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    Derrumbe de un faro moral

    Nº 2112 - 24 de Febrero al 2 de Marzo de 2021

    Mucha gente, debido a la actividad que desarrolló durante medio siglo, había tomado al periodista argentino Horacio Verbitsky como un símbolo en la defensa de los derechos humanos y la libertad de expresión. Su trayectoria se inicia en los años 70 cuando integró el grupo guerrillero Montoneros. Más tarde se dedicó al periodismo y escribió en diarios y semanarios y produjo libros de éxito. Desde 1999, integra la directiva de la división latinoamericana de la ONG humanitaria Humans Right Watch y desde el 2000 preside en Argentina el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).

    A lo largo de esas décadas dictó conferencias en organizaciones privadas y educativas y se proyectó al exterior, especialmente mientras el gobierno en varios países de la región estuvo en manos de los autodenominados gobiernos socialistas del siglo XXI. En Uruguay lo hizo la última vez en 2013, invitado para dictar una “conferencia magistral” dentro del marco de una semana recordatoria de los 30 años del golpe de Estado. También participaron la entonces intendenta de Montevideo, Ana Olivera, el entonces rector de la Universidad de la República, Rodrigo Arocena, el presidente del PIT-CNT, Fernando Pereira, y quien ocupaba el cargo de decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Álvaro Rico.

    Con ese palmarés los partidos de izquierda y las organizaciones sociales vinculadas a la defensa de los derechos humanos consideraban a Verbitsky como un faro que alumbraba los principios morales de la sociedad. Cuando se abandonan esos principios para obtener un beneficio personal privilegiado se termina la bonanza y al final del camino siempre está el abismo. Le bastó una sola acción —voluntaria, corrupta, egoísta y antiética— para tirar por la borda su trayectoria, y en la última etapa de su vida, a los 79 años, pasó a ser cuestionado y denostado. En el mejor de los casos quienes nada dijeron le dan la espalda.

    Todo comenzó el jueves 18 cuando se comunicó en secreto con (“mi amigo”) el ministro de Salud Pública Ginés González García para gestionar inocularse la primera dosis de la vacuna Sputnik contra el Covid-19. Lo concretó clandestinamente el viernes 19 como resultado de la gestión ministerial que, se supo luego, procedió igual con políticos, sindicalistas y sus familiares, todos vinculados al gobierno.

    Verbitsky había expresado en reiteradas ocasiones que esperaría para vacunarse cuando la campaña estuviera más avanzada.

    “Dije que quería esperar, pero al final ayer me vacuné”, contó el viernes 19 en el programa Habrá consecuencias de la Radio FM El Destape. Explicó que lo decidió debido a enfermedades en su familia: “Se contagiaron de todas las edades y sexos. Hombres, mujeres. Alarmado ante el noveno contagio en mi familia, que abarcó desde septuagenarios hasta bebés de un año, y con una víctima fatal, lo cual fue muy dramático y tuvo un gran impacto en toda la familia. Por otro lado, un hijo mío, que es biólogo molecular, me dijo que los efectos secundarios posibles son un riesgo menor en relación al riesgo que es contraer la enfermedad”, narró, y reveló que había gestionado la vacunación a través del ministro González García. Aclaró que lo explicaba públicamente porque “quería rendir cuentas de que cambié de opinión y que estoy contento de haberlo hecho”.

    El tono pausado de su confesión se convirtió rápidamente en un estruendo político. Cuando le informaron al presidente Alberto Fernández de inmediato le pidió al ministro su renuncia: “Le exigí la renuncia con dolor. Ginés (González García) era un gran ministro. Y además lo quiero. Pero lo que hizo es imperdonable. La política es ética, tenemos que terminar con este tipo de prácticas, con la cultura argentina de la viveza, la picardía, el manejo de las influencias”. Un iluso. En Argentina la corrupción y el amiguismo son desde hace décadas una pandemia crónica y para la cual no hay vacunas porque los contagios surgen en forma permanente de los gobernantes y los sindicalistas.

