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Los bancos seguirán otorgando créditos agropecuarios y utilizarán el mismo criterio que han empleado hasta ahora pese a la coyuntura más desfavorable. Al menos esa es la línea que seguirán en dos de las instituciones bancarias más importantes para el campo uruguayo.
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“Con el mismo criterio que hace un año y medio, cuando la soja valía U$S 500, había llovido, y las perspectivas para el agro eran favorables, un banco no daba el doble de plata, hoy no da la mitad”, razonó en diálogo con Campo el gerente de Negocios Rurales y Pequeñas y Medianas Empresas de Scotiabank, Alberto Noria.
“Hemos sido siempre cautelosos”, aseguró el ejecutivo. Y explicó que si bien se mira la coyuntura actual, la medición del riesgo es siempre la misma. “Se mira la propuesta del cliente, el sustento, su capacidad de repago. En la medida en que las condiciones del cliente se den como tienen que darse, en una situación de crédito normal no hay ninguna razón para ser restrictivos. Es parte del análisis de crédito”, subrayó.
El gerente de Negocios Rurales del Banco de la República (BROU), Carlos Maiorano, se mantuvo en una línea similar y dijo a Campo que la institución tiene todos los créditos abiertos. “El que toma un crédito es porque lo necesita. El Banco tiene que hacer políticas anticíclicas, pero de todas formas el crédito que se otorgue va a ser calificado y estudiado. No hay ninguna orden de aquietar el otorgamiento de crédito”, señaló.
La cartera agropecuaria del BROU es de más de U$S 1.000 millones para los negocios agropecuarios, los cuales se pueden seguir expandiendo pese al escenario menos auspiciosO para la actividad del campo. “Nosotros no tenemos limitantes. Si hay créditos para crecer, creceremos”, destacó el ejecutivo.
Pese a que han caído los precios de las materias primas, en particular la soja, que ha sido el motor del agro uruguayo en los últimos años, para Noria, el panorama a largo plazo es favorable. “Una década atrás vos no sabías que si lo que producías se vendía pero ahora lo que pasa es que la demanda por soja supera la oferta”, describió el ejecutivo. Y aseguró que “eso es irreversible”. “Lo que puede pasar es algo puntual, precios o lluvia, pero la soja en el mundo se consume y eso no lo cambia nadie, y hace que el escenario sea estructural”, razonó.
“Además, Uruguay tiene una ventaja: cuando se va a plantar, ya se sabe cuál y cómo fue la producción de la oleaginosa en el otro lado del mundo. Hay mucha más información para la toma de decisión que antes, con lo cual el productor hoy tiene un escenario más certero para tomar una decisión o resolver qué es lo que hará”, destacó Noria.
Para el ejecutivo, en los próximos meses, los costos, como el precio de la tierra y del arrendamiento, se ajustarán a la coyuntura actual. “Si baja el commodity no se podrán pagar las rentas que se están pagando, y esas son las reglas de juego”, apuntó.
Las cuatro “c”
Noria discrepa con la tendencia que tiene algunos productores de tomar decisiones cuando se presenta alguna dificultad. “Las decisiones de eficiencia hay que tomarlas siempre, porque abatir costos y reducir gastos es tarea de todos los días”, subrayó. Y si bien reconoció que es cierto que ante una perspectiva menos favorable se revisen los posibles caminos a seguir, insistió en que hay que “estar permanentemente sobre un tablero de control” para llevar un registro del desempeño de la empresa.
“El mundo de hoy ya no acepta cerrar un balance a fin de mes para esperar a ver si hubo ganancias o pérdidas. Hay que erradicar el hecho de que un productor deba de tomar tal o cual decisión porque el precio de la soja bajó, y yo creo que lo hacen”, criticó. Hay que diseñar una “estrategia” que apunte hacia “donde se quiere ir como empresa”, indicó el ejecutivo.
De hecho, este último es uno de los puntos fundamentales que se toman en cuenta a la hora de evaluar si tomar un crédito o no. “Lo primero y más importante que se mira es el carácter del cliente en función de la información que se tiene de él en el sistema. Se hace una evaluación subjetiva y objetiva de sus características: los antecedentes, su situación actual, si ha operado con el banco y si ha cumplido”, describió el ejecutivo.
El segundo punto que se valora es la capacidad de repago: el potencial que tiene el productor para hacer frente a la cantidad de dinero que está pidiendo. “Junto a eso se evalúa el impacto que tiene el crédito en el aumento de la producción de su negocio”, explicó.
El tercer punto que se considera es el capital de respaldo que tiene el empresario rural. Esto último es por si falla la capacidad de repago. “Es una análisis muy básico que se resume en lo que son las cuatro c: carácter del cliente, capacidad de repago, capital de respaldo y condiciones del mercado”, resumió Noria. “Ahí el análisis se basa en lo que el banco tiene de soporte y sustento. “Se hacen análisis con especialistas y consultoras, que determinan factores tales como cuánto tiempo puede durar una desaceleración o qué pasará los años siguientes con determinados cultivos”, resaltó Noria.