El camión de Niza casi se me aparece en sueños.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLos atentados del ISIS me han hecho practicar zapping compulsivamente. Durante días me surgen las imágenes, repentinas. Trato de leer prensa internacional, voces oficiales y divergentes.
Hay un rostro que me persigue: es el de una mujer azara, una afgana que habla persa. La he visto con su hermosísimo rostro antiguo y su atuendo blanco y negro, llorosa, contando cómo en una manifestación en Kabul por los derechos de su minoría alguien los destrozó por los aires: un soldado de la causa ISIS. Y la Policía miraba y no hacía nada.
Porque el ISIS no quiere que existan infieles como ella, aun musulmanes. Son chiitas, y estos muchachos de barba que escupen la verdad divina los consideran herejes.
Estoy tan agobiada por los camiones, por los cuchillos, por las balas, que llamo a una amiga de toda la vida porque charlar con ella me hace bien al espíritu.
Pero mi amiga piensa que la culpa es de Occidente y sus fabricantes de armas.(Mal negocio, pienso yo, si se pone de moda matar con hachas).
Conozco esa interpretación de los hechos. Mi amiga es culta y sensible pero piensa así, como muchos. Es una respuesta muy sencilla: la raíz del problema está afuera, no adentro de la ideología fanática islamista.
En el mismo Occidente, un montón de almas cree que los atentados de ISIS son un castigo merecido. Y que los chicos del ISIS son justos combatientes. ¡O loquitos!
No puedo discutirlo, no tengo fuerzas.
Pero intento oír la voz de los que perpetran los atentados. Oigo con atención los videos que el ISIS utiliza para reclutar “soldados” en Occidente. Es un discurso preciso, exacto: “Hay que matar al infiel”. Con bombas, con piedras, con autos a toda velocidad, con cuchillos. Con lo que sea.
Su ideología es rotunda. Luego de los terribles atentados en Bagdad, donde volaron decenas y decenas de civiles chiitas que estaban haciendo compras para el Ramadán, los comentarios de algunos iraquíes eran del tipo: “Fue aún peor porque ocurrió en la fiesta religiosa del Ramadán”.
Yo creo que la matanza hubiera sido tan espantosa de haber ocurrido un lunes cualquiera.
Escucho al padre del conductor del camión de Niza: dice que su hijo no podía haberse radicalizado porque no era un buen musulmán, tomaba alcohol y bailaba salsa.
Estas voces trasuntan que la ideología fascista islámica se gana adeptos porque la religión está horadando la razón de millones de seres humanos.
No es una cuestión del siglo XXI. En el México antiguo se realizaban masivos sacrificios. Los católicos europeos quemaron vivas a miles de mujeres acusadas de brujería. El nazismo y sus cómplices europeos se trasplantaron el cerebro y el corazón por una ideología nefasta.
Ayer me vinieron a hacer una encuesta a casa. Una de las preguntas del largo interrogatorio fue: “¿Usted aprueba o desaprueba las acciones del Estado Islámico?”. Yo me río. Y le digo a la encuestadora: “¿Quién puede contestar SÍ?”.
Y la mujer dice: “Pues alguna gente me lo dijo”.