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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMe comunico con su prestigiosa publicación motivado por noticias recientes de particular eco social y judicial. Como es notorio en estos temas, y de modo especial, en la temática de abuso infantil, abuso contra la mujer y daños relacionados con delitos de pedofilia, ha cobrado nuevamente notoriedad pública la profusión y gravedad de casos de estas características.
En nuestro país, la experiencia clínica indica que este flagelo, más allá de las denuncias que llegan a efectuarse, afecta a cientos y cientos de personas cada día, ante la aparente ineficiencia de todos los estamentos involucrados para atender una cruel realidad. Esto sucede a pesar de que todos, en mayor o menor medida, hemos tenido noticia alguna vez de casos de este tipo.
Recientemente, el SMU realizó una comunicación pública en la que se suma a otras anteriores emitidas por la Inddhh, Unicef y la propia Amnistía Internacional sobre la problemática de los niños en nuestro país. Se indica en dicha comunicación que los datos sobre estos casos arrojan números, como mínimo, alarmantes sobre la problemática.
Si bien la comunicación en este caso se refiere al polémico proyecto de tenencia compartida que se trata a nivel parlamentario, arroja números claros sobre la situación de violencia contra niños y mujeres en nuestro país.
En el año 2022 hubo 7.035 niños, niñas y adolescentes en situación de maltrato y abuso sexual, 529 de explotación sexual y ocho niños asesinados por sus padres o parejas de la madre, según consta en dicha comunicación.
En una situación de alcances altamente preocupantes y necesario abordaje multidisciplinario legal, médico, psicológico y educativo, me lleva como psicólogo, dedicado a esta temática desde hace más de dos décadas, a manifestar mi preocupación por la situación de las víctimas de abuso sexual, pedofilia y perversiones varias. Conociendo, además que, en ocasiones, no encuentran recursos para una defensa efectiva de sus derechos.
Lamentablemente, muchos casos, quizá la mayoría, de abuso sexual contra menores no llegan a conocerse y mucho menos a denunciarse. La comparecencia judicial puede resultar farragosa, las víctimas estar condicionadas por el propio daño y el criminal en cuestión puede ser su propio padre, tío, abuelo u otro familiar directo.
En la mayoría de los casos “la prueba” necesaria para fundamentar dicha acusación es la propia víctima abusada. En el caso de los niños se precisan peritajes profundos y adecuados. Hay que evitar la revictimización de la persona, menor o adulto, no provocando la repetición constante del daño sufrido, clave esencial, ya que, en muchos casos, la persona no sabe por qué le pasa lo que le pasa.
Las víctimas de abuso, muchas veces, niegan lo sufrido como un mecanismo de defensa. A veces se les pregunta, si es una mujer adulta: “¿Usted recién se da cuenta ahora que era abusada?”, o “¿por qué no tomó medidas si sospechaba esa actitud de su supuesto abusador?”.
Fundamentado está clínicamente que la víctima de abuso sexual puede sufrir un shock que la aísla, confunde y hasta culpabiliza. Hay casos en que ese “descubrimiento y reconocimiento” puede llevar años.
La motivación primordial de esta comunicación es dar cuenta de estos hechos constatados en 30 años de experiencia clínica, en los que he tenido la responsabilidad de atravesar espacios clínicos, comunitarios, y judiciales, periciando y atendiendo estas problemáticas.
Mucho se ha avanzado en la sensibilización sobre este daño sufrido por las víctimas de abuso y pedofilia pero queda aún demasiado por hacer. Los niños son personas que tienen derecho a ser escuchadas. A una víctima le puede llevar años reconocer el abuso sufrido y más si es por un ser querido o referente. Una mujer adulta violada debe ser respetada en su relato y no revictimizada.
El respeto por los derechos de todos es un trabajo práctico y diario que compromete a los profesionales que trabajamos en ellos y nos lleva a una permanente interrogante sobre nuestro papel, en donde sea que este nos coloque y la responsabilidad que nos implique.
Agradeciendo la posibilidad de expresar solo algunos puntos sobre la experiencia recogida en esta temática, que aqueja y daña a muchas personas en nuestro país, me despido quedando a sus órdenes.
Richard Prieto Mazzoli
Psicólogo, psicoanalista, especializado en supervisión
y atención a víctimas de abuso sexual y violencia
Autor de La verdad cura y El árbol de las letras
Colaborador en publicaciones de Unesco y Unicef
Periodista