N° 2002 - 03 al 09 de Enero de 2019
N° 2002 - 03 al 09 de Enero de 2019
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSi bien en los días previos al cierre de cada año la cobertura periodística de índole deportiva tiene, como característica casi excluyente, la de reseñar lo más destacado de la temporada que culmina, no es ese el propósito de esta columna, tal como su mismo título lo indica. Ello no nos inhibe, empero, de hacer una somera mención a los resultados de una tradicional encuesta que, desde hace más de tres décadas, realiza el diario El País entre periodistas deportivos de toda América, para elegir a los futbolistas y técnicos de mayor destaque en la temporada que concluye.
Si así lo hacemos, es por cuanto sus resultados se relacionan íntimamente con el tema de nuestra última entrega, que refería a la paupérrima actual realidad de los clubes uruguayos a escala continental. Surge de esa compulsa que de todos los futbolistas que juegan en nuestro medio, el único que figura en la nómina de los elegidos para integrar la selección ideal de América, es el golero de Peñarol Kevin Dawson…¡y con un solo voto! Y no es casualidad que los otros uruguayos votados lo fueron por militar en clubes de otros países (así, el honroso 5º lugar de Nández, en Boca y el 10º de De Arrascaeta, en el Cruzeiro de Brasil). Huelga señalar que esta absoluta falta de visibilidad de quienes juegan en nuestro país para los votantes, es la lógica consecuencia del repetido y muy penoso desempeño de los clubes uruguayos a los que pertenecen, en los distintos torneos clubistas del continente (de lo que ya nos hemos ocupado). Extremo que se ve inversamente ratificado por el hecho de que cinco de los futbolistas elegidos para conformar el “Once ideal de América”, pertenecen al actual Campeón River Plate.
Pasemos ahora al tema central de esta nota. Sumido en una descomunal crisis económica, la flamante directiva de Nacional que encabeza el ingeniero Decournex apostó por un técnico extranjero para revertir el magro resultado deportivo de las últimas temporadas. Y esa decisión no estuvo exenta de críticas, incluso desde sus propias tiendas. Se alegó así el modesto currículum de Eduardo Domínguez y su supuesto desconocimiento del medio local, cuando estaban disponibles varios técnicos uruguayos de probada capacidad, tanto aquí como en el exterior (en cierta medida, su caso podría asimilarse a la riesgosa apuesta que hizo Peñarol al traer a Diego López a mitad de la reciente temporada, aunque finalmente con excelente resultado). Habrá que hacer lógicamente un compás de espera para ver cómo encara su tarea el novel técnico, y fundamentalmente de qué forma puede conformarse la nueva plantilla tricolor (de la anterior casi no quedaron nombres), en especial, por la actual crítica falta de fondos para solventar grandes contrataciones. Así y todo, esta decisión de la nueva directiva tricolor de apostar a técnicos del otro lado del Plata aparece alineada a lo que ha sido su peculiar historial en la materia.
En efecto, según las estadísticas, fueron varios los argentinos que han dirigido a Nacional, con suerte diversa. El primero fue Adolfo Pedernera (un legendario exfutbolista de River), en 1954, que dirigió sin mayores logros a un equipo en el que militaban jugadores de la talla de José Santamaría y el campeón del mundo Julio Pérez. Pasaron veinte años hasta la llegada de Miguel Ignomiriello, quien tampoco pudo destacarse al frente del primer equipo, aunque se le recordará por siempre por su revolucionario trabajo anterior en las divisiones formativas, promoviendo una camada de excelentes futbolistas, como Carrasco, Villazán, Darío Pereira y De los Santos, entre otros. El primer técnico argentino que salió campeón uruguayo fue Pedro Dellacha en 1977, contando con la madurez de Rodolfo Rodríguez, Raúl Moller y Montero Castillo y el aporte de varios de los juveniles de la generación anterior (un segundo ciclo del mismo técnico, un par de años después, no tuvo en cambio el mismo suceso). Hubo que esperar hasta el año 2011 para que otro técnico argentino (Marcelo Gallardo, debutando en esa función tras haber sido campeón como jugador el año anterior) obtuviera el máximo lauro de la actividad local, en una formación en la que el Chino Álvaro Recoba tuvo un rol fundamental. En el ínterin hubo otros técnicos venidos de la vecina orilla que no tuvieron el mismo éxito, como Alfio Basile en 1982 (que renunció por desavenencias con varios futbolistas del plantel), Miguel Basílico en 1983 (al frente del frustrado Equipo de las Estrellas) y Eduardo Manera en 1994. También (y como hecho singular, por haber sido anteriormente una figura consular de Peñarol) en 1976 hubo un corto y deslucido período de Juan Eduardo Hohberg, quien, nacido en Argentina, se nacionalizó uruguayo para defender a Uruguay en el Mundial de Suiza de 1954. A posteriori de la “era Gallardo”, en el año 2013 llegó el hasta ahora último técnico argentino Rodolfo Arruabarrena, pero con poco destaque en su corto ciclo. En total fueron ocho los técnicos del vecino país que dirigieron a Nacional, aunque apenas dos pudieron lograr el lauro máximo de nuestro fútbol.
Peñarol, en cambio, solo acudió a técnicos argentinos en dos oportunidades: en 1980 estuvo el profesor Jorge Kistenmacher, en un corto e irrelevante interinato (su verdadera profesión era la de preparador físico) y en 1990 el famoso excampeón del mundo César Luis Menotti, ampliamente fustigado por aferrarse a la suicida táctica defensiva del “achique”. A lo largo de su rica historia hubo también varios técnicos de otras nacionalidades: dos escoceses en la temprana década de los 40 (John Harley y Galloway); dos húngaros (Emérico Hirsch y el promocionado Bela Gutman); dos polémicos brasileños (Brandao y Dino Sani), y dos poco conocidos (el chileno Tuane y el serbio Petrovic), y de todos ellos, únicamente el discutido Emérico Hirsch pudo obtener el Campeonato Uruguayo, dirigiendo aquel recordado formidable equipo de 1949.
El saldo de los técnicos foráneos al frente de los dos “grandes” de nuestro fútbol resulta pues francamente desfavorable (solo tres títulos de Campeón Uruguayo, hasta la fecha). Lo que, por cierto, no justifica tamaña insistencia, cuando existe una pléyade de capacitados técnicos uruguayos triunfando por el mundo, y un reconocido conductor de varias selecciones, como Sergio Markarian, esperando una nueva oportunidad para volcar en nuestro medio su impar sabiduría.