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    La “gratificación” de servir a la sociedad es lo que ofrece el sector público para poder competir con salarios privados

    La Fundación Botín fue constituida en España en 1964 por Marcelino Botín Sanz de Sautuola y su esposa Carmen Yllera. La organización es hoy encabezada por su nieto, Emilio Botín, que a su vez es presidente del Banco Santander.

    Su misión es “promover el desarrollo social, detectando y apostando al talento creativo que hay en la sociedad y explorando nuevas formas de riqueza cultural, social y económica”. En ese marco desarrolla programas propios en educación, ciencia, desarrollo rural, cultura y acción social en España, EEUU y en Latinoamérica.

    Una de sus iniciativas más importantes son las Becas Botín para el Fortalecimiento de la Función Pública en Latinoamérica. Se trata de un curso de dos meses y medio con “aspectos formativos, institucionales, internacionales y generadores de identidad”. La fundación financia los gastos del viaje y la estadía de sus alumnos, que una vez egresados pasan a formar parte de la Primera Red de Internacional de Servidores Públicos.

    En Uruguay todas las Universidades postulan aspirantes para estas becas. Los alumnos interesados tienen tiempo hasta el 30 de abril para inscribirse en la páginas web www.fundacionbotin.org.

    Lo que sigue es la síntesis de una entrevista que Búsqueda mantuvo con Javier García Cañete, director del programa Becas Botín para el Fortalecimiento de la Función Pública en Latinoamérica.

    —En Uruguay la función pública vive una época de desprestigio. Ser funcionario público está asociado a trabajar pocas horas, sin gran entusiasmo por hacer las cosas bien, a la burocracia, etc. ¿El diagnóstico representa únicamente a Uruguay o cree que puede hacerse extensivo a otros países de la región?

    —Los problemas del funcionamiento de algunas instituciones son comunes en unos y otro países. Para que las instituciones, en este caso de Uruguay, contemplen un cambio, es necesario mejorar la eficiencia y la eficacia de la gestión pública, aumentar los niveles de transparencia de las instituciones. Y todo esto es posible hacerlo si las personas que lideran esas instituciones tienen el compromiso y la capacidad de hacerlo.

    Como ocurre en la gran mayoría de las profesiones, en la función pública se puede transmitir una imagen que no hace justicia a la realidad en la mayoría de los casos. Existe un cuerpo de funcionarios excelente, gracias al cual funciona la administración pública, y en él debemos fijarnos y agradecer su compromiso y buen hacer. Ese es el modelo que anima el Programa de la Fundación.

    En Uruguay, como en el conjunto de los países, la situación es similar: estoy seguro de que hay un grupo extraordinario de funcionarios públicos que hay que sacar más a la luz y que pueden ser modelo para los jóvenes con vocación al servicio público.

    —¿Conocía ese diagnóstico de la situación uruguaya? ¿Los estudiantes uruguayos que participaron de la beca lo manifestaron en algún momento?

    —Creo que la situación uruguaya no es muy diferente a otras. Y esto se analiza durante el programa con todos los estudiantes, buscando también modelos positivos y analizando situaciones negativas para evitarlas.

    —¿Cuáles son las claves para que una vez que estos profesionales ingresen a una institución pública no terminen absorbidos por la realidad de la función pública que hoy vive Uruguay?

    —La clave está en que estos profesionales logren un rol de liderazgo en las instituciones, de modo que logren convencer a los demás de los beneficios de un nuevo mecanismo de trabajo. Como todo cambio estructural, requerirá de un margen de tiempo determinado, la influencia deberá ser sutil y paulatina. Pero antes que todo, los agentes de cambio deberán estar realmente comprometidos con la causa, manteniéndolo siempre como meta final. Por eso es trascendental que estos profesionales mantengan el relacionamiento con los demás líderes que actúan en otros organismos y en otros países. Un vínculo global que equipare los objetivos y los procesos de unos con otros.

    —¿Cuáles son los objetivos que persiguen con la “red de profesionales”?

    —La red de servidores públicos es un pilar fundamental en el que se asienta este programa de la Fundación Botín. Permite que los alumnos fortalezcan su vocación y compromiso con el servicio público mediante la formación continua y el trabajo en equipo, incorporando en estos retos a instituciones y entidades con las que colaboran. Es el modo en el que se va concretando el compromiso con el desarrollo de sus países. En estos cuatro años la red ha visto incrementado su número de miembros y su evolución es magnífica. Los egresados encuentran su punto de unión en esta red, entre ellos y con la fundación, para poner en común sus inquietudes y sobre todo los proyectos que van poniendo en marcha en sus países.

    —En Uruguay los mejores profesionales terminan trabajando en el sector privado porque las remuneraciones son muy superiores a las del Estado. ¿Sucede eso también en los otros países?

    —Así es, las grandes corporaciones internacionales son las que concentran a los profesionales más aptos y valorados del mundo, ya que manejan un nivel adquisitivo insostenible a nivel del Estado en ningún país de la región. Sin embargo, los cargos públicos aseguran al profesional una gama de beneficios que resultan muy atractivos. No solo es el salario lo que anima a un profesional al desarrollo de su profesión. Hay otros aspectos que son también a valorar.

    —¿Qué gratificaciones puede ofrecerles el trabajo público para incentivarlos a quedarse aun con sueldos más bajos?

    —La mayor gratificación de todas: servir a la sociedad para favorecer al desarrollo económico y social de la región.

    —¿Qué puede hacer para retener a esos profesionales en la función pública? Subir los salarios puede ser un arma de doble filo, ya que tampoco está bien visto socialmente que en la función pública se ganen abultados salarios que paga “el pueblo”.

    —Es un tema muy delicado. Si bien un reconocimiento salarial justo sería necesario, no creo que sea el eje principal. Más bien se apunta a generar el compromiso por otro lado: ellos serán los profesionales responsables de que su sociedad crezca, de que cada país logre superar sus estándares de funcionamiento. Es decir, hay un fuerte compromiso social de por medio. Lógicamente debe existir una conformidad personal con el cargo, pero antes tienen que sentirse comprometidos con su misión como profesionales, deberán sentirse verdaderos agentes de cambio en el desarrollo social.

    —¿En qué características de la función pública hacen énfasis en los cursos para alentar a los estudiantes?

    El curso, de una duración de dos meses y medio de duración, pretende consolidar la vocación de servicio de los alumnos, fortalecer su compromiso y trabajar las actitudes y el talento para el buen ejercicio de la función pública. Los contenidos docentes tratan numerosos aspectos directamente relacionados con la función pública como conceptos jurídicos en el Estado de derecho, procesos de integración en Latinoamérica, identidades colectivas: movimientos sociales y nacionalismos, el papel de la empresa en el servicio público, creación de valor público, procesos de integración regional, teoría del conocimiento: realidad, verdad, diversidad, economía pública y economía del desarrollo.

    —¿Cuáles son las inquietudes más frecuentes de los estudiantes?

    —Las preocupaciones están sobre todo centradas en que en sus instituciones públicas estén las personas con mayor capacidad, talento y sobre todo honestidad. Otra es la transparencia de las instituciones, que sean claras y con objetivos definidos.

    —¿Qué opina acerca de que en muchos casos las instituciones públicas estén lideradas por políticos que en muchos casos no tienen la formación profesional que requieren los cargos?

    —Es sin duda un problema. La formación profesional adecuada es también clave para ser capaz de afrontar los retos que entraña el desempeño del servicio público.