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Sr. Director:
El igualitarismo mediocre, la brillante desigualdad. Un gobierno que apueste a la felicidad de su sociedad y de las personas que la componen, debe preocuparse fundamentalmente de dos objetivos: a) el objetivo social: procurar que todos los habitantes tengan acceso a condiciones que les permitan desarrollar una vida digna (fundamentalmente en vivienda, salud, educación y alimentación); y b) el objetivo desarrollo: simultáneamente apuntar a políticas que permitan el destaque en determinadas materias (a partir de la investigación científica, de la innovación tecnológica, del desarrollo industrial, de la prestación de servicios de primer nivel, etc.).
Esto es, el arte de gobernar —difícil, intrincado, sujeto a presiones internas e internacionales— debe procurar el logro de ambos objetivos en forma simultánea (y no alternativa y/o sucesivamente).
En otras palabras: una acción gubernamental que privilegie el objetivo social en completo desmedro del objetivo desarrollo, será una acción que traerá pan para hoy y hambre para mañana, pues si no se consigue que la sociedad pueda prosperar mediante el desarrollo, no se podrá seguir apuntando al objetivo social en el futuro, por falta de recursos para ello. Por el contrario, un comportamiento de gobierno que intente desarrollar sólidamente a la sociedad pero se olvide del mínimo de condiciones de dignidad que sus integrantes deben tener en el presente, será un comportamiento que aparejará imposibilidades de vida bajo línea de pobreza, miseria y delincuencia instaladas, aunque en el futuro logre el objetivo desarrollista.
Este gobierno que preside José Mujica nos ha venido proponiendo —aunque con prácticas parcialmente equivocadas— conductas que intentan el objetivo social, pero no se visualiza que haya puesto gran énfasis en el desarrollo, a punto tal que puede decirse que persigue políticas sociales absolutamente contrarias al desarrollo.
Apoyado en una pretensión igualitaria utópica e inservible, el gobierno pretende que la educación sea el ras que nos iguale completamente, lo que no sería objetable si no fuera porque el ras lo pasa siempre hacia abajo y nunca hacia arriba. Esto es: en la medida que todos estudiamos pero no todos tenemos las mismas capacidades intelectuales ni los mismos orígenes para comprender las enseñanzas impartidas, lo que reiteradamente se propone y se aplica es el descenso de la calidad educativa para que lo enseñado sea comprendido por todos (sin ir más allá) aunque —naturalmente— obviando contenidos a los que solo podrían acceder aquellos más capacitados que otros.
¿Esto es bueno o es malo en términos de desarrollos individuales y colectivos? Es pésimo, primero porque censura la enseñanza impidiendo que algunos puedan aprender más que otros; y segundo porque censura el desarrollo dado que sin mentes de punta debidamente educadas, el objetivo desarrollo no podrá lograrse.
¿Cuál es el resultado? Una sociedad necesariamente achanchada, sin luces, sin destaque, sin desarrollo sostenible.
¿Vale la pena sacrificar el valor desarrollo por el valor igualdad? No, no lo vale porque, por premisa, no hay igualdad de hecho, dado que todos los hombres somos desiguales por definición. Algunos tenemos más luces, otros tenemos menos, algunos somos muy tenaces, otros no lo somos o no lo somos tanto, otros tenemos problemas físicos, otros no los tenemos, algunos tenemos historias familiares complejas, otros no, y muchos miles de etcéteras.
En suma: con esta política obtendremos en unos años una sociedad de menor desarrollo y cuando ello suceda, también tendremos un Estado menos recaudador y por ende, menos apto para atender a las condiciones de vida digna de sus habitantes con menos chances.
¿Existen las sociedades igualitarias en el mundo? No, no las hay, nunca las hubo y es imposible que las haya en el futuro. Siempre ha habido jerarquías superiores, intermedias e inferiores, atendiendo a sus elementos económicos, sociales, educativos, etc.
