se enojó con su compañera de trabajo, que es inglesa, pero habla perfectamente el español. Al día siguiente, cuando llegó al trabajo, la encaró amistosa pero enérgicamente y le dijo:
—Mirá, mi reina, lo que hiciste ayer no tiene gollete. Vos no te metas en mi vida privada que yo no me meto en la tuya, si yo hablo con mi mujer le digo lo que se me canta, y vos te la bancás, ¿me entendiste?
En mal momento.
La compañera volvió a denunciarlo, y el jefe esta vez fue más enérgico. Volvió a citarlo y le dijo que en Gran Bretaña reina hay una sola, y que es de muy mal gusto estar bastardeando el nombre de Su Majestad usándolo en una conversación vulgar llena de términos insultantes y abusivos, por lo que el episodio podría considerarse un acoso laboral descalificante, agravado por la alusión a la máxima y suprema autoridad del Reino Unido.
—Tres días de suspensión me comí —dijo Braulio desconsolado porque el dato quedó en su ficha laboral y podría servir algún día para un despido sin derechos a indemnización.
Contó también que un colombiano que trabaja en la empresa había criticado el trabajo de otro compañero que es zurdo porque escribe con la mano izquierda y le había criticado varios errores de digitación en su trabajo debidos a que el hombre tipea con su mano útil y a veces se equivoca. En el incidente lo acusó de zurdo de mierda, y el supervisor escuchó el episodio y lo denunció por usar términos de descalificación político-partidaria, recordándole que estaba prohibido hacer política en la empresa y en horas de trabajo y amenazándolo con suspenderlo si se reiteraban esos episodios.
La cosa está muy seria, y no solo en el Reino Unido. Hay que ser políticamente correcto, elogiar a Maradona y venerar su memoria, aunque fuera un energúmeno, evitar llamar negros a los afrodescendientes y considerar que los muchachos de la Intersocial son todos macanudos, empezando por Irma Leites, que es un amor.