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    Conclusiones de las últimas cinco eleciones

    Sr. Director:

    El año que inicia dará definitivamente comienzo a la precampaña electoral de cara a las próximas elecciones internas y nacionales. Las especulaciones sobre candidaturas, encuestas, definiciones en los partidos y demás condimentos propios de este escenario se irán procesando lenta e inexorablemente en los cenáculos políticos y en la opinión pública. Habrán de abundar por tanto los análisis de cientistas políticos, comunicadores sociales, encuestadores y demás entendidos en los complejos y dinámicos procesos de esta naturaleza, a lo que se suma lógicamente la acción de los propios actores involucrados. Puesto que no pertenezco a ninguna de estas categorías, mi reflexión procura aportar una mirada desde el “mercado electoral”, concebido como el conjunto de ciudadanos que deberemos “consumir” alguna de las opciones que se nos ofrezcan. Por cierto, se esté o no de acuerdo con mis apreciaciones, este tipo de enfoque lo llevan a cabo todos los partidos/candidatos con sus equipos de planificación. Dan forma a los mensajes y metamensajes, posicionamientos, acciones, formatos comunicacionales e ideas, todo lo cual conforma las estrategias y planes de acción del tan denostado marketing político, generalmente confundido con ingeniosos jingles o artimañas publicitarias. En primer término y rigor, cabe precisar que hablar en cualquier análisis de marketing de “el mercado”, es una generalidad que no permite establecer un enfoque competitivo certero. La realidad indica que lo que existen son segmentos de consumidores con características y expectativas relativamente similares frente a las propuestas que ofrecen los proveedores, en este caso los partidos/candidatos, a sus potenciales electores. Volveremos sobre el valor de la segmentación más adelante. Comencemos por analizar los resultados de las últimas cinco elecciones nacionales en primera vuelta:

    Se observa que el Frente Amplio entre las elecciones de 1994 y 2004 gana 20 puntos y el Partido Colorado pierde igual porcentaje en el mismo período, mientras que el Partido Nacional se mantiene relativamente estable. Estos 20 puntos representan aproximadamente 450.000 votos, los que en términos absolutos el Frente Amplio retiene en las elecciones de 2009 y 2014. Mirado desde el otro lado y con una óptica Frente Amplio vs. partidos tradicionales, puede concluirse que el 80% del electorado es fiel a alguno de estos “bloques” y nada permitiría concluir que este panorama cambie apreciablemente. Es también estable la suma de votos anulados y en blanco más las otras opciones partidarias, con un leve aumento de estas últimas en la elección pasada; Partido Independiente + Unidad Popular + Partido de los Trabajadores + Partido Ecologista cosecharon el 5,1% (121.300 votos). En definitiva, retomando el concepto de segmentación, un primer criterio indica que el foco de las estrategias debiera concentrarse en principio en este 20%. El resto ya está definido, por lo cual las propuestas altamente “ideologizadas” y partidistas, juegan en las internas de las fuerzas políticas, no tanto en el resultado final de la elección (hasta probablemente lo hagan en contra), aunque generalmente son las que hacen más “ruido” por efecto de la confrontación mediática. Una lectura apresurada de las cifras podría llevar a concluir que el Partido Colorado, y por ende el bloque tradicional, perdió el “voto batllista” en manos de Frente Amplio y que, para recuperarlos, bastaría volver a seducirlos “retornando a las raíces”, especialmente en la colectividad colorada y/o en una propuesta de “espacio socialdemócrata”, como propone el Dr. Mieres. Analicemos entonces cómo ha variado la composición del voto en el Frente Amplio, agrupando las fracciones partidarias en tres sectores que denomino arbitrariamente, a los efectos del análisis: sectores de izquierda tradicional: MPP, PCU, Lista 609, otros; sectores de centro izquierda: los integrantes del actual FLS; AU, NE, AP(Nin), otros; sectores intermedios: PS, Vertiente, otros.

    Lo que muestran los números es un importante y sostenido descenso de las opciones de centro izquierda, así como una caída similar, aunque menos pronunciada, de los sectores intermedios, ambos en favor de los sectores de izquierda más dura, en especial el MPP. Por tanto, la migración original del “voto batllista”, que supuestamente debiera haber apuntalado las opciones de centro izquierda, no ha consolidado este efecto. Obviamente entre quienes migraron inicialmente al Frente Amplio, algunos han fallecido y otros, aun entrando por la “puerta” de Asamblea Uruguay, han ido tomando otras opciones en la propia interna. Adicionalmente se van incorporando nuevos votantes que no tienen tradición político partidaria previa, excepto lo que pudiere haberles influido el núcleo social y familiar cercano. En consecuencia, el partido/candidato que quiera analizar el segmento de probables votantes afines a optar por uno u otro bloque (el Frente Amplio para retener, la oposición para ganar el gobierno), deberá identificar, afinar y subsegmentar mucho más a fondo este grupo objetivo en el que seguramente “hay de todo”, así como indagar el perfil de los nuevos votantes en 2019. El análisis seguramente será bastante más complejo de lo que parece a priori, pero del conocimiento de las expectativas de estos electores y las consiguientes propuestas de los actores políticos hacia ellos dependerá en gran parte el resultado de la próxima elección. No creo oportuno aventurar tipologías de este variopinto segmento del electorado sin estudios serios, pero no puedo resistirme a señalar lo que entiendo pueden ser algunas de sus características actitudinales básicas, por lo demás bastante conocidas:

    Son personas con bajo nivel de politización, ya sea por razones culturales, etarias u otras.

    Tienen un nivel “inmediatista” de percepción de su situación personal, por lo que naturalmente el estado en que se encuentre el país desde el punto de vista económicosocial al momento de la elección, particularmente en las variables de mayor sensibilidad: empleo, salario e inflación, será de alto impacto. Aclaro que no incluyo explícitamente temas como la seguridad y educación como determinantes del voto en este grupo (y creo que probablemente en ninguno).

    El factor emocional tiende a prevalecer sobre el racional. Esto implica básicamente dos dimensiones por la que toman opción: la negativa; cuando priman sentimientos de frustración, enojo, decepción, miedo, etc. y la positiva; receptiva a propuestas que motiven, entusiasmen y den sentido de pertenencia, con visión de futuro promisorio personal y colectivo. En el balance de estas dimensiones radica en gran parte la toma de decisiones. Con una precisión; el solo “desencanto” o “frustración” no implica necesariamente el cambio de opción electoral, como ya ha sido demostrado.

    Es un grupo social probablemente más receptivo a los líderes de opinión “no tradicionales” y a la influencia de las redes sociales que el resto.

    Ing. Gabriel Vitar

    CI 1.557.573-1