Como todas las cuestiones en la vida, en ésta también debe optarse por una línea de equilibrio centrista (que necesariamente debe descartar posturas izquierdistas radicales de igualitarismo utópico y posturas derechistas radicales de exclusivo desarrollo) en mérito a la cual debe atenderse al objetivo social, jamás descuidarlo, redistribuyendo riqueza en términos de razonabilidad; y exigiendo y controlando al asistido su contraparte de cumplimiento; y jamás olvidar el objetivo desarrollo, sin el cual la sociedad no puede crecer y para el cual se requiere sí o sí de una enseñanza no auto-censurada y liberada al público al más alto nivel posible según el espacio y el tiempo de que se trate.
Recordemos que nuestra Constitución consigna que todos los habitantes son iguales ante la ley no distinguiéndose entre ellos más diferencias que las de sus talentos y virtudes. Por tanto, poseer talentos y/o virtudes —como necesario factor de desigualdad entre las personas— es parte misma de la naturaleza del ser humano; no es de derecha ni de izquierda, es de humano nada más. Pero esos talentos y virtudes deben ser necesariamente potenciados por el sistema educativo para que podamos desarrollarnos no solo como sociedad sino cada uno de los educandos como principal objetivo vital.
Por eso lo del título: no debe apuntarse a un igualitarismo que solo apareja mediocridad y por ende estancamiento, sino debe pretenderse que cada ser humano pueda generar una desigualdad que resulte brillante y próspera para muchos.
Monty Fain Ajdelman
CI 1.534.874-6
Sr. Director:
Aborto legalizado. El 16 de julio, las autoridades del Ministerio de Salud Pública dieron a conocer el número de los uruguayos cuyas vidas se vieron segadas en esta guerra silenciosa y “legal” que se puso en marcha contra los orientales hace seis meses. Se manifiestan “orgullosos” porque han ocurrido 2.500 abortos en ese plazo, en su mayoría de mujeres que no pertenecerían a las grupos socio económicos más débiles (queda a quienes interpretan analizar este dato sociológico). Hacen notar que un 10% de las que consultaron habrían desistido, pese a las facilidades que les brinda el Estado, gracias a los medios económicos que todos los uruguayos vertimos regularmente a través de impuestos (no siempre bien calculados y sin embargo retenidos “por las dudas”). Nada se dice de las mujeres que acudieron antes del arbitrario plazo fijado por la ley y que por la burocracia (en parte) y por la inefectividad de las drogas administradas (por otra), no vieron interrumpida su gravidez y debieron afrontar las consecuencias del desamparo en que a partir del momento las dejó el sistema. Nada dice sobre el número de casos en que se requirieron solo fármacos o cuándo fue preciso, además, hacer uso de métodos quirúrgicos; tampoco sobre las complicaciones (¿o será que, milagrosamente, no hubo ninguna?). Por supuesto que no pretendemos que nos aclaren las repercusiones psicoemocionales de las que pasaron por el aborto, ya que para eso es preciso “sedimentar” las emociones y dejar que el tiempo obre su balsámica acción. No obstante, dicen estas autoridades que hablan desde la palestra de su soberbia, sirviéndose del poder de su convocatoria y subestimando la inteligencia del pueblo, se registra un incremento de la natalidad (¡qué precocidad de diagnóstico!, ¡qué sutileza estadística para detectar tendencias que se aprecian en lustros o decenios!). O sea, deberíamos pensar (nos ayudan a seguir “razonando” por si nos faltan luces para hacerlo solos) que el recurso de marras no se ha utilizado como método anticonceptivo (¿o será que se lo ha adoptado cuando fallan tales procedimientos?).
Por supuesto que estas cifras son atroces, ya que implica que el Estado, que “debería velar por la seguridad, la salud y la vida de la población”, suprime un oriental cada dos horas: una verdadera “máquina de la muerte”.
Para colmo, apoyándose supuestamente (porque nada se nos ha comunicado por las vías adecuadas), el Ministerio se arroga el derecho a establecer un “interrogatorio” para que cada médico (a quien se enseñó desde el comienzo de sus estudios la máxima hipocrática “primum non nocere”) explicite cuáles son las razones que le dicta su conciencia para no verse involucrado en esa masacre, y todavía invoca el apoyo del Colegio Médico (del que todos formamos parte, pero que aparece convertido como un colaborador del órgano oficial). ¿Es que será posible “dar una explicación” para actuar como se debe, de acuerdo a lo que surge de lo más íntimo de nuestra personalidad, la conciencia? ¿Es preciso justificar por qué se actúa como se debe, ya sea en base a principios morales (“el imperativo categórico” por ejemplo) o religiosos (hindúes, mahometanos, judíos, cristianos, etc). A mi modesto juicio no, y creo que ya lo dijo el buen Blas Pascal: “el corazón (que es una metáfora históricamente representativa de ese “núcleo duro” de nuestra individualidad) tiene razones que la razón no conoce”.
