• Cotizaciones
    miércoles 08 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    El espíritu de la época

    Por Lector

    Sr. Director:

    El jueves 29 de febrero el politólogo A. Garcé publicó una columna que tituló Espíritu de la época y competencia electoral. Comienza citando a Luis Mardones, antiguo y conocido dirigente del Partido Socialista (un partido que, según algunos, no existe más), quien en un reportaje del semanario Voces se había referido al espíritu de la época. El tema es interesante a la vez que pertinente en estos tiempos que corren. Mardones habla y Garcé recoge y repica que, así como en otras épocas hubo en el mundo (nuestro mundo occidental) un aire de época muy tirado hacia la izquierda, actualmente soplan otros vientos y el aire de esta época es más bien hacia la derecha.

    Dejando de lado el escenario mundial y hacia qué lado se esté inclinando (y dejando más de lado aún los términos izquierda y derecha, que, como los naipes marcados, solo sirven para hacer trampas) invito al lector a examinar nuestra realidad oriental en términos de espíritu de época.

    Es natural que el Uruguay, país pequeño y periférico, se haya visto empujado por los vientos generales: si acá hubo guerrilla cuando no había ninguna causa autóctona para ello, la explicación estuvo en lo que Mardones llama espíritu de la época. Pero se han dado en esta tierra otros cambios que son solo uruguayos, cien por ciento uruguayos. Me propongo tomar el concepto de espíritu de época (el Zeitgeist del que hablan los filósofos alemanes) y aplicarlo al Uruguay: es lo que hace Garcé pero yo pretendo darle otro alcance.

    Como se sabe, el Uruguay moderno fue estructurado política, social y económicamente sobre el modelo del primer batllismo. Se fue condensando un imaginario integrador en la percepción de los uruguayos respecto a esa etapa de la vida nacional. Con el paso del tiempo, más el peso de sus propias limitaciones, ese modelo fue sufriendo un doble y simultaneo proceso: por un lado, un proceso de desintegración y decadencia y, por el otro lado, un proceso de mistificación e idealización.

    Cuando las bases económicas ya no permitieron el funcionamiento de ese modelo en otro terreno que el de la nostalgia se produjo el desconcierto general de un país ante la pérdida del paradigma sustentador de sus certezas, asiento de su prosperidad pasada y referente de su vida cívica: el Uruguay se enfureció contra sí mismo tanto que llegó un momento en que se agarró a los tiros.

    En el proceso de salida de la dictadura (del tiempo de los tiros) se buscó recomponer el Uruguay herido pero sin llegar a sentar las bases de un Uruguay nuevo y renovado (cosa que, a mi entender, hubiera sido posible: Cfrt. Memorias del regreso, Fin de Siglo, 1993). En esos años de la salida pasaron cosas en el mundo y, por supuesto, repercutieron acá. En lo que tiene relación con el tema que estoy desarrollando, cayó el muro de Berlín y la izquierda uruguaya (como la izquierda en todo el mundo) no pudo seguir sustentándose en un discurso marxista. El Frente Amplio abandonó el terreno de sus definiciones ideológicas y se desplazó a un plano político-afectivo, acogedor de la perplejidad y angustia de muchos uruguayos ante la pérdida de sus viejos paradigmas sustentadores (Cfrt. J. M. Posadas: La historia y la izquierda, Cuadernos de Marcha, mayo de 1998).

    Según Jorge Lanzaro: “Es una paradoja porque después del ciclo dictatorial (1973-1985) fueron los partidos tradicionales quienes lideraron reformas importantes en la sociedad, la economía y el Estado uruguayo, en tanto la izquierda, en un tiempo de crisis, integra a los que están descontentos, ofreciendo seguridades propias del Uruguay batllista que fue” (Cfrt. J. Lanzaro, La izquierda uruguaya, Fin de Siglo, 2004).

    Real de Azúa sostiene, en su libro más conocido, que el batllismo había creado el Estado moderno sobre un “un habilidoso arbitraje ente partido y Estado que hacía a nuestra sociedad desdeñosa de todo cambio de estructura y de todo impulso radical y valeroso, ya que todo reclamo tiene, aparentemente, el destino de ser oído y atendido”.

    El mito y la nostalgia marcaron una época que se caracterizó porque muchos orientales buscaran el futuro en el pasado. Eso que, para mantenernos en la nomenclatura de Garcé-Mardones, se puede llamar espíritu de la época duró mucho pero se acabó. Se acabó en su formulación origina (batllista) y se está acabando (o se acabó) en su formulación sustituta (frentista). Se acabó en cuanto sentido común popular, se acabó como relato dominante, se acabó en las elecciones pasadas (pero eso solo se tornó visible después, en la pandemia del Covid).

    Escribí en abril del 2021 (semanario Voces): “Cuando el Frente Amplio reclamó cuarentena obligatoria y el gobierno dijo libertad responsable, quedó visible una opción o un dilema que no es del tiempo de la pandemia sino de lo que Braudel, maestro historiador, llamó ‘la longue durée’ (que es donde se entiende la historia)”.

    La expectativa instalada a través de la noción-tradición del Estado como escudo (según el relato batllista) quedó por lo menos perpleja ante una consigna gubernamental de libertad responsable y resulta sorprendente que el gobernante que la implantó pasase a tener 70% de aprobación. No se trata en esta reflexión de discutir teóricamente el rol o el tamaño del Estado sino prestar atención a un tipo de reacción en nuestra realidad de hoy, a un cambio concreto en el humor político, perceptible, fechado, traducido en comportamiento.

    Volviendo a Garcé, Mardones y el espíritu de la época, algo ha cambiado en el humor político del mundo y algo en el Uruguay: parece idéntico pero es diferente. Algo muy arraigado en el Uruguay y que, en cierto modo, estaba legitimado ahora está cambiando, se está desplazando.

    No es descabellado, no es wishfull thinking: existe una base real para aguardar/apostar a un Uruguay más suelto, más independiente, más dispuesto a navegar que a guarecerse, a decirse más que a repetirse, tomando sin complejos serena distancia respecto a relatos venerables pero tan fechados.

    Juan Martín Posadas

    // Leer el objeto desde localStorage