N° 1984 - 30 de Agosto al 05 de Setiembre de 2018
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEste oscuro culebrón por entregas, que tiene como epicentro la actual crisis en la Asociación Uruguaya de Fútbol —del que ya nos ocupamos en la anterior columna— ha tomado en las últimas horas un giro inesperado. No tanto en el plano judicial, donde la inicial tramitación de oficio por parte de la Fiscalía se ha visto interferida por la presentación de sendas denuncias por algunas de las personas en principio investigadas, sino por lo ocurrido en el plano deportivo, como consecuencia de la fulminante intervención de la AUF, dispuesta por la FIFA, a instancias de las “impresentables” autoridades de la Conmebol (el que las califica así es el recordado exgolero paraguayo José Luis Chilavert, que las conoce muy bien).
En lo que hace a esta última medida, no parece que ella haya estado ajustada a Derecho, o sea a las propias reglas de FIFA, a las que debe ceñirse la AUF, en cuanto el motivo alegado para su adopción (la no aprobación de un nuevo estatuto) no se había consumado, pues no había vencido aún el plazo que la misma FIFA le había otorgado para ello. Lo dicho, sin perjuicio de la palmaria evidencia de que no había existido la más mínima voluntad de los clubes de la AUF para acceder a ese pedido, pues recortaba grandemente las omnímodas potestades que estos siempre habían ostentado. Igualmente, cabe suponer que pudieron haber existido algunos motivos de orden personal que impulsaron al presidente de la Conmebol a propiciar esta dura medida; y las sospechas apuntan a varios personajes de nuestro mundillo del fútbol, con él enfrentados desde hace tiempo.
Lo cierto es que, con inusual celeridad, ya el pasado lunes estaban presentes en Montevideo dos abogadas paraguayas (representantes de la Conmebol) y Jair Bertoni —hijo del renombrado exfutbolista argentino Daniel Bertoni— como emisario de la propia FIFA. Su cometido: seleccionar los integrantes del futuro Comité de Regularización, previsto en el decreto de intervención, que deberá ocuparse de elaborar y aprobar el reclamado estatuto de la AUF, para luego llamar a elecciones, conforme a las nuevas reglas establecidas; todo ello, antes del 28 de febrero del año próximo.
Y allí fueron apareciendo los nombres de los convocados al Hotel Sheraton, con miras a formar parte de ese nuevo órgano directivo. Finalmente, luego de las principistas negativas de algunos de los primariamente propuestos (los expresidentes de la AUF, José Luis Corbo y Sebastián Bauzá), en la tarde del martes 28 aparecieron los primeros elegidos. En primer término, y como presidente, el senador del Partido Colorado Pedro Bordaberry, vinculado estrechamente al rugby y con un pasado como ministro interino de Deporte y Juventud en el gobierno de Jorge Batlle, aunque sin una actividad anterior en los estamentos del fútbol. Y junto con él, el diputado del Partido Nacional Armando Castaingdebat, vinculado en su juventud a la Liga Universitaria y, más tarde, al fútbol del interior del país, y Andrés Scotti, actualmente retirado, pero integrante por varios años de la selección uruguaya de fútbol y hermano de Diego, integrante de la flamante Directiva de la Mutual de Futbolistas Profesionales. También quedó conformado el llamado Comité Consultivo (que oficiará de nexo con la AUF y la Conmebol) con el Ec. Eduardo Ache, el actual delegado de Peñarol Fernando Goldie y el desplazado directivo de la AUF Ec. Ignacio Alonso.
En esta danza de nombres, que aparecían y desaparecían de un momento a otro, llamó poderosamente la atención el caso del Ec. Eduardo Ache, de extensa y reconocida actuación anterior como dirigente de Nacional y también de la propia AUF. Ocurre que, en virtud de ocupar actualmente un cargo en la Comisión de Gobernanza de la FIFA y mantener una muy estrecha relación con el actual presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, pareció estar jugando un rol preponderante en todo este singular proceso (incluso, estuvo en los últimos días en Asunción), perfilándose como seguro candidato a presidir el Comité de Regularización. Sin embargo, sin que haya trascendido la razón, optó sorpresivamente por integrar el Consejo Consultivo. Otro de los que postularon para dicho comité fue Miguel Sejas —ex vicepresidente de la AUF, cuando la presidiera Bauzá— aunque finalmente tampoco fue confirmado (igual se especula con que al flamante organismo podría sumársele, en las próximas horas, algún integrante más, proveniente de las filas del partido de gobierno, para asegurar un “equilibrio político”, tal como el propio Sejas lo reclamara).
A la luz de lo actuado en estas últimas horas, y si bien el panorama aún no está claro, ya puede sacarse alguna conclusión primaria. Así, la presencia del Dr. Bordaberry —con toda la experiencia acumulada en tantos años de destacada actividad parlamentaria— al frente de la actual intervención, es garantía de una conducción eficiente y decididamente neutral (esto es, sin inclinarse por ninguna de las posturas que pugnan por hacer prevalecer sus intereses en la actual compleja realidad de nuestro fútbol). En cuanto a quienes habrán de acompañarle en su gestión, es evidente que el demandante grupo de los futbolistas de la Selección (duramente enfrentados a Tenfield y a Francisco Casal) ha salido claramente fortalecido, con la presencia de un hombre muy centrado e inteligente como Andrés Scotti, totalmente consustanciado con el movimiento que lidera, desde atrás, el excapitán Diego Lugano; lo que estaría asegurando la ambicionada representación de los futbolistas en la futura Directiva de la AUF (no olvidar que fueron ellos los que le pidieron a la propia Conmebol que promoviera la actual intervención). Asimismo, cabe suponer que la imprevista presencia de Castaingdebat puede hacer que otro tanto ocurra con la tantas veces reclamada y pospuesta representación de OFI en el organismo rector de nuestro fútbol.
En cuanto a los que parecen haber salido derrotados en esta especialísima coyuntura (aparte de las huestes de la calle Divina Comedia), se cuentan los propios dirigentes clubistas, por su tozuda posición de no dar curso, durante meses, a la exigencia de la FIFA de aprobar un nuevo estatuto para la AUF; que, incluso, era mucho menos gravoso para sus intereses que este que finalmente deberá confeccionar y aprobar la flamante intervención. Es que no solo deberá darse cabida a los futbolistas, sino también a todos los actores del mundo del fútbol, tanto a nivel masculino como femenino.
Los dirigentes actualmente desplazados ya han comenzado a moverse. Desde procurar apelar la decisión de la FIFA ante el TAS, o buscar el apoyo de las actuales autoridades de gobierno (aunque la airada protesta de la ministra Muñoz no tuvo mayor respaldo a ese nivel), hasta la idea fermental, que han echado a andar los dos equipos grandes, de crear una superliga con aquellos clubes que les acompañen, la que se manejaría con cierta autonomía de la AUF y con una fuente propia de recursos.
Seguramente sean simples escarceos, pero la lucha por recuperar el poder perdido promete nuevas instancias.