Me permito hacer estas apreciaciones porque me siento vulnerado en mis derechos de médico, pero, más aún, de algo que comparto con todos mis congéneres, los de ser humano. Y me pregunto con Vaz Ferreira: “¿cuál es el signo moral de la inquietud humana?”, o, para hacerlo más simple, ¿qué persigue esta encarnizada (nunca fue más expresivo el adjetivo) acción por lograr sus objetivos, ¿útiles a quién?
Dr. Ricardo Pou Ferrari
CI 1.475.313-8
Médico Ginecotocólogo
Sr. Director:
“J’àccuse” (Yo acuso). Recordando la magistral arenga que publicara Emile Zola denunciando la injusticia perpetrada contra el coronel Dreyfuss por parte del Alto Mando del Ejército de Francia, viene al caso la injusta e incomprensible dualidad de criterios que ha evidenciado y evidencia la actual conducción del Directorio de la Caja de Jubilaciones y Pensiones de Profesionales Universitarios. En efecto, mientras ha anunciado su propósito de recortar las pasividades, de eliminar la compensación legal por gastos de salud así como la compensación especial de fin de año y otros beneficios (ver en Internet las actas del 6 de junio de 2012 y 12 de junio de 2013, referidas a las comparecencias del Directorio ante la Comisión de Seguridad Social de la Cámara de Representantes) se ha precipitado a un verdadero dispendio de enorme volumen que no se compadecía ni se compadece con la inhumana amenaza de rebajar las pasividades. Por consignar algunos que resultan significativamente incomprensibles, cabe destacar la contratación de un gerente general cuya remuneración mensual actual excede los $ 350.000 (la cual supera notoriamente la del propio señor presidente de la República), la contratación de numerosos auditores externos que han percibido y perciben miles y miles de dólares y la adquisición de bonos a fideicomisos (Casmu, Asociación Española e Intendencia Municipal de Canelones) que importan más de un millón de dólares en su conjunto. Esas erogaciones de enorme cuantía no condicen con aquel propósito de infundir temor a los pasivos mediante el anunciado recorte de las pasividades y desconociendo que, ante todo, los auténticos depositarios y destinatarios son ellos, para quienes ha sido creada la Caja. Por ello es que estimamos que la amenaza frecuentemente divulgada es injusta e inhumana al conspirar contra los derechos adquiridos y generados durante su esforzada labor vital. Y, ante ello, nos rebelamos y nos rebelaremos para toda la vida.
Dr. Felipe Brussoni
Vicepresidente 1º de la Asociación de Afiliados
a la Caja de Jubilaciones y Pensiones
de Profesionales Universitarios
Sr. Director:
En la edición pasada de Búsqueda realicé declaraciones referidas al servicio histórico-cultural que integro, “Tren a Vapor a Peñarol”.
Quiero reafirmar que mantengo lo sustancial de mis dichos. Por un lado, el desacierto de la Intendencia de Montevideo, cofundadora con Asociación Uruguaya Amigos del Riel de “Tren a Vapor a Peñarol”, al no querer financiar más los seis guías que por viaje se necesitan ($ 3.600). El director Luís Polakof expresa que nosotros deseamos hacer más viajes de los previstos; no es así, no incrementamos nada.
Por otra parte, AFE ha puesto al único tren histórico que existe en el Uruguay (y una región que incluye Buenos Aires y Porto Alegre) infinitos escollos que comienzan mucho antes que “Tren a Vapor a Peñarol” y que lo trascienden. El más importante en este momento es que, por cada viaje, nos cobra por el uso de la vía tratándonos como un tren comercial y no como un tren patrimonial como lo es y que jurídicamente y en los hechos no tiene fines de lucro. Pagamos un precio por kilómetro mayor que los transportes de combustibles, arroz, portland, empresas todas con fines de lucro.
