• Cotizaciones
    domingo 08 de febrero de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Cartas al Director (I)

    Amodio Pérez (I)

    Sr. Director:

    Traidor…es. Escuchando a Esteban Valenti llamar traidor a Amodio Pérez en “La Tertulia” de El Espectador del último jueves fue algo que me hizo pensar. En realidad es que yo también considero a Amodio Pérez un traidor y de allí mi preocupación. ¿Se imaginan estar de acuerdo con Esteban Valenti en algo? Es algo que me preocupa y mucho, ya que considero estar en el otro extremo de su pensamiento ideológico y político. Claro; a mí no me conoce nadie y él es un hombre popular y muy conocido y al cual se le  considera un “formador de opiniones”, así es que esto exige que lo enfrentemos para tratar de compensar en algo su mala interpretación de nuestra historia reciente.

    Por suerte, rápidamente me di cuenta dónde estaba la diferencia. Él lo considera un traidor porque traicionó a sus compañeros tupamaros y yo porque traicionó al país, a su patria, a la sociedad que lo educó en un clima de libertad y democracia como casi no se conocía en el mundo en esa época.

    Esa no es la traición a la que Valenti se refiere; se refiere a la traición a los traidores, lo que me recuerda aquel dicho que dice que “robar a un ladrón tiene 100 años de perdón”. No estuvo solo Amodio Pérez en su traición; es más: estuvo muy bien acompañado por personajes hoy prominentes en nuestro ámbito político y gubernamental, que también en su momento y junto con Amodio Pérez traicionaron a la patria y al pueblo uruguayo.

    Lo que no debemos olvidar jamás de estos traidores es que por la sola ambición política destruyeron un país pacífico y ejemplo de democracia institucional que llegó a ser llamado la Suiza de América. Seguramente le es difícil a Valenti hablar de esa traición, ya que hoy él está con los traidores de antaño, que en su momento quisieron y en cierta forma lograron cambiar nuestra sociedad, no para mejorarla sino para destruirla primero y construir otra nueva, a imagen y semejaza de la cubana. Por suerte no tuvieron éxito por ahora, en la última parte de su proyecto político, auque muchas veces parece que lo siguen intentando.

    Valenti no habla de esa traición porque va contra sus intereses económicos, pero los compañeros del traidor a la patria Amodio Pérez en su momento fueron Mujica, Topolansky, Bonomi, Fernández Huidobro, Agazzi por nombrar algunos de los prominentes gobernantes que hoy conducen los destinos de nuestro país. En general todos los tupamaros fueron unos cobardes traidores que atacaron una sociedad abierta, democrática y justa (lejos, más justa que la actual) que en ese momento se encontraba indefensa para reprimir un ataque terrorista de estos “hijos pródigos”.

    No debemos olvidar jamás que fueron terroristas y que aterrorizaron a la población además de traer como consecuencia de sus acciones otro mal: la dictadura militar. Hechos que nunca deberíamos separar en la discusión de lo acontecido en esa época. En realidad, los terroristas tupamaros y los dictadores militares fueron males que toda la sociedad uruguaya sufrió en esa época innecesariamente y que uno sin la existencia del otro no hubiera sido posible.

    Hoy Amodio Pérez, de haber tomado el camino de sus otros compañeros de traición, estaría ocupando alguna cartera ministerial o sería un futuro candidato a la Presidencia de la República con éxito. Después de todo, otros compañeros traidores lo lograron.

    Es posible que la saga de Amodio Pérez no termine con esta entrevista. Nuestra obligación es recordarles a sus compañeros victoriosos que siempre intentan escribir una historia romántica y floreada de los hechos de la década del ‘60, la verdad. Esa verdad que nosotros, los que la vivimos, sabemos lo que sucedió. Recordemos esto: Fidel Castro luchó contra la dictadura de Fulgencio Batista. Los sandinistas, contra la dictadura de Anastasio Somoza. Los tupamaros lucharon contra la democracia representativa más liberal del continente y posiblemente del mundo. Hay una gran diferencia y solo una gran cobardía.

    Juan Carlos Aguerre

    Amodio Pérez (II)

    Sr. Director:

    ¿Quién le teme a Amodio Fausto? Apareció un oscuro personaje y se revolucionó el avispero. Pero, ¿por qué? ¿Por qué este anciano, cruza de Judas con Don Quijote, exaspera tanto a los tupas?

