Álvaro Brunini, presidente de ANII, y David González, director de la Senci, explicaron a Búsqueda que una de las principales novedades de este fondo es su carácter de financiamiento sostenido en el tiempo. “Entre que se diseña un instrumento, se hacen los llamados, se evalúan, se aprueban y se empiezan a ejecutar, pasan dos o tres años. Y para que esos proyectos que se financiaron generen efectos en la sociedad, pasa más tiempo todavía. Por lo cual el apoyo a la ciencia es un tema que tiene que ser política de Estado”, opinó Brunini.
La agencia, según contó, trabajó en tres frentes: asegurar recursos presupuestales hasta 2030, potenciar herramientas que ya venían funcionando y diseñar, junto con la Senci y Uruguay Innova, nuevos instrumentos para cubrir áreas pendientes.
“Necesitábamos darle más tiempo de desarrollo y más recursos a los investigadores para ayudar a consolidar equipos de trabajo, sobre todo en proyectos vinculados a ciencias básicas”, dijo el presidente. Comentó, además, que era necesario que existiera un mayor vínculo entre los investigadores senior con los investigadores más jóvenes, razón por la que, además de financiar proyectos de investigación, se decidió financiar becas de doctorado y posdoctorado, un punto débil que “había que fortalecer”.
“Prioridad alta”
Ante el alto nivel académico de las propuestas recibidas, el directorio decidió expandir el cupo de proyectos financiados de los 30 originalmente previstos a 35, al utilizar recursos propios de la ANII para cubrir los gastos. Históricamente, el sistema de ciencia nacional ha tenido que archivar proyectos evaluados con calificaciones de excelencia por falta de disponibilidad presupuestal, recordó González. Sin embargo, en el caso del Fondo Ida Holz, la evaluación técnica —que fue realizada en un 100% en el exterior mediante un comité de nueve investigadores latinoamericanos y 134 evaluadores externos extranjeros— clasificó 35 proyectos como de una “prioridad alta”, por lo que las autoridades decidieron que “era importante mandar la señal de que Uruguay hacía un esfuerzo para que todos tuvieran financiación”.
Brunini precisó que si bien el grueso del llamado se financia con un préstamo de inversión del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la ANII decidió comprometer fondos propios tras verificar que las cuentas de la agencia ya estaban estrictamente “ordenadas”, tras recibir un directorio con déficit en 2025. De esta manera, cada uno de los proyectos aprobados recibirá hasta $ 9.300.000 por cinco años —el 100% del costo total—, a lo que se suman 68 becas de doctorado y 35 de posdoctorado. “Cada proyecto implicará unos US$ 330.000. O sea que estamos hablando en total de una inversión que realiza el Estado de unos US$ 12 millones”, detalló Brunini.
En la misma línea, desde la ANII indicaron a Búsqueda que los recursos destinados al Fondo Ida Holz representarán una porción creciente de la ejecución presupuestal anual de la agencia en los próximos años (2,68% en 2026, 4,27% en 2027, 7,27% en 2028, 7,24% en 2029 y 7,36% en 2030). Brunini aseguró que el fondo “va a pasar a ser uno de los instrumentos principales de la agencia”: “vino para quedarse”.
“Uruguay precisa de herramientas y financiamiento a largo plazo. Pero sabemos que instrumentos de este tipo a futuro requerirán de acuerdos multipartidarios y de verdaderas políticas de Estado”, comentó. González coincidió con este punto y explicó que “el préstamo del BID sirve como disparador para lanzar la primera edición del Fondo Ida Holz”, que esperan continuar más adelante con fondos de rentas generales.
Impacto
Los resultados de la primera convocatoria del Fondo Ida Holz, a los que accedió Búsqueda, así como algunas de las investigaciones seleccionadas, serán presentados este lunes 31 en Presidencia, ante la presencia de autoridades de gobierno y la academia.
El informe de cierre elaborado por la ANII muestra que la Universidad de la República concentró 22 de los 35 proyectos financiados, seguida por el Institut Pasteur de Montevideo y el Instituto Clemente Estable, con cuatro cada uno, y la Universidad Católica del Uruguay, con tres.
El documento indica también que el 74,3% de los proyectos financiados tiene al menos una mujer en roles de liderazgo, frente a un 25,7% presentado exclusivamente por dos varones. “Los análisis que se han hecho del sistema científico uruguayo nos indicaban que determinadas áreas del conocimiento eran predominantemente masculinizadas, especialmente en los niveles más altos y sobre todo en las físico-matemáticas”, comentó González. Por eso, agregó, los proyectos exigieron la presentación de dos responsables científicos, lo que colaboró a que muchos de los equipos fueran mixtos. Brunini, sin embargo, señaló que “sigue siendo un desafío del sistema que haya más mujeres en los niveles más altos”, investigando e innovando.
