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    Mejor no hablar de ciertas cosas

    Columnista de Búsqueda

    Nº 2204 - 15 al 21 de Diciembre de 2022

    Viajando en el ascensor de un edificio corporativo, entrando al comedor de la empresa o pasando por al lado de los fumadores apostados en la entrada lateral de la oficina, podemos escuchar conversaciones que nos dejan pensando. “No me dan las horas del día”; “¿qué me habrá querido decir mi jefe?”; “¿sabré hacer esto?”; “sos la única que puede salvar a la empresa, me dijeron en el directorio”; “estoy cansado, mi hijo está enfermo, no tengo tiempo para acompañarlo como quisiera, en el trabajo me están demandando muchísimo”.

    Hace ocho años Netflix lanzaba la primera temporada de Billions, una serie norteamericana que está inspirada en la crisis financiera de 2008 y basada en un libro escrito por el periodista de The New York Times, Andrew Ross Sorkin. Uno de sus protagonistas es Chuck Rhoades, un prestigioso fiscal de Nueva York, que investiga un caso de uso de información privilegiada vinculado al empresario y millonario Bobby Axe Axelrod, dueño y CEO de Axe Capital.

    Un aspecto llamativo de la serie es que uno de sus personajes centrales no es ni fiscal, ni corredor de bolsa ni genio de las transacciones digitales. Se trata de Wendy Rhoades, interpretada por la actriz Maggie Siff. Psiquiatra de profesión, Wendy Rhoades combina una visión aguda de los negocios con una profunda comprensión de la naturaleza humana. Es así que en la serie Rhoades se dedica a hablar con los colaboradores clave de Axe Capital tratando de ayudarlos a sobrellevar el estrés, la presión, la ansiedad y la obsesión por los resultados que viven en el día a día. La serie pone en evidencia la importancia de trabajar sobre la salud mental y el bienestar integral de la persona en su conjunto, en el mundo de la empresa.

    Pero no hace falta quedarse en la ficción para poner arriba de la mesa lo fundamental de esta temática. Varios referentes del mundo del deporte, el espectáculo y la política, entre otros sectores, han salido en lo últimos años a hacer declaraciones públicas y a mostrarse abiertamente a conversar sobre este tópico. Michael Phelps ha sido franco sobre su lucha contra la depresión. Lady Gaga le dijo a la prensa cómo es vivir con un trastorno de estrés postraumático. El príncipe Harry fue muy franco y honesto cuando habló sobre su batalla contra la ansiedad. Dwayne The Rock Johnson, conocido actor norteamericano al que asociamos con rudeza, tosquedad y fortaleza, se mostró muy vulnerable y frágil al hablar sobre cómo lidia con la depresión y dijo: “Una de las cosas más importantes de las que te puedes dar cuenta es que no estás solo”.

    ¿Qué están haciendo las empresas en forma sostenida y planificada entorno a este problema? ¿Estamos naturalizando en el ecosistema empresarial y laboral el poder hablar sobre esta temática o más bien estamos estigmatizando cierto tipo de situaciones y personas? ¿Qué pueden hacer quienes lideran organizaciones y compañías para abordar este tema prioritario en su definición estratégica?

    Si bien historias como las de Phelps o Johnson ayudan a empezar a derribar mitos, lamentablemente no son suficientes para que las personas se sientan seguras al hablar sobre aspectos psicológicos que hacen y contribuyen al bienestar personal en el trabajo. A fines de 2021, Mind Share Partners, SAP y Qualtrics realizaron un estudio sobre la aparición y tratamiento de los problemas de salud emocional en los lugares de trabajo en Estados Unidos. El estudio arrojó que se pierden más de 200 millones de días de trabajo debido a problemas relacionados a estos aspectos. Sin embargo, la mayoría de los encuestados, al ser preguntados sobre su capacidad de compartir esta dimensión en el trabajo, respondió que la salud mental sigue siendo un tema tabú para ellos. De hecho, casi el 60% de los empleados nunca han hablado con nadie en el trabajo sobre su estado de salud mental.

    Las empresas no están haciendo aún lo suficiente para acabar con este estigma y es por eso que muchas personas no se identifican con esta problemática o, lo que es peor, se dejan inconscientemente de lado a aquellos que atraviesan por situaciones de este tipo.

    Las empresas que desean mejorar el estado de la salud mental de sus colaboradores en el trabajo necesitan poner esta dimensión dentro de sus estrategias de corto, mediano y largo plazo. La salud mental, entendida como un aspecto clave del bienestar personal, no es solo un problema del área recursos humanos, refiere a la cultura empresarial en su globalidad. Independientemente de cuán sólidos sean los beneficios que una empresa brinda a sus empleados o lo cálido del ambiente laboral que se crea o fomenta para sus colaboradores, es en última instancia la cultura lo que reduce la brecha existente hoy en día y hablita a los empleados para que realmente pidan ayuda y expresen sus situaciones personales, sin temor a represalias o a ser vistos como los raros o débiles en una situación determinada.