    En realidad, lo que dice no me interesa más que por curiosidad. Si traicionó, o si no lo hizo, no me interesa. Si los reales traidores fueron los cabecillas que él acusa, tampoco me interesa. Si los Sendic, Zabalza, Marenales, Rosencoff, Fernández Huidobro, Mujica y Topolansky fueron ineptos, es cosa del pasado. Yo creo que siguen siendo ineptos ahora, y eso sí me preocupa porque algunos gobiernan.

    El problema es que este fantasma del pasado vino a desenmascarar una realidad del MLN: fueron unos improvisados que con mala intención quisieron hacerse del poder por las armas. Chau con el mito de la guerrilla heroica. De héroes no tuvieron nada.

    Tanto Amodio como sus cómplices terroristas tienen algo en común además de sus confusas ideologías: tienen un ego y una prepotencia casi infinitos. Creyeron, y siguen creyendo, que su forma de pensar está por encima de los ciudadanos comunes. Por eso atentaron contra la democracia sin siquiera cuestionarse si existía la posibilidad de estar equivocados.

    Mirando en perspectiva, resulta repugnante que ninguno de ellos (Amodio incluido) se sienta arrepentido de sus crímenes del pasado. Sus egos no los permiten reconocer sus vilezas.

    A los viejos del MLN lo que en realidad les asusta de Amodio, es que es igual a ellos. Amodio es un espejo en el que sus míseras y repugnantes vidas se reflejan en todo su esplendor.

    Aquellas vergonzantes realidades que los tupas pretendieron dejar atrás y tapar bajo un manto de propaganda y mentiras, reaparecen hoy radiantes en todo su nauseabundo esplendor. Por eso le temen a Amodio. Porque es una especie de retrato de Dorian Gray de lo que es el MLN.

    Juan C. Nogueira, Ph.D.

    Amodio Pérez (III)

    Sr. Director:

    Amodio y la inflación tupamara. Nuestra historia reciente es una compleja e intrincada madeja de lugares comunes, mentiras, medias verdades y mitos de toda clase, bastante difícil de desenredar. Sobre todo para quien quiere entender cómo fueron los hechos y se topa con una historieta que ni siquiera respeta la secuencia cronológica en la que se dieron. Quienes perdieron en el “campo de batalla”, por decirlo de alguna manera, triunfaron en las librerías. Impusieron una versión —su versión— deliberadamente distorsionada de los acontecimientos, a fin de construir una épica tupamara y, a partir de ella, conquistar el imaginario popular. Así lo hicieron y no les fue mal. El resultado está a la vista de todos.

    La reaparición de Amodio Pérez, un boomerang que nadie esperaba que algún día retornara a casa, nos conduce inevitablemente a debatir ese pasado que aún nos duele, pero también a intercambiar opiniones sobre el sentido y construcción de eso que denominamos “verdad histórica”. En el siglo XIX, Ranke proclamaba que la historia es “el relato de lo que realmente sucedió”. Sentado sobre una pila de documentos, se jactaba de haber alcanzado una verdad absoluta sobre el pasado. Nada ni nadie podía modificar lo que estaba escrito. Para él, allí estaba la verdad. Hoy sabemos que toda verdad es relativa y que la historia se construye en función de las preguntas que nos formulamos acerca del pasado, que nunca son las mismas, y de las pruebas a las que tenemos acceso, que tampoco son necesariamente las mismas. Aproximarnos al pasado, si nuestro interés es entender y aprender, exige —¡siempre!— una alta dosis de apertura intelectual y de humildad. Cosa que, entre los cultores de la mística tupamara, ciertamente, no abunda. Claro que ellos no quieren aprender sino enseñar (léase, adoctrinar). Por eso pueden darse esos lujos y hacer de la historia un collage surrealista.

    Desde su liberación hasta el día de hoy, los otrora guerrilleros pintaron su lucha armada como una “necesidad histórica”, su mesianismo autoritario como una “causa justa” y sus tropelías como “actos revolucionarios”. Con empeño digno de mejor causa, se dedicaron a tergiversar e invertir el orden de los acontecimientos, señalando que el MLN nació para enfrentar el golpe de Estado, que no tuvieron nada que ver con el ascenso militar y que siempre defendieron la democracia. ¡Hasta algunos llegaron a decir que la recuperamos gracias a ellos!

