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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPrimavera cognitiva: sentido común con una saludable dosis de STEM y otras yerbas. Esta primavera, por enésima vez, vemos brotes anuales que ilusionan, dan esperanzas y ayudan a garabatear un futuro optimista. Por ejemplo, si alguien regala un precoz injerto enraizado de jazmín del cabo con un pimpollo primor será el preanuncio del goce espiritual de verlo crecer, desarrollarse y florecer impregnando el entorno con su aroma. Que se disfrutará por años en familia.
Cambiemos el chip y pensemos que, por alguna inspiración cuasi milagrosa, la ciudadanía decide exigirles a sus representantes que asuman su responsabilidad con el futuro de niños y jóvenes. Que definan qué educación y formación les brindaremos para llegar a ser adultos bien formados y capacitados en consonancia con sus vocaciones para integrar el quehacer nacional, regional y mundial que les tocará en suerte. Dicho en criollo, plantar la semilla del conocimiento en áreas que hoy tenemos desatendidas, por no decir escuálidas: las STEM o STEAM, acrónimo inglés de ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas, y la A por arte, que engloba humanismo y filosofía.
De acuerdo, un desvarío. Soñar no cuesta nada, lo que cuesta es construir con base en nuestros sueños. Para peor el tema se complejiza porque refiere a una secuencia transicional de índole generacional unidireccional: nuestra generación decide la formación que se les brindará o no a la que hoy no tiene voz ni voto. Por omisión o comisión reprobamos: seguimos en esta noria hace décadas.
La cuestión no es la primavera natural, anual y personal, es la racional y nacional a desarrollar en las próximas —mínimo— tres o cuatro décadas. Sí, otro UY, otra generación, otro salto a base del esfuerzo consensuado de llevar a cabo los mejores ideales que surgen al final de esta época, parecida pero no igual a la que la generación de inicios del siglo XX nos legara: concretar el sueño del mejor UY posible.
En caso de que algo hagamos bien los frutos, no los disfrutaremos nosotros, pero no habrá mejor gratificación que el deber cumplido con base en lograr lo que hoy es cuasi imposible: cambiar a condición de que cambiemos nosotros mismos. Debemos abandonar estultas ideologías que opinan —las ideologías no piensan, vienen precocinadas y enlatadas— que es posible cambiar las cosas sin que nosotros cambiemos; ello nos condena a ser unos hipócritas que enunciamos o toleramos vacuos discursos a los que sigue la inacción. El sayo lo llevamos todos por no haber sabido consensuar un “máximo mínimo instrumento racional” que nos impulse a ser lo que decimos querer ser y hacer.
La educación continua es conditio sine qua non para el auténtico desarrollo. Lo definió Tony Blair en 1996 en su discurso Education, education, education, versión cacofónica que tuvo eco local con amplio beneplácito, aplausos incluidos, en 2010 al iniciar un período. Este verso se repite y replagia en todas las tolderías. Resultado comprobable: puro verso. ¡Declinación, declinación, declinación!
Esta primavera detectamos varios pujos positivos: a) reclamos por presupuesto, b) científicos que crean InvestigaUY y retoman pasadas aspiraciones, c) propuesta de Uruguay por el Conocimiento, de la CUTI y la Confederación de Cámaras Empresariales (ARU, CIU, cámaras de Turismo y de Comercio), d) la Escuela de Experimentos en UY y convocatoria al Primer Congreso Mundial de Mini Científicos reviven la experiencia argentina Expedición Ciencia en la cual UY coparticipó hace años, e) experiencias exitosas en escuelas y colegios nacionales del área rural y urbana, públicos y privados, que impulsan la participación de niños y jóvenes en actividades científicas, f) Last but not least, la comunicación periodística de estos y otros eventos, i.e., en Búsqueda (Ismael Grau, 27 de octubre de 2022). Estas reflexiones, aunque parezca un despropósito, son producto de esa nota; la entendí como otra gota más al vaso casi lleno. El punto es que lo desbordó.
De todo lo previo y lo mucho que queda en el tintero nos congratulamos. Pero volvamos al inicio, está en nosotros que queden en meros brotes a término que marchitan y derivan al cajón de intenciones frustradas o constituirlos en proyectos y programas de largo aliento —décadas— que den frutos premium a largo plazo: el legado generacional que irresponsablemente desatendemos.
La ciencia y tecnología (CYT) y la I+D en Uruguay han notoriamente avanzado en las últimas dos décadas. IIBCE, INIA, Instituto Pasteur, ingenierías, computación, etc. Pero a un ritmo menor de lo posible y bastante desparejo en cuanto a áreas e instituciones. No es del caso ahora analizar lo hecho, sino lo mucho que resta por hacer. Salvo que alguien piense que hacemos todo lo posible y, además, bien.
El tema pasa por integrar acciones dispersas y desconectadas. Somos chacareros vocacionales, Antones Piruleros, cada cual en su juego. El secreto es conjuntarse, cooperar, integrar armonizar, planificar y seguir el complejo proceso al cual, con inteligencia y perspicacia, se le puede simplificar y rutinizar para ser luego pasible de críticas propositivas. Data, indicadores, monitoreo, controles, estadísticas, auditorias y evaluaciones, rectificaciones o ratificaciones. Lo que nos falta.