    Cambiar la cultura sobre este aspecto es un proceso de arriba hacia abajo. El comienzo de la transformación comienza por los líderes de los equipos, quienes deben animarse a compartir sus experiencias (ya sean propias o de familiares cercanos o amigos) en reuniones con sus equipos. Poder abordar esta vulnerabilidad como fortaleza y no necesariamente como una debilidad contribuye en gran medida a establecer el ambiente adecuado para la transparencia necesaria para socializar esta problemática.

    El CEO también tiene un papel importante y protagónico. Es en su figura donde recae la última responsabilidad de tomar las riendas de las iniciativas corporativas para garantizar la rendición de cuentas y el seguimiento global de este abordaje. Dado su protagonismo, relevancia y responsabilidad dentro de la empresa, los directores ejecutivos ya no pueden permitirse ignorarlo. Deberían servir como referentes y guías para ayudar a construir una cultura de aceptación que derrame y contagie en sus organizaciones. Son también los guardianes que deben velar por contribuir de forma activa a la construcción de un ambiente laboral seguro y de confianza. En ese sentido, la empresa debe poder darles a los colaboradores las garantías de privacidad y confidencialidad si el problema lo requiere.

    La pandemia que llegó en 2020 cambió varios paradigmas en el mundo laboral. Quizás un lado trágicamente positivo de lo que vivimos debido al Covid durante los últimos tres años es que ha puesto frente a nuestras narices problemas como ansiedad, estrés y depresión. Casi todo el mundo ha experimentado directa o indirectamente algún nivel de malestar en esta materia. Pero la verdadera universalidad de esta experiencia se traducirá en una disminución del estigma solo si las personas, especialmente las que están en el poder, comparten sus experiencias o animan a otros a hacerlo en forma segura y sanadora. Ser honesto y mostrarse frágil como líder acerca estos problemas, abre la puerta para que los empleados se sientan cómodos hablando sobre sus propios desafíos.

    Otro aspecto importante es invertir en expertos (psicólogos, psiquiatras, sociólogos, entre otros) que ayuden en las organizaciones con capacitaciones y educación para todos los empleados, y especialmente para los gerentes y personas con responsabilidad sobre terceros. Es crucial poder aprender a nombrar, normalizar y navegar por la salud mental en el trabajo, hablar sobre las cosas por su nombre y saber cómo actuar y acompañar a los demás. No se trata de que gerentes se conviertan en terapeutas. Sin embargo, aquellos que lideran equipos y velan por el bienestar de los demás deben tener un conocimiento básico de las herramientas que pueden usar durante las conversaciones difíciles y las acciones que pueden tomar, además de comprender las condiciones de salud mental, su relevancia e impacto en el trabajo, y las formas de reconocer y responder a los empleados.

    La capacidad de apoyar a los empleados con problemas de bienestar mental se está convirtiendo en un tema definitorio en el lugar de trabajo de la próxima generación. Si bien es cierto que se están logrando avances, se necesita hacer mucho más para naturalizar y fomentar cierto tipo de conversaciones. En ese sentido es muy relevante el acompañamiento que se debe hacer desde el Estado en esta materia. En estos días se está viendo en televisión abierta una campaña que fomenta y concientiza sobre la importancia de dar espacios para hablar, conversar y escuchar a quienes lo necesitan.

    La buena noticia es que el cambio es posible. Comienza reconociendo la existencia de estas dimensiones personales en el mundo laboral, desde los altos mandos hasta la primera línea, cambiando la cultura organizacional, introduciendo capacitación y apoyo adecuados y abordando la salud mental como una arista más del bienestar personal dentro de los ambientes de trabajo.

    No hace falta tener como el protagonista de Billions a una Wendy Rhoades 24/7 apoyando a los empleados. Tampoco hacer cursos de psicología, terapia o coaching ejecutivo. Se trata de poner el tema sobre la mesa, mostrarse vulnerable y abierto y propiciar espacios que den lugar a experiencias para compartir y expresar sentimientos.

    Los directores ejecutivos deben predicar con el ejemplo, siendo ellos los que establecen las prioridades y la cultura de sus empresas. Dicho esto, cada empleado también tiene un papel que desempeñar. El cambio cultural de cualquier tipo requiere apoyo de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. La salud mental no es diferente. Es necesario e imperante hablar de ciertas cosas.

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