    Según su relato, su propósito era defender las instituciones del avance de los militares, con los que, se olvidan de decir, no todos tenían tan malas relaciones como ahora pretenden hacernos creer. Para eso, omiten señalar que su organización surgió a principios de los años 60, cuando el Uruguay estaba gobernado por un Colegiado de mayoría blanca y la posibilidad de un golpe de Estado solo estaba en sus cabezas y en la de algunos trasnochados varados en ambas puntas del arco político. También omiten recordar que, cuando finalmente cayeron las instituciones, en junio de 1973, ellos ya estaban presos, exiliados o escondidos por ahí. Ni una sola de sus balas fue disparada en dictadura; todas ellas fueron disparadas en democracia. Mala, buena, burguesa o como quieran llamarla, pero democracia al fin y al cabo. En la que se podía avanzar por la vía electoral, como les dijo el Che Guevara en la Universidad, y no le hicieron caso; o como intentaron las fuerzas de izquierda democrática a través del Fidel, la Unión Popular y luego del mismísimo Frente Amplio.

    Como bien explicó el historiador Gerardo Caetano hace un tiempo al semanario Búsqueda hay “una inflación cultural y política” del rol de los tupamaros en nuestra historia reciente, que, me animo a decir, no es inocente. Y que, como él señaló, “tiene más que ver con la lucha política que con evaluaciones históricas”.

    El retorno de Amodio Pérez impacta contra esta versión rankeana de los hechos impuesta por los tupas a lo largo de estos años. De la mano de la entrevista que le realizó el diario “El Observador” días atrás, y de su catarata epistolar, no solo empieza a tambalear el relato oficial sino también la credibilidad de sus constructores.

    El propio Amodio lo dijo. Ante la pregunta, ¿por qué reaparece ahora?, él respondió: “Para que se sepa la verdad y terminar con 40 años de mentiras”.

    No es casual que la reacción del oficialismo oscile entre el silencio y el ninguneo. Para Sendic Jr., se trata de “un pobre tipo”; para Zabalza, de “un personaje nefasto”; para Lucía Topolansky, de un “hombre muerto”; para Rosencof, de “un fantasma”; y para Fernández Huidobro, de un “chisme”.

    Amodio no tiene proyecto político, al menos aparentemente, pero sí un evidente deseo de trascendencia. Quiere limpiar su nombre. Sacarse el mote de “traidor” que pesa sobre él. Dejar una huella. Hacer historia. O, mejor dicho: rehacer la historia.

    Su nombre, irónicamente, sintetiza lo que genera entre nosotros ese pasado de sangre y fuego del que fue protagonista: amor y odio. Extremos de un Uruguay fracturado que espera saldar sus deudas con el pasado y al que, con mentiras y leyendas, seguimos alimentando a las nuevas generaciones.

    Es tiempo de decir la verdad, la que cada uno vivió y padeció, de reconocer los errores y horrores cometidos, de abjurar de una buena vez de los métodos empleados y no reivindicarlos como lo hacen cada 8 de octubre, de pedir disculpas por ellos y contribuir a la necesaria reconciliación nacional.

    La verdad os hará libres, dice la Biblia.

    ¡Amén!

    Gustavo Toledo

    CI 3.680.356-9

    Balneario Solís (Maldonado)

    El atentado contra la AMIA

    Sr. Director:

    Crimen sin castigo. Este 18 de julio de 2013 las víctimas del atentado contra la AMIA serán asesinadas otra vez. Sus familiares sentirán la gelidez invernal y padecerán la fría realidad del proceso de acuerdos entre Argentina e Irán, que han logrado borrar la remota ilusión de derrotar la falta de justicia.

    Cuando el año pasado, en el día más sagrado para el pueblo judío, el Día del Perdón (Iom Kipur), el canciller de Argentina y su par iraní anunciaban en Nueva York que habían llegado a un acuerdo para “investigar conjuntamente” el ataque a AMIA, comenzaba el proceso para matar nuevamente a las víctimas.

    Dicho proceso encontró otra fecha emblemática para profundizar la perversidad: el 27 de enero de 2013, Día Mundial de Recordación del Holocausto (fecha aprobada por Naciones Unidas), Irán y Argentina firmaban públicamente el “acuerdo”.

    Innumerables observadores se han hecho decenas de preguntas respecto al “acuerdo” y no han encontrado respuestas claras.

