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    El debate sobre el batllismo

    Por Lector

    Sr. Director:

    En una columna titulada El batllismo es colorado, el expresidente Julio María Sanguinetti emprende una serie de filípicas que nos incluye de forma personal y grupal en tanto integrantes de la agrupación República Batllista. Un desconocido, errático y temerario expresidente afirma, ante nuestra acción de invocar a Batlle y Ordóñez, que “Están en su derecho, porque la democracia ampara las libertades de todos. Pero no pueden, no deben, alejarse del Partido Colorado, identificado históricamente con el batllismo como concepción ideológica, y seguir invocándolo…”.

    Renunciamos al Partido Colorado hace ya más de seis años, lo hicimos mediante carta pública invocando: “El partido que soñó un Uruguay que incorporara las ideas más vanguardistas del mundo dejó paso a una colectividad envejecida de ideas y espíritu, atrapada en la contemplación de un pasado que no entiende por qué ni cómo desapareció, y librada a peleas decadentes por el poco espacio de existencia que va quedando en lo que ya no es más que una caricatura irrelevante de lo que supo ser”.

    Pero Sanguinetti, más de un lustro luego, nos empuja a un debate político acerca de acciones y legado de José Batlle y Ordóñez.

    Don Pepe trascendió las fronteras partidarias como ningún otro, también las nacionales. Como muestra de ello nos remitimos al origen de la expresión “Suiza de América”, nacida en la década de 1920 de la crónica de un periodista norteamericano que describe la forma de gobierno pluripersonal, como la de Suiza.

    Existieron otras expresiones tales como “la Atenas de América de Sur”, “La Estambul del Plata”, entre otras. Todas marcaban la excepcionalidad de nuestro país en el continente y la figura de Batlle y Ordóñez como conductor de las transformaciones para que ello fuese destacado. Autores como los académicos Göran Lindahl y Milton Vanger reflejan en sus varios libros y ediciones el interés internacional que despertó su obra.

    En el marco de sus juicios de valor Sanguinetti se pregunta si al invocar al batllismo desde una dictadura sindical en la educación pueden reclamarse batllistas.

    Preguntarlo es contestarlo, Batlle y Ordóñez instaló liceos públicos en todos los departamentos, además de garantizar el derecho de huelga a los sindicalistas.

    El gobierno actual, al que invoca y dice felizmente integrar, combatió la acción sindical, recortó presupuesto educativo, realizó cambios de espaldas a los docentes. Como nunca en la historia uruguaya ocurrió, destinó recursos de la educación, siempre escasos, a la publicidad y futura campaña del siempre histriónico expresidente del Codicen Robert Silva. ¿Creerá el expresidente que las acciones descriptas constituyen batllismo?

    Agrega luego que la convicción democrática está en la esencia del llamado Estado batllista y que esta está a resguardo por el gobierno multicolor.

    Si bien vivimos en una democracia, esta ha sufrido embates nunca vividos en Uruguay. Se ha espiado a senadores, también a personas. Ministros y subsecretarios engañaron al Parlamento todo en una interpelación preparada entre los principales legisladores de la coalición. Todos ellos junto con el asesor publicitario, comunicacional y propagandístico presidencial. Descubiertos en la maniobra, este cita a Presidencia a los involucrados, destruye documentos públicos. El presidente, en conferencia de prensa lo reconoce, lo acepta, pero aclara que no formó parte de dicho conciábulo, solo pasó a saludar.

    Después de denunciado un senador multicolor por violación y abuso infantil, el ministro del Interior y el presidente lo respaldan. También el director de cárceles y un legislador intentan ayudarlo desde su influencia y cargo. Todo lo anterior sucedió y aún está en la Justicia. Como frutilla de la torta, la fiscal que entendió en la investigación presidencial pasa a integrar las filas del Partido Nacional.

    ¿Imaginará el exmandatario a Batlle y Ordóñez integrando un gobierno capaz de tales acciones?

    Refiere luego a la laicidad, enunciando otro ataque más al Frente Amplio, acusándolo de apoyar profesores adoctrinadores. La acusación es temeraria, sobre todo para quien integra un gobierno en el que sus autoridades educacionales prohíben utilizar la expresión “terrorismo de Estado” para referir a hechos de la historia reciente.

    Destaca el contenido republicano de la acción de Don Pepe, contraponiéndola al Frente Amplio, partido al que nos hemos integrado con nuestras convicciones y banderas y el que nos ha recibido con respeto por nuestras convicciones y propuestas.

    El Frente Amplio es el partido más popular del Uruguay. Sus órganos decisorios funcionan, su pueblo, al que con regocijo nos hemos integrado, debate, propone, decide. También lo hizo durante sus tres períodos de gobierno con independencia de este. Tal funcionamiento nos permite elaborar, entre todos, un programa común y, lo más importante, llevarlo a cabo.

    Desde ese funcionamiento partidario, desde esas convicciones participativas republicanas, Batlle y Ordóñez planeó y concretó, junto con dirigentes y pueblo colorado, las reformas que nos llevaron a distinguirnos en la región y en el mundo.

    Decía Don Pepe: “En una democracia de verdad, el pueblo no debe conformarse con elegir a sus gobernantes, debe gobernar a sus elegidos”.

    ¿Creerá, entonces, Sanguinetti que el partido que colaboró a vaciar de contenido y de apoyo popular es republicano y batllista en su funcionamiento y su acción?

    En definitiva, lo importante es la impostura ideológica y ética, afirma.

    Uruguay fue uno de los países que registró menos crecimiento en la región, menos que Chile, Perú, Paraguay y Brasil. Sin embargo, la recaudación fue mayor, ya que aumentó la presión fiscal.

    ¿Entenderá ético y batllista que aumenten la riqueza y también la pobreza? ¿Entenderá ético que aumente la riqueza y a la vez la pobreza infantil, aun habiendo un número considerablemente menor de nacimientos? ¿Entenderá ético y batllista que la desigualdad haya aumentado pese al crecimiento de la economía? ¿Entenderá, pues, ético y batllista que haya aumentado la mortalidad infantil?

    Sanguinetti, que desde lo normativo y lo político pretende alejarnos del ideario de Don Pepe hasta osar sugerir el silencio sobre nuestras convicciones, debiera entender que si el batllismo solo habitara en las fronteras del alicaído Partido Colorado, este solo viviría en una mínima expresión, desconociendo así la influencia del batllismo en la enorme mayoría del pueblo uruguayo.

    José Franzini Batlle

     

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