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    Hace cincuenta años, por la libertad, la justicia social y “la honradez administrativa”, nació el Movimiento Nacional de Rocha

    En el sótano de un bar en Maldonado y Blanes, en Montevideo, ocho blancos descontentos con la marcha del segundo gobierno de su partido comenzaron a reunirse para hacer algo al respecto.

    El grupo de estos críticos de la ubedoxia (así llamado porque era una alianza entre la Unión Blanca Democrática —UBD— y el herrerismo ortodoxo), como una bola de nieve, fue creciendo semana a semana.

    La noche del 8 de marzo de 1964, hace 50 años, el teatro de la ciudad de Rocha estaba repleto con unos 300 dirigentes provenientes de todo el país que se reunieron para escuchar un discurso del doctor Javier Barrios Amorín.

    Desde el mediodía habían intercambiado opiniones mientras disfrutaban una “comida campal” camino a La Paloma.

    Barrios Amorín, un blanco independiente que a los 25 años había sido electo diputado por su departamento, se perfilaba como líder de un nuevo movimiento basado en tres principios básicos: “libertad, justicia social y honradez administrativa”.

    Si la plataforma política basada en la libertad (ya había rumores de golpe militar) y la justicia social eran definiciones importantes, más relevante aún aparecía en esos momentos el tercer pilar de la proclama, porque los agrupados en torno a Barrios Amorín se plantaban con firmeza en contra de la corrupción, el clientelismo, el gobierno por cuota que traía aparejado el reparto de jubilaciones, teléfonos (entonces y por muchos años escasos) y otras prebendas que, decían, caracterizaban al segundo gobierno del Partido Nacional luego de 93 años fuera del poder.

    “Se ha politizado la administración al grado tal que es urgencia tomar remedios heroicos so peligro de que nuestra administración sea un verdadero desquicio y hunda la República”, dijo el orador levantando fuertes aplausos y gritos de aprobación en el auditorio.

    Autos baratos.

    Después de muchos años en el Parlamento, Barrios Amorín, que no tenía un vehículo propio y se había negado a aceptar uno de los llamados “autos baratos” (importados, sin impuestos, dos por período por legislador), tampoco quiso aceptar una jubilación especial.

    Enfermo del corazón, luego de una paliza de la policía terrista en Rocha tres décadas atrás y de años de fumador, Barrios no aceptó ningún homenaje pero sí encabezar el congreso político en su ciudad natal.

    Después del éxito de la convocatoria, junto al doctor Alberto Gallinal, Carlos Julio Pereyra, Luis Alberto Viera, Antonio Durán Rubio y otros comenzaron una gira por todo el país, que se vio interrumpida por la muerte prematura de Barrios Amorín, el 31 de mayo cuando tenía 64 años.

    Para entonces, el movimiento tenía actividad propia y luego de llorar y enterrar a su líder resolvieron seguir y tomar el nombre popular Movimiento de Rocha (MNR) en lugar del original y más intelectual Movimiento de Opinión Nacionalista.

    La posta de Barrios Amorín fue tomada por Gallinal, un estanciero de Florida que en las elecciones de 1966, año en el que regresó al gobierno el Partido Colorado, fue postulado a la Presidencia por el régimen propuesto. Su candidatura fue respaldada por la lista 400 de Washington Beltrán y Wilson Ferreira Aldunate, en alianza con la 504, de los rochanos, que puso en la cámara alta a Felipe Gil, Viera y Carlos Julio Pereyra, líder del sector rochano, sumando en total cinco senadores.

    Los ocho diputados y tres senadores dieron al MNR una presencia nacional. Gallinal, sin embargo, dejó la política y se dedicó al exitoso Movimiento de Erradicación de la Vivienda Insalubre Rural (Mevir).

    “Wilson y Carlos Julio”.

    Aunque la bancada parlamentaria más grande del MNR encabezado por Carlos Julio Pereyra se obtuvo en las elecciones de 1989, cuando los blancos volvieron a ganar de la mano de Luis Lacalle, el propio Pereyra reconoció esta semana a Búsqueda que el momento de mayor gravitación política del sector fue en 1971, cuando en alianza con el movimiento Por la Patria encabezado por Wilson Ferreira estuvieron a punto de ganar la Presidencia en unas polémicas elecciones.

    Antes, durante y después de la dictadura que comenzó en 1973, los rochanos se mantuvieron muy activos. A diferencia de Ferreira, Pereyra no abandonó el país e integró el Triunvirato, autoridad provisoria del Partido Nacional junto a Alberto Heber y Dardo Ortiz (que representaba a Por la Patria), con la secretaría de Fernando Oliú y Gonzalo Aguirre.