    Es propicio entonces exponer algunos hechos recientes:

    - Irán aún no envió al Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina la nota con la ratificación del acuerdo el 27 de enero pasado por la causa AMIA.

    - Los medios de difusión de Argentina señalan (y no han sido desmentidos) que el gobierno aceptó como “un moderado” al presidente electo de Irán, Hasan Rohani, quien asumirá en agosto. ¿Qué es “moderación” en un régimen teocrático que es condenado por violar los derechos humanos y donde la última palabra en todas las decisiones no la tiene el “presidente” sino el clérigo “líder supremo de la revolución”?

    - El columnista de “La Nación”, Martín Dinatale, en un artículo (3/7/13) sobre este tema, puntualiza tres hechos muy significativos: 1) La diplomacia iraní apuntó, aunque sin nombrarlo, al fiscal de la causa AMIA, Alberto Nisman, que emitió un dictamen en el que acusó a Irán de tender “una red de inteligencia para preparar atentados en América Latina”. El vocero de la Cancillería iraní consideró: “Agentes extranjeros y sionistas están detrás del atentado contra la AMIA”; 2) El 1/7 hubo claras señales contra Nisman desde la Casa Rosada: la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, le denegó la autorización al fiscal para viajar a Washington y dar una charla en el Congreso de los Estados Unidos sobre el resultado de su investigación; 3) A todo ello se suma el sugestivo silencio del gobierno ante los ataques de Irán hacia la figura de Nisman.

    - Como cierre de esta enumeración, cabe señalar que el comercio entre Irán y Argentina tuvo un cambio cuantitativo: en 2012 las exportaciones de la Argentina a Irán fueron de U$S 52:134.000, mientras que en el primer trimestre de este año fueron de U$S 76:407.000: un aumento mayor al 52%.

    En una democracia, los gobernantes se deben a todos, a quienes los votaron y a quienes son oposición. Cuando la mitad de un país le dice que no a sus gobernantes, éstos podrán ejercer con legitimidad jurídica el derecho de las mayorías, aunque ella sea muy pequeña. Pero, a la larga, también deberán responder por sus actos y decisiones al resto. Y eso sucede en Argentina donde se aprobó el “acuerdo” por una mayoría ínfima.

    El 18 de julio, los perpetradores y sus cómplices mirarán por televisión, gozando de su impunidad, los rostros de las familias de las víctimas que recordarán el atentado junto al edificio de AMIA. Verán dolor, lágrimas, rabia, impotencia.

    Y estarán satisfechos por estar cometiendo el crimen otra vez.

    Dr. Eduardo Kohn

    Las leyes uruguayas y los tratados internacionales

    Sr. Director:

    Me dirijo a usted con el propósito de hacer conocer, a través de ese prestigioso Semanario, una inquietud que se me ha despertado respecto a cómo pueden congeniarse las nuevas interpretaciones surgidas en nuestro país, con relación a la preeminencia de las normas contenidas en los tratados que ha celebrado el Estado uruguayo, respecto de las contenidas en las leyes sancionadas por nuestro Poder Legislativo.

    Hace poco tiempo, juristas nacionales y extranjeros, entre los que se encuentran algunos jueces y fiscales, criticando la decisión adoptada por nuestra Suprema Corte de Justicia, declarando la inconstitucionalidad de los Artículos 2 y 3 de la ley Nº 18.831 en los cuales se establecía la imprescriptibilidad de los delitos cometidos en aplicación del terrorismo de Estado hasta el 1º de marzo de 1985 y que los mismos son crímenes de lesa humanidad de conformidad con los tratados internacionales de los que la República es parte, se pronunciaron a favor de la preeminencia de las normas contenidas en los tratados, respecto de nuestras normas legales.

    No voy a pretender rebatir esa teoría aunque debo aclarar que no la comparto. Pero sí plantear un tema de coherencia interpretativa con referencia a las normas de la ley Nº 18.987 que despenalizan el aborto practicado en determinadas condiciones.

    Dicha ley dice, en su artículo 2: “(Despenalización).- La interrupción voluntaria del embarazo no será penalizada y en consecuencia no serán aplicables los artículos 325 y 325 bis del Código Penal, para el caso que la mujer cumpla con los requisitos que se establecen en los artículos siguientes y se realice durante las primeras doce semanas de gravidez”.

