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    Monopolio y competencia

    Por Lector

    Sr. Director:

    El proceso de adquisición de tres plantas frigoríficas de Marfrig por parte de Minerva, líder en exportación de carne vacuna en América del Sur, no ha sido dejado a un lado del debate político. Se han expresado diversas opiniones al respecto, desde promover cierta regulación estatal hasta hacer valer la Ley de Defensa de la Libre Competencia en el Comercio, vigente en Uruguay desde 2007.

    Sin embargo, rara vez un político sabe perfectamente los argumentos de teoría económica, sucediendo normalmente que sea un ignorante en materia de esta ciencia social. Más aún, existen economistas que sostienen una visión errónea de la economía de mercado, concibiendo el estudio de la misma como centrado en un modelo estático, como si de una “foto” se tratara.

    En palabras de Jesús Huerta de Soto, esta manera de entender a los mercados es completamente errónea e irreal. Los mercados son procesos dinámicos de cooperación social, de intercambios voluntarios de derechos de propiedad, volátiles a la información disponible que se transmite a través del libre sistema de precios. Dicha información muestra las preferencias de los consumidores en todo momento, las cuales no son estáticas ni se conocen perfectamente, sino todo lo contrario. Es la función del empresario la de poder descubrir esas preferencias y poder coordinar factores de producción con el fin de satisfacer a los consumidores eficientemente.

    Otro error común de políticos y economistas es creer en la “soberanía del consumidor”, que es creer que los consumidores tienen el poder soberano sobre la producción y la oferta. A esto se han orientado las leyes de defensa de la competencia y demás medidas semejantes: garantizar la abundancia y la diversidad de empresas con el fin de otorgarles mayor libertad a los consumidores. Murray Rothbard lo deja claro: libertad no es abundancia y diversidad. La libre competencia no significa competencia perfecta, sino que significa libertad de propiedad, de producción, de compraventa y de transformación sin intervención externa.

    ¿Qué sucede con los monopolios y otras estructuras de competencia “imperfecta”? Varios autores los consideran como “fallos” del mercado, pero, en palabras de Javier Milei, en un proceso de cooperación social de intercambios voluntarios ningún individuo busca mantener el daño coactivo de manera voluntaria. Los mercados libres, en los que impera la soberanía del individuo sobre sí mismo y sobre sus bienes, siempre van a poder solucionar o sortear los fallos que surjan.

    Sin embargo, el destacado problema central de un monopolio es su supuesta influencia sobre el precio de mercado, aumentándolo al reducir la cantidad ofrecida y obteniendo mayores beneficios. En mercados libres, todo precio surge del acuerdo mutuo entre partes, por lo que el precio monopolístico no es un problema en términos de eficiencia del mercado, además de la imposibilidad técnica de saber si un precio es monopólico o no. Incluso si un monopolio intentara aumentar considerablemente los precios, los consumidores buscarían bienes sustitutos debido a que el dinero que tienen disponible es finito y se deben satisfacer otras necesidades personales.

    Por último, la cantidad de existencias de un bien va a ser la más eficiente y la más deseada en los mercados libres. Los monopolios no son una excepción, pues por temas de mayor eficiencia competitiva, rendimientos crecientes a escala o estrategias de reducción de precios, podrá satisfacer a los consumidores de igual o mejor manera. Es el caso también de la concentración económica, la cual dota a una empresa de mayores bienes de capital. Aun así, es un hecho empírico que la innovación y los avances tecnológicos aumentan la diversidad de bienes disponibles.

    Entonces, ¿cómo se “combate” a los monopolios? Para la mayor libertad de mercado, hay que eliminar barreras de entrada. Esto incluye desregulación, eliminación de permisos, privilegios y patentes, liberalización de las importaciones y reducción de la presión fiscal. Se permite así que emprendimientos en surgimiento y empresas existentes puedan competir, dinamizando los procesos de mercado. En palabras de Rothbard, “no hay acciones humanas que puedan mejorar la satisfacción de la demanda del consumidor en mayor medida que la actuación del mercado libre de trabas”.

    Santiago Pérez

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