Un “balde de agua fría” que es “discriminatorio”, “injusto” y “estigmatizante”. Así define el general del aire (retirado) José Bonilla la propuesta del gobierno para reformar el servicio de retiros y pensiones militares.
Un “balde de agua fría” que es “discriminatorio”, “injusto” y “estigmatizante”. Así define el general del aire (retirado) José Bonilla la propuesta del gobierno para reformar el servicio de retiros y pensiones militares.
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl militar fue comandante en jefe de la Fuerza Aérea, jefe del Estado Mayor de la Defensa y en 2013, tras su retiro, fue designado como coordinador de Inteligencia del Estado durante el gobierno de José Mujica, cargo que ocupó hasta marzo del 2015.
Para Bonilla era “esperable” una reforma del sistema de retiro militar (que tiene un déficit cercano a los U$S 400 millones que debe aportar Rentas Generales) pero entiende que esta propuesta del Poder Ejecutivo no tiene en cuenta las particularidades de la carrera militar: “no se está tratando con un profesional que durante toda su vida gozó de determinados privilegios, sino todo lo contrario”.

En ese sentido, genera “mucha preocupación” entre los militares que “luego de todas las vicisitudes” de la carrera, a la hora de retirarse “se afecten” las jubilaciones. El impuesto propuesto por el Ejecutivo tendría una recaudación anual de U$S 40 millones. Para Bonilla configura una “tamaña injusticia” porque las jubilaciones ya cuentan con el IASS y esto sería “una doble imposición” que se aplicaría “solo para los militares”.
De ser aprobada la reforma, la quita en algunas jubilaciones podría ser del 50% de lo que actualmente reciben los pasivos, según Bonilla.
“Es totalmente discriminatorio. Es algo no menor, me gustaría saber qué pasaría si a un empleado le hacen una quita así de su sueldo”, dijo a Búsqueda.
Pero además, el militar entiende que un proyecto así “va a traer consecuencias muy malas para los activos de las Fuerzas Armadas”, entre ellas el retiro anticipado de los efectivos.
—¿Qué evaluación hace del anuncio del gobierno de que buscará reducir el déficit que tiene el servicio de pensiones militares con un impuesto a las jubilaciones militares?
—Cayó como un balde de agua fría, porque si bien la reforma del servicio de retiros y pensiones militares ya se veía venir, no esperábamos esto. Es una potestad legítima del Poder Ejecutivo la de llevar adelante una reforma del servicio. Han cambiado muchas cosas, la gente por suerte cada vez vive más y esto tiene que irse incorporando a los sistemas. Es esperable que el Ejecutivo, con el asesoramiento del jefe de Estado Mayor de la Defensa y los comandantes en jefe, lleven adelante una reforma de este estilo, teniendo en cuenta, eso sí, todas las características particulares que hacen al ser militar.
El militar está sujeto a una disciplina que lo hace distinto a lo que puede ser otra profesión. Llegar tarde tiene una sanción, hay una Justicia ordinaria y otra militar, no existen las huelgas, ni las horas extras, ni la posibilidad de agruparse en sindicatos. El militar obedece y cumple, lleva adelante las tareas que se le piden sin quejarse y cobrando los salarios más bajos dentro del Estado. No hay derecho al descanso si la situación es de emergencia.
Toda esta situación diferencial tiene que ser tenida en cuenta a la hora de pensar una reforma, porque no se está tratando con un profesional que durante toda su vida gozó de determinados privilegios, sino todo lo contrario. Nosotros estamos para cumplir con la patria y auxiliar en todas las crisis y situaciones que nos llamen.
—Estos argumentos son manejados tanto por militares en actividad y en retiro. ¿Partir de esta base hace que estos procesos sean más sensibles?
—Sí, porque además hay que tener en cuenta las expectativas de lo que se les viene a los que están en actividad ni bien se retiren; y lo que los retirados esperan porque ya lo tienen como derecho adquirido.
Tenemos la fuerte preocupación de que llegada esta instancia de retiro, luego de todas esas vicisitudes mencionadas, se afecten nuestros ingresos. Es cierto que hay retribuciones buenas, pero nosotros no tenemos la culpa de ello. Se nos quiere imponer una culpabilidad en base a esa situación.
En esta reforma hay una intención de crear un impuesto llamado de Prestación Pecunaria Coactiva al sistema de retiros y pensiones militares. Es un impuesto que junto al IASS se transforma en una doble imposición. Esto hace que en algunos casos, de ser aprobado, la quita entre ambos impuestos llegue a la mitad de la jubilación.
Es totalmente discriminatorio. Es algo no menor, me gustaría saber que pasaría si a un empleado le hacen una quita así de su sueldo. Nosotros no tenemos gremios para protestar por esto, pero es muy fuerte. No podemos protestar en grupo ante tamaña injusticia de un doble impuesto en las jubilaciones.