    Del texto de la ley surge claramente que no se derogó el delito de aborto sino que, a mi juicio, se estableció una nueva causa de justificación, como las que se establecen en el artículo 26 del Código Penal, por las cuales se les exime de responsabilidad a aquellas personas que cometan un delito, en determinadas circunstancias.

    Pero el problema interpretativo que creo se les debe presentar a quienes sostienen que las normas de los tratados tienen preeminencia sobre las contenidas en nuestras leyes, me surge al leer el texto de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, conocida como Pacto de San José de Costa Rica, la cual en su artículo 4, establece: “Derecho a la Vida. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general, a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente”.

    De acuerdo a la norma internacional, el derecho a la vida debe ser protegido a partir del momento de la concepción, por lo cual el texto del artículo 2 de nuestra ley Nº 18.987 contradice claramente lo acordado por nuestro país al adherir al Pacto de San José de Costa Rica. En consecuencia, si son coherentes con la posición que han adoptado esos jueces y fiscales —la preeminencia de los pactos sobre la legislación interna— deberían sostener la inaplicabilidad de las normas de la ley Nº 18.987 que eximen de pena a las mujeres que interrumpan sus embarazos durante las primeras doce semanas del inicio de la concepción.

    Si quieren aplicar su teoría en el terreno de la práctica, a mi entender, en todos los casos jueces y fiscales deberían perseguir de oficio la comisión del delito de aborto que como surge del nuevo legal se mantiene vigente para los casos de mujeres que interrumpan sus embarazos de manera diferente a la que prescribe la ley recientemente sancionada, ya que la misma contradice las normas sobre protección del Derecho a la Vida a partir del momento de la concepción, que prevé el artículo 4 del Pacto de San José de Costa Rica.

    Sr. Director: espero que esta carta, cuya publicación le solicito, sirva para que quienes tenemos alguna formación en materia de Derecho nos pongamos a pensar en que las interpretaciones de las normas jurídicas se deben hacer con abstracción de si perjudican o favorecen a quienes queremos defender, porque la esencia del Derecho está basada en los principios de igualdad de la ley e igualdad ante la ley y no sobre si nos gusta o no la persona a la que se le aplica el Derecho.

    Quienes han cuestionado a la Suprema Corte de Justicia por fallos que no les gustaron, usando nuevas interpretaciones del Derecho Positivo Internacional y Nacional, tienen ahora el desafío de justificar o no la preeminencia de las normas de un tratado internacional vigente con anterioridad a la sanción de la ley de despenalización del embarazo recientemente sancionada, pero teniendo en cuenta que si lo hacen, en este caso, deberán perseguir penalmente a todas las mujeres que decidieron abortar, acogiéndose al eximente de responsabilidad establecido en la ley Nº 18.987.

    Dr. Jorge Trigo Martínez

    CI 947.079-1

    Pando (Canelones)

    Artigas y Argentina (I)

    Sr. Director:

    Artigas, Cristina y el Papa. Comentar los penosos dichos de la presidenta Fernández sobre Artigas sería llover sobre mojado, ya que ha sido largamente puesta en evidencia por muchos de nuestros historiadores.

    Pero resulta preocupante el giro que puedan tomar los acontecimientos: la presidenta refiere a la voluntad de Artigas de ser “argentino” y trae a colación un testamento… ¡ológrafo! Del cual solo conocemos el encabezado (“Yo, Gervasio Artigas, argentino…”). Tiemblo de solo pensar en lo que siga. Y arriesgo a vaticinar que van a encontrar alguna vieja herencia yacente o un supuesto origen francés, porque parece que es hora de reivindicar a los federalistas y no van a aceptar así nomás que el más preclaro y relevante fue uru… perdón, oriental.

    Pero no importa. Vamos a abrir una investigación que va a terminar demostrando palmariamente que el papa Francisco es en realidad nieto del coronel Escayola, muy probablemente nacido en Valle Edén y dado en adopción a la familia Bergoglio.

    Andrés Pfeiff Folle

    CI 1.147.555-3

    Artigas y Argentina (II)

    Sr. Director:

    La polémica surgida en la prensa y especialmente en las redes sociales como consecuencia de los dichos de la presidenta argentina sobre la nacionalidad de Artigas debe cerrarse despues de la publicación, en esta sección de Búsqueda, el 11 de julio pasado, de la carta enviada por el Prof. José Buslón Soto.

