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    Ha vuelto a sonar

    N° 1961 - 15 al 21 de Marzo de 2018

    Se dice que un antiquísimo tango, Bartolo, fue estrenado por su supuesto autor, Francisco Hargreaves, tocado únicamente con una flauta, hacia fines del siglo XIX. En la letra figuraba una picaresca cuarteta que luego se hizo famosa hasta entre niños y adolescentes.

    Hargreaves, que adquirió formación musical en Florencia, nació el 31 de diciembre de 1849 y murió el 30 de diciembre de 1900 y era hijo de un matrimonio con ascendencia norteamericana, cuyos integrantes fueron de los primeros ferreteros de Buenos Aires. Se asegura que fue el pionero en estrenar una “ópera gaucha”, La gatta bianca, una polka, El pampero, y que luego pasó a partitura de piano el ya famoso tango primitivo Bartolo, ahora compuesto en tres partes.

    ¿El introductor de la flauta en el tango? Difícil saberlo.

    Se cuenta que ese fue el primer instrumento con el que se tocó, pero tiene antecedentes lejanos, de miles de años aunque cueste creerlo. Para el diccionario, se trata de un instrumento musical de viento, formado por un tubo de diversos materiales con varios agujeros que producen el sonido según se tapan o destapan con los dedos. Afirma Horacio Salas: “Hoy las hay de pico —casi no usadas en el tango— y traversas o traverseras; desde el siglo XVIII se comenzó a agregárseles distintas llaves y Theobald Bhom produjo una modificación total del instrumento, al perforar el agujero de acuerdo con principios acústicos (no ya por el criterio de comodidad en la digitación): se la afina en do y antiguamente también en re bemol”.

    La trajeron al Río de la Plata los inmigrantes e inauguró musicalmente el tango, enseguida con la compañía de la guitarra y el violín. Su valoración y su sitio de privilegio cambiaron a partir de la introducción del bandoneón, a fines de la década de 1910, hasta desaparecer de las integraciones que tocaban la nueva música popular ciudadana.

    Con la flauta, quedaba en evidencia que el tango se había desprendido de la milonga y los ritmos africanos, convirtiéndose en un ritmo y baile rápido, en compás binario, algo saltarín, que alentaba a las parejas a una mayor relajación de los cuerpos. El bandoneón integró un sonido diferente, más grave, cambiando el ritmo y la armonización, imponiendo una ejecución más lenta y ligada, con un cierto arrastre de las notas, tornándolo más moroso, sobre todo a partir de que dio inicio la composición 4 x 8 en lugar de la original 2 x 4.

    Pero, sorpresa quizás para muchos, la flauta resucitó para el tango.

    Según los entendidos, a medida que el tango fue ganando popularidad entre las clases sociales más elevadas, hizo ingreso en salas de baile de prestigio e incentivó a algunos creadores a ensambles para entonces más audaces. A la cabeza estuvo —¡cuándo no!— Astor Piazzolla, muy conocedor de la música académica y muy creativo, quien formó, entre 1973 y 1978 su Conjunto Electrónico, donde, además de batería, guitarra eléctrica, órgano y saxofón, dio sitio primordial a la flauta. El mejor ejemplo de esta etapa es Histoire du Tango, obra de poco más de veinte minutos, algo para ser escuchado y no como acompañamiento para bailar, dividida en cuatro movimientos separados, cada uno de los cuales representa un período en la historia del tango, comenzando desde sus orígenes: mientras los dos primeros expresan los más conservadores procesos musicales, el tercero y el cuarto exponen el estilo y las contribuciones que beneficiaron al tango a partir de la segunda mitad del siglo XX.

    Si bien Piazzolla abandonó este esfuerzo a fines de 1978 para volver a su quinteto más recordado, la semilla germinó.

    Hoy, no solo en el Río de la Plata, sino en distintos países del mundo donde interesa el tango, hay una intensa renovación de parejas —que a veces son tríos, incluyendo viola, violín o piano— que tocan flauta traversa y guitarra acústica. Uno de los casos más destacados es de una pareja de españoles: Oriol Mula, flautista, con experiencia en música popular y sinfónica, y Maite Rubio, profesora superior en el Conservatorio de Barcelona, quien hace maravillas con la guitarra. Y son, apenas, un ejemplo.

    ¡Qué relación extraña la de la flauta con el tango!

    Inaugurarlo, desaparecer, y renacer para florearse en los grandes escenarios del planeta.

    Cómo no recordar ahora aquella cuarteta que apoyó la música de Bartolo, del olvidado Hargreaves, antes de comenzar el siglo XX:

    —Bartolo tenía una flauta/ con un agujerito solo/ y su madre le decía:/ tocá la flauta, Bartolo…

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