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    miércoles 12 de junio de 2024

    El papa, la homosexualidad y la palabra del año

    Nº 2257 - 28 de Diciembre de 2023 al 3 de Enero de 2024

    Que la Iglesia católica tiene algunas “tensiones” con la homosexualidad no es novedad. Pero los tiempos van cambiando, y afirmaciones que se hacían públicamente hace 20 años hoy suenan totalmente fuera de lugar. “La homosexualidad es como ‘una enfermedad contagiosa’, por eso es preciso ‘aislar’ a quien tiene esa condición para poder ‘curarlo’”, titulaba el Semanario Búsqueda una entrevista al exarzobispo de Montevideo Nicolás Cotugno, en el año 2003. En realidad, ya en ese año la afirmación era rara, porque la Organización Mundial de la Salud había dejado de considerar a la homosexualidad como una enfermedad hacía más de 10 años, en 1990. Incluso antes de eso, en 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría ya había eliminado la homosexualidad de su manual diagnóstico como enfermedad psicológica, reconociendo la orientación sexual diversa “como una variante humana no patológica” y restaurando un derecho que durante tantos años había sido violentado desde las propias instituciones de salud.

    A medida que las sociedades y la ciencia fueron cambiando, la propia Iglesia católica fue acompasando su postura respecto al tema. Al punto que, este 18 de diciembre, la Santa Sede publicó una declaración firmada por el papa Francisco en la que se habilitan las “bendiciones” a parejas homosexuales, con la aclaración explícita de que se trata de bendiciones “no ritualizadas”, para que no se confunda en ningún momento con la idea de matrimonio (la declaración abarca también a las parejas “irregulares”, como las personas divorciadas vueltas a casar). El anuncio causó polémica: gente agradecida por un lado, gente furiosa por otro.

    “Es un inmenso paso adelante para la pastoral de la Iglesia hacia el colectivo LGBT y reconoce el profundo deseo de muchas parejas del mismo sexo católicas de la presencia de Dios en su vínculo y en su compromiso”, expresó el sacerdote norteamericano James Martin, conocido referente de la comunidad LGBT. Señaló además que marca un cambio muy grande con respecto a la posición que planteó un documento del Vaticano de 2021, que afirmaba que “Dios no puede bendecir el pecado”.

    Sin embargo, y como era de esperar, la declaración de la semana pasada provocó fuertes rechazos de las alas católicas más conservadoras. Hubo quienes se refirieron a la decisión como “blasfemia” y otros que directamente plantean prohibir que se implemente el documento (países como Camerún, Malawi, Nigeria, Zambia, Polonia).

    El propio arzobispo de Montevideo se expresó en contra del documento, al que considera “confuso”, y entiende que “no era un tema para que surgiera en Navidad”. Manifestó que no está de acuerdo con bendecir a las parejas del mismo sexo, ya que, aunque no tiene nada contra las personas homosexuales, cree que la Iglesia católica no debe bendecir una unión que va en contra del “plan de Dios” del matrimonio heterosexual.

    “Quien interpreta la bendición como una legitimación del matrimonio homosexual o no ha leído el documento o tiene ‘mala leche’”, expresó por su lado el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, redactor del controversial documento. Fernández afirmó que bendecir a una pareja es “un simple gesto de cercanía pastoral” que todas las personas merecen.

    Finalmente, también hay detractores dentro de la propia comunidad LGBT, que entienden que la declaración del Vaticano es un mero ejercicio de relaciones públicas, una forma de lavar prejuicios para que parezcan un paso hacia la aceptación, aunque no es más que una forma de reafirmar la discriminación hacia la comunidad homosexual, al volver a establecer que solo en el matrimonio heterosexual son aceptables las relaciones sexuales.

    El panorama de oposiciones resulta conocido: la idea de un grupo de gente en contra de otro grupo de gente atraviesa la religión, pero también la política, la economía, la sociedad y, en general, la mayoría de los temas que atañen a cuestiones del ámbito público. No es casualidad que la palabra del año de este 2023, según la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), sea, precisamente, polarización. Según la FundéuRAE, en los últimos años se ha extendido el uso de esta palabra “para aludir a situaciones en las que hay dos opiniones o actividades muy definidas y distanciadas (en referencia a los polos), en ocasiones con las ideas implícitas de crispación y confrontación”.

    Tal vez, si se pudiera eliminar la crispación y la confrontación, se podría ver que más allá de posturas personales, esta nueva declaración del Vaticano alivia quizás los corazones de tantas parejas del mismo sexo que viven en el amor y creen en el Dios católico. Entonces me pregunto por qué a alguien le puede molestar aliviar corazones justo en estas fechas de celebración.