Solo a nuestro servicio se le impondría un impuesto de este estilo, estigmatizándonos y diferenciándonos del resto de los pasivos.
La gente en este país está bien informada de lo que hacen los militares, de cómo somos los primeros en llegar a todas las emergencias, que siempre estamos al firme. Entonces es justo que cuando se habla de reformar los servicios se vea que la solución que se busca es compleja e injusta. Este proyecto solo traerá más dificultades.
Indudablemente no soy constitucionalista ni sé de la materia tributaria, pero es bastante probable que esta idea de un nuevo impuesto con este nivel de quitas sea inconstitucional porque el artículo 67 de la carta pone una especial protección en las jubilaciones. La persona jubilada no puede acceder a otro trabajo, por eso ese artículo protege las jubilaciones y habría que consultar a un experto constitucionalista sobre si estas quitas en base a impuestos son constitucionales. Lo que sí es seguro es que se harán las consultas y se seguirán los procesos.
Hablamos de un impuesto que puede ser inconstitucional y que es confiscatorio porque te sacan de tus retribuciones con porcentajes que no se aplican en ningún otro tipo de haberes.
Esta situación además estigmatiza a los militares porque nos hace parecer como los culpables de ese déficit que tiene el servicio cuando no es así. El servicio de retiros militares se nutre del Montepío de 13% que se le descuenta a todo el personal en actividad y a aquellos retirados que no cumplieron 36 años. Eso más el aporte patronal son los ingresos para el pago de los haberes que corresponden.
Por distintas políticas del año 85 a la fecha se han ido reduciendo los efectivos militares y eso hace que cada vez haya menos activos para la cantidad de pasivos. Entonces ese efecto hace que cada vez haya más retirados, por eso los aportes no dan.
Recordemos que un militar es el peor pago en todo el Estado. Un soldado gana unos 12.000 pesos. Este es el contexto en el que se nos quiere imponer una quita en las jubilaciones.
—El borrador de la reforma plantea subir la edad de retiro en todos los grados. ¿Cree que podría ayudar a solucionar el déficit actual?
—Creo que hay que estudiarlo y ver las consecuencias a futuro. Tanto para el que está en actividad como para el mismo gobierno. El servicio de retiros tuvo recomposiciones de las carreras, donde a aquel que se retiraba se le daba el máximo grado con aumentos y compensaciones, todo eso a cargo de Rentas Generales. También, en 1992 hubo una suerte de retiro incentivado para los coroneles. Intentando que se fueran coroneles se los incentivó para bajar los efectivos de las Fuerzas Armadas. Todo eso fue con un costo para el Estado que en ese momento se asumió y nosotros no tenemos la culpa de ello. Cuando se haga una reforma hay que tener en cuenta todas estas situaciones.
—¿Cómo pueden repercutir estas posibles reformas en el sistema de retiro dentro de las Fuerzas Armadas? Hay quienes sostienen que habría retiros masivos de oficiales...
—Tenemos la confianza de que el señor presidente de la República actuando con el ministro de Defensa vean toda esta situación que se da con este impuesto injusto y ellos muevan para eliminar esta propuesta que puede llegar a ser muy perjudicial.
No quiero pensar que atrás de todas estas cosas haya una intencionalidad de eliminar las Fuerzas Armadas por la vía de los desincentivos. Creo que la gente que cree que aquí con una Guardia Nacional estaríamos bien no recuerda que en los años 2006 y 2007 se hizo una revisión de qué Fuerzas Armadas necesitaba el Uruguay y se plasmó luego en la ley marco de Defensa.
Entonces yo creo que es una cuestión de expectativas. Si a mí ya no me sirve la carrera militar me iré con lo que es hoy la ley de retiro. La nueva ley se publicará y todos verán por sus propios intereses.
Hoy las diferencias de remuneraciones entre el sector privado y el militar para las mismas funciones son enormes. Un piloto, un maquinista, un capitán de barco, todos harían mucho más dinero en el sector civil. ¿Con qué se hace la diferencia? Con el amor a la patria y la vocación. Es justo que la gente piense en superarse, pero en el ámbito militar aspiramos a que la vocación sea un pilar...
—¿Pero se puede mantener a los efectivos solo con la vocación? ¿No es la jubilación militar uno de los principales incentivos que hoy tienen para no darse de baja antes de tiempo?
—Y bueno… Es cierto que un impuesto así y un cambio tan importante puede afectar. Se da que permanentemente se está yendo gente. Esta posibilidad que se abre hoy, si bien es un proyecto y Dios quiera que no tenga llegada a buen puerto, que no se concrete, indudablemente va a traer consecuencias muy malas para los activos de las Fuerzas Armadas.
En definitiva hay que preguntarse qué se está buscando. ¿Dejar unas Fuerzas Armadas inoperantes? ¿Con los activos cada vez más escasos? Ojalá que el Estado todo se dé cuenta de las consecuencias malas de este proyecto de impuesto.