    Allí, con citas de documentos históricos contundentes, con una clara síntesis de los hechos y un objetivismo propio de un investigador, se establece claramente la verdad histórica, muy distinta a la que nos enseñaron en primaria y secundaria y creo la siguen enseñando actualmente.

    Está claro que esta Banda Oriental, luego Provincia Oriental, fue española hasta el 9 de julio de 1816; argentina (del griego argentina = platense) hasta el 4 de octubre de 1828 (con un período de 1817 a 1825 de dominación luso-brasilera).

    Pero el Prof. Buslón va mas allá y pone en su lugar el alcance de la Asamblea de la Florida del 25 de agosto de 1825, que se recuerda como Declaratoria de la Independencia, cuando como consecuencia de ello, la provincia se separó de Brasil y se incorporó a la unitaria República Argentina presidida en ese momento por Bernardino Rivadavia.

    El tema es muy importante en estos días en que se conmemora un nuevo aniversario del 18 de julio de 1830, la verdadera Fiesta Nacional del Uruguay cuando, al entrar en vigencia la Constitución, surgió como una nación independiente, culminación de las negociaciones entre el Reino Unido, el Imperio del Brasil y la República Argentina que crearon el Uruguay, previa Convención Preliminar de Paz de 1828, el Gobierno Provisorio y la Asamblea Constituyente. Artigas hacía 10 años que no estaba en este territorio y se negó a regresar.

    Los principios artiguistas de Independencia, República y Federalismo quedaron por el camino para su provincia y parcialmente fueron incorporados a la Constitución argentina de 1853.

    Miguel Angel Estévez

    CI 1.043.766-1

    Artigas y Argentina (III)

    Sr. Director:

    ¡Qué tupé! Hemos asistido en estos últimos días a un nuevo exabrupto de la presidenta de todos los argentinos, la ilustrísima Sra. (aclaro, no Dra.) Cristina Fernández de Kirchner, también conocida como CFK, como les gusta denominarla a nuestros vecinos, y cada vez menos hermanos, políticamente hablando, argentinos.

    Esta Sra. parece disponer de información histórica desconocida para el resto de la humanidad, de la cual surge que todos los uruguayos hemos creído una enorme mentira durante toda nuestra vida, pues nuestro Prócer, Artigas, hete aquí que quería ser argentino, o mejor dicho, porteño, pues era allí donde residía el poder por ese entonces, tal como sucede ahora. Dicho de otra forma: según esta nueva interpretación de los hechos históricos, la lucha que mantuvo Artigas contra el poder centralizador de Buenos Aires, queriendo formar una Liga o Federación de las Provincias Unidas, integrando a la Banda Oriental a varias provincias bajo un régimen federativo y no unitario, cosa que le valió que el poder porteño pusiera precio a su cabeza, fue solo una pantalla porque Artigas quería pertenecer al poder enemigo. Creo que después de estas palabras reveladoras de la Sra. de enfrente, los psicólogos de nuestro país tienen trabajo asegurado para ayudarnos  a encontrar nuestra identidad perdida. O debería decir extraviada, porque este tema deriva de un extravío.

    Pero la naturaleza de las aseveraciones de esta dama ya no nos debería sorprender, pues tiene una capacidad única para retorcer los hechos y sus interpretaciones.

    Lo que sí no me deja de sorprender es nuestra pasividad, la falta de respuesta, la inacción.

    Y no estoy hablando de respuestas individuales o de la indignación del uruguayo común. En estos casos, es el país como tal el que debe salir al cruce de dislates como el de marras. ¿Quién representa a los uruguayos comunes?  Nada menos que el gobierno. Pero ya sabemos que éste  tiene compromisos con la Cristina, cuya contraparte, dicho sea de paso, no es evidente, por lo menos para quien suscribe. Poco podemos esperar de este gobierno en cuanto a defensa de nuestra soberanía y de nuestra identidad como uruguayos, cuando ha dado signos claros de timidez frente a nuestros vecinos en varias oportunidades.

    Si las autoridades competentes en estos temas de soberanía nacional no salen al cruce de declaraciones que podríamos calificar como difamatorias, ¿quién debe hacerlo? ¿Quién puede ayudarnos?

    Lo único que nos queda es clamar por el Chapulín Colorado, si es que éste no resulta ser argentino también.

    Dr. Ciro Alonso Jaumandreu

    CI 1.168.810-4