—“Usted se ha comunicado con el INCA. Por consultas acerca de dosis y sobredosis digite 1, por plantíos en clubes de membresía digite 2, por semillas y fertilizantes importados digite 3, por coordinación de fumatas populares digite 4, por instrucciones para el autocultivo digite 5, de lo contrario permanezca en línea, no aspire, y aguarde, que será atendido por una operadora” —dijo la grabadora que contestó el llamado de la tía Maruja, tras haber discado el número que le dejó su sobrino el Juanjo. Como no entendió lo que le decían, aguardó que apareciera una voz humana.
—“INCA, buenos días, habla Tatiana, ¿en qué puedo ayudarle?” –dijo una solícita muchachita.
—“No, señora, éste es el INCA, Instituto Nacional del Cannabis, nada que ver con las pinturas” —respondió Tatiana, un poco contrariada, y hasta esperando que pudiera tratarse de una broma.
—“¿Del cana..qué?, perdóname, m’hija, pero tengo acá un encargo que me hizo un sobrino mío y me dejó este número, y no entiendo lo que me decís” —se disculpó la tía Maruja, dejándole ya de entrada claro a Tatiana que no le estaba tomando el pelo.
—“Cannabis, señora, que es la planta de la marihuana, a lo mejor su sobrino quería encargar o averiguar algo relativo a la marihuana, ¿no vendrá por ahí la cosa? —inquirió amigablemente la operadora.
—“¡Tas loca, m’hija, el Juanjo no anda en esas cosas!” —replicó enfática la tía Maruja —“él me dejó acá un papel que dice llamar al número ése al que llamé y me atendiste vos, y preguntar dónde se retira la mercadería, porque él dice acá que quiere 40 quilos de 700 pesos, y no sabe dónde se retiran, por eso yo creí que era la fábrica de pinturas, ya sé que las pinturas se venden por litros, pero capaz que eran quilos de cal, o qué se yo, vos sabés que los muchachos…”
—“Señora, el mensaje de su sobrino no debe decir quilos sino gramos. Acá vendemos marihuana pura, los 40 gramos a 700 pesos, si quiere le indico el procedimiento para la solicitud…” –interrumpió Tatiana a la tía Maruja.
—“Vos tas loca. El Juanjo no anda en ésas, a ver esperá, ahí está entrando y le pregunto, ¡Juanjo!, este pedido que me dejaste, ¿era para encargar 40 quilos de qué? ¡porque acá en ese número me dicen que son gramos, y de marihuana! ¿noverdá que eso no puede ser? …a ver, esperá m’hija que acá le estoy preguntando a mi sobrino…¿cómo? ¿Qué son 40 gramos de marihuana? ¿pero vos estás en las drogas, pedazo de un degenerado? ¡Ya vas a ver cuando les diga a tus padres, que se fueron de viaje y me dejaron cuidándote! ¡ya voy, m’hija, ya sigo contigo, estoy hablando con este maldito desgraciado que cayó en la drogadicción! ¿cómo que la marihuana no es una droga? ¿Qué se creen ustedes? Qué cambiándole el nombre, ¿cómo es?, poniéndole el nombre de un jugador de fútbol, el Canobbio, o como sea, bueno, el cannabis, como vos digas, ¿le van a cambiar el destino maldito a esa droga?” –dijo de un tirón la pobre tía Maruja, sacudida por la revelación del inesperado drama familiar al que se estaba enfrentando.
“Señora, a ver si me explico. Hay una nueva ley que determina que en Estado cultiva, refina, administra y vende cannabis sativa, o marihuana, o maruja, o…”
—“¡A ver si me respetás, que yo me llamo María Eduviges, y me dicen Maruja desde que nací, y tengo 77 años y nunca me acerqué ni por asomo a esas degeneraciones de la marihuana, la cocaína, la pasta base y todas esas porquerías, así que a ver si no le decís maruja a la marihuana, maldita sea, que también!” —parrafeó la tía Maruja, defendiendo su sobrenombre.
—“Bueno, doña Maruja, se trata de una coincidencia desgraciada, pero lo que su sobrino le pidió fue que le averiguara dónde conseguir la marihuana para fumarse algún porrito en un boliche con los amigos, y yo ya le voy a pasar los datos” –dijo Tatiana con ternura generacional, como si la tía Maruja fuera alguien de su familia y de otra generación. Lo peor fue que se lo dijo.
—“Comprenda, señora, somos de generaciones diferentes, y…”
—“¡Las degeneraciones son las que ustedes están imponiendo, corrompiendo a los jovencitos! ¿Cómo es eso que lo que quieren es fumarse un porro en el boliche? ¿No está prohibido fumar en los lugares públicos? ¿No fue Tabaré Vázquez el que lo prohibió, y ustedes ahora lo están estimulando? ¿No dijo el mismísimo Tabaré que la marihuana era nociva para la salud, para el cerebro, que promovía la esquizofrenia y no sé cuántas porquerías más? ¿Qué va a hacer Tabaré si sale presidente? ¿Va a hacer derogar esa ley maldita que creó el INCA, o como se llame? ¡Están todos locos ustedes!” ´—bramó la tía Maruja.
—“Señora, anote ahí por favor, lo que su sobrino tiene que hacer para conseguir la marihuana oficial, pura y refinada” –dijo Tatiana, perdiendo cualquier interés en seguir aquella discusión, —“tiene que pasar por aquí, Marcelino Vidaurreta 5667, que es la sede del INCA, y registrarse como usuario. Ahí llena el formulario 14, que es que le permite obtener una tarjeta de usuario anónimo, y una vez que la obtenga tiene que ir al depósito de expedición, que está en Camino de la Ascensión 2356, y presentarse en la ventanilla 4, que es donde le dan el formulario 45, que es donde él hace el pedido de la sustancia. Allí le sellan el formulario, y tiene que volver a la sede central, donde le registramos el pedido, y elevamos la solicitud a la junta de membresías externas, que en un trámite sencillo analiza el pedido y eventualmente lo aprueba. Allí le dan entonces el voucher de los 40 gramos, por los que pagará 700 pesos si ése es el valor de mercado el día del pedido, porque si no lo es, y los precios varían mucho, desde ya le digo, tiene que presentar una solicitud de evaluación arbitrada del precio ante la Junta Directiva, que analizará las tendencias del mercado, y fijará los valores correspondientes…”
—“Esperá m’hija que el Juanjo escuchó toda esta conversación desde el derivado, ¿qué me decís, Juanjito? Ah, m’hija, dice el Juanjo que no te molestes, que se la va a seguir comprando al Pardo Porretti, que se la vende más barata y sin tantas complicaciones. Dice que muchas gracias igual, chau, que andes bien” —concluyó la tía Maruja, dándose vuelta para encararlo al Juanjo. Pero éste ya se había ido.