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    ¿Se puede tener desocupación cero?

    Nº 2175 - 25 al 31 de Mayo de 2022

    La respuesta es sí, pero no en Uruguay. Para tener desocupación cero es necesario que rija un total y absoluto mercado libre en materia laboral, ya que mientras haya alguien necesitando contratar mano de obra seguramente encontrará quien desee ofrecer la suya por un precio determinado en forma libre y voluntaria por ambas partes.

    Pero llegar a este tipo de acuerdos es imposible en Uruguay dado que existe la ley de Consejos de Salarios, que pretende fijar el precio de la mano de obra en forma más justa y eficiente de lo que lo harían los directamente interesados. Y el otro gran obstáculo son —paradójicamente— las llamadas conquistas sociales o derechos adquiridos por los trabajadores.

    Si estas normativas fueran tan efectivas, en Uruguay no solo no habría casi 200.000 desocupados sino que los salarios serían más que suficientes para cubrir todas las necesidades de un hogar; sin embargo hay 1 millón de personas que reciben algún tipo de apoyo del Estado, una cifra verdaderamente escandalosa. Tiene razón el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, cuando dice que el modelo ha fracasado, siempre y cuando se refiera al modelo estatista-socialista que rige en este país desde hace décadas.

    Cuando las exigencias legales establecen condiciones de contratación de un empleado por encima de la capacidad que tiene ese empleado de generar ingresos iguales o superiores a su costo (salario y otros gatos), el potencial empleador no lo contratará jamás, pues perderá dinero mes a mes.

    Pero, si a tal empleado le sirviera aceptar un trabajo con una paga menor a la establecida en los Consejos de Salarios, no podría hacerlo, ya que tal norma tiene el carácter de “orden público”, lo que significa que no pueden ser cambiada por acuerdo de partes.

    Pretender establecer por ley las preferencias de cada ciudadano a la hora de definir por qué valor y en qué condiciones está dispuesto a brindar su fuerza laboral es, al decir de Hayek, una verdadera fatal arrogancia. Bajo el manto de las buenas intenciones y el deseo de proteger a la supuesta parte débil de la relación laboral lo único que se logra es más desocupación y menos estímulos para contratar mano de obra; y cuanto menos calificada sea esa mano de obra (que son quienes más necesitan) menos motivación habrá aún para contratarla.

    El tener un empleo es mucho más que tener un ingreso. El trabajo eleva y dignifica. Es preferible tener una ocupación y responsabilidades diarias (aun cuando no se reciba ninguna paga por ello) a quedarse en la casa desocupado, sin hacer nada. El solo hecho de tener que ir a trabajar obliga a la persona a tener rutinas y hábitos saludables, además de tener la posibilidad de aprender un oficio, a vender, a atender a clientes o a relacionarse socialmente. Todo esto lo conducirá más tarde o más temprano a conseguir un empleo mejor y mejor remunerado.

    El único capaz de determinar el valor y precio de la mano de obra es el “Señor Mercado”, porque cuando la demanda por mano de obra determina salarios por encima de los fijados por la ley estos se pagan sin chistar. Ahora, cuando la situación es al revés (es decir, los demandantes de mano de obra no están dispuestos a pagar los valores establecidos por la ley pero sí contratarían a una persona por otros precios y condiciones) la legislación se los impide y la persona sigue desempleada.

    Si queremos que haya más empleo y mejor pago, será necesario dar más libertad en las relaciones laborales y aumentar las tasas de capitalización, de tal manera que se pueda invertir en tecnología y equipamiento para que la productividad por hora del trabajador aumente y así perciba mayores ingresos. Esto es lo que sucede en Europa o Estados Unidos, donde se paga dos o tres veces más por la misma tarea que en los países tercermundistas.

    Una vez más la solución la da la libertad y la menor intervención estatal. Por eso será casi imposible que en Uruguay haya desocupación cero y seguiremos teniendo 1 millón de individuos que reciban algún tipo de apoyo o subsidio estatal, de lo que parecen enorgullecerse los gobernantes del partido que sea.

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