    Además de sufrir un intento de asesinato en 1978, cuando recibió una de las botella con vino envenenado (otra terminó con la vida de la esposa de Heber), y varias detenciones, Pereyra debió enfrentar un fuerte dilema ético antes del regreso de la democracia.

    Los militares, en principio, querían elecciones con blancos y colorados, pero no estaban dispuestos a levantar la proscripción de Ferreira.

    Después de dudas y discusiones en un viaje de varios dirigentes a Brasil y largas conversaciones telefónicas, Ferreira adoptó la decisión de regresar aun sabiendo que sería detenido.

    Cuando estaba preso en el cuartel de Trinidad, el caudillo blanco recibió la visita de varios dirigentes, entre ellos Pereyra, a los que planteó que el candidato fuera el dirigente Guillermo García Costa.

    Los rochanos, sin embargo, presionaban para que, imposibilitado el primer candidato, el lugar lo ocupara su segundo, es decir Carlos Julio Pereyra.

    El líder del MNR, tentado a aceptar, optó por no traicionar a su compañero de fórmula.

    “No es que Wilson no quiso, yo no acepté. La fórmula Wilson-Carlos Julio no era una cosa circunstancial, fue en circunstancias muy especiales de la vida del país”, dijo el líder rochano en una entrevista con el periodista Álvaro Alfonso publicada en 2001. Versiones originadas en Por la Patria indicaron en aquel momento que, por el contrario, en el cuartel de Flores Ferreira insistió en que la formula era Wilson-Carlos Julio y que si él no podía ser candidato por estar proscripto, debía presentarse una fórmula nueva de acuerdo entre ambos movimientos.

    Finalmente la convención proclamó la fórmula Alberto Zumarán (Por la Patria)-Gonzalo Aguirre (MNR) derrotada por la fórmula colorada Sanguinetti-Tarigo.

    Ley de caducidad y ocaso.

    Una vez recuperada la democracia, el siguiente problema fue determinar si en el acuerdo del Club Naval, en el que no habían participado los blancos, la “amnistía” a los militares acusados de violar derechos humanos durante la dictadura era algo que, como se dijo entonces, había quedado “subyacente” o “sobrevolando”.

    El camino adoptado por Ferreira, que pasó de ser un crítico mordaz de la actuación militar a dar sus votos para aprobar la polémica ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, separó a los blancos. Muchos seguidores de Ferreira no comprendieron el cambio y lo abandonaron. En el MNR ganó la posición de no apoyar la ley, que entre otras cosas consideraban inconstitucional porque violaba la separación de poderes. La participación de Aguirre en su redacción junto al herrerista Héctor Sturla provocó la expulsión del ex secretario del Triunvirato, que formó un nuevo movimiento, Renovación y Victoria, y fue vicepresidente de Lacalle en las siguientes elecciones.

    En la nueva Cámara de Diputados resultó electa por el MNR Matilde Rodríguez Larreta, viuda del ex diputado wilsonista Héctor Gutiérrez Ruiz, asesinado en Buenos Aires en 1976.

    Rodríguez había encabezado la Comisión Nacional pro Referéndum, el primer intento para derogar la ley, mediante el llamado voto verde.

    Superada la crisis por la ley de caducidad, el MNR tuvo que enfrentar nuevos problemas debido a las presiones que recibían sus dirigentes: unos querían que tomaran distancia de las políticas de Lacalle y otros, por el contrario, pensaban que como blancos debían apoyar a un gobierno blanco.

    En 2000, Carlos Julio Pereyra asumió por última vez como senador. Para ese entonces, algunos dirigentes rochanos y wilsonistas se habían empezado a nuclear en torno a la llamada Nueva Fuerza Nacional, que reunió a un grupo de intendentes blancos como Wilson Elso Goñi, Eber da Rosa, Héctor Leiss y Jorge Larrañaga, a la que se sumaron algunos dirigentes jóvenes de Montevideo.

    Además del ex diputado Javier Barrios Anza, hijo de Barrios Amorín y uno de los ocho que se reunieron en el sótano del Parque Rodó en 1964, permanecen en el sector de Pereyra el ex diputado rochense Alem García y algunos viejos militantes que tienen como referencia la Casa de los Lamas.

    No pocos de los rochanos vieron con estupor cómo Pereyra, el líder del sector fundado hace 50 años, decidió este año apoyar la candidatura de Luis Lacalle Pou. “Lo tiene como un trofeo” comentó uno de ellos, que adhiere a Larrañaga, cuando Búsqueda lo consultó.

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