    Para cubrir la irregularidad el Sistema Integrado de Información Sanitaria registró a Verbitsky entre el personal estratégico para recibir la vacuna. Según las normas ese personal está integrado por “toda persona que desarrolle funciones de gestión y/o conducción y funciones estratégicas necesarias para adecuado funcionamiento del Estado, así como las personas pertenecientes con riesgo de infección o transmisión”. Dentro de ese ítem consideran a “las fuerzas de seguridad y fuerzas armadas, al personal docente y no docentes de todos los niveles, a funcionarios del Estado y al personal del servicio penitenciario”. ¿¡Qué función estratégica tenía Verbitsky!?

    Roberto Navarro, propietario de la Radio El Destape, anunció que lo despidió como columnista porque considera “una inmoralidad que con 50.000 muertos haya vacunados VIP. Es inmoral quien lo autorizó y quien se vacunó”.

    Sin pedirle su renuncia como presidente el CELS manifestó su desaprobación: “Recibimos la noticia de que el presidente de nuestra organización fue vacunado por fuera del sistema establecido, a través de una cadena de favores y a título personal, mientras estábamos intentando, como todo el mundo, conseguir un turno para las personas mayores de nuestras familias”, plantearon en un comunicado. Apenas chas chas en la cola.

    Para el director ejecutivo para las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, los casos ocurridos en Argentina y Perú con vacunaciones irregulares son un escándalo. “Según principios de DD.HH., el orden de acceso a la vacuna debe ser trasparente y basarse en criterios de salud pública, no en afinidades ideológicas o cargos de gobierno”, dijo. No cuestionó directamente a Verbitsky, su compañero de directiva.

    El más duro fue Jorge Lanata en su columna de Telenoche de Canal 13. Sostuvo que lo ocurrido forma parte de la mentalidad corrupta de muchos gobernantes, y remarcó: “Yo trabajé con Verbitsky (en el diario Página 12, que él fundó) y lo conozco hace más de 30 años. Verbitsky nunca pensó como un periodista, él piensa como un político. Esas extensas notas que actualmente hace en su página web (El cohete a la luna) no son más que una versión remixada (remezclada) de lo que era el boletín de la orga (los Montoneros) en los años 70”.

    Cuando Verbitsky se dio cuenta de las repercusiones y de que le originó al presidente Fernández el mayor escándalo desde que está al frente del gobierno, intentó pisar el freno. Sonó más falso que un guion de teleteatro. El domingo 21 en su página web pidió disculpas a sus lectores por el “ejercicio de un privilegio”. Lo definió como un “error grave” y expresó arrepentimiento.

    “Asumo sin excusas la parte que me toca y acepto todas las críticas recibidas, así como agradezco las tan numerosas comunicaciones de solidaridad y afecto (solidaridad de militantes de su acción corrupta). Si lo hice y, sobre todo, si luego lo conté sin que nadie me lo preguntara, es porque no advertí que fuera algo incorrecto, el ejercicio de un privilegio (…). Habrá quienes duden, porque a lo largo de tantos años se fue estructurando un estereotipo sobre mí que excluye actos ingenuos o simplemente estúpidos. Se presume que siempre actúo en forma racional y se buscan motivaciones ocultas, que en este caso han llegado a extremos delirantes, como que fue un regalo de cumpleaños a Cristina (la vicepresidente Fernández) para que el gobierno se desembarazara de Ginés”, dijo.

    ¡Ni por asomo es ingenuo o estúpido! Conscientemente abusó de su posición y utilizó a un ministro corrupto para obtener un beneficio privilegiado al que millones de argentinos en sus mismas condiciones no pueden llegar y que tienen tanto miedo a morirse como él.

    Ahora hay que esperar el resultado del camino legal. El fiscal federal Guillermo Marijuan presentó una denuncia penal contra el exministro González García, Verbitsky y otros eventuales involucrados por el escándalo del vacunatorio VIP que funcionaba en la sede del Ministerio de Salud y en el Hospital Posadas. Solicitó varias medidas de prueba y que las provincias le informen a quiénes están suministrando la vacuna Sputnik y a quiénes consideran “personal esencial”. Clarín publicó el pasado domingo una lista de más de 50 vacunados VIP. Habrá que ver si, como es frecuente, los involucrados logran manipular al sistema judicial.

    Lo único seguro es que Verbitsky se convirtió en alguien con quien nadie se quiere vincular. Como el título de la novela de su contemporáneo y compañero del diario Página 12, el periodista Osvaldo Soriano, el suyo es Triste, solitario y final.

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