N° 1970 - 24 al 30 de Mayo de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Quién era Lehmann? Apuesto a que ese nombre no resulta conocido para el común de los aficionados al fútbol; aunque la pista del “papelito” pueda ser reveladora para los más entendidos o memoriosos.
Jens Lehmann —que militaba entonces en el Arsenal de Inglaterra— era el golero suplente del famoso Oliver Kahn, de la selección de Alemania, en el Mundial jugado en ese país en el año 2006. Sin embargo, le tocó defender el arco teutón ante Argentina por cuartos de final de ese torneo. El partido terminó empatado 1 a 1, tanteador que se mantuvo en el alargue, por lo que debió definirse en la tanda de penales. Antes de su ejecución (aunque ello recién vino a conocerse posteriormente) un integrante del cuerpo técnico se acercó al arquero y, con cierto disimulo, le entregó un “papelito”. Quienes vieron el partido —incluso por televisión— no llegaron a advertir que Lehmann, antes de cada penal en su contra, sacaba algo de una de sus medias que consultaba discretamente. Es que allí había guardado ese papel, con una lista de los posibles ejecutantes del lado argentino y un detalle preciso de cómo solían rematarlos. Según luego trascendiera, aparecían siete posibles ejecutantes (Riquelme, Crespo, Heinze, Messi, Aimar, Ayala y el actual jugador de Peñarol Maxi Rodríguez); aunque, en esta ocasión, solo estos dos últimos estaban en la nómina escogida por el técnico argentino Pekerman. Cuando le llegó el turno a Ayala (un comprobado especialista), su remate fue tal como lo decía el papelito (“carrera larga, espera, luego derecha”), y el golero lo atajó fácilmente. A su turno, Maxi anotó el suyo, aunque remató al lugar preanunciado, y Lehmann casi lo contuvo. Y finalmente, este también se quedó con el penal de Cambiasso —aunque, por pura intuición, porque no estaba en la lista—, y su equipo clasificó por cuatro goles a dos a la instancia siguiente del torneo.
La inédita previsión del cuerpo técnico alemán (admitieron haber seguido “todos los penales argentinos durante los últimos tres años”) no fue suficiente para que su equipo obtuviera el torneo organizado en su propia casa, pues Alemania cayó derrotada en semifinales por quien luego sería el campeón: Italia. Pero lo que sí dejó de manifiesto esa obsesiva pesquisa, es que la definición por penales no era “una lotería”, sino una variante más que merecía ser debidamente analizada por la “elite” de los técnicos de fútbol.
Nunca se supo si la experiencia prosperó o quedó sepultada aquella tarde en el Estadio Olímpico de Berlín. Lo cierto es que esa polémica forma de definir los partidos empatados (estrenada en una semifinal del lejano Mundial de España de 1982, que justamente ganara Alemania) se ha utilizado hasta ahora en muchas instancias decisivas de esos torneos, a excepción de los de 1998 y 2002, en los que se había implantado el sistema del “gol de oro”, según el cual ganaba el partido el equipo que primero anotara en el tiempo suplementario.
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Según las estadísticas, se definieron por penales dos finales de Mundiales: la de 1994 en Estados Unidos, donde Brasil derrotó a Italia tres a dos, habiendo igualado sin goles en el tiempo reglamentario, y la de 2006 en Alemania, cuando Italia venció a Francia cinco a tres, tras empatar uno a uno en los 120 minutos. Hubo también dos semifinales resueltas por esa vía: Argentina eliminó al dueño de casa, Italia, en 1990, y Brasil a Holanda, en Francia 1998 y varios partidos de cuartos de final, entre ellos la épica victoria de Uruguay ante Ghana, en Sudáfrica 2010. Incluso, cabe recordar que en el año 2005, por primera vez en la historia, una serie de penales decretó que Uruguay perdiera, ante Australia, su clasificación para el Mundial de Alemania.
Entiendo que no es esta la forma más justa de definir un partido, y menos aun un torneo. No es lógico que lo que no pudieron definir dos equipos enfrentados a lo largo de dos largas horas de fútbol, sea resuelto, en un breve duelo, entre dos personas separadas por 11 pasos. Tampoco acepto lo de la “lotería de los penales”, porque en esta forma de definición hay varios factores que influyen decisivamente: la serenidad o el temple del ejecutante o del golero; la astucia o “viveza”, de uno u otro, para engañar a su contrincante o incluso el acierto del técnico al elegir los ejecutantes entre aquellos que llegan en las mejores condiciones físicas y anímicas a ese postrero episodio. Lo que nadie puede negar es el alto voltaje de este tipo de definición, que tiene la rara particularidad de fabricar tanto “héroes” como “villanos”. Así, el alemán Schumacher fue decisivo atajando dos penales para que Alemania derrotara a Francia en el primer partido definido por esa vía en España 1982; y lo mismo el argentino Goicoechea en la semifinal ante Italia en 1990. Asimismo, aún se recuerda la crucifixión de futbolistas muy famosos, como Zico, Roberto Biaggio o Michel Platini, que erraron sus penales en definiciones mundialistas.
Aunque este tipo de definición se mantendrá para el próximo Mundial de Rusia, la FIFA introdujo una variante en su forma de ejecución, similar al tie break, ya utilizado en el tenis. Así, en vez de remates alternados de un penal por cada equipo, habrá un primer penal lanzado por el equipo A, luego dos seguidos por el equipo B, otros dos seguidos por el A, otros dos por el B, dos más por el A, y uno final por el B. Ello se debe a que un grupo de expertos comprobó que el equipo que comenzaba la tanda de penales tenía un mayor porcentaje de posibilidades que el que lo hacía en segundo término, por la mayor presión psicológica que estos sufrían.
En el final: ¿qué fue de aquel famoso “papelito”, o “machete”, como algunos dieron en llamarlo? Según se cuenta, arrugado y ya poco legible, fue subastado en diciembre de 2006 a un magnate industrial alemán por un millón de euros, que se destinaron a una sociedad inglesa de ayuda a niños carenciados. En cuanto a Lehmann —ya veterano, y jugando por el modesto Stuttgart—, en el año 2009 volvió a ser noticia en la televisión y en las redes sociales, aunque de un modo nada glamoroso: una indiscreta imagen lo mostró… ¡agachado y orinando, de apuro y en pleno partido, detrás de un cartel de publicidad!