De las duras e inconclusas negociaciones con la actual administración de AFE, rescato a la persona del presidente Jorge Setelich, quien mantuvo una posición más abierta, de tender puentes. Sobre los funcionarios del ente me satisface mencionar que con su inmensa mayoría tenemos un trato correcto y en muchos casos fraterno. Vaya nuestro agradecimiento y reconocimiento y disculpas si en mis declaraciones de la semana pasada alguien se sintió tocado de forma negativa. Pero que quede claro en todos los órdenes y a la opinión pública en general: su actual secretario general, Ing. Washington Viera, y el funcionario (ex dirigente sindical, ex vicepresidente de AFE) Juan Silveira, son los responsables y artífices de haber generado opiniones y hechos nefastos, embaucando a muchos directores que pasaron durante años con la finalidad de hacer desaparecer nuestra institución patrimonial ferroviaria.
Sr. Director, solicito disculpas si me excedí en la cantidad de espacio y agradezco que acceda a publicar estas líneas que incorporan precisiones a mis dichos publicados en la edición de Búsqueda la semana anterior.
Rodolfo Manuel Fontela Alonso
Sr. Director:
En la edición de la semana pasada de Búsqueda, el Sr. Rodolfo Fontela de los Amigos del Riel expresa que está en riesgo el viaje que se realiza frecuentemente con tren tirado por locomotora a vapor a Estación Peñarol.
Junto con mi hijo y una amiga participé en uno de las corridas de vacaciones de julio.
Quiero transmitir que es una experiencia única, distinta, muy familiar, donde te tratan bien y te sumergen en la historia de los trenes y del barrio ferroviario Peñarol.
Nunca había viajado en tren; tampoco mi hijo. Apenas conocíamos el barrio. Si se clausura este paseo, muchos miles de uruguayos y de turistas se van a perder la oportunidad; una pena, porque no solo debería continuar sino mejorar.
Espero que quienes tengan la responsabilidad de decidir esta situación se den cuenta a través de mi testimonio que ese paseo vale la pena mantenerlo.
Gracias por publicar esto y a quienes recrean la historia les hago llegar mi respaldo.
Virginia Farías
CI 4.440.872-7
Sr. Director:
Vivo próxima al barrio Peñarol; tengo 53 años.
Llegué a ver trenes a vapor y la salida de los talleres llenos de obreros previos al sonido del actualmente desaparecido silbato. Dicen que en 1910 ya trabajaban 2.000 personas en esa gran fábrica. Hoy es un lugar fantasmal, tanto los propios talleres como varias de las construcciones de este lugar que los ingleses del ferrocarril construyeron creando un pueblo ferroviario.
En el año 2009, la Intendencia de Montevideo transformó un baldío de una manzana en una hermosa plaza y reconstruyó todo el edificio de la Estación de Trenes, instalando un Museo. Por primera vez vi y toqué un telégrafo y conocí sobre los orígenes de este lugar donde nací. Me compré un hermoso libro, “Barrio Peñarol Patrimonio Industrial Ferroviario”, con texto e imágenes que ilustran la historia.
La semana pasada leí en Búsqueda que el tren a vapor que regularmente trae visitantes a este sitio desconocido, pero cargado de patrimonio, está por desaparecer. Entendía que ese tren formaba parte de la misma política que la plaza, que el libro, que el museo, una lenta y gradual tendencia a la revitalización del barrio, como las iniciadas e inconclusas obras del teatro.
Permítame manifestar que la supresión de ese tren significaría una pérdida, pues gracias a él podemos rememorar el pasado de donde venimos, lo que fuimos, nuestra identidad. También quienes nos visitan, adultos y niños nos conocen, por tanto existimos ya no solo nosotros mismos sino para otros.
Solicito que las autoridades y las organizaciones de quienes depende ese tren histórico no lo clausuren, lo mantengan.
Por último, también solicito que la Intendencia y el Municipio G, en la medida de sus posibilidades, retome las obras de recuperación del teatro y cine del Artesano. Hace tres años que está colgado el cartel de obra y mucho que ya nadie trabaja en ese lugar.
Agradezco si estas líneas pueden ser publicadas como testimonio de una vecina de este lugar.
Maria Z. Pereyra
CI 1.644.924-8