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    viernes 21 de junio de 2024

    Los 100 años

    Columna publicada el 28 de diciembre de 1995

    Oficialmente, hoy el cine cumple 100 años. El dato es discutible, porque antes el norteamericano Thomas Alvah Edison había filmado imágenes en movimiento sobre película perforada de 35 mm, y en Alemania Skladanowsky había exhibido imágenes proyectadas sobre una pantalla que registraban vistas cotidianas de Berlín y alrededores. En rigor, también los hermanos Auguste y Louis Lumière habían presentado siete u ocho “vistas” en movimiento varios meses antes ante un congreso científico.

    Lo que, sin embargo, nació el 28 de diciembre de 1895 fue el cine como espectáculo público. Ese primer programa exhibido en París, ante la sorpresa y estupefacción de espectadores tan comunes como desprevenidos, iniciaba una experiencia que marcaría todo un siglo hasta hoy: el acto de asistir colectivamente a la reproducción de la vida por medios técnicos, un simulacro de la realidad ante el cual grupos de personas experimentarían emociones semejantes, al mismo tiempo. Esa forma de comunicación habría de convertirse en una expresión artística y creativa muy poco tiempo después. Y habría de identificar al siglo XX como el momento histórico en que la sociedad humana inventó una comunicación por imágenes que modificaría las conductas colectivas e incluso los mecanismos de percepción y de razonamiento.

    En el siglo XIX, con el predominio de la novela, se razonaba en conceptos más o menos abstractos. Durante el siglo XX la realidad, la vida, habrían de ser percibidos y transmitidos por imágenes. Las tecnologías de fin de siglo no hacen sino prolongar y democratizar esa experiencia, utilizando un torrente de imágenes y sonidos que llegan a los individuos por medios mucho más diversificados: las salas convencionales, el video, el satélite, los cables y canales abiertos, próximamente por Internet. Quienes a principio de siglo se alarmaban por la proliferación de vacilantes imágenes proyectadas sobre una pantalla, preocupados porque veían en ello la decadencia de la cultura artística reconocida, hoy en día serían presa del espanto o del suicidio. Los cambios culturales del siglo, cada vez más acelerados, comenzaron hace exactamente un siglo, en un café de París.

    La historia de ese siglo, poblado de creaciones artísticas formidables, está siendo recorrida por un ciclo que la Cinemateca presenta en La Linterna Mágica. Cada día se exhiben dos programaciones diferentes. Cada una corresponde a una película representativa de uno de los sesenta maestros mayores de la historia del cine. Algo así como una antología o enciclopedia del cine, proyectándose los filmes en su formato original, sobre pantalla. La lista de este mes: Zanussi (Contrato de matrimonio), Jean Vigo (A propósito de Niza), Gutiérrez Alea (La última cena), Solanas (La hora de los hornos), Mizoguchi (Ugetsu); Bresson (Al azar Baltasar), Jennings (Oíd a Inglaterra), Ford (El delator), Huston (El tesoro de Sierra Madre), Medvekin (Felicidad), Ozu (Tokyo monogatari), Sjöström (El viento), Angelopoulos (Alejandro el grande), Satyajit Ray (Pather panchali), Kieslowski (La doble vida de Verónica), Hnos. Marx (Sopa de ganso), Visconti (La caída de los dioses), Clair (Entreacto), Ivens (El Sena encuentra a París), Rossellini (Roma ciudad abierta).

    Finalizará en enero. Dato curioso y llamativo: la mayoría de estas obras maestras no han sido editadas en video.