Basta de pensar que si uno critica es un antisistema; hay que fomentar y promover la crítica y autocrítica para lograr ser auténticamente prosistema. Cambiar cambiando: es justo lo que no hemos hecho y podríamos hacer. Cuestión de reunirse, abordar, definir, acordar y comprometerse sobre la base del ganar-ganar integral y transversal, enfocado en el desarrollo a largo plazo del conjunto nacional. En suma, nos debemos una profunda y extensa introspección analítica institucional.
Hemos cometido errores —propios y ajenos— durante décadas, siglos y milenios. Solo si vamos por la auténtica y descarnada autocrítica podremos replantear y reformular la cuestión.
Un tema relevante son los proyectos piloto, disruptivos, auténticamente innovadores, que con escasos recursos y acotado riesgo pueden replantear onerosas rutinas establecidas. Son buenos para testear situaciones inéditas. Marcan un camino. Las grandes reformas no aterrizan por decreto impuesto con base en una concepción de “todo o nada”, se hacen por acumulación y llevan tiempo.
Sin embargo, hay que señalar una falla mayor que pervive hasta hoy como nudo gordiano: la CYT y la I+D no disponen de un lugar jerárquico bien definido en la trama estatal. Se estuvo a un tris de lograrlo en 2006, pero urgencias circunstanciales lo postergaron. En su momento se habló de esperar unos meses. No se faltó a la verdad, transcurrieron 192 meses; 16 años (Comisión de Ciencia y Tecnología, carpeta N° 599/2006, distribuido Nº 1.275, 30 de octubre de 2006). ¿Lograremos hacerlo antes de cumplir los 200 meses, en junio del 2023? Sería fantástico, propio del país “fantastic” de Batlle.
UY tiene una estructura y una organización estatal y paraestatal de CYT e I+D que no es friendly con la innovación radical. Como máximo tolera la incremental al modo “amortiguado” de Real de Azúa. Acá se valora la erudición que memoriza conocimientos ajenos, se reconoce la sabiduría que acumula y correlaciona conocimientos a través de los años y aporta importantes progresos, pero para la genialidad disruptiva, sin antecedentes, la que puede dar vuelta el tablero, no tenemos casillero.
Hay hitos ineludibles. Quien piense que la cuestión pasa por la Udelar, el presupuesto, las privadas, los niños y el STEM, las cámaras empresariales o las comisiones parlamentarias, los investigadores, los docentes, o lo que se les ocurra, erra el bizcochazo. Todo lo previo es necesario. Pero la simple suma de insumos CYT per se suele ser de menor cuantía en relación con la del conjunto integrado. En CYT 2 + 3 + 4 puede no dar 9, puede ser 7, 10, 12 o vaya uno a saber. No es newtoniana, es cuántica.
En otras palabras, la cuestión no es seguir enseñando lo mismo con más intensidad, agregando horas y esfuerzos a lo que ya se hace, es hacerlo diferente y mejor, adaptando insumos disponibles. Para decirlo con neologismos actuales, “e-ducación” con TIC, y desarrollarla a modo “educa+acción” práctica. Sin olvidar la filosofía, el humanismo y las artes. De eso tratan los instrumentos actuales.
Pero no olvidemos los contenidos y la currícula. Mientras nuestros programas y docentes sigan enseñando a memorizar el descubrimiento de América por Colón en 1492, las carabelas y el grito de Rodrigo de Triana para concluir que la Tierra es redonda, seguiremos como los eruditos, traspasando ignorancias ajenas. Es inconcebible que a 2.200 años le sigamos retaceando a niños y jóvenes los aportes de Eratóstenes, Aristarco y la pléyade de griegos que —a pura observación, análisis, reflexión, inspiración y genialidad, sin PC, TIC, telescopios o electricidad— concluyeron que la Tierra era redonda, que gira alrededor del Sol y, para los contras, estimaron su circunferencia y la distancia al Sol. De una vez por todas debemos reaccionar y descartar esta enseñanza memoriosa, formal, acrítica y sesgada. Ya fue. Paremos la irresponsabilidad de reproducir ignorantes como nosotros mismos.
Restan dos meses de primavera. ¿Qué tal juntarse y ver cómo formular una ecuación que, en función del ingenio y la creatividad, inicie un proceso virtuoso a largo plazo? Paso a paso, sin pausas. Es lo que algunos países pequeños han logrado en I+D. Si nos ponemos las pilas no será difícil. Un piloto aquí, otro allá y alguno acullá. Sembrar. ¡Comenzar y romper la inercia! Típico caso donde importa el modo bottom up, de abajo arriba, en el territorio, de ciudadanos e instituciones a gobernantes. Estamos a punto de caramelo. Si esperamos lo opuesto, el top down, la carroza no va a pasar, ya pasó varias veces y aquí y así estamos. Quien concluya que esto es ser antisistema se equivoca. Es puro y crudo realismo; con paños fríos no vamos a ningún lado.
A fin de cuentas, somos producto de unos criollos de espíritu contestatario reunidos en la Florida y otros chapoteando en la Agraciada. De abajo arriba, paso a paso. Los cambios suelen sustentase en los sueños de la autoridad afincada y dispersa que se conjunta y no en el poder centralista establecido que ocupa circunstancialmente grandes edificios.
De paso no olviden plantar algún sueño en el jardín de cada cual. Luego, a regarlo y cuidarlo.
Gonzalo Pou