La distribución territorial también presenta un problema estructural: solo el 8,6% de los proyectos financiados fueron presentados por instituciones del interior del país. “La comunidad de investigación en el interior es más pequeña que en Montevideo”, justificó González. Según dijo, el número es “un poco engañoso” porque solo contabiliza los proyectos cuya institución proponente está radicada en el interior, y deja afuera los presentados por instituciones montevideanas en los que uno de los corresponsables trabaja en el interior o buena parte de las tareas de investigación se desarrollarán fuera de la capital.
Brunini enmarcó el desafío de una mayor participación del interior en un proceso más amplio que viene dándose “desde hace 15 o 20 años, a partir de la creación de Utec, de la descentralización de la Udelar y de algunas universidades privadas”, y adelantó que es uno de los temas que la agencia quiere seguir profundizando.
La selección de los proyectos financiados mostró un abanico amplio de propuestas. Si bien las ciencias naturales y exactas (con 13 proyectos aprobados) y las ciencias médicas (con nueve iniciativas) concentran el mayor peso, las autoridades destacaron el gran crecimiento de las ciencias sociales (con tres proyectos financiados y dos más en el área de humanidades), que registraron una importante tasa de aprobación en relación con las propuestas presentadas.
Por ejemplo, según los resúmenes publicables de los proyectos a los que accedió Búsqueda, en el Hospital de Clínicas Sofía Grille lidera un estudio para desarrollar biomarcadores que permitan predecir la eficacia de la terapia CAR-T, que modifica células del propio paciente para atacar tumores; en la Facultad de Medicina, Rafael Radi investigará cómo el dióxido de carbono metabólico interviene en procesos de señalización celular y estrés oxidativo, mientras que Ana Silva estudiará la regulación de los ritmos circadianos con la mira puesta en crear una futura Unidad de Salud Circadiana en el Hospital de Clínicas. Desde la Utec, en tanto, Ángela Cabezas desarrollará modelos de “biorrefinerías territoriales” para transformar en energía y fertilizantes los residuos agroindustriales y forestales del país.
Por otro lado, Gregory Randall, de Facultad de Ingeniería, construirá una plataforma digital que integre archivos de Uruguay, Argentina y Chile sobre el pasado reciente y las violaciones a los derechos humanos durante las dictaduras; Alfredo Arnaud impulsará la ganadería de precisión al probar caravanas inteligentes con sensores en ganado pastoril, lechero y de feedlot, y Gonzalo Tancredi buscará estudiar el comportamiento de diferentes asteroides, cometas y exoplanetas.
Perspectivas
El financiamiento a doctorados y posdoctorados que ofrece el fondo tiene, además, un propósito explícito frente a otro fenómeno que preocupa al sistema: la salida de investigadores jóvenes hacia el exterior. “Entendíamos que en esta etapa teníamos que fortalecer el financiamiento a doctorados y a posdoctorados para permitir la retención de investigadores que se están formando”, planteó Brunini, quien enmarcó esa apuesta dentro de un conjunto de instrumentos que la agencia trabaja junto con la Senci y Uruguay Innova. Entre ellos hay un programa de catalizadores desarrollado con la Agencia Nacional de Desarrollo para financiar centros de emprendimiento e incubadoras universitarias con foco en el interior, y otro para emprendimientos de base científico-tecnológica, como plataformas que integren investigación e innovación —incluidas una en inteligencia artificial y otra en materia de seguridad—, desafíos de innovación pública dirigidos al Estado y el fortalecimiento de unidades de valorización del conocimiento.
El objetivo es determinar “cómo acercar más la academia al sector privado y cómo fortalecer investigación e innovación para que terminen en productos innovadores en el mercado que luego se internacionalicen”, señaló Brunini.
González afirmó que si bien Uruguay tiene bastante menos investigadores por habitante de lo recomendado, al país le resulta muy difícil emplear a los que tiene. Es por eso que el conjunto de estrategias en marcha apunta simultáneamente a “retener a los investigadores y atraer investigadores del exterior, pero también a tener un crecimiento económico y social que realmente los pueda sostener en Uruguay en el largo plazo”.
Ese esfuerzo de coordinación remite directamente al motivo que llevó a crear la Senci: la falta de coordinación y los problemas de gobernanza que arrastraba el sistema científico uruguayo. En ese sentido, González destacó entre las tareas que tiene actualmente en marcha la secretaría, la elaboración de un Plan Estratégico de Ciencia y Tecnología a cinco o 10 años y la discusión de una futura ley integral de ciencia y tecnología “que dé un mayor nivel de organicidad y de ordenamiento al sistema científico”.
“Tener un interlocutor de ese nivel ya está generando un despegue en la cooperación internacional”, celebró.