N° 1914 - 20 al 26 de Abril de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCon el cierre de Fanapel, Juan Lacaze va camino a transformarse en un pueblo fantasma. “Medidas de laburo inmediatas, poco y nada. Vos mirás para adelante y viene complicada la mano”, dice Marcelo Olaverry, quien presidió el sindicato de la papelera fundada en 1898.
“Se nota en el consumo que la gente se retrajo mucho. Es un efecto contagioso. En invierno siempre hay más gastos. Algunos se han ido a vivir con los padres para no pagar alquiler”, contó Olaverry al diario “El País”.
“Hay mucha gente tirando currículum”, dijo; la pregunta a hacerse es: ¿Quién se los va a agarrar?
Suena extraño que en Juan Lacaze, un pueblo “compañero”, donde el Frente Amplio tiene mayoría, maneja la Alcaldía y el sindicalismo es muy fuerte, no haya trabajo luego de 12 años de gobiernos “progresistas” donde se recaudó como nunca, se gastó como siempre y no quedó nada de la promesa de “país productivo”.
Las soluciones a la falta de empleo las van a buscar —una vez más— al lugar equivocado: las “comisiones” y el Estado. Dice “El País”: “Ya se realizaron dos reuniones en Montevideo de la comisión que busca soluciones para Juan Lacaze y próximamente se hará otra en la ciudad pero Alberto Grimoldi (ex trabajador papelero) reconoce que todo lo que se planifica ‘es de largo aliento’”.
Nadie parece querer invertir en Juan Lacaze. Hay un tímido intento de mejorar el muelle de Puerto Sauce, pero eso apenas daría para unos pocos empleos. Tal vez si lo declararan puerto libre, sin impuestos y con un régimen jurídico donde no rijan ni monopolios, ni impuestos abusivos, ni sindicalismo cavernario, alguien arriesgaría sus dineros.
Ahora estos “compañeros”, acostumbrados a tirar de la piola de las relaciones laborales y reclamar siempre derechos olvidando las obligaciones, no solo tendrán que competir con otros uruguayos por los pocos puestos de trabajo que se generen, sino con cubanos, dominicanos, peruanos y venezolanos que están viniendo a estos lares con ganas de trabajar, buena actitud y muchos escapando de situaciones terribles como la de Venezuela.
Y con esto, “el 45% de los uruguayos cree que la inmigración es una mala noticia para el país”, según informa “El País” del 16 de abril.
Esta situación debería hacernos aprender algo: que la economía es una ciencia, con reglas tan duras como la Ley de la gravedad, donde no puedes ir contra ellas. Las empresas no son eternas y la productividad no es un capricho de un empresario avaro, sino el oxígeno necesario para poder vivir.
No repitamos los fracasos de Argentina, como bien lo ilustra el economista José Luis Espert en su reciente libro “La Argentina devorada”, donde desde hace 80 años siguen insistiendo con el estatismo, la protección de la industria nacional, los subsidios, los empresarios prebendarios y un sindicalismo corrupto y paralizante.
Si algún día queremos ser un país de primera, hagamos lo que hacen los países de primera: achican el Estado, compiten, innovan y apoyan el libre mercado. ¡Eso sí que